Una dama extemporánea: Madeleine de Scudéry

Madeleine de Scudéry

Madeleine de Scudéry

Por: Patricia Díaz Terés

“Se tienen muchas ideas y pocos amigos o muchos amigos y pocas ideas”.

Santiago Ramón y Cajal

De tenaces y brillantes damas está adornado el azaroso camino que ha tenido que ser recorrido para que la valía de la mujer fuese reconocida en los ámbitos literario y filosófico –entre otros muchos-, habiéndose durante muchas centurias reservado este terreno al cultivo por parte de intelectos masculinos. Así, la situación cambió muy lentamente desde aquellos tiempos de Hipatia de Alejandría, cuya incursión en “prohibidas” materias la llevó a un trágico final a manos de envidiosos varones en el remoto siglo V de la era cristiana, de modo que para el siglo XVII la situación habíase únicamente modificado en que el asesinato de mujeres pensantes era un suceso más extraordinario que por ejemplo en la Edad Media, momento en que la cultivada fémina podía temer que ser acusada como bruja.

La historia que aquí nos compete inicia entonces en 1607 y para ser precisos el 15 de noviembre, día en que nació la pequeña Madeleine de Scudéry en una familia de cierto linaje aristocrático, cuyo jefe era capitán en los puertos de Le Havre y que estaba conformada tan solo por padre madre y dos hijos –únicos sobrevivientes de un total de cinco vástagos-, respondiendo el mayor al nombre de Georges.

Eran aún muy pequeños los niños Scudéry cuando la muerte les arrebató a sus progenitores, quedando ambos a cargo de un tío que había optado por la vida eclesiástica, habiéndolo esta situación convertido en un hombre muy culto que no hizo distinción entre los sexos de sus sobrinos al momento de intervenir en su educación, de forma que Madeleine tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir, además de tomar lecciones de dibujo, danza, música o economía doméstica, llegando incluso a practicar un poco de medicina rudimentaria y agricultura. Asimismo gracias a la biblioteca de su educado pariente pudo leer a los clásicos y otros volúmenes en varios idiomas –la jovencita llegó a dominar el español y el italiano para lograr descifrar las obras-, quedando cautivada tanto por las novelas épicas como por la filosofía de Michel de Montaigne y Plutarco.

De este modo, la afición de Madeleine y Georges por la literatura estableció entre ellos un poderoso lazo que se fortaleció cuando la chica decidió unirse a su hermano -en París- quien había descubierto su facilidad para las letras probando un éxito regular escribiendo obras de teatro; tales dones le abrieron paso a M[i]. de Scudéry en los salones literarios de la época, llegando entonces a la tertulia que tenía lugar en el Salón Azul del Hôtel Rambouillet, presidida por Catherine de Vivonne, marquesa de Rambouillet, donde Georges que era uno de los “Cinco de Richelieu[ii], fue bienvenido.

En tales circunstancias fue recibida Madeleine en 1637 (o 1638) y poco a poco introducida en el círculo intelectual de su hermano, acomodándose perfectamente en el salón literario de Rambouillet donde pudo entablar relaciones con ilustres personajes como Pierre Corneille, Jean-Louis Guez de Balzac, Valentin Conrart, Madame de Sévigné, Catherine Descartes –sobrina de René Descartes-, François de Malherbe y Françoise de la Rochefoucauld, entre otros muchos.

Pronto se dio cuenta Madmoiselle de Scudéry de que se sentía “como pez en el agua” entre tan ilustres literatos y pensadores, de modo que poco a poco fue ganando su respeto llegando en 1640 a sustituir a Madame de Rambouillet en la misión de dirigir el salón, debido a la menguada salud de la anfitriona original, estableciendo eventualmente su propio salón al que nombró Société du Samedi (Sociedad del Sábado). De esta manera, entre reunión y reunión Madeleine se dedicaba a escribir extensamente, logrando ver publicada su primera obra –que constaba de cuatro volúmenes- en 1642, Ibrahim ou L’illustre Bassa, aunque esta apareció bajo el nombre de Georges de Scudéry, ya que en aquel entonces una “señorita respetable” no podía publicar un escrito sin causar un escándalo[iii].

Pero como los hermanos Scudéry se apoyaban en los menesteres literarios, esta situación no causó inconvenientes, aunque se sabe que posteriormente la fama de la chica superó a la del dramaturgo, ya que de la pluma de esta valiente escritora surgieron exitosas obras como Artamène ou le Grand Cyrus (1649-1653) o Clélie, histoire romaine (1654-1660) con diez volúmenes cada una.

Ahora bien, lo importante de la obra de Madeleine no radica precisamente en su longitud –aunque fue esta justamente uno de los puntos que sus críticos señalaron con frecuencia como un defecto-, sino en la manera como a través de personajes históricos o ficticios logró retratar varios de los arquetipos sociales de su época, llegando a basar sus creaciones en personas del salón, haciéndose ella misma presente en la figura de Sappho –sobrenombre con el que la conocieron sus allegados- dentro de la novela de Artamène…, la cual cabe destacar fue la que le otorgó gran popularidad “a pesar” de sus dos millones de palabras.

Asimismo, aun cuando sus novelas eran de tinte romántico, la brillante dama no quiso que únicamente reflejaran romances insulsos, sino que a través de las diversas relaciones establecidas entre los personajes logró estructurar la idea de lo que debía ser el verdadero amor, mismo que tenía que basarse en la igualdad de los involucrados en la pareja –hombre y mujer- teniendo tanto la fémina como el varón el mismo derecho para pensar y expresarse -e incluso ejercer posiciones de poder político-.

Puede imaginarse entonces que fue tal idea la que causó revuelo entre sus contemporáneos, ganándole el desprecio de varios escritores como Moliére y Nicolas Boileau, quienes sin embargo tenían muy en claro que sentían tanto respeto hacia la persona de la dama como desprecio por sus puntos de vista, criticándola cada uno en sus respectivas obras Les Précieuses ridicules (1659) y Satire X; no obstante, a pesar de contar con decididos detractores, Madeleine de Scudéry fue la primera mujer a quien le fuera entregado un premio de la Académie Français siéndole concedido por el ensayo Discours de la gloire (1671), esto muestra que era una dama que contaba con una activa inteligencia puesta al servicio de las personas de su época a través de sus escritos y particularmente de las Conversaciones, que eran textos a modo de diálogo en los que trató diversos temas que abarcaron desde la cortesía, la magnanimidad y el amor hasta la existencia de Dios y el verdadero valor de la mujer.

De esta manera Madeleine criticó costumbres arraigadas como la violencia doméstica, el matrimonio forzado y la sumisión absoluta de la mujer, además de afirmar que las féminas poseían capacidades analíticas que les permitían elaborar juicios precisos, iguales a las de los varones, a la vez que defendió aguerridamente la existencia de Dios, tema que era ya para entonces objeto de discusión en los salones en los cuales se reunían personajes tan libertinos como estudiosos y ateos, quienes cuestionaban la existencia del Ser Supremo posición a la que De Scudéry contestó argumentando que el orden mismo del Universo probaba Su existencia, ya que aun cuando la materia pudiese llegar a crearse a sí misma, no podía estructurar las leyes incontestables que la regían.

Habiendo hecho –y publicado- extensos análisis sobre el temperamento del ser humano y diversas cuestiones morales –como el hecho de que aun la virtud llevada al extremo puede transformase en vicio-, Madeleine de Scudéry fue una dama cuyo pensamiento adelantó a su tiempo dedicando así su vida al conocimiento y la defensa de sus convicciones, falleciendo a la muy avanzada edad de 94 años el 2 de junio de 1701, descansando sus restos mortales en la iglesia parisiense de Saint-Nicolas-des-Champs y dejando como legado una importante idea que fue expresada por la escritora norteamericana Clare Boothe Luce: “Los pensamientos no tienen ningún sexo”.

FUENTES:

Madeleine de Scudéry””. www.britannica.com   

“Madeleine de Scudéry”. http://plato.stanford.edu  

Madeleine Scudéry”. Aut. Gale Cengage. Literary Criticism (1400-1800) Ed. Lawrence J. Trudeau. Vol. 58, 2000. eNotes.com

 


[i] Abreviatura de Monsieur.

[ii] Dramaturgos parisienses cuyos escritos se manifestaban a favor del cardenal Richelieu, ministro de Luis XIII.

[iii] La única obra en la que se sabe que los hermanos colaboraron activamente fue Les femmes illustres, ou Les harangues héroïques (1644).

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