El sabio príncipe guerrero: Nezahualcóyotl II

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Nezahualcóyotl

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales”.

Aristóteles

En pocas personas, con el transcurrir de los siglos, han convergido la fuerza, la astucia y el valor en la batalla con un espíritu sensible, filosófico y poético. Y el rey Nezahualcóyotl no era en modo alguno una persona ordinaria. Tras haber escapado de la muerte en numerosas ocasiones, y habiendo hecho justicia con los tiránicos señores tepanecas, este monarca se dio a la tarea de fundar nuevamente un reino próspero.

Sabiendo que la grandeza de un dominio depende tanto del bienestar físico como espiritual de sus habitantes, emprendió numerosas obras en las que levantó gran cantidad de palacios, acueductos y monumentos, pero también casas y otras construcciones que fueron de gran utilidad para su pueblo. Siendo un amante de la naturaleza y de todos los seres vivos, mandó sembrar magníficos jardines, cuyos árboles y flores alimentaban tanto su espíritu como el de sus súbditos, al tiempo que los enseñaba a que el cuidado de este tipo de recursos era responsabilidad de todos, por lo que el mantenimiento de los sitios con vegetación estaba repartido entre las poblaciones cercanas. La más destacada de tales áreas verdes fue el bosque de Tetzcotzinco, una colina cercana a Texcoco en donde se ubicaba además una impresionante escalinata y maravilloso estanque, estando situados cerca de ahí los baños de Nezahualcóyotl, los cuales habían sido excavados en la dura roca de la elevación.

Asimismo reforzó el desarrollo de artes y ciencias, reanudando por ejemplo las actividades del Observatorio Astronómico y apoyando a las escuelas o asociaciones de astronomía, ciencia, música, arte adivinatorio y poesía; mientras que él mismo fue un destacado cuicapicque –autores de las letras para los cantos, entre los cuales también destacaron Tlaltecazin de Cuauchinango, Tecayehuatzin de Huexotzinco o Ayocuan de Tecamachalco, entre otros-.

Por otra parte, el ejercicio de la verdadera justicia –así como el correcto funcionamiento burocrático- tomó un papel preponderante durante el gobierno de Nezahualcóyotl. De este modo a los hombres que ostentaban puestos de poder –o caballeros- y cometían algún crimen o transgredían alguna ley, les aplicaba severos castigos, mientras que a los humildes los trataba con benevolencia. Este proceder se debía a que el soberano consideraba que los poderosos tenían una responsabilidad mayor a la que ostentaba el pueblo llano, y por lo tanto sus faltas eran más graves. De igual manera promulgó ochenta y dos leyes que aplicó estrictamente, a la vez que alivió las necesidades de sus ciudadanos gastando las cantidades necesarias en vestirlos y alimentarlos.

Hombre piadoso y de buen corazón, el monarca de Texcoco veía con horror los sacrificios humanos que los sanguinarios sacerdotes ofrecían al cruel dios Huitzilopochtli y otras deidades. Un día, sin poder soportar la tortura de otro ser humano, en el Templo Mayor de Tenochtitlán gritó a voz en cuello que tal acto no le causaba sino repulsión, debido a que era necesario respetar cada una de las cosas vivas que había en el mundo, por sus características únicas e irrepetibles –llegó también a descifrar que no existía realmente todo un panteón de implacables divinidades, sino que solo había una: Tloque Nahuaque (señor de la cercanía y la proximidad) Moyocoyatzin (el que se está inventando a sí mismo), que posiblemente fuera otro nombre con el que se conocía al supremo dios dual Ometéotl[1]-.

Tal forma de pensar no lo hizo, por un tiempo, demasiado popular; sin embargo, poco a poco logró persuadir a su pueblo hasta que finalmente, cuando decretó la prohibición de los sacrificios, nadie se opuso. Era pues un rey próspero, sabio y congruente.

No obstante, la congruencia de Nezahualcóyotl se quebró nada más y nada menos que por una hermosa doncella. Resulta que era ya maduro el rey cuando comenzó a alcanzarlo la soledad. Decenas de nobles familias le habían presentado a sus más hermosas hijas, sin que ninguna lograra capturar el corazón del sabio varón. Decidióse entonces por una damisela de Coatlichan, quien había visto tan pocos veranos que fue necesario colocarla bajo la tutoría del hermano del monarca. Pasaron algunos años y el custodio de la chiquilla se olvidó de la promesa hecha a su noble pariente, permitiendo que su propio hijo desposara a su pupila.

Tan desafortunado descuido deprimió profundamente al gobernante, quien para calmar su alma optó por dar un largo paseo por el bosque llegando hasta Tepechpan, donde su fiel y distinguido vasallo, Cuacuauhtzin lo invitó a sentarse en su mesa. El anfitrión se sintió obligado a complacer en todo a su señor, y queriendo halagarlo, hizo que lo atendiera la bellísima Azcalxochitzin que a la sazón era su prometida. Nezahualcóyotl quedó inmediatamente flechado por la jovencita de dieciséis años, determinando que sería su reina sin importar los compromisos previos que la dama tuviese.

Partió entonces el rey de regreso a su palacio, con el firme propósito de conseguir a la tímida Azcalxochitzin. Nada mejor se le ocurrió a sus consejeros que el que estrechase la relación con Cuacuauhtzin con la finalidad de poder acercarse a su amada, cosa que Nezahualcóyotl trató de conseguir, despertando de inmediato la suspicacia de su súbdito, quien trató de obstaculizar el propósito de su rey. Fue entonces cuando Nezahualcóyotl cometió la más grande injusticia de su vida, cuando solicitó a los guerreros que su rival no sobreviviese a la siguiente contienda, como en efecto sucedió.

Una vez libre de ataduras, Azcalxochitzin pudo convertirse en la esposa del rey de Texcoco entre 1443 y 1444, iniciándose entonces la época de mayor prosperidad del reino. Nació entonces un pequeño príncipe al que pusieron por nombre Tetzcuhpiltzintli y todo se llenó de dicha. Pero la bonanza no duró demasiado. En 1446, Texcoco sufrió un severo revés climático puesto que hubo una nevada de tal intensidad que incluso destruyó numerosas casas, esto unido a una plaga de langostas, acabó con las cosechas ocasionándose una terrible hambruna a la cual los señores de la Triple Alianza hicieron frente a base de solidaridad. Los tiempos difíciles continuaron y la desgracia golpeó con toda su fuerza a Nezahualcóyotl cuando su hijo Tetzauhpiltzintli fue acusado como traidor a la patria y ejecutado; a este fallecimiento siguió la muerte –a manos de indignos enemigos- de otros tres hijos -aunque ilegítimos- del rey durante una cacería en la que acompañaban a los hijos de Axayácatl[2].

El corazón del soberano estaba apesadumbrado y decidió retirarse a Tetzcotzinco durante cuarenta días. Casi al terminar el plazo, soñó que al siguiente día su hijo Axoquentzin ganaría la guerra y que su mujer le daría otro hijo. En efecto el sueño se hizo realidad, su vástago ganó la contienda y meses después nació Nezahualpilli.

Tras una vida llena de sabiduría, batallas, juicios y glorias, en 1472 el cuerpo de Nezahualcóyotl no aguantó más, por lo que habiendo designado a su hijo de siete años como sucesor, con la regencia de su vástago mayor, Acapioitzin; y después de despedirse de todos sus seres queridos, el monarca pidió a todos que lo dejasen solo en su habitación para esperar el momento en que su amado y misericordioso dios lo llamase a su seno, lo cual no tardó en ocurrir.

De la vasta obra poética del rey poeta actualmente se conservan aproximadamente 36 piezas, cuya belleza y profundidad han admirado a cientos de generaciones, reconociéndose a Nezahualcóyotl, hasta hoy, como uno de los más grandes monarcas en el México prehispánico.

 

 

FUENTES:

“La aventura de Nezahualcóyotl”. Aut. Blanca Margarita García Ocampo. Revista Esfinge no. 3. Junio 2000.

“Acción de gracias al señor Nezahualcóyotl”. Aut. Waldemar Verdugo. Nezahualcoyot-wvf.blogspot. 3 de marzo 2006.

“Nezahualcóyotl, el rey poeta”. Aut. Harold Alvarado Tenorio. www.poeticas.com.ar

“Nezahualcóyotl”. www.biografíasyvidas.com

[1] Aunque sobre tal hipótesis se han presentado numerosas controversias.

[2] Tlatoani sucesor de Moctezuma I y padre de Moctezuma II.

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