Un visionario escritor atado a su oficio: Julio Verne II

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Julio Verne

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“Los imposibles de hoy serán posibles mañana”.

Konstantin Tsiolkovsky

A difícil situación se enfrenta el artista al percatarse de que si bien el ejercicio de su vocación es para él una necesidad inherente, no puede desoír tampoco sus necesidades físicas y materiales básicas, de modo que es menester que se procure un medio de subsistencia real y constante.

Existiendo a lo largo de la historia algunos bienaventurados que han podido vivir durante la mayor parte de su vida adulta de los ingresos generados por el ejercicio de su arte, para otros fue mucho más “fácil” conquistar la fama que la fortuna, como fue el caso de Jules Verne.

Habiendo incursionado sin mucho éxito en el teatro con la ayuda de Alejandro Dumas (padre) –estrenó por ejemplo la obra Las pajas rojas en 1850- y contando con una buena experiencia en la redacción de artículos científicos para algunas revistas, el escritor decidió lanzarse a la aventura de hacer un verdadero libro en el cual mezclaría los conocimientos técnicos que había adquirido durante sus largas visitas a la biblioteca, con esa prodigiosa imaginación que le ganaría un lugar entre los grandes autores decimonónicos.

Así, contando con la ayuda de su primo Henri Garcet, del explorador Jacques Arago y del aventurero Félix Tournachon, conocido como “Nadar” –quien enseñó a Verne las virtudes del globo aerostático, a la vez que le presentó a numerosos personajes destacados del mundo de la ciencia como el físico Jacques Babinet y Guillaume Joseph Gabriel de La Landelle, uno de los primeros en incursionar en el asunto aeronáutico- logró concluir su primer manuscrito novelístico en 1862, colocándole el poco atractivo título Un viaje aéreo.

Sucedió entonces que tal cual le ha ocurrido a la mayoría de los escritores que hoy en día gozan de gran fama, su obra fue rechazada por la primera editorial debido a que la consideraron más un compendio de ciencia y tecnología, que una novela de aventuras. Este primer fracaso fue un cruel puntapié para la frágil autoestima del autor, quien incluso pensó que mejor sería quemar sus papeles y dedicarse por entero a su trabajo en la Bolsa de Valores –actitud que no mejoró tras las siguientes catorce declinaciones por parte de otros editores-. Afortunadamente nuestro protagonista, al pensar detenidamente en la situación, decidió hacer otra tentativa, en la cual quiso el destino que se encontrase con Pierre-Jules Hetzel, quien sería a la vez su salvador y verdugo.

Resulta pues que Hetzel, fundador y editor de la revista bimensual Magasin d’Education et de Récréation[i] y de la Bibliothèque d’Education et de Récréation –publicando en la primera los trabajos del autor de Miguel Strogoff por capítulos en forma de folletín, mientras que en la segunda se presentaron las obras en versión unificada- quedó muy complacido tras el éxito de la primera novela de Jules -la cual terminó por llamarse Cinco semanas en globo-, por lo que firmó con el literato un contrato-sentencia a través del cual Verne estaba obligado a entregar dos novelas por año, siendo la extensión del compromiso nada más y nada menos que veinte años. Por supuesto esta demanda inmisericorde a su intelecto lo hacía trabajar de manera casi ininterrumpida durante diez o doce horas diarias, embarcándose el hombre en una actividad tan frenética, que acabó por mermarse considerablemente su salud ocasionándole severo insomnio, dolores de cabeza y de oído, así como algunas parálisis faciales.

El novelista cumplía con el compromiso adquirido y Jules-Pierre fue conformando una colección de escritos –sesenta en total- a los que denominó Voyages Extraordinaires[ii], que empleó como herramienta para la difusión de la ciencia, la cual presentada de una manera amena atraía lectores de todas las edades –a pesar de que no se considera a Verne como autor de literatura únicamente juvenil-, ya que el creador reflejaba en sus volúmenes el asombro que sentía ante los avances tecnológicos que veía en su entorno, como la construcción del Canal de Suez (1869) y otros prodigios semejantes.

Habiendo surgido de su talentosa –y bien remunerada- pluma memorables obras como Viaje al centro de la tierra (1864), Veinte mil leguas de viaje submarino (1869-1870), De la Tierra a la Luna (1865) o La vuelta al mundo en ochenta días (1873) -de las cuales magníficos personajes como Phileas Fogg, Passepartout o el capitán Nemo son tan celebrados en la actualidad como lo fueron en el siglo XIX-, se observa cómo Julio Verne dio rienda suelta a su imaginación; no obstante, su fascinación por los avances científicos se convirtió paulatinamente en un temor reverente, de modo que a medida que el tiempo pasó, sus obras se transformaron en insinuaciones sobre la manera como el hombre podía extraviar el camino y convertir todo este progreso en una amenaza para su propia existencia.

De esta manera, aquel que había vislumbrado lo que el hombre lograría casi un siglo después, el 16 de julio de 1969, con la llegada del Apollo 11 a la Luna, escribió también sobre temas sociales que le preocupaban, reflejándolos particularmente en su obra París en el siglo XX (1863), en la que se presenta un mundo dominado completamente por una industria indolente soportada por un capitalismo despiadado, y donde el arte y la cultura han sido prácticamente anulados por considerarse como cuestiones inútiles, desde el punto de vista de la generación de recursos monetarios. Sin embargo, esta obra -que vio la luz 92 años después de la muerte de su autor, ya que fue hasta 1994 cuando una editorial la publicó tras ser el manuscrito encontrado por su biznieto Jean Verne- que fue vetada por Hetzel terminantemente por el pesimismo implicado en el texto, también contenía una versión bastante acertada de nuestra realidad de finales del siglo pasado, ya que había concebido la existencia de una red mundial de comunicación, rascacielos, automóviles o trenes elevados que viajaban a gran velocidad.

Asimismo el acervo de Jules cuenta con algunos escritos en los cuales advierte al ser humano sobre su relación con la naturaleza, destacando el desdén de ciertos sectores de la sociedad hacia el medio ambiente y los seres vivos en general, situación que subrayó en La esfinge de los hielos (1897), en la que critica la caza desmedida de ballenas o La compra del Polo Norte (1889) en la que un par de locos desean comprar esta región, para poder explotar los bancos de materiales minerales una vez que hubiesen fundido la capa de hielo.

Por otro lado y en contraposición al aspecto profesional, los asuntos personales de Verne fueron bastante malhadados. En 1861 había tenido con su esposa Honorine a su único hijo, Michel Verne, en quien desgraciadamente proyectó todos los traumas que le había causado su padre Pierre, de manera que tardó mucho tiempo en tener una relación cordial con el chico -llegando al extremo de encerrarlo en prisión (aunque se habla también que no fue la cárcel sino una institución psiquiátrica) o desterrarlo a la India-, convirtiéndose finalmente ambos en cercanos colaboradores. Presentándose sin embargo, tal vez, el episodio más terrible en 1886 cuando su sobrino Gastón le disparó a la pierna con una pistola –Verne le negó un préstamo-, provocándole una cojera que sufriría por el resto de sus días.

En franco declive, el autor enfermó de diabetes sucumbiendo a esta enfermedad el 24 de marzo de 1905, fecha en la que falleció en su casa de Amiens en la que había residido desde 1879.

Generándose con el paso de los años alrededor de tan ilustre escritor numerosas leyendas, que incluyen su afiliación a la masonería y una misoginia recalcitrante, lo cierto es que Jules Verne creó libros que son ahora parte del imaginario popular a nivel mundial, habiéndose llevado a la pantalla grande en forma de adaptaciones y recreaciones, a través de las cuales las nuevas generaciones se acercan a aquel que fue capaz de predecir un futuro de ciencia ficción que tenía más de ciencia que de ficción.

 

FUENTES:

“Julio Verne”. Aut. David Ventura Marquié. Revista Historia y Vida no. 432.

Julio Verne, el hombre de las mil profecías”. Aut. Mario García Bartual. Revista Historia y Vida no. 521.

Viaje alrededor de Julio Verne”. Aut. Javier Coria. Revista Clío no. 42.


[i] Revista de educación y recreo.

[ii] Viajes extraordinarios.

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2 Responses to Un visionario escritor atado a su oficio: Julio Verne II

  1. Jake dice:

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