Miel sobre hojuelas en Hollywood II

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Matt Damon y Emily Blunt en Agentes del destino (2011)

 

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Cuando no se ama demasiado, no se ama lo suficiente”.

Blaise Pascal

Pilluelos redimidos, mejores amigos, hombres trabajadores, solitarios varones, caballeros andantes… muchos han sido los estereotipos masculinos que han aparecido en la pantalla de plata a través de los años, capturando en muchas ocasiones la imaginación de una gran cantidad de mujeres que, a veces, llegan a enfurecerse cuando su novio no actúa precisamente como su personaje favorito. Nota: es necesario mencionar que este artículo, al igual que el anterior, contiene spoilers.

Muchas son las acciones del amor en el séptimo arte y para concluir con las redenciones debidas a Cupido, hablaremos del personaje de David Abbott (Mark Ruffalo) quien en la película Como si fuera cierto (Mark Waters, 2005) es un solitario viudo que, al rentar un nuevo departamento, es acosado por el exigente semi-fantasma de la doctora Elizabeth Masterson (Reese Witherspoon), dueña del lugar. Habiendo abandonado su trabajo y tras abrazar su cómoda depresión, es el amor por Elizabeth –que surge mientras el hombre trata de ayudar a la joven a recordar su identidad- el que permite a Abbott salir de su autocompasión, dándose cuenta así de que la vida puede continuar a pesar de las duras pruebas que el destino había puesto en su camino.

Por otro lado, para no dejar de lado uno de los clichés favoritos de Hollywood, hablaremos de la figura del “mejor amigo”, ese hombre que ha estado en la vida de la protagonista durante tantos años, que esta ha terminado por obviar su presencia, tan solo para darse cuenta de manera milagrosa que es él el único ser sobre la Tierra que podría hacerla feliz. En tan particular situación se encuentran Matt Flamhaff (Mark Ruffalo) y Reed Bennett (Ashton Kutcher) en los filmes Como si tuviera 30 (Gary Winick, 2004) y Día de los enamorados (Garry Marshall, 2010), cuyas mejores amigas Jenna Rink y Julia Fitzpatrick (ambas interpretadas por Jennifer Garner), después de algunas azarosas aventuras, concluyen con una epifanía en la que mágicamente se les revela cómo es aquel chico que siempre ha estado junto a ellas sin exigir nada a cambio, el verdadero dueño de su corazón.

Pasaremos ahora a examinar la personalidad del “caballero andante”, es decir, ese hombre que sería capaz, cual Orfeo, de atravesar las mismísimas puertas del Averno por su amada. Empezaremos así con el personaje Ian Miller (John Corbett) de la cinta Casarse está en griego (Joel Zwick, 2002), un hombre que se enfrenta con la ruidosa familia Portokalos al ser su intención contraer matrimonio con Toula (Nia Vardalos) una joven de la iglesia ortodoxa griega. Miller debe entonces adoptar una serie de costumbres ajenas a él, con la finalidad de cumplir con los requisitos impuestos por el padre de su amada para conceder su permiso para llevar a cabo el enlace. Ian termina cambiando incluso de religión para ser aceptado, mientras Toula trata inútilmente de mantener a raya a su familia.

El que enfrenta al mismísimo Tiempo para conseguir reunirse con su amada es Alex Wyler (Keanu Reeves) en la película La casa del lago (Alejandro Agresti, 2006), un arquitecto que entabla una fantástica relación con la doctora Kate Forster (Sandra Bullock). Coincidiendo en carácter y gustos, el problema con esta relación es que los amantes se encuentran separados en el tiempo, siendo su única vía de comunicación un “buzón-portal temporal” gracias al cual las misivas recorren dos años adelante y atrás para llegar de inmediato a sus destinatarios. Al final, el amor que Alex siente por Kate supera las trabas, permitiéndole conservar la calma y tener la paciencia suficiente para finalmente conocer a la mujer de su vida al momento en que es capaz de alcanzarla en el tiempo.

Menos heroicos, pero no por eso menos atractivos, resultan los personajes de Neil Jones (Ben Affleck) y Nick Palmer (Aaron Eckhart), quienes tienen que lidiar nada más y nada menos que con las complicadas personalidades que revisten a sus amadas Beth Murphy (Jennifer Aniston) y Kate Armstrong (Catherine Zeta-Jones), respectivamente. De este modo en A él no le gustas tanto (Ken Kwapis, 2009), Affleck interpreta a un hombre que está perdidamente enamorado de su novia y caminaría sobre brasas ardientes por ella si le fuese posible, pero que se considera absolutamente incapaz de caminar con ella hacia el altar, debido a un miedo patológico que siente hacia el matrimonio, que no por el compromiso. Las presiones sociales empujan a Beth a dejar de “perder el tiempo” con el hombre que ama, debido a que nunca cumplirá con lo que de él se espera, a pesar de que el caballero le ha demostrado una y otra vez la fuerza del amor que por ella siente. Por su parte el chef Nick Palmer en Sin Reservas (Scott Hicks, 2007), ha de lidiar con la hermosa, independiente y un tanto neurótica Armstrong, una prestigiada chef cuya vida ha cambiado al morir su hermana y quedar a cargo de su sobrina Zoe (Abigail Breslin), quien tiene además por costumbre mantener a raya a todas las personas que le rodean. Así, el desparpajado y espontáneo Palmer, rompe sus esquemas cuando “invade” la cocina del restaurante francés de la que ella ha sido ama y señora, al tener Kate que reacomodar toda su existencia. Nick le enseña pues a la fémina que la vida es algo más que trabajo, que los prejuicios son una carga inútil y que existe una forma de enfrentar con alegría y optimismo sus nuevas responsabilidades. Finalmente estos muchachos salen triunfantes cuando Beth descarta la opinión del resto del mundo y Kate vence sus propias barreras, concluyendo las parejas, como en toda comedia romántica, siendo felices para siempre.

Mención independiente merece aquí la película Agentes del destino (George Nolfi, 2011), en la que el personaje de David Norris (Matt Damon) debe elegir entre convertirse en el hombre más poderoso del mundo o quedarse con el amor de su vida, la bailarina Elise Sellas (Emily Blunt). El planteamiento de esta cinta destaca del resto de las películas románticas debido a que los dos personajes –que se han conocido por “casualidad”- se enfrentan a la terrible decisión de elegir entre el cumplimiento de sus sueños más profundos y anhelados -siendo para él conseguir la presidencia de los Estados Unidos y para ella convertirse en una famosa coreógrafa- o bien concluir sus vidas digna pero modestamente como un abogado prestigiado y una maestra de danza para niñas. El conflicto del filme está en que es David quien debe decidir qué es lo que desea, tanto para su destino como para el de su amada, a sabiendas que de que el poder y la fama no podían, en este caso, coexistir pacíficamente. Considerándose una película romántica, bien es posible imaginar el final.

Hasta ahora nuestros románticos protagonistas se han observado como atractivos y jóvenes hombres que conquistarían en dos segundos el corazón de cualquiera. Pero la realidad es que para el amor no hay edad, por lo que a aquellos caballeros que han visto ya algunas primaveras más, no les es vetado tan sagrado sentimiento. Este caso se refleja en los romances establecidos por Alfredo (Manuel Alexandre) y Elsa (China Zorrilla) en la película Elsa y Fred (Marcos Carnevale, 2005); y por Douglas Ainslie (Bill Nighy) y Evelyn Greenslade (Judy Dench) en El exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011). En este caso los varones, que distan ya de su juventud, encuentran el magnífico gozo de la vida con el verdadero amor -que se había ausentado de sus anteriores matrimonios-, surgido con la espontánea y atrevida Elsa en el primer caso, y con la cándida y sensata Evelyn en el segundo. Tanto Alfredo como Douglas, descubren que la magia de Cupido puede hacer su trabajo siempre y cuando tenga como base un corazón joven y dispuesto, sin importar los años que tenga el cuerpo de su dueño.

Así, tan peligrosa para una imaginación impresionable como agradable para personalidades más ecuánimes, la visión del amor que se presenta en la gran pantalla es únicamente una idea de lo que podría llegar a ser el verdadero amor, que no la realidad, aunque también es justo decir que: “¡Pobre del amor a quien la fantasía abandona!”, como decía el poeta italiano Arturo Graf.

FUENTES:

www.imdb.com

Una respuesta a Miel sobre hojuelas en Hollywood II

  1. Ana Lorena dice:

    Siempre es grato leerte.

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