Despropósitos artísticos y reclamos al mundo: Dadaísmo

Marcel Duchamp con Bicycle Wheel, 1963

Marcel Duchamp con Bicycle Wheel, 1963

Por: Patricia Díaz Terés

Cada guerra es una destrucción del espíritu humano”.

Henry Miller

Escuchando por lo general los artistas a las generosas musas que los inspiran para crear obras en las cuales reflejan exquisitez y belleza –lo cual en este caso podría aplicarse sin importar qué tan tétricos o macabros fuesen los temas de las creaciones, como por ejemplo los de algunas obras de Goya o El Bosco-, han también existido momentos históricos en los que un caótico entorno, ha provocado que el artista rehúya lo bello para utilizar la “función expresiva” del arte.

De este modo, en la primera mitad del siglo XX nos encontramos con un movimiento artístico sumamente difícil de definir debido a la gran cantidad de propuestas distintas que contuvo, nos referimos así al dadaísmo. Habiendo un consenso general que indica su origen en un café literario llamado Cabaret Voltaire -el cual fue inaugurado por su dueño, el director de teatro Hugo Ball el 1 de febrero de 1916 en Zurich, Suiza-, gracias a la interacción de numerosos artistas que se encontraban a la sazón exiliados en suelo suizo a causa de la Primera Guerra Mundial, juntándose entonces diversas concepciones del arte como el expresionismo alemán, el futurismo italiano y el cubismo francés, con un desánimo profundo generado por el conflicto bélico que azotaba a Europa de manera inmisericorde.

Así, analizando la barbarie que implica el hecho de que el hombre sea capaz de destruir a sus semejantes por razones meramente políticas o económicas, este grupo de creadores llegó a la conclusión de que toda la estructura de la sociedad estaba tan corrupta y era tan decadente, que ya no servía para nada, de modo que ellos propusieron no solo un movimiento artístico, sino una ideología a través de la cual se proponían desbaratar las normas y convenciones sociales, para demostrar que se trataba de límites impuestos por un sistema obsoleto y dañino.

De esta manera, por ejemplo, decidieron emprenderla contra el propio lenguaje, de modo que las creaciones literarias del dadaísmo requerían que el poeta en cuestión consiguiera un artículo cualquiera de un periódico o revista, el cual contuviese el número de palabras que deseaba incluir en su poema, para posteriormente recortar los vocablos e introducirlos en una bolsa, misma que sería después agitada, para finalmente ir extrayendo una por una las piezas de papel y anotando su contenido en una libreta, de manera que el poema estuviese conformado por palabras entrelazadas al azar, las cual carecerían por supuesto de cualquier sintaxis o métrica y por tanto de cualquier significado común.

Ahora bien, el origen del nombre de dadá –de donde proviene dadaísmo– se considera aún incierto, aunque es probable que en aquel Cabaret Voltaire algunos de los más asiduos asistentes –entre los cuales probablemente se encontraban Tristan Tzara, Hugo Ball, Hans Arp y Richard Huelsenberck-, dieran con el término mientras hojeaban un diccionario Larousse en busca de una palabra que expresara adecuadamente la idea de ese movimiento que deseaban crear, encontrando así el vocablo francés “dadá”, el cual designa los primeros sonidos emitidos por los infantes –también se ha mencionado el mismo término para designar la traducción de “pasatiempo”-. Al parecer, el caos que ellos veían en el arte, con el cual podían expresar su descontento absoluto hacia el mundo que les rodeaba, podía ser perfectamente determinado por una palabra que en sí misma no significaba nada –existe otra hipótesis que indica el origen del término como la palabra rumana “da” que significa “”-.

Por otro lado, cabe destacar que debido en buena parte a que los artistas que conformaron este movimiento pertenecían a muchas naciones, los líderes más influyentes –ya que se consideraba que cualquiera que así lo desease podía designarse como cabeza del dadaísmo, llegando Francis Picabia, editor de la revista 391, a afirmar que había 391 “presidentes” en el dadá-, indicaron que su iniciativa no tendría una localización geográfica determinada, por lo que el terreno del dadaísmo sería el propio mundo, llegando únicamente al convenio de que el arte no debía ser bello, ni se esperaba que se alinease con técnicas aceptadas, teniendo pues que transformarse en una oda a lo grotesco y agresivo plagada de sinsentidos.

Muchos fueron entonces los artistas destacados en el dadaísmo, mencionándose sin embargo con mayor frecuencia nombres como el de Tristan Tzara, que era un poeta francés de origen rumano quien escribió los Siete manifiestos Dadá; Kurt Scwitters, creador del Merz un “estilo artístico dadaísta” cuya característica principal era su absolutamente permisiva tolerancia hacia los materiales, haciendo que la basura, las envolturas, las colillas de cigarrillos y otros elementos similares, pasaran a formar parte de sus peculiares obras.

Pero los dadaístas no se conformaban con ir en contra del arte a través del arte, sino que también sintieron la necesidad de expresar sus opiniones políticas, de modo que cuando en 1918 el movimiento llegó a la ciudad de Berlín, surgió un manifiesto del Consejo Revolucionario Dadaísta, según el cual todos los hombres y mujeres que comulgaran con su movimiento debían unirse “sobre la base de un comunismo radical”[i], de manera que se expropiasen todas las propiedades para hacerlas comunitarias, misma situación que se proponía para los alimentos, los cuales debían ser proporcionados de manera gratuita por el Estado para toda persona creativa e intelectual.

No obstante, mientras los dadaístas se manifestaban libremente, el resto de la sociedad se erigía como testigo escandalizado por las “novedosas” propuestas de los reclamantes. De esta forma asistían a representaciones teatrales en las que luchaban, sin lograrlo, por encontrar algún guion o intención, asistían a exhibiciones en las cuales debían franquear una entrada construida con urinarios (1920, Alemania), encontrando dentro una obra que constaba por ejemplo de un enorme pedazo de madera con un hacha incrustada, en la cual se invitaba al espectador a tomar el arma y destrozar la pieza.

También hubo otras expresiones de dadá en las artes plásticas como el Ready-made, propuesto, entre otros, por Duchamp y en el cual se adquiría un objeto cualquiera, para modificarlo con en cualquier sentido y así obtener una alteración injustificada que se calificaba como arte dadaísta, siendo la pieza más célebre de tal propuesta Fountain (1917), firmada por un tal R. Mutt que era un seudónimo de Marcel Duchamp quien pretendía “citar” La Fuente de Jean Auguste Dominique Ingres a través de la colocación de un urinario posado sobre su parte plana, haciendo ciertas remembranzas fálicas, ocasionando que fuese el único artista vetado de la exhibición de la Sociedad de Artistas Independientes montada en el Armory Show (Nueva York) en 1917, por la inmoralidad y vulgaridad de su obra.

El público, ante las aberraciones presenciadas, sentía el mismo derecho que el artista para demostrar su descontento, de manera que con regularidad en las presentaciones y muestras los asistentes la emprendían en contra de los artistas lanzándoles huevos, monedas e incluso trozos de carne, hecho que los actores o poetas consideraban como una distinción.

Pero aquello que protesta contra todo y quiere destruirlo todo sin proponer algo nuevo -sin importar la legitimidad o ilegitimidad de los argumentos- desaparece, de modo que el movimiento dadá fue eventualmente rechazado incluso por sus propios integrantes, en el momento en que se dieron cuenta de que la destrucción del arte y las estructuras sociales de su tiempo, sin una opción para reemplazarlas, carecía en sí misma de sentido, quedándose pues el dadaísmo como un movimiento cuya permanencia puede compararse con la de un cerillo encendido, el cual brilla con intensidad durante un corto tiempo para después extinguirse de manera inevitable.

 

 

FUENTES:

“Cuando la letra puede cambiar el mundo. Futurismo, Dadá y tipos”. Aut. Raquel Peralta. Enero 2012. www.monografias.com

“Dadá y el surrealismo”. Aut. Hernán Montecinos. http://antroposmodernos.com

“Dadaísmo”. Aut. Ana Ángela Fleming. http://algarabia.com

“El dadaísmo o todo se lo llevó el caño”. Aut. Carlos Torres Trejo. Suite101.net

“El Dadaísmo: el movimiento que pretendía acabar con el arte”. Aut. Lydia Ortiz. Julio 2011.  http://redhistoria.com

“Dadaísmo”. www.arteespana.com

“¿De dónde procede el término ‘dadaísmo’?”. www.muyinteresante.es


[i] “Dadá y el surrealismo”. Aut. Hernán Montecinos. http://antroposmodernos.com

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