Desdén al canon: Expresionismo

Improvisación VI (africana) 1909. Vassily Kandinsky

Por: Patricia Díaz Terés

“El arte es el reflejo del mundo. Si el mundo es horrible, el reflejo también lo es”.

Paul Verhoeven

El concepto de belleza suele con frecuencia asociarse con el arte; sin embargo, el arte en tanto medio que ocupa el ser humano para expresar sus pensamientos y sentimientos, también puede con este propósito alejarse de lo aceptado mayoritariamente como hermoso e incluso del uso correcto de las distintas técnicas pictóricas, literarias, musicales, arquitectónicas, cinematográficas, etc.

Así, cuando la técnica se apartó para dar paso a la expresión surgió el llamado “expresionismo”, en el cual el artista intentaba mostrar al mundo su más profundo sentir relacionado con su entorno, su persona o ciertos conceptos, empleando recursos poco ortodoxos que llegaron a escandalizar a la sociedad de la primera mitad del siglo XX, ya que además de sus innovaciones en la elaboración de sus obras, los temas tratados sacudían fibras sensibles en los contemporáneos.

El término “expresionismo” fue ideado por el historiador de arte checo Antonin Matejcek –aunque se menciona también que quien empleó por primera vez la palabra fue el historiador y teórico alemán del arte Wilhelm Worringer en la revista Der Sturm-, quien ocupó el vocablo en 1910 para referirse a la corriente artística que descartaba la objetividad del impresionismo remplazándola con una subjetividad absoluta, en la que el lienzo mostraba emociones puras, comúnmente a través de la presencia de colores vivos o negros y chocantes que representaban el descontento de los artistas provocado por la desesperanza y miseria que imperaban en el ambiente.

De esta manera fue en el ámbito pictórico-arquitectónico donde el movimiento surgió cuando un grupo de cuatro estudiantes de arquitectura (1905) en la ciudad de Dresde (Alemania) que respondían a los nombres de Eric Bleyl, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, se manifestaron abiertamente a través de la pluma de Kirchner denominando a su grupo como Die Brücke (el puente) y afirmando que deseaban tener el libre control de sus propias existencias en contra de las “fuerzas establecidas” rancias y opresivas. Estos arquitectos, que también fueron destacados pintores, trataron de expresar la angustia que los consumía a través de sus violentos lienzos en los que trataban temas como la soledad o la sexualidad -en la cual llegaron incluso a mostrarse algunas perversiones-. Asimismo jugaban con las formas geométricas deformándolas para representar la desfigurada situación interna del individuo –ya fuera el propio artista o un hombre cualquiera-, al tiempo que eliminaban la tridimensionalidad optando por imágenes tan planas como impactantes.

En 1910 el grupo Die Brücke decidió trasladarse a Berlín para poder difundir su trabajo, tarea apoyada por el fundador de Der Sturm, Herwart Walden quien a su vez montó una galería para que Heckel y compañía pudiesen mostrar sus piezas a un público que los veía con temor y hasta con repudio. No obstante estos jóvenes artistas no eran los únicos inmersos en esta vorágine expresiva, ya que en Munich existía un grupo similar conocido como Der Blaue Reiter (el jinete azul) cuyo centro era el artista ruso Vassily Kandinsky y que incluía también a Franz Marc, August Macke, Alexej von Jawlensky, Paul Klee y el compositor Arnold Schönberg, entre otros. Cabe mencionar que entre todos estos artistas, destacó un noruego llamado Edvard Munch, quien fue uno de los pintores más influyentes en el movimiento expresionista, abordando en sus obras temas como el alcoholismo, la enfermedad, el amor insatisfecho o la decepción, problemas o sentimientos que eran representados a través de líneas deformadas y colores tanto estridentes como oscuros.

Así el sentimiento de desolación plasmado por todos estos creadores se vio acrecentado con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y a su término en 1918, el expresionismo habíase convertido en una actitud hacia la vida, de manera que el optimismo ingenuo y la fascinación por una belleza que se percibía como vacua, fueron relegados para dar aún más lugar a la expresión de los sentimientos de horror que había dejado tras de sí el conflicto bélico. Continuando con su agresiva propuesta, estos rebeldes artistas resultaban intolerables para ciertos individuos que detentaban férreas convicciones tradicionalistas, como los fascistas, de modo que cuando el nazismo llegó al poder en Alemania en 1933 todos los trabajos expresionistas fueron condenados y sus autores desterrados.

Por otro lado cabe destacar que aun cuando los expresionistas compartían principios básicos, el espectro de convicciones que tenían era muy amplio, ubicándose entre ellos individuos políticamente activos y apasionados, que convivían bajo la misma etiqueta con otros a quienes la política les tenía sin cuidado, sucediendo exactamente lo mismo con la religión.

Ahora bien, no solo los pintores se interesaron en el pensamiento y la técnica expresionista, constituyendo entonces el cine uno de los medios idóneos para representar la totalidad del movimiento ya que en él convergen todas las artes; incluso es en este ámbito en donde surgen dos importantes teóricos del expresionismo: el sociólogo Siegfried Kracauer y la crítica Lotte H. Eisner.

En este sentido, las cintas precursoras del expresionismo alemán fueron El estudiante de Praga (1913) de Stellan Rye y Paul Wegener, y El Golem (1920) dirigida por Wegener y Carl Boese, encontrando sin embargo su máxima representación en El gabinete del Dr. Caligari (1919) del cineasta Robert Wiene, en la que los claroscuros y los sitios siniestros, unidos a los personajes estrambóticos y aterradores, permitían al espectador probar en parte los sentimientos que regían el movimiento expresionista. De este modo, acompañando al filme de Wiene se encuentra la película Nosferatu (1922) de Friedrich Wilhelm Murnau, en la que un muy peculiar y terrorífico Max Schreck interpretó magistralmente al vampírico Conde Orlok -basado en el personaje de la novela Drácula de Bram Stoker-, al cual el director logró dotar de una tétrica personalidad a través del vestuario, el maquillaje y la misteriosa representación del singular actor.

El gabinete del Dr. Caligari

Por otra parte, en el séptimo arte también se puede ver la influencia del expresionismo en la arquitectura cinematográfica, como es el caso del filme Metrópolis (1927) de Fritz Lang, aunque tales estructuras fueron el reflejo de aquello que realmente se estaba construyendo –o proyectando- en las ciudades por arquitectos como Bruno Taut, Tony Garnier, Rudolf Steiner y Erich Mendelsohn quienes utilizaban el acero, el hormigón y el vidrio de la misma manera que Robert Wiene empleaba las luces, el maquillaje y las actuaciones para crear los conceptos guía de la corriente expresionista; de forma que en la película de Lang la distinción entre las clases opuestas –los privilegiados y los trabajadores- se muestra a través de los espacios que habitan, colocando para los primeros portentosas estructuras –como un estadio olímpico- y magníficos jardines, mientras que los oprimidos esclavos que se ven forzados a vivir hacinados en el subsuelo para permitir la cómoda existencia de la clase dominante.

De igual manera la influencia del expresionismo en Metrópolis se manifiesta en un guion que exhibe la lucha constante de una sociedad conformada por  los dominantes y los dominados, revelándose estos últimos contra el statu quo, evidenciándose así el sentimiento de inconformidad que servía como base al movimiento expresionista.

Hemos visto entonces cómo en el arte coexisten obras que tienen como objeto la belleza per se, y otras que persiguen la meta de ir más allá de la técnica y la alegoría para transformarse en genuinos gritos de alerta y protesta ante situaciones sociales plagadas de injusticias y opresiones, convirtiéndose entonces los artistas en portavoces de aquellos menos afortunados que no tienen el poder para cambiar en solitario y por sí mismos las terribles condiciones circundantes.

 

FUENTE:

El nacimiento del expresionismo alemán: Contexto socio-económico””. Aut. Raquel Barreto. Revista Creación y Producción en Diseño y Comunicación no. 8. 

“La arquitectura regeneradora del expresionismo: De la teoría a la praxis cinematográfica”. Aut. Daniel C. Narváez Torregrosa. Revista Palapa vol. 1, no. 2. Universidad de Colima, México.

La sensibilidad expresionista”. Aut. Lucía Solaz Frasquet. Espéculo, revista de estudios literarios no. 27. Universidad Complutense de Madrid. www.ucm.es  

El expresionismo como vanguardia de las emociones”. Aut. Francisco Baño. Suite101.net

 

 

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