Bondad y elegancia, fama y tristeza: Audrey Hepburn III

Audrey Hepburn y Gregory Peck en "Roman Holiday"

Audrey Hepburn y Gregory Peck en “Roman Holiday”

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

“El encanto de las rosas es que siendo tan hermosas no conocen lo que son”.

José María Pemán

Audrey Kathleen Ruston, mejor conocida por todo el mundo como Audrey Hepburn vivió durante toda su existencia la pasión por las artes, experimentando con la danza y el teatro, pero encontrando su espacio en la pantalla de plata. Humilde y bondadosa como era, a Hepburn la fama la persiguió tenazmente durante toda su trayectoria, a pesar de que ella no entendía la fascinación que provocaba tanto en sus colegas del mundo cinematográfico como en su público.

Así, la mujer que fuera designada como la dama más hermosa de la historia por la revista New Women en 2006, pensaba de sí misma que era demasiado delgada, no tenía suficiente busto y poseía tanto la nariz como los pies demasiado grandes… características todas ellas que sus admiradores han pasado por alto durante décadas, ya que la arrebatadora personalidad de Audrey eclipsaba cualquier nimio defecto físico que pudiese exhibir.

Pero los reflectores del mundo del cine no iluminan por igual las vidas pública y privada que los actores populares se ven obligados a llevar. Audrey Hepburn aún no se convertía en una estrella internacional cuando comenzó a llamar la atención de críticos, actores y directores; aunque ciertamente un poco tuvo que ver la suerte en tal impulso cuando nuestra hermosa dama se encontró en 1951, durante su estancia en la magnífica riviera francesa –lugar al que había llegado para filmar la película Montecarlo Baby (Jean Boyer, Lester Fuller, 1953), con una peculiar novelista francesa de nombre Colette, quien a la sazón andaba a la caza de una protagonista para la adaptación en Broadway de su obra Gigi (1945). Bastóle entonces a la escritora un vistazo a la fina jovencita para darse cuenta de que ella era ideal para el rol, por lo que le presentó una oferta ante la cual Hepburn se mostró dudosa alegando que ella era únicamente una bailarina, pero aceptando finalmente el papel.

Planeó pues el viaje que la llevaría al otro lado del Atlántico, recibiendo mientras tanto una propuesta de Paramount Pictures, ya que el gran director Billy Wilder encontrábase sin actriz principal para su cinta Roman Holiday (1953), tras haber buscado sin éxito la participación de Jean Simmons quien era representada por el extravagante Howard Hughes. El trato se cerró y el cineasta se comprometió a pagar a Hepburn doce mil quinientos dólares por su participación en el filme.

En octubre de 1951, Audrey se embarcó en el Queen Mary con rumbo a América, estrenando en el suelo neoyorkino la obra Gigi el 24 de noviembre de 1951, cautivando por primera vez con su maravilloso encanto al público de las obras musicales. Su novio James Hanson y su madre Ella Van Heemstra estaban ahí para animarla, pero esta última tenía una forma muy singular de demostrar su afecto por la chica, ya que al concluir la presentación únicamente le dijo: “Cariño, lo has hecho muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que careces de talento” –no queda claro la intención de la baronesa al pronunciar estas palabras, puesto que sus acciones en el pasado habían dejado bien en claro que profesaba por su hija el más tierno de los cariños, evidenciándose la circunstancia en tiempos recientes con la localización de fotografía en la que aparece una Audrey de tres meses de edad, en cuyo reverso la estricta progenitora escribió: “Esta es Audrey, pero en realidad es mil veces más dulce y adorable”-.

Opiniones familiares aparte, la crítica la aclamó a ella mas no a la obra, misma que sin embargo se presentó con teatro lleno durante seis meses, regresando después la actriz a Europa para cumplir su compromiso con la Paramount -esta vertiginosa actividad la había llevado a aplazar en otras dos ocasiones su boda con el apuesto James Hanson-, en el filme durante el cual compartiría la pantalla con el galán de moda Gregory Peck, quien pronto se convirtió en un gran amigo de Hepburn. En cuanto Roman Holiday llegó a las salas cinematográficas, el público enloqueció con la gracia de Audrey, quien pronto se transformó en una estrella reconocida por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, al entregársele el Óscar como mejor actriz por su rol de la rebelde princesa Anne.

No obstante, mientras su vida profesional iba viento en popa, el plano personal no se veía tan iluminado. Agobiada y cansada, Audrey decidió terminar su larguísimo compromiso con Hanson para dedicarse por completo a su floreciente carrera. Sin embargo, a una actriz tan bella y simpática como ella si había algo que le sobraba eran pretendientes, surgiendo uno de ellos durante una cena celebrada por Ella, a la cual llegó Gregory Peck acompañado del actor y director Mel FerrerMelchor Gaston Ferrer-, quien de inmediato se dio cuenta de la química especial que surgió entre él y Hepburn cuando tuvieron ocasión de conversar. Así, a pesar de que el americano era cuatro años mayor que la dama, era casado, tenía cuatro hijos y dos divorcios a cuestas –su primera esposa fue la escultora Frances Pilchard con quien tuvo dos vástagos y se casó dos veces, y la segunda Barbara Tripp, madre de sus otros dos hijos-, Audrey eventualmente se enamoró perdidamente de él –aunque tal vez no podría decirse otro tanto del caballero, ya que veía en la chica un trampolín para su propia carrera-.

Por aquel entonces nuestra artista se había comprometido a filmar Sabrina (1954), nuevamente bajo la batuta de Billy Wilder. Queriendo conservar su imagen elegante y discreta, la actriz prefería involucrarse activamente en la selección de su vestuario, acudiendo en esta ocasión al taller de Hubert de Givenchy, discípulo del reconocido diseñador Cristóbal Balenciaga. Una pequeña confusión con el apellido de la señorita fue la que sacó apresuradamente a Givenchy del interior de su tienda, al pensar él que quien se encontraba a su puerta era la gran Katherine Hepburn, llevándose un “chasco” cuando vio a una muchachita a quien –a su parecer- no le haría mal una ayudadita en su guardarropa.

No obstante Hubert atendió diligentemente a la dama al conocer el hecho de que también era actriz, proporcionándole para la cinta un vestido de lana gris, un hermoso traje de fiesta y otro de coctel. El corte y diseño de las prendas le sentaron espléndidamente a la damisela, a quien el diseñador reconoció como una mujer encantadora, sentándose por tanto las bases de la estrecha amistad que uniría a Givechy y a Hepburn durante el resto de su vida, llegando incluso ella a incluir una cláusula en sus contratos –a partir del rodaje de Funny Face (Stanley Donen, 1957)- según la cual su vestuario debía ser confeccionado por su gran amigo.

De este modo Audrey Hepburn era una de las actrices favoritas para los directores al momento de armar sus repartos, ya que además de talentosa la chica era responsable, educada, disciplinada y extraordinariamente amable, cualidades que le granjeaban la amistad inmediata de todos sus compañeros de trabajo. Sin embargo, el rodaje de Sabrina le resultó bastante pesado, ya que a pesar de sus esfuerzos, entre William Holden y Humphrey Bogart que interpretaban los papeles de David y Linus Larrabee respectivamente, existía una fiera rivalidad que se reflejaba en el set. A pesar de esto, Holden se las amañó para establecer un romance con Audrey, terminando apasionadamente enamorados, pero concluyendo ella la relación al enterarse de que el hombre habíase hecho la vasectomía y por tanto no podía tener hijos, siendo el sueño de ella formar una familia. El rodaje con Wilder concluyó y Hepburn huyó hacia Nueva York para olvidarse de William, encontrando solaz en la compañía de Mel Ferrer, con quien trabajó en la adaptación para teatro del relato Ondine escrito por Jean Diraudoux.

La carrera de Audrey es ahora brillante, pero falta aún por conocer las facetas más enternecedoras de esta gran mujer, sobre las cuales hablaremos más extensamente en la próxima entrega.

 

**Esta serie de artículos la dedico con mucho cariño a mi amigo Ignacio, gran admirador de esta digna dama.

FUENTES:

“Divas rebeldes”. Aut. Cristina Morató. Ed. Plaza & Janés. México, 2011.

Audrey Hepburn: Still the Fairest Lady”. Aut. Richard Corliss. Enero 2007. www.time.com

www.dailymail.co.uk

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One Response to Bondad y elegancia, fama y tristeza: Audrey Hepburn III

  1. Ignacio José Solano dice:

    Muchas gracias, amiguita. Leer esto me hace desear tener la oportunidad de ver las películas de ella que me prestaste 🙂

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