La maravilla que nació de la guerra: El Coloso de Rodas

Idea medieval del Coloso de Rodas

Por: Patricia Díaz Terés

¿En qué consiste el recuerdo de los hombres? En una hora de trabajo para el marmolista”.

Alphonse Karr

Singular es la memoria del ser humano cuando es capaz de declarar maravilla aquello que no pasa de ser un hermoso recuerdo, sin existir casi evidencias. Habiendo sido las Siete Maravillas del Mundo Antiguo largamente discutidas, incluyendo y excluyendo de vez en cuando uno que otro portento –como el Templo de Jerusalén– dependiendo del autor que las aborde, de todas ellas –excepto la Gran Pirámide de Guiza (o las pirámides de Gizeh)- únicamente quedan vagas referencias en antiquísimos escritos, siendo misión de los actuales historiadores rescatar tantas pruebas como les sea posible con la finalidad de poder dejar un registro en la historia que tenga más de verdad que de fantasía.

Así se sabe que han desaparecido, ya sea por mano del hombre o por obra de la propia Naturaleza, los rastros de prodigios –cuya cualidad de maravillas les viene dada por referencia del poeta Antípatro de Sidón en el siglo II a.C.- como el Faro de Alejandría, el Mausoleo de Halicarnaso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Templo de Artemisa (Diana) en Éfeso, los Jardines Colgantes de Babilonia y por supuesto del monumento que aquí nos compete: el Coloso de Rodas.

Ahora bien, si analizamos un poco las maravillas ubicaremos que estas fueron –con mucha lógica- erigidas en sitios geográficos de gran importancia, sin que estos constituyesen necesariamente las capitales de los imperios o naciones que las vieron nacer. Tal es el caso precisamente de Rodas –cuyo nombre puede proceder de la ninfa Rhoda, hija de Poseidón (dios del Mar) y amante de Helios (dios del Sol), o bien de la palabra griega que designa a las rosas (rhodos), las cuales abundan en el lugar, según la fuente que se consulte-, una isla de apenas 1400 km2 que se incluye en el Dodecaneso –archipiélago emplazado en el mar Egeo conformado por doce ínsulas entre las cuales también se destacan Kos, Kalymnos y Patmos– y que constituye un punto de comunicación vital entre Oriente y Occidente, que se convirtió en un puerto estratégico para el comercio en los siglos III y II a.C.

Asimismo mucho se ha hablado de la capital de la isla, siendo entonces Rodas una urbe hermosamente trazada por Hipodamo de Mileto, cuya exactitud en el diseño le valió –posiblemente- a la isla el nombre de Asteria – aunque también es conocida como Ofiusa, probablemente por la profusión de serpientes o Trinacria por su similitud a Sicilia[i]– y cuyos habitantes se dedicaban tranquilamente a sus actividades –como la elaboración de vino- mientras sus gobernantes situaban su confianza antes en la diplomacia que en la constitución de poderosos ejércitos –esta situación hizo que Rodas fuese en distintos momentos aliado de pueblos que eran enemigos entre sí como los griegos y los persas, por ejemplo-, logrando permanecer en paz durante varias centurias.

No obstante, la cualidad estratégica de Rodas hizo que muchos la ambicionaran, siendo uno de los que se atrevió a intentar su conquista un aguerrido militar macedonio de nombre Demetrio Poliorcetes (el expurgador de ciudades), quien al mando de cuatro mil hombres y ciento veinte naves se dirigió al pacífico puerto cuyo magnífico emplazamiento le permitió mirar con tranquilidad a sus atacantes, logrando rechazarlos durante quince meses, tras los cuales el padre de Demetrio, el rey Antígono –antiguo general de Alejandro Magno– le recomendó la retirada.

Poca importancia tendría para nuestro tema tan extraordinario episodio bélico si no hubiese sido su definición lo que propició la construcción del gran Coloso de Rodas. Resulta que tras su derrota, Poliorcetes decidió dar a sus adversarios una muestra de amistad, regalándoles una torre de asedio impresionante que rebosaba en metales como el hierro y el bronce –aunque algunos autores señalan que el soldado la dejó abandonada y no como presente-, los cuales fueron utilizados por el artista Cares de Lindos para levantar una estructura con la que los rodanios –o rodios- agradecerían la ayuda de la deidad Helios para salvaguardar a su gente.

De este modo Cares ideó al Coloso, una estatua de sesenta codos de altura -como describió el geógrafo griego Estrabón-, equivalentes a 35 (34 o 30) metros, que representaría al dios del Sol –posiblemente con la cara de Alejandro Magno-. Para elaborar la estructura se emplearon 70 toneladas de material, que costaron entre 500 y 800 talentos –es posible que en lugar de utilizarse los metales del arma, esta se haya vendido para obtener el dinero-, con los cuales se realizó un armazón de hierro cubierto con placas de bronce que se afianzó en la parte inferior con bloques de mármol.

Hasta aquí poco discuten entre sí los autores sobre las características del monumento; sin embargo su ubicación ha sido objeto de numerosos cuestionamientos, ya que una imagen concebida en la Edad Media –gracias a los relatos de un peregrino italiano en 1394– ubica a Helios con un pie a cada lado de la bocana del puerto Mandraki, posición esta imposible de lograr con las técnicas escultóricas de aquellos tiempos. De esta manera, se considera como más plausible, según estableció en 2008 la arqueóloga Ursula Vedder, del Instituto Arqueológico Alemán y la Comisión de Historia Antigua y Epigrafía de Munich, que la construida deidad tuviese los pies juntos y su emplazamiento se hubiese encontrado en el monte Smith, sobre un santuario dedicado a Helios; sin ser esta la única hipótesis existente ya que en la isla se habla de que la maravilla estuvo situada en donde con posterioridad se colocó el Palacio del Gran Maestre de los Cruzados –ya que la ciudad fue ocupada el 15 de agosto de 1309 por los miembros de la orden del Hospital de San Juan u orden de Malta, donde permanecieron hasta el 25 de diciembre de 1522 cuando el sultán turco Solimán el Magnífico tomó la metrópoli-.

Lo cierto es que comenzando la construcción del Coloso de Rodas en 302 a.C. y concluyendo en 280 a.C. –aunque si se sigue la idea de que “tan solo” se tardaron 12 años en levantar la efigie la fecha quedaría en 290 a.C.-, poco tiempo duró en pie la pieza, ya que fue derribada por un gran terremoto que sacudió el territorio en 226 a.C., negándose los rodianos a reconstruirla tras haber tomado el sismo como muestra irrefutable del descontento de Helios.

Rodeada su construcción de varias leyendas, una de ellas establece el fin de Cares de Lindos cuando este escuchó una crítica hacia un defecto de su obra, lo cual lo llevó al suicidio. Pero dejando de lado tales cotilleos, el hecho es que del Coloso no ha quedado ningún vestigio físico, ya que durante mucho tiempo se buscaron en el puerto los restos del hierro, el mármol o el bronce que algún día se alzaron hacia el cielo sin encontrarse jamás -cabe mencionar que existe una hipótesis que indica que los materiales que sobrevivieron al temblor fueron vendidos en 654 d.C. a un mercader judío de origen sirio quien las transportó en una enorme caravana de 980 camellos sin volver a escucharse sobre el asunto-.

A pesar de ello, después de haber pasado Rodas de manos turcas a Italianas en 1912,  tras la invasión nazi y la posterior administración británica provisional en 1947 y habiendo sido la isla oficialmente anexada a Grecia el 7 de marzo de 1948, en 1987 la maravilla volvió a tomar importancia cuando se difundió un rumor según el cual la marina mercante griega afirmaba que se había encontrado un puño de la efigie de Helios, sin haberse podido ubicar en efecto tal elemento en el fondo del mar.

Siendo las concepciones actuales de la mayor parte de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, en gran medida, fruto de la imaginación de cientos de generaciones, lo cierto es que el hombre ha sido capaz de levantar monumentos y construcciones que han reflejado la grandeza de sus creencias, imperios y naciones, dejando tras de sí las diferentes culturas un legado de leyendas, fantasías y verdades que permiten al hombre actual contemplar orgullosamente su pasado, ya que como dice el poeta argentino Antonio Porchia: “Lo que no se convierte en recuerdo, no fue”.

 

FUENTES:

“Grandes maravillas del mundo”. Aut. Russell Ash. Ed. Planeta Infantil. Slovakia, 2001.

“Viaje a Rodas, la Venecia del mundo antiguo”. Aut. Josep A. Borrell. Revista Clío Historia no. 123. España, enero 2012. 

 “Las siete maravillas de la antigüedad”. Aut. Juan Pablo Sánchez. Revista Historia National Geographic no. 87. 

“Rodas, la isla del coloso”. Aut. Josep Tomàs Cabot. Revista Historia y Vida no. 462. 

“Rodas, la Venus del mar Egeo”. Aut. Belén Romero. Revista Historia y Vida no. 426. 

“El Coloso de Rodas estuvo aquí”. Agencia EFE. Berlín, 18 de marzo 2008. www.publico.es  

 

 


[i] Borrell, Josep, A. “Viaje a Rodas, la Venecia del mundo antiguo”. Revista Clío Historia no. 123. España, enero 2012.

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