Un aventurero cuestionado: Marco Polo III

Marco Polo

Marco Polo

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

Como todos los grandes viajeros -dijo Essper- yo he visto más cosas de las que recuerdo, y recuerdo más cosas de las que he visto”.

Benjamin Disraeli

Aun al corazón del más aventurero de los hombres llega en un momento dado la añoranza del hogar. Marco Polo había pasado ya veinte años lejos de su hogar cuando tanto él como su tío Matteo y su padre Niccolò decidieron que era tiempo de regresar a casa. Pero grandes debieron haber sido los servicios que prestaron al Gran Khan Kubilay y profunda la simpatía de este por sus invitados, puesto que a pesar de que los Polo solicitaron en diversas ocasiones la venia del gobernante para abandonar las tierras asiáticas, el poderoso mongol les negaba el permiso.

Sin embargo, quiso la suerte que el sha de Persia, Arghun quedase viudo en 1286, habiendo sido su esposa una sobrina de Kubilay Khan llamada Bolgana, por lo que el persa solicitó el envío de otra dama que llenara el vacío dejado por su amada. El líder mongol designó entonces a una hermosa jovencita de diecisiete años de nombre Koekoecin (Cocachin o Kakeychin) como flamante prometida, por lo que necesitaba una escolta digna, encontrando entonces en los Polo a los perfectos guardianes.

Partieron pues en la primavera de 1292 en trece embarcaciones en donde viajaba un numeroso séquito. Desde el puerto de Zaitón se dirigieron hacia el reino indochino de Shampay, teniendo que instalarse en la isla de Sumatra durante cinco meses debido a que los vientos no eran favorables en la época del año en la cual llegaron a tales territorios, ordenando así Marco Polo la construcción de algunas fortificaciones que ayudasen a proteger a su gente tanto de los animales salvajes, como de las tribus caníbales que ahí habitaban. Continuaron luego a Ceilán y a la India, lugar en el que los venecianos entraron en contacto con el mundo espiritual de aquellas regiones conociendo la reverencia a las vacas como animales sagrados, a los sadhu u hombres santos y la terrible costumbre del satí[i]. El grupo recorrió después los pantanos de Gujerat, llegando después al golfo Pérsico y desembarcando finalmente en su destino, el puerto de Ormuz, dos años después de haber dejado los dominios de Kubilay, habiéndose diezmado la comitiva en dramática manera ya que de miles de hombres, tocaron tierra únicamente dieciocho –aunque hay quien afirma que fueron únicamente ocho- viajeros.

Al llegar a suelo persa enteráronse los Polo de la muerte tanto de Kubilay como de Arghun, por lo que se decidió que Koekoecin se casaría con el aún infante Gazan. Habiendo cumplido su cometido, los comerciantes siguieron su ruta por Bam, Kerman e Isfahan, llegando a Tabriz y Erzerum, arribando finalmente a Trebisonda en el mar Negro donde vivieron un negro episodio cuando una turba hostil los despojó –o bien les fue confiscada- de gran parte de su cargamento de mercancías.

Era 1295 cuando los Polo llegaron a su amada Venecia en donde fueron recibidos con frialdad e incredulidad, ya que la gente no creyó sus aventuras en las lejanas tierras mongolas. El Libro de las maravillas del mundo cuenta sobre esta época gran cantidad de anécdotas –muchos aseguran que el apodo Il Milione con el que se conoció a Marco debióse a las exageraciones que se percibían en sus relatos- que en su mayoría han sido calificadas como fabulaciones, tales como la gran cantidad de joyas que los recién llegados traían escondidas en las costuras de sus prendas.

Lo cierto es que para Marco Polo su estancia en la corte de Kubilay Khan fue su última expedición aunque no su última peripecia -se cuenta que participó en un par de levantamientos en contra del gobierno en 1300 y 1310-, ya que el 6 de septiembre de 1298 armó una galera para participar en la batalla de Kórkula (Curzola) que tuvo lugar un día después, en la cual se enfrentaron genoveses y venecianos, siendo catastróficamente derrotados estos últimos por el almirante Lamba Doria y terminando gran parte de sus fuerzas prisioneras, yendo entre los cautivos nuestro avezado protagonista.

Terminó pues Marco prisionero en el palacio de San Giorgio en Génova donde conoció a  Rustichello (Rusticello o Rusticiano) de Pisa, quien había sido capturado tras la batalla de Maloria. Juntos escribieron el Libro de las maravillas del mundo (cuyo título en italiano fue presuntamente Il Milione, mismo que algunos designan como una corrupción del apodo de la familia, Aemilione) –de cuyo estilo se ha podido deducir que el pisano era una suerte de trovador que probablemente había vivido en algunas cortes europeas como la inglesa-, el cual contiene tanto vivas descripciones de los portentos que pudo haber visto el veneciano en persona o bien que fueron detalles –algunos de ellos estrambóticos- que Rustichello tuvo a bien incluir en las narraciones –el libro fue escrito en una mezcla de francés y veneciano-.

Un año pasó Polo en cautiverio, siendo liberado en agosto de 1299 cuando Génova y Venecia firmaron la paz después de que el Sumo Pontífice tomase cartas en el asunto. Al regresar a su hogar, el otrora explorador decidió sentar cabeza desposando a una dama de nombre Donata Baduer, con quien tuvo tres hijas: Fantina, Bellela y Moretta. Abandonando su espíritu errante, el caballero dedicó el resto de su vida a humildes actividades comerciales, sin figurar dentro de los nombres destacados de la Serenísima República de Venecia, sin carecer no obstante de una respetable fortuna que le permitió vivir holgadamente hasta su muerte a los setenta años el 8 de enero de 1324, tras un año de una enfermedad que se desconoce –sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Lorenzo en Venecia-.

Ahora bien, el momento de su deceso no carece sin embargo de cierta magia, ya que se dice que aun cuando sus amigos y familiares e incluso un sacerdote le suplicaron que limpiase su conciencia admitiendo que muchos de sus relatos habían sido solo quimeras, el impertérrito moribundo afirmó que en realidad él no había siquiera descrito la mitad de las cosas que había visto.

Creándose desde este momento una leyenda que ha tenido numerosos detractores, lo cierto es que su Libro de las maravillas del mundo -que determinó en buena parte el desarrollo de la cartografía medieval- pronto se convirtió en un texto leído en todos los estratos sociales, ya que lograba cautivar la imaginación tanto de ricos como de pobres, llegando a embelesar a algunos de los exploradores más famosos de la historia como Cristóbal Colón, de quien se dice que inspirado en el volumen de Marco Polo, fue como decidió lanzarse a la aventura en busca de las Indias Orientales.

Aunque el manuscrito original se perdió, el primer ejemplar del Libro de las maravillas… se halló en la Biblioteca Capitular de la Catedral de Toledo, habiendo pertenecido al cardenal Francisco Javier de Zelada, dando con su primera traducción al castellano en manos de Rodrigo Fernández de Santaella, siendo publicado en 1593 por Polomo y Cromberger.

Sin haberse encontrado registros en China sobre la presencia de Marco Polo en tales regiones –de acuerdo con David Morgan-, la discusión sobre la veracidad de sus viajes se ha extendido hasta nuestros días, habiendo asegurado en 1999 la directora del departamento chino de la Biblioteca Británica, Frances Wood, que el veneciano nunca pasó del mar Negro, siendo confrontada por otros investigadores como el profesor Dang Baohai de la Universidad de Pekín quienes aseguran lo contrario.

Pero ya sea que Marco Polo haya pasado veinte años en compañía de los mongoles o hayan sido sus hazañas producto de una viva imaginación y la hábil pluma de Rusticello, lo cierto es que este veneciano ha pasado a la historia como uno de los más grandes aventureros y exploradores de todos los tiempos, pareciendo oportunas como cierre de tan extraordinaria historia las palabras de la escritora norteamericana Sylvia Plath: “La realidad es relativa, depende de con qué lente se mire”.

 

 

FUENTES:

“Marco Polo”. Aut. Jacques Heers. Ed. ABC. 2004

“El mercader de Venecia: Marco Polo”. Aut. David Revelles. Revista Clío no. 29. Marzo 2004.

“El mercader maravillado, Marco Polo”. Aut. Julián Elliot. Revista El Mundo Medieval no. 12.

“El libro de las maravillas, los viajes de Marco Polo”. Aut. Dolors Folch. Revista Historia de National Geographic no. 56.

“El viajero que nos llevó a oriente”. Aut. Santiago Tarín. Revista Historia y Vida no. 397.

“La Venecia de los Polo”, “La gran expedición: Por los caminos del Gran Khan”, “La última aventura: Un relato para la eternidad”. Aut. Fernando Martínez Laínez. Revista Historia y Vida no. 443

[i] Rito en el cual las viudas se inmolaban en el fuego de la pira funeraria de sus difuntos maridos.

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