Un aventurero cuestionado: Marco Polo II

Marco Polo

Marco Polo

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

No debemos dejar de explorar. Y al final de nuestras exploraciones llegaremos al lugar del que partimos, y lo conoceremos por primera vez”.

Thomas Stearns Eliot

Maravillas portentosas poblaban seguramente la imaginación de Marco, Niccolò y Matteo Polo cuando, seguramente exhaustos tras cinco años de travesía –que en su mayor parte se llevó a cabo por la Ruta de la Seda-, se encontraron en 1275 a las puertas del magnífico palacio de Xanadú (Shangdu), perteneciente al Gran Khan de los mongoles, Kublai (Kublay o Kubilay) -nieto de Gengis Khan-, sitio que, protegido por veinte kilómetros de murallas, escondía edificios levantados con exquisitos mármoles, así como una caballeriza en la cual se guardaban diez mil excelsos y níveos ejemplares equinos de pura raza.

Hombre poderoso pero al parecer sencillo, Kublai Khan se dice que habitaba tal palacio con toda su corte, pero que personalmente prefería la forma simple de las viviendas mongolas, por lo que habíase hecho instalar en los jardines una tienda de campaña elaborada con seda y cañas de bambú. Así instalado, el líder mongol accedió a recibir a los recién llegados venecianos unos pocos días después de su arribo, ya que seguramente encontrábase ansioso por saber si habían cumplido sus encomiendas, alegrándose pues al recibir el tan ansiado aceite de la lámpara del Santo Sepulcro, aunque no se sabe su opinión sobre la ausencia de los evangelizadores solicitados.

Para comprender la labor y recepción de los Polo en las tierras asiáticas, es importante mencionar que el Gran Khan era un varón respetuoso de las costumbres ajenas, por lo que logró que en su imperio se conservase la cultura china, logrando incluso integrarla con la mongola, a la vez que promovió la tolerancia religiosa interesándose vivamente en los ritos y doctrinas tanto budista, como cristiana, islámica e incluso judía. Se observa entonces que aquellos “bárbaros” de oriente eran bastante más civilizados que las “civilizaciones desarrolladas” de los europeos, que a la sazón se hallaban embarcados en las violentas cruzadas. De esta manera, en los dominios de Kublai había por ejemplo un sistema hospitalario eficiente o una serie de orfanatos que albergaban, alimentaban y educaban a los pequeños sin familia; siendo no obstante la “estrella” de su gobierno el sistema de comunicaciones con miles de postas, cientos de jinetes y caballos, que hacía que los mensajes –mercancías o los viajeros- en un territorio tan extenso como el gobernado por el Gran Khan, fluyeran de manera rápida y segura.

Cuando Kublai Khan lo juzgó oportuno, se trasladó junto con sus visitantes a su residencia principal, en la ciudadela fortificada de Cambaluc (Khanabalik) –actual Pekín-, capital de Catay, en la cual los comerciantes venecianos contemplaron con creciente asombro los establos en los que cabían nada menos que cien mil magníficos caballos y cinco mil elefantes, los cuales se encontraban seguramente cerca de aquellos jardines de los que destacaba el Monte Verde, en los cuales el gobernante se había dado a la tarea de plantar árboles que le habían traído los viajeros que llegaban a sus tierras desde todos los rincones del orbe; además, las salas del palacio podían sentar cómodamente a seis mil comensales durante los banquetes. De igual manera, Kubilai no escatimaba al momento de proteger a su familia, por lo que tenía designados a diez mil de los mejores guerreros de su ejército para custodiar a sus cuatro esposas y cientos de concubinas –aunque Marco Polo no se limitó a registrar la vida de los cortesanos, sino que también elaboró retratos escritos de la vida cotidiana del ciudadano común, relatando por ejemplo cómo bebían vino de arroz o se alimentaban con trigo en forma pasta, hecho que con el tiempo derivaría en la leyenda de que fue él quien introdujo el espagueti en Europa-.

Pero las virtudes de la corte de Kubilai Khan no se limitan a la tolerancia religiosa o los grandes palacios, ya que el estadista mongol, si bien seguramente fue un fiero guerrero y estricto mandatario, también fue un visionario que reconoció la importancia de la cultura y la ciencia, por lo que en su corte pululaban monjes, embajadores de muchos países, astrónomos, bailarines, pintores o poetas.

Por otro lado, al contrario de la Europa medieval que se caracterizó en gran medida por la suciedad tanto de las personas como de los lugares, en la corte del Gran Khan ya contaban con agua corriente y calefacción, por lo que podía observarse una higiene regular que seguramente hizo de las cortes orientales lugares mucho más amigables que los castillos del Viejo Continente.

Ahora bien, puesto que probablemente Marco Polo era para entonces un joven fuerte, inteligente y carismático, Kublai le tomó gran simpatía, por lo que lo designó para numerosas comisiones que lo llevaron lo largo y ancho del suelo dominado por el Gran Khan. De este modo, según el Libro de las maravillas del mundo el joven veneciano pudo observar –y registrar- de cerca las costumbres de diversos territorios, encontrando por ejemplo que los hombres en el corazón de Asia eran mucho más permisivos con sus esposas, cuando ellas podían obtener costosos regalos por parte de los viajeros europeos a cambio de sus favores, de modo que los maridos emprendían camino rumbo a la montaña al acercarse las caravanas, con el fin de brindar alguna privacidad a la transacción (!).

Uno de los puntos que utilizan los detractores de Marco Polo, quienes afirman que el escrito del comerciante no son más que figuraciones de una viva imaginación, es que en el Libro de las maravillas…, el explorador nunca menciona el hecho de que a las mujeres en China se les ataban los pies, siendo en ocasiones incluso mutilados –otra omisión que supuestamente es prueba de que el viajero nunca pisó los confines asiáticos es que, si bien menciona varias bebidas que se consumían en Oriente, no hace alusión alguna al té, que gozaba de gran popularidad-; por su parte, los defensores de Marco explican que si bien el hombre no explicó específicamente las condiciones de los pies de las damas chinas, sí se percató de que sus pasos eran muy cortos, mostrando un andar que parecía grácil y elegante a los ojos extranjeros.

Así, cumpliendo las misiones encomendadas por Kublai Khan el más joven de los Polo visitó por ejemplo Birmania con fines diplomáticos, encargándosele también la reorganización de la provincia de Manzi, a la vez que participó –posiblemente con su padre y su tío, a quienes sin embargo se cree que el Khan eventualmente desterró por un corto tiempo a Kantchou en el extremo oeste de la Gran Muralla, mientras Marco estaba en uno de sus viajes- en la toma de Siang-Yang-Fu cuya victoria se dice que se debió en buena parte a las catapultas que los venecianos enseñaron a armar y utilizar a los mongoles. De igual manera, pudo viajar por el río Amarillo, en donde vio muchas ciudades en las cuales se comerciaba con seda, jengibre y carbón, a la vez que fue testigo de la producción de la sal en Sichuan. Sus aventuras incluyeron también el descenso por el Gran Canal en donde quedó perplejo con las inmensas y numerosas embarcaciones que transitaban de Beijing a Hangzhou.

Sin embargo, el clímax de todas las encomiendas del Gran Khan a Marco Polo fue –según el propio veneciano- cuando el mongol nombró al foráneo gobernador de la ciudad de Yangzhou durante tres años, aunque tal hecho nunca ha podido corroborarse en los registros chinos de la época, si bien sí se sabe que en tal lugar llegaron a habitar comerciantes venecianos tal como lo demuestra la tumba de una dama de nombre Caterina Vilioni, quien murió en 1342.

Encontrándonos otra vez con la discusión de la realidad y la ficción que se mezclan irremediablemente en la biografía de uno de los más grandes –o al menos populares- personajes de la Edad Media, en la próxima entrega veremos las peripecias que tuvieron que pasar los Polo para regresar a casa y cómo nuestro protagonista escribió uno de los libros más leídos y discutidos de todos los tiempos.

 

FUENTES:

“Marco Polo”. Aut. Jacques Heers. Ed. ABC. 2004

“El mercader de Venecia: Marco Polo”. Aut. David Revelles. Revista Clío no. 29. Marzo 2004.

“El mercader maravillado, Marco Polo”. Aut. Julián Elliot. Revista El Mundo Medieval no. 12.

“El libro de las maravillas, los viajes de Marco Polo”. Aut. Dolors Folch. Revista Historia de National Geographic no. 56.

“El viajero que nos llevó a oriente”. Aut. Santiago Tarín. Revista Historia y Vida no. 397.

“La Venecia de los Polo”, “La gran expedición: Por los caminos del Gran Khan”, “La última aventura: Un relato para la eternidad”. Aut. Fernando Martínez Laínez. Revista Historia y Vida no. 443

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