Un visionario escritor atado a su oficio: Julio Verne I

Jules Verne

Jules Verne

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

“La constancia no está en empezar sino en perseverar”.

Charles Dickens

Cuando la habilidad para crear historias maravillosas se une al interés por la ciencia, la literatura puede tornarse en un instrumento visionario que permite a las personas que viven en una época vislumbrar lo que será el mundo en un futuro; pero para que tal cosa sea posible se necesita de literatos que además de talento narrativo, posean una imaginación que les permita mezclar a sus personajes con elementos técnicos, elaborando interesantes tramas que adentren al lector en el desconocido porvenir.

Muchos han sido así los escritores que como Isaac Asimov, Orson Scott Card o John Brunner, nos han acompañado a través de perspectivas futuristas que muestran asombrosos logros tecnológicos en mundos extraordinarios, aunque en el siglo XIX existió un hombre que no consideró necesario viajar a través del universo para atisbar los ulteriores logros de la humanidad, hablamos así de Jules Verne, un autor que vio al hombre posarse en la luna y moverse en las inmensidades submarinas aún antes de que existieran los aparatos que le permitieran realizar tales hazañas.

Fue el 8 de febrero de 1828 cuando Sophie Allotte de la Fuye tuvo en sus brazos a su primer hijo Jules Gabriel Verne Allotte, a quien había procreado junto con el severo abogado Pierre Verne, varón con el que continuaría una familia que sería completada con Paul, Anna, Mathilde y Marie.

El hogar de los Verne –que se ubicaba en Nantes- era indiscutible y férreamente gobernado por Pierre, mientras que la ternura y sensibilidad artística de su esposa Sophie permitía a sus hijos encontrar algún consuelo ante el autoritarismo del progenitor. Por aquel entonces Jules mostraba ya una imaginación activa que resultaba un tanto incomprensible para su padre, hecho que los contrapuso durante muchos años, a la vez que causó un hondo resentimiento en el futuro autor de Viaje al centro de la Tierra. Pero a pesar de las reprimendas, el chiquillo podía dar rienda suelta a sus pensamientos y a su gusto por los viajes extraordinarios gracias a los diarios y otros documentos dejados por sus antepasados que habían recorrido a voluntad el mundo haciendo tales relatos las delicias del pequeño Jules y su hermanito Paul –existe también una anécdota un tanto apócrifa que narra cómo el más grande de los Verne Allotte tomó la decisión de experimentar en carne propia una aventura, por lo que decidió embarcarse en un navío que partiría hacia la India, siendo descubierto por su padre quien atrapó al rapazuelo antes de que este cumpliera con su cometido, propinándole al instante una tremenda azotaina que por supuesto desanimó a Jules para hacer futuras tentativas de escape; aunque posiblemente lo único verdadero de esta historia haya sido que el chiquillo tuvo a bien ir a ver a escondidas una embarcación anclada en el puerto-.

A muy temprana edad comenzó Jules Gabriel su educación básica, iniciando formalmente en el pensionado de una tal madame Sambain –cuya historia personal serviría para inspirar la novela La señora Branican (1891), ya que la dama llevaba para entonces treinta años esperando a un marido que había partido en un barco para nunca más volver, aunque la creativa señora sostenía el pensamiento paliativo de que su hombre estaba atrapado en una isla desierta de la cual sin duda un día escaparía para retornar a sus amorosos brazos- para posteriormente inscribirse en la escuela de Saint-Stanislas y luego en el Liceo Real.

Cuando cumplió los diecinueve años le llegó el momento al futuro autor de enfrentarse a los planes de vida que le tenía deparados Pierre, los cuales incluían estudios en Leyes, mismos que tendría que cursar en París para desazón de nuestro protagonista, ya que para estos momentos él se encontraba tiernamente enamorado de su prima Caroline Tronçon, relación que era bastante escandalosa dentro de la familia y debía ser eliminada a la brevedad.

Sin contar con medios de sustento propios, Jules tuvo que acceder a los designios del jefe de la familia y separarse de su amada, por lo que en 1847 partió hacia la capital francesa en donde, sin embargo, encontró un poco de la tan ansiada libertad que constantemente le era negada en Nantes, al alojarse en casa de su tía abuela Charrüel. Fue entonces cuando comenzó a dedicar tiempo a su verdadera pasión, el teatro, escribiendo entonces su primera obra: Alexandre IV.

En 1848 durante una visita a su casa, recibió el joven escritor un duro golpe al enterarse de que su adorada se encontraba ya comprometida con otro caballero, hecho que lo arrojó a una desesperación y melancolía de la cual encontró solaz únicamente alejándose lo más posible de la feliz pareja, por lo que hizo hasta lo indecible para convencer a su padre de que le permitiera regresar a la Ciudad de la Luz, ya que los acontecimientos políticos preocupaban profundamente a Monsieur Verne, quien no obstante dejó a su vástago regresar a la gran metrópoli una vez que este le hubo prometido mantenerse alejado de los sucesos que darían lugar a la Segunda República.

Instalóse pues Jules en una pequeña buhardilla en París, concluyendo sus estudios de Derecho en 1849 e iniciando una “doble vida” en la que por una parte ejercía como fiscal sin obtener en tal trabajo satisfacción alguna, mientras que por otro lado dedicaba largas horas al desarrollo de sus obras de teatro, asistiendo además a salones y tertulias literarias en las cuales tuvo la oportunidad de conocer y trabar amistad con personajes de la talla de Alexandre Dumas (padre) y Victor Hugo.

Harto ya de ejercer la abogacía el joven dramaturgo se armó de valor e informó a su padre, a través de una misiva, que no tenía intención de ser abogado por más tiempo. El estricto Pierre por supuesto respondió inmediatamente cancelando definitivamente la ayuda financiera que hasta ahora le había dado a su hijo. Sin dejarse amilanar por su patética situación económica, Jules trabajó sin descanso en sus guiones, mismos que vendía a algunas compañías teatrales, obteniendo asimismo un ingreso un tanto más regular gracias a un puesto que consiguió en la bolsa de valores –también fungió como secretario en el Teatro Lírico-, a la vez que redactaba algunos artículos científicos e históricos que también le resultaban redituables.

Pan y leche eran entonces los únicos alimentos que le servían a Jules Verne para continuar con su extenuante labor, dando inicio sus días de 1850 a las cinco de la mañana, momento en que se dedicaba a escribir unas cuantas horas para posteriormente dirigirse a la Biblioteca Nacional en donde estudiaba textos científicos, técnicos e históricos, recibiendo además una lección de matemáticas por parte de su primo Henri Garcet. Una vez concluidas tales actividades el autor se encaminaba al trabajo.

Tan angustiosa situación fue la que en 1857 le conminó a aceptar un matrimonio por conveniencia -que sus padres le propusieron-, con una joven viuda de nombre Honorine de Viane, quien a su vez tenía ya dos hijas, con la que nunca fue feliz debido a que entre la pareja si bien pudo haber existido cierto cariño, nunca hubo amor.

Alto precio pagó entonces Jules Verne por haberse hecho de un medio constante y digno de subsistencia, ya que empeñó su felicidad personal –que no profesional- en pro de su realización como escritor ya que la tranquilidad financiera le permitió evaluar seriamente la posibilidad de dedicarse al mundo de las letras, tal como siempre había anhelado. Así, gracias a la ayuda de gente como Dumas, emprendió su verdadera vocación, la cual no estuvo exenta de obstáculos tal como vemos en la siguiente entrega de esta columna. 

FUENTES:

“Julio Verne”. Aut. David Ventura Marquié. Revista Historia y Vida no. 432.

Julio Verne, el hombre de las mil profecías”. Aut. Mario García Bartual. Revista Historia y Vida no. 521.

Viaje alrededor de Julio Verne”. Aut. Javier Coria. Revista Clío no. 42.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: