El sabio príncipe guerrero: Nezahualcóyotl I

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Nezahualcóyotl

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables”.

Fénelon

Inusuales en la historia son aquellos personajes que, como Alfonso X el Sabio, en su propio ser han logrado conciliar el poder, la guerra y el arte; pero los que como él, han sido elegidos, trascendieron a su tiempo dejando un notable legado para las generaciones venideras.

Ahora bien, otra característica de estos personajes es que no han surgido en una época o territorio específico, sino que han podido observarse en sitios tan lejanos en el tiempo y el espacio como la España conquistada por los musulmanes en el siglo XIII y en la América prehispánica del siglo XV, siendo originario de esta última el protagonista de este artículo: el rey Nezahualcóyotl.

Existiendo actualmente diversas visiones sobre lo que era el continente americano antes de la llegada de los diferentes conquistadores, se sabe con bastante certeza que esta tierra distaba de ser un territorio en el cual convivieran los distintos pueblos en pacífica cordialidad, teniendo muchas veces que imponerse unos u otros por medio de la fuerza.

En este contexto, donde la guerra tenía un papel preponderante, nació el príncipe Nezahualcóyotl (Coyote hambriento) –aunque al nacer se le puso por nombre Acolmiztli (Puma fuerte), modificándolo él mismo en su adolescencia- de la unión del rey Ixtlixóchitl (Flor de pita), sexto señor de los chichimecas, y la princesa Matlalcihuatzin, hermana de Chimalpopoca e hija de Huitzilíhuitl, segundo señor de Tenochtitlán. Fue pues el 28 de abril de 1402 un día lleno de regocijo para el pueblo texcocano, en el que los astrólogos pronosticaron un bienaventurado futuro para el recién nacido.

Tan noble cuna exigió que desde muy pequeño Nezahualcóyotl fuese educado con esmero y severidad, ya que algún día tendría sobre sus hombros el peso del gobierno de Texcoco, que le sería heredado por su padre. De esta manera, fue enviado desde los seis o siete años al calmécac, una escuela en la que, a diferencia del telpochcalli donde los alumnos obtenían una básica instrucción en materia de religión y moral con el fin de convertirse en buenos guerreros; los chiquillos eran sujetos a un estricto régimen, en el que además de obtener los conocimientos sobre interpretación de libros pintados, himnos rituales, doctrinas, etc., también aprendían la importancia del autosacrificio como método para abrazar la disciplina, haciéndose comprender a los pequeños educandos que el equilibrio entre el cuerpo –y su dominio-, la mente y el espíritu, era esencial para cualquier individuo perteneciente a las clases dominantes –nobles y sacerdotes-, ya que eventualmente ocuparían un puesto de poder, hecho que hacía imperativo el que se aislaran de todos los caprichos y deseos egoístas.

Asimismo, el príncipe tuvo una orientación más personal de la mano del sabio Huitzilihuitzin, quien probablemente le enseñara el antiguo pensamiento tolteca cuyo fundamento era la figura de Quetzalcóatl –conocimientos que al parecer se arraigaron fuertemente en el alma del chico-, además de inculcarle el gusto por la poesía y mostrarle la importancia de la piedad.

Sin embargo, habiendo transcurrido tan solo 16 años desde el nacimiento de Nezahualcóyotl, el cruel señor tepaneca de Azcapotzalco, Tezozómoc, se alzó contra Ixtlixóchitl quien mesurando a su adversario, decidió que no podía enfrentarlo sin que se perdieran numerosas vidas de entre su gente, optando así por huir, escondiéndose junto con su familia en las cuevas de Cualhyacac y Tzinacanoztoc. Tal refugio no los ocultó durante demasiado tiempo, por lo que el rey ordenó a su hijo que escapase para que posteriormente pudiese recuperar el trono. De este modo el joven Coyote hambriento tuvo que observar impotente, oculto entre los árboles, cómo su familia era atacada, para después encaminarse hacia Tlaxcala, donde obtuvo ayuda.

Este episodio probablemente llenase de ira al muchacho, pero ciertamente lo inflamó con una determinación inconmensurable. Tezozómoc ordenó buscar al prófugo heredero a lo largo y ancho del territorio, pero aquel, siendo más astuto y mejor estratega que su enemigo, logró dar siempre esquinazo a los soldados y mercenarios que lo perseguían. En 1420 sus tías nobles y el tlatoani Chimalpopoca intercedieron en su favor ante el líder tepaneca, quien –presumiblemente a regañadientes- le concedió a Nezahualcóyotl el permiso para establecerse en la capital para concluir sus estudios y entrenamiento militar.

Por otra parte, cabe mencionar que la ambición de los tepanecas -para entonces ya liderados por Maxtla pues Tezozómoc había fallecido en 1427-, no menguaba y ansiaban apoderarse de la mayor cantidad de señoríos o reinos posible.

Habiéndose ya granjeado la amistad de los huejotzincas[1] y tlaxcaltecas, Nezahualcóyotl avanzó al mando de un ejército de cien mil hombres, con el cual logró conquistar Otumba, Aculmac y recuperar Texcoco. Asimismo ayudó a los señores de los mexicas y tlatelolcasIzcóatl y Cuautlalohuatzin respectivamente- a librarse del asedio del señor tepaneca, participando en un esfuerzo conjunto en el que peleó hombro con hombro con Izcóatl, el joven Tlacaélel y su hermano Moctecuhzoma, lucha en la que, tras ciento catorce días de asedio, finalmente destrozaron las defensas de Maxtla procediendo a saquear y destruir su ciudad, quedando en manos del heredero de Texcoco la misión de despachar a la cabeza del jefe enemigo rumbo al más allá, mientras la otrora orgullosa Azcapotzalco fue reducida, para su vilipendio, a funcionar como mercado de esclavos.

Tras la portentosa batalla, sellóse la Triple Alianza entre Nezahualcóyotl, Izcóatl y Totoquiyauhtzin[2], señor de Tacuba, unión que les permitiría buscar en conjunto la prosperidad de los tres dominios; aunque el señor de Texcoco solo pudo recuperar su trono hasta 1429[3], permaneciendo en el ínterin en el bosque de Chapultepec, terreno que luego cedió al señor de Tenochtitlán.

Ahora Texcoco tenía nuevamente a su legítimo gobernante, encontrando en el nuevo rey un líder justo y misericordioso, quien, en lugar de emprender sangrienta venganza contra aquellos miembros de su pueblo que se habían unido a los enemigos, los perdonó para dar inicio limpiamente a su reinado. Se ocupó entonces de restablecer las fronteras de sus dominios a la vez que los dividió en seis partes, cada una dirigida por los propios vecinos del lugar. Designó también lugares específicos para los distintos oficios como los orfebres, talladores de piedra, pintores, músicos, escultores, etc.

Constituyendo el bienestar de su pueblo su principal ocupación, se dio a la tarea de lograr la construcción de una infraestructura adecuada, que fuese administrada por gente competente y honrada; asimismo promovió con ahínco el cultivo de las artes y las ciencias, mientras él mismo se ocupaba de profundos pensamientos que lo llevaron a descubrir verdades diferentes a las veneradas por el resto de su pueblo, y a convertirse en un gran sabio. Pero como todo esto, así como la historia del gran amor de Nezahualcóyotl, se llevará todavía algo de espacio, dejaremos la consideración de tan espléndidos episodios para la siguiente entrega de esta columna.

 

 

FUENTES:

“La aventura de Nezahualcóyotl”. Aut. Blanca Margarita García Ocampo. Revista Esfinge no. 3. Junio 2000.

“Acción de gracias al señor Nezahualcóyotl”. Aut. Waldemar Verdugo. Nezahualcoyot-wvf.blogspot. 3 de marzo 2006.

“Nezahualcóyotl, el rey poeta”. Aut. Harold Alvarado Tenorio. www.poeticas.com.ar

“Nezahualcóyotl”. www.biografíasyvidas.com


[1] También encontrados como huejotzingas.

[2] También encontrado como Totoquiyayuhtzin.

[3] Se menciona también 1431.

3 respuestas a El sabio príncipe guerrero: Nezahualcóyotl I

  1. X dice:

    Genius jajaja que loserrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Jajaja no es cierto muy bien la información

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