Bondad y elegancia, fama y tristeza: Audrey Hepburn II

Audrey Hepburn

Audrey Hepburn

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar”.

Winston Churchill

Durante las épocas difíciles y particularmente en tiempos de guerra, cada persona debe luchar a su manera desde “su propia trinchera”, sin que la familia de Audrey Hepburn, que vivió la terrible ocupación nazi en Holanda, fuera la excepción. De este modo, a pesar de las numerosas penalidades que tuvieron que atravesar durante los cinco años de ocupación nazi, Edda Van Heemstra[1], su madre Ella, sus hermanastros –Alexander fue capturado, reapareciendo hasta después de la conclusión de la guerra, mientras que Ian a sus dieciocho años se convirtió en líder de la resistencia local, siendo también apresado y deportado- y sus tíos –Otto fue fusilado por sus actividades clandestinas cuando Audrey tenía 13 años- formaron parte activa de la resistencia, cada quien a su manera.

Así, mientras sus hermanos realizaban peligrosas empresas, Audrey compartía el riesgo junto con sus compañeras del Conservatorio de música y danza de Arnhem, ofreciendo funciones de danza en las cuales pretendían conseguir fondos, siendo ella misma la encargada de diseñar las coreografías mientras la baronesa –quien además albergaba proscritos por los nazis en su casa- confeccionaba los vestuarios como mejor podía con cortinas o cualquier otra tela que sirviese para el propósito; de igual manera la joven Hepburn llevó varios mensajes clandestinos ocultos en sus calcetas, arriesgándose a ser deportada o arrestada si era descubierta, ya que estos constituían la comunicación ilegal con pilotos aliados derribados.

El caos no hizo sino empeorar cuando ya se aproximaba el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1944 la población de Arnhem, tras un terrible bombardeo, desapareció en cenizas por lo que Audrey y su madre se vieron obligadas a trasladarse a una casa de campo perteneciente al barón Van Heemstra en Velp, donde no tenían carbón para la estufa ni comida suficiente, llegando incluso a consumir bulbos de tulipán y ortigas para subsistir. Pero el año siguiente trajo por fin la luz que se había ocultado tras la esvástica durante tanto tiempo. El 4 de mayo de 1945, día en que la joven bailarina cumplía dieciséis años, se anunció a vuelo de las campanas que quedaban que el fin del conflicto bélico había llegado. Con gran alegría recibieron entonces Ella y Audrey a Ian y a Alexander, encontrándose todos ellos demacrados y cansados, pero respirando el aire de libertad del cual los habían privado.

Tras alcanzar un poco de estabilidad, en 1946 la baronesa se trasladó junto con su hija a la capital, Amsterdam, donde inscribió a su hija en la escuela de la rusa Sonia Gaskell, dama que enseguida reconoció en la delgada jovencita un talento nato, pero que a la vez había llegado a sus manos tal vez demasiado tarde –Hepburn había cumplido ya diecisiete años- y con una salud muy deteriorada.

Ahora bien, por esta época tanto el cuerpo como la mente de Audrey colapsaron en cierto sentido, probablemente como reacción al excesivo estrés al que había estado sometida durante todo un lustro, de modo que cayó en una terrible depresión y comenzó a comer de manera compulsiva, especialmente chocolates, acción que la llevó a subir de peso aceleradamente alcanzando 68 kg –al final de la guerra pesaba 45 kg y medía 1.70 m-, condición que le causó problemas en la escuela de danza. Haciendo conciencia sobre la situación, con dieta y ejercicio logró reducir trece kilos, alcanzando así el peso que sería regularmente estable durante muchos años.

Por otra parte, Gaskell había hecho ya todo lo que podía por la chica, por lo que recomendó a la madre que la llevase a Londres para que iniciara lecciones avanzadas de ballet en la escuela de Marie Rambert. La pobre Ella Van Heemstra no tenía más que cincuenta libras en el bolsillo, pero las tomó junto con su hija, juntó sus cosas y se mudaron a Inglaterra. Una vez en la ínsula, la aristócrata desempeñó toda clase de trabajos humildes para que Audrey pudiera lograr su sueño de convertirse en una bailarina profesional, haciendo de niñera, cocinera, empleada de mostrador o vendedora ambulante, encontrando un poco de tranquilidad al obtener una posición como portera en un lujoso edificio en Mayfair, empleo que le daba acceso a un departamentito en el cual se acomodó junto con su artístico retoño.

No obstante, Audrey, a pesar de ser una muchacha constante y dedicada, también era realista, por lo que sabía perfectamente que la tan ansiada posición de prima ballerina era para ella inalcanzable, hecho que no provocó que su pasión por la danza disminuyese ni un ápice. Así, ayudaba a su madre como podía, alternando sus agotadoras sesiones en la academia con algún trabajo como modelo publicitaria. En este trance se encontraba la chiquilla cuando el Ballet Rambert anunció en 1948 que haría una gira por Australia y Nueva Zelanda, hecho que emocionó en gran medida a HepburnAudrey abandonó el nombre de Edda Van Heemstra este mismo año-, quien sin embargo no fue convocada para formar parte del elenco, debido a la dificultad que presentaba el conseguirle un compañero de baile que no desentonara con su estatura.

Audrey dijo entonces adiós a la danza y empezó a explorar otros ámbitos artísticos, encontrando en el teatro uno que se adecuaba a sus intereses y necesidades. De esta manera tras hacer numerosas audiciones, logró entrar como “chica del coro” en la versión londinense de la comedia musical High Button Shoes. Aun cuando su papel no era ni por asomo preponderante, nuestra dama se ganó las simpatías de todos sus compañeros e hizo un buen trabajo, de modo que al concluir la temporada de la obra, el empresario Cecil Landeu le extendió un contrato para trabajar en una revista musical llamada Sauce Tartare. Mientras tanto, la chica decidió que se convertiría en actriz profesional, inscribiéndose en clases de coreografía, locución y arte dramático con el actor británico Felix Aymler.

La suerte volvió a sonreírle a Hepburn cuando en 1950, tras haber cumplido ya sus veintiún años, conoció al director de reparto de la Associated British Films, Robert Lennard, quien le ofreció una pequeña intervención en un par de películas, personificando pues en Laughter in Paradise (Mario Zampi, 1951) a una vendedora de cigarrillos y a una recepcionista en One Wild Oat (Charles Saunders, 1951). Ya cuando trabajó en Young Wives’ Tale (Henry Cass, 1951), logró aparecer en siete escenas, las cuales fueron sumamente estresantes debido a que el director era una persona complicada.

Al siguiente año, la novel actriz consiguió un papel con el cual debió haberse sentido un tanto identificada, ya que interpretó a una joven estudiante de ballet durante la Segunda Guerra Mundial –sin embargo su alter ego sí consiguió su sueño de convertirse en una exitosa bailarina- en el filme The Secret People (Thorold Dickinson, 1952).

Por otro lado, mientras se llevaban a cabo estas primeras incursiones en la pantalla de plata, Audrey conoció a un caballero que capturó pronto su atención y enseguida su corazón, se trataba del apuesto James Hanson, rico heredero siete años mayor que ella. En cuanto posaron la vista el uno sobre el otro sintieron una atracción irresistible, misma que desembocó en un rápido compromiso que se fijó en pocos meses. Así, ante la desaprobadora mirada de Ella Van Heemstra, quien estaba al tanto de la fama de vividor que cargaba sobre sus hombros su pretendido yerno, Audrey y James continuaron su compromiso, fijando fecha de boda en varias ocasiones y modificándola la novia en el último momento, generalmente por motivos laborales.

Audrey está ahora ya próxima a saltar a la fama, pero de su fantástica carrera como actriz y sus sinsabores familiares hablaremos más extensamente en la próxima entrega de esta columna.

 

**Esta serie de artículos la dedico con mucho cariño a mi amigo Ignacio, gran admirador de esta digna dama.

FUENTES:

“Divas rebeldes”. Aut. Cristina Morató. Ed. Plaza & Janés. México, 2011.


[1] Nombre con el que la baronesa Ella Van Heemstra registró a su hija Audrey Hepburn en la escuela durante la ocupación alemana.

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