Un clásico estilo innovador: Jean Auguste Dominique Ingres

Princesa de Broglie (1853)

Por: Patricia Díaz Terés

“Los críticos ven la música y oyen la pintura”.

Valeriu Butulescu

En su vida cotidiana muchas personas se convierten en blanco de las críticas tanto de sus allegados como de la sociedad en general por sus palabras o acciones, y en el caso particular de los artistas, también por sus creaciones. Sin poder separarse el mundo de los críticos de las Bellas Artes, escritores, pintores, arquitectos, poetas, bailarines, músicos, escultores y cineastas colocan su obra a la vista de sus semejantes, importándoles demasiado a algunos de ellos los contenidos de las opiniones merecidas por su trabajo y continuando los otros por sus propios caminos le pese a quien le pese.

Uno de estos hombres sometidos al yugo de la crítica fue Jean Auguste Dominique Ingres, un pintor con una habilidad extraordinaria pero cuya constante remembranza del estilo clásico, le valió en su momento crueles e injustos juicios por parte de sus contemporáneos.

Con la vena artística presente desde su nacimiento, Jean Auguste Dominique vino al mundo el 29 de agosto de 1780 en el seno de la familia del pintor y escultor Jean-Marie-Joseph Ingres, miembro de la Academia de Bellas Artes de Toulouse, cuya residencia se ubicaba en la ciudad de Montauban.

Ya en los primeros años de su hijo, Joseph se dio cuenta del talento que este poseía por lo que optó por llevarlo a la academia de Toulouse tras haberse cerrado -debido a la eliminación de las órdenes religiosas durante la Revolución- la escuela de los Hermanos de la Doctrina Cristiana en la que el chico cursaba sus estudios primarios.

Dedicándose el muchachito al mismo tiempo tanto la pintura –particularmente el dibujo- como a la música –violín-, con el tiempo eligió como ídolos en las respectivas disciplinas a Rafael y a Mozart. De este modo en las cuestiones pictóricas recibió ayuda durante esta etapa tanto de Pierre Vigan como de Joseph Roques –quien le inculcó la admiración por el renacentista-, concluyendo con Jean Briant.

Pero el talento de Dominique no podía encontrar ya evolución en una pequeña población como Toulouse, por lo que a los dieciséis años (1797) decidió trasladarse a la capital, llegando a París para estudiar con Jacques-Louis David en cuyo ruidoso y polémico estudio aprendió los pormenores de la pintura histórica y las virtudes del arte clásico. Ahora bien, sin haber existido una relación particularmente estrecha entre maestro y discípulo, esta se desintegró definitivamente cuando el voto negativo de David provocó que la pintura elaborada por Ingres no ganara el primer lugar durante el Salón de París en 1800 –tras haberse inscrito en 1799 a la École des Beaux-Arts-, hecho que fue remediado sin embargo al año siguiente cuando el joven se erigió como ganador gracias a su obra Aquiles y los enviados de Agamenón, haciéndose así acreedor al Prix de Rome que consistía en una beca para estudiar en una de las capitales artísticas de la época.

No obstante el sueño de Ingres de estudiar en el extranjero no se materializó sino hasta 1806, ya que el gobierno de Napoleón I había retenido el dinero del apoyo, empleando entonces su tiempo el artista en la elaboración de algunos encargos oficiales como Bonaparte, primer cónsul (1804) y el controvertido Napoleón I en su trono imperial (1806), en el cual el realismo de los detalles que rememoraba a los maestros flamencos del siglo XV se unía al estilo bizantino y medieval empleado en la figura del estadista. Este trabajo le ganó a Dominique el adjetivo de “gótico” (en sentido peyorativo) por parte de los críticos, mismo que tardó mucho tiempo en eliminar.

Cuando finalmente pudo partir hacia la Ciudad Eterna, en el camino decidió visitar Florencia para ver a su amigo el escultor Lorenzo Bartolini, aprovechando la oportunidad para admirar iglesias que albergaban la obra de Botticelli, Mantegna y Piero entre otros muchos. Así, tras su llegada a la Villa Médici, donde se ubica –hasta la fecha- la Académie de France en Roma, el joven y talentoso artista combinó sus estudios con la elaboración de varias piezas –como Rómulo, conquistador de Acron (1812), El sueño de Osián (1813) o La gran odalisca (1814)-  siendo incluso invitado a participar en la decoración del Palacio del Quirinal (1811), que sería la residencia oficial de Bonaparte. Asimismo contrajo nupcias en 1813 con la señorita Madeleine Chapelle.

En 1815 se vio en serias dificultades cuando tras la derrota de Napoleón en Waterloo los oficiales franceses que residían en Roma partieron, dejando a Ingres prácticamente sin trabajo. Así, tuvo que elaborar retratos por 20 francos cada uno para poder sobrevivir; teniendo que soportar además los juicios que se emitían en su país natal con respecto de sus piezas, las cuales no eran comprendidas debido a que el artista se tomaba ciertas libertades en materia de composición e incluso en cuestión de anatomía, proporcionando a sus figuras humanas cualidades irreales pero visualmente impresionantes.  

Para 1819 Dominique se mudó a Florencia, en donde abrió un estudio que en nada se parecía al de su otrora mentor –David-, ya que en él reinaba la calma tratando el maestro cual padre a sus pupilos, indignándose cuando aquellos diferían de sus opiniones o desobedecían sus designios. En suelo italiano permaneció entonces el pintor hasta 1824 cuando hizo un glorioso retorno a París, presentando en el Salón de tal año su pieza El voto de Luis XIII –ubicado en la sala frente a la Matanza de Quíos de Victor Delacroix– con el cual el autor resaltaba la importancia de la monarquía y las tradiciones. De esta manera, en 1825 abrió un estudio en la capital gala y fue nombrado presidente de la École des Beaux-Arts en 1833, a la vez que fue sujeto de reproches porque se decía en el medio artístico que Ingres trataba de hacer prevalecer su estilo por la fuerza en toda la escuela pictórica francesa. Sin embargo le fue concedido el puesto de director de la Académie de France en Roma en 1834, siendo tan arduas sus labores docentes y administrativas que tan solo atinó a terminar tres obras.

A pesar de que era duramente enjuiciado, también era incansablemente buscado por la aristocracia francesa, ya que los retratos –aunque él en verdad despreciaba el género- elaborados por el caballero habían ganado gran popularidad, así pintó La condesa d’Haussonville (1845), El barón de Rothschild (1848) o La princesa de Broglie (1853), entre otros muchos. Se demuestra entonces cómo a pesar de ser duramente criticado por sus sensuales desnudos antinaturales, su exquisita manera de plasmar la realidad en el lienzo venció a sus detractores, hecho que fue reforzado por la incursión de nuestro protagonista en la pintura religiosa, en la que tuvo también gran éxito.

En 1848 la suerte le propinó un duro revés cuando murió su esposa en 1849, pena que lo condujo a una grave depresión en la que apenas trabajó y en la que permaneció hundido hasta 1853, conociendo nuevamente la felicidad hasta cumplir los 72 años al establecer santo lazo con Delphine Ramel de 43 primaveras.

De este modo tras lograr que tanto sus atacantes como sus seguidores reconocieran su talento artístico, en 1855 se organizó en el marco de la Exposición Universal de París una muestra del autor en la que se incluyeron 69 obras; siendo nuevamente su estilo vilipendiado por los progresistas recalcitrantes como irrelevante, su trabajo le valió el rango de gran oficial de la Legión de Honor, convirtiéndose en el primer artista en conseguir tan distinguido honor -también en 1862 fue uno de los primeros pintores en ser admitidos en el Senado-.

Habiendo trabajado tanto como cualquier artista hubiese podido desear y tras adquirir su bien merecida fama, Jean Auguste Dominique Ingres último gran representante del Neoclasicismo, murió a los 87 años (1867) en su ciudad natal, dejando tras de sí un importante legado técnico que fue retomado por genios como Edgar Degas, Pierre-Auguste Renoir, Henri Matisse o incluso Pablo Picasso.

 

FUENTES:

 “Ingres, J. Auguste Dominique”. www.artehistoria.jcyl.es    

“J.A.D. Ingres”. Enciclopedia Britannica Online. www.britannica.com

www.newadvent.org

www.biografiasyvidas.com

 

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