Un aventurero cuestionado: Marco Polo I

Marco Polo

Marco Polo

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

La vida o es una aventura atrevida o no es nada”.

Helen Keller

Sean o no los viajes y exploraciones un tema de nuestro interés, seguramente en alguna ocasión ya sea en alguna lectura, algún programa televisivo, una película o un simple reportaje, hemos escuchado el nombre de Marco Polo, mismo que por lo general evoca en nuestra mente imágenes de tierras exóticas y lejanas, grandes riquezas y magníficas aventuras.

No obstante Marco Polo, como otros tantos en la historia, es un personaje que actualmente se debate entre la leyenda y la realidad, surgiendo como es costumbre argumentos por parte de quienes lo defienden como el más grande explorador de todos los tiempos, sosteniendo otros que ni siquiera cruzó las fronteras europeas para adentrarse en el misterioso continente asiático.

Pero para lograr darnos una idea sobre lo que podría ser mentira o verdad, es necesario conocer la historia completa. Resulta pues que las discusiones sobre Marco Polo inician desde su lugar mismo de nacimiento, ya que mientras algunas fuentes lo ubican en la Serenísima República de Venecia, otros lo colocan en la isla dálmata de Kočula (Curzola), en la actual Croacia, y que por allá en el siglo XIII se encontraba bajo el poder de los duces[i]; lo que sí se ha establecido con relativa certeza es su año de nacimiento, determinándolo en 1254, viniendo al mundo en el hogar surgido tras la unión entre Niccolò Polo y su esposa Nicole Anna Defuseh.

Así, Marco creció en una familia de comerciantes viajeros, habiendo realizado su padre y su tío, Matteo (también encontrado como Maffeo) –el mayor de los Polo, Marco il Vecchio se dedicaba a atender los puestos comerciales familiares en Constantinopla y en Sudak-, una travesía (aprox. 1254 a 1270) al interior de Asia que los llevó directamente a la corte mongola del Gran Khan Kubilai, gobernante que si bien era visto como un bárbaro ignorante por muchos de sus contemporáneos europeos, era más atinadamente un hombre interesado por hacer florecer sus dominios en todos los ámbitos, por lo que presentaba gran interés por la organización militar, política y social de los imperios, reinos y repúblicas del Viejo Continente.

Kubilai mandó entonces a los hermanos Polo de regreso a Europa con la encomienda de llevarle una petición al Santo Padre Clemente IV, para que este despachara a cien misioneros instruidos que pudiesen educar a su pueblo en materia tanto religiosa como cultural; al mismo tiempo le solicitaba permiso para que los Polo llevasen de vuelta con ellos un poco del óleo del Santo Sepulcro –líquido al que posiblemente le adjudicase maravillosas y fantásticas cualidades-. Los venecianos retornaron a casa en fechas que rodean a 1270 –probablemente hasta la propia Venecia donde es factible que se enterasen de la muerte de la esposa de Niccolò y se llevase a su hijo Marco Polo que para entonces era ya un adolescente-, momento en que se dice que compraron su legendario hogar, la Corte del Milione, un conjunto de edificios con un patio común, que se convirtió en residencia de toda la familia y que se ubicaba en la parroquia de San Giovanni Grisostomo (o Crisóstomo), cerca del mercado del Rialto y en la orilla izquierda del Gran Canal.

De este modo sabemos con suficiente certeza que Niccolò, Matteo y Marco se instalaron en San Juan de Acre a esperar a que terminase el cónclave que debía designar al sucesor de Clemente IV, quien había fallecido en 1268, ya que sin autoridad suprema en la Iglesia Católica que otorgase los permisos pertinentes, los viajeros no podrían cumplir con el encargo de Kubilai. Asimismo, Marco Polo al parecer no era un muchachito ocioso, sino activo e inteligente que, seguramente gracias a su padre y su tío, conoció a Teobaldo Visconti da Piacenza, que a la sazón era legado del pontífice y que se encontraba en Acre al mismo tiempo que el rey Eduardo de Inglaterra a quien acompañaban trescientos soldados que lo secundaban en su lucha contra los musulmanes.

Desesperados ya los Polo en 1271 por permanecer sin oficio ni beneficio concreto en Acre, decidieron partir de regreso al corazón asiático encaminándose a la ciudad de Ayás (o Laiazzo[ii]), lugar donde recibieron la buena nueva de que su amigo Visconti había sido designado como nuevo papa, solicitándoles el recién nombrado Sumo Pontífice que retornaran a San Juan para entrevistarse con él. Los comerciantes cumplieron el mandato y recibieron por parte de Gregorio X[iii] tanto la bendición como el permiso para obtener aceite de la lámpara del Santo Sepulcro.

Con lo que no tuvieron tanta suerte fue con los cien misioneros que solicitaba el Khan, ya que el líder católico únicamente autorizó a dos personas para que acompañasen a los venecianos en su viaje: Niccolò da Vicenza y Guglielmo de Trípoli, siendo este último un respetado experto en el Islam.

Y aunque los monjes dominicos estaban en la perfecta disposición de cumplir con las órdenes papales, su valor se desvaneció por completo en cuanto fueron testigos del ataque del sultán de Egipto, Baibars, contra Armenia, batalla que les quitó el ánimo por la aventura, cediendo entonces sus cartas y credenciales a los Polo para que ellos cumplieran con la tarea que les había encomendado Gregorio X.

Pero Niccolò, Matteo y el joven Marco continuaron la marcha, visitando en primer lugar los Santos Lugares para obtener aquel preciado bien que les había solicitado Kubilai. Desde ahí tomaron camino hacia Turcomania (Anatolia), pasaron por el monte Arat -en donde según la tradición bíblica encalló el Arca de Noé-, remontando después el río Tigris hacia Basora y Bagdad, adentrándose después en el golfo Pérsico para llegar a Ormuz, continuando su viaje por tierra atravesando el desierto de Kermán hasta Badajhsán (en el actual Afganistán), donde posiblemente el agotamiento extremo provocó una severa enfermedad en el más joven de los Polo, obligándolos a permanecer inmóviles durante un año, tiempo que el chico aprovechó para aprender mongol y persa.

Y es en esta etapa donde el libro en el cual Marco Polo transcribió sus memorias sobre tan portentoso viaje, comienza a mezclar la ficción con la realidad, y mientras más adelante revisaremos con detalle el porqué de esta situación, por el momento podemos decir que en el Libro de las maravillas del mundo, el explorador narra cómo en esta etapa del recorrido, estableció contacto con el Viejo de la Montaña[iv] y la secta de los Asesinos, y conoció el origen del petróleo –un aceite que de acuerdo con Marco Polo no servía para cocinar pero sí como combustible- estableciéndolo en una piedra regalada por los Magos de oriente al Niño Dios.

Por otra parte, se menciona que Marco se recuperó y continuaron por el altiplano del Pamir, en un descenso que les tomó cuarenta días debido al terrible riesgo que corrían al transitar al lado de peligrosos barrancos y desfiladeros. Llegaron pues nuestros protagonistas a Kashgar, Yarkand y Khotan, cruzando después el temible desierto del Gobi en donde escucharon los terribles lamentos espectrales –que según la tradición tenían la intención de desviar a los incautos viajeros de su ruta-, los cuales únicamente eran provocados por el roce del viento con las impresionantes dunas que llegaban a tener trescientos metros de altura.

Era mayo de 1275 cuando tras pasar por la Gran Muralla y lanzarse hacia los secretos rincones de Asia, Marco Polo contempló por primera vez la grandiosa Xanadú o Shangdu, residencia de verano en la que por entonces se encontraba el Gran Khan Kubilai; no obstante del recibimiento de este hacia los extranjeros y otras muchas vicisitudes ocurridas a los viajeros venecianos hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“Marco Polo”. Aut. Jacques Heers. Ed. ABC. 2004

“El mercader de Venecia: Marco Polo”. Aut. David Revelles. Revista Clío no. 29. Marzo 2004.

“El mercader maravillado, Marco Polo”. Aut. Julián Elliot. Revista El Mundo Medieval no. 12.

“El libro de las maravillas, los viajes de Marco Polo”. Aut. Dolors Folch. Revista Historia de National Geographic no. 56.

“El viajero que nos llevó a oriente”. Aut. Santiago Tarín. Revista Historia y Vida no. 397.

“La Venecia de los Polo”, “La gran expedición: Por los caminos del Gran Khan”, “La última aventura: Un relato para la eternidad”. Aut. Fernando Martínez Laínez. Revista Historia y Vida no. 443


[i] Dux (plural, duces): Gobernante de la República Serenísima de Venecia.

[ii] En Turquía.

[iii] Nombre que tomó Visconti al entrar en posesión del pontificado.

[iv] Título con el que se conoce al líder de los Asesinos.

Una respuesta a Un aventurero cuestionado: Marco Polo I

  1. Ana Lorena dice:

    Siempre es grato leerte.

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