Desastres naturales en la pantalla de plata: ¿Imaginación o realidad?

 

Twister (1996)

Twister (1996)

Por: Patricia Díaz Terés

La naturaleza está constituida de tal manera que es experimentalmente imposible determinar sus movimientos absolutos”.

Albert Einstein

Volcanes, tornados, inundaciones y hasta asteroides han amenazado al ser humano en el séptimo arte, sin embargo en los últimos tiempos, algunas de estas catástrofes parecen haberse hecho realidad, como ha sido el caso del reciente tornado en Oklahoma, el tsunami ocurrido en el océano Índico en 2004 o los fuertes terremotos que han sucedido en diferentes puntos Asia y Sudamérica.

Así, desde hace varios años Hollywood se ha dado cuenta de que el que llamaremos de ahora en adelante “cine de desastre”, tiene un gran potencial taquillero, ya que el público parece sentir cierta afición por ver en la pantalla grande los peligros a los cuales se enfrenta el hombre a causa de ciertos eventos naturales. De esta manera haremos una breve revisión de algunas cintas que pertenecen a este “género” cinematográfico, aclarando que las cintas no serán mencionadas en orden cronológico o por su calidad –de igual manera se advierte que en las siguientes líneas se encuentran algunos spoilers-.

Comenzaremos pues con aquellas películas basadas en eventos reales, siendo la primera de ellas La tormenta (White Squall, 1996) en la que el director Ridley Scott narra la tragedia ocurrida a la embarcación-escuela Albatross cuando esta, llena de muchachitos que apenas se iniciaban en las artes de la navegación bajo el mando del capitán Christopher Sheldon (Jeff Bridges), se encuentra en altamar con una tormenta descomunal a la que se denomina precisamente white squall, la cual no deja en buenas condiciones a la nave resultando además en la muerte de algunos de los miembros de la tripulación, a pesar de los titánicos esfuerzos del experimentado Sheldon para enfrentar al mar embravecido y los vientos literalmente huracanados, siendo finalmente el “viejo lobo de mar” acusado de negligencia por las autoridades marítimas.

Caso similar es el del filme La tormenta perfecta (The Perfect Storm, Wolfgang Petersen, 1997) en la que se muestra lo que se supone fue el último viaje del barco pesquero Andrea Gail -que en la pantalla es comandado por George Clooney quien personifica a Billy Tyne, completándose el elenco con actores como John C. Reilly, Mark Wahlberg, Diane Lane, William Fichtner y las casi desaparecidas Karen Allen (Indiana Jones, 1981) y Mary Elizabeth Mastrantonio (Robin Hood, 1991)-, el cual en su viaje de regreso a casa se topa con una conjunción de tormentas que resulta en olas de varios metros, mismas que no pueden ser sorteadas ni siquiera por el habilísimo capitán Tyne.

La impotencia ante la fuerza de la naturaleza vuelve a observarse en la más reciente Lo imposible (The Impossible, Juan Antonio Bayona, 2012) en la que Maria y Henry -encarnados respectivamente por los actores Naomi Watts y Ewan McGregor-, experimentan un terror inimaginable al contemplar cómo se acerca hacia ellos la portentosa pared de agua que arrasaría varias islas del océano Índico en el tsunami que tuvo lugar el 26 de diciembre de 2004. Sucediendo aquí la catástrofe al inicio de la película, en esta pueden apreciarse las varias reacciones del ser humano después de un desastre natural, encontrándose así acciones heroicas y una perseverancia digna de admiración.  

Pasaremos ahora a mencionar algunos filmes que si bien no reflejan eventos específicos reales, sí exhiben fenómenos naturales posibles. Daremos inicio entonces con el volcán de Pico de Dante (Dante’s Peak, Roger Donaldson, 1997), en la que un idílico pueblito de idéntico nombre es presa del pánico cuando el coloso despierta de manera intempestiva. Conteniendo esta cinta numerosas acciones virtualmente imposibles –como el hecho de que los protagonistas, la alcaldesa Rachel Wando (Linda Hamilton) y el brillante geólogo Harry Dalton (Pierce Brosnan), logran pasar indemnes sobre un río de lava a bordo de una camioneta-, nos deja ver sin embargo la devastación que puede provocar una erupción volcánica en los terrenos aledaños, a la vez que enfatiza la existencia de ciertas personas –en el personaje de la anciana Ruth (Elizabeth Hoffman)- quienes piensan que un volcán puede tener sentimientos y por lo tanto decidir no dañar a aquellos que viven más cerca de él.

Por otro lado, también en 1997 se estrenó la película Volcano de Mick Jackson, en la que el director nos brindó una versión bastante hollywoodesca de lo que debió parecerse a la experiencia vivida por los michoacanos durante el nacimiento del volcán Paricutín en 1943. De esta manera, situada la acción en Los Ángeles (Ca), Mike Roark (Tommy Lee Jones) y la geóloga Amy Barnes (Anne Heche) –aparece también el nominado al óscar Don Cheadle (Hotel Ruanda, 204) en un papel secundario bastante mediocre- tratan de salvar a los habitantes de la ciudad de la imparable marejada de lava que escupe un volcán surgido en los pozos de alquitrán del Rancho La Brea en el Parque Hancock. Incluyendo una enorme cantidad de imprecisiones en cuanto al comportamiento volcánico, la cinta resulta no obstante bastante entretenida, aunque ciertamente no refleja de manera alguna la realidad de una situación similar.

Dejando atrás el agua y el fuego, pasaremos ahora a otro elemento: el viento. En la cinta Tornado (Twister, Jan de Bont, 1996), la doctora Jo Harding (Helen Hunt) trata de implementar un sistema que permita lanzar las alertas de advertencia contra estos fenómenos naturales con tiempo suficiente para que la gente pueda encontrar un refugio. Mezclando la protagonista su experiencia personal infantil con un tornado de la máxima categoría, su ex esposo Bill (Bill Paxton) trata de convencerla de que los tornados no contienen maldad, sino que son simplemente eventos climatológicos incontrolables de los cuales únicamente se puede huir –aparece en el elenco el entonces desconocido Philip Seymour Hoffman (Capote, 2005) ganador del Óscar a Mejor Actor en 2006-.

Terminando con el cuarto elemento, la tierra, mencionaremos la película Terremoto (Earthquake, 1974) donde el director Mark Robson presenta la destrucción generada por un sismo de gran magnitud ocurrido en la ciudad de Los Ángeles, llevando la historia de la mano –entre otros- del ingeniero Stewart Graff (Charlton Heston), quien trata de salvar tanto a su amante Denise Marshall (Geneviève Bujold), como a su insoportable esposa Remy Graff (Ava Gardner), mientras ve horrorizado y sintiéndose en cierta forma responsable, la desgracia de la gente que ha resultado herida por los edificios colapsados. En este argumento, se plantea la inquietud de que en el diseño de las construcciones no se había previsto que estas serían sometidas a un intenso movimiento telúrico.

Entrando ahora al mundo de la ficción –aunque ciertamente algunas de las situaciones reflejadas en el filme han ocurrido aunque en menor escala-, es el ser humano el culpable de su cuasi-extinción en la película El día después de mañana (The Day After Tomorrow, Roland Emmerich, 2004), ya que la contaminación extrema acelera la llegada de una nueva Era de Hielo, según advierte el paleoclimatólogo Jack Hall (Deniss Quaid), quien no se conforma con ser un brillante científico sino que se convierte en el héroe de la película al emprender camino hacia un inaccesible Nueva York – el cual ha sido cubierto por nieve de modo que escasamente puede observarse la Estatua de la Libertad- para rescatar a su hijo Sam (Jake Gyllenhaal) quien habíase quedado atrapado en la Biblioteca Pública junto con otro grupo de personas que mantienen tratan de conservar la temperatura quemando los libros.

Siendo todas estas cintas muy variables en cuanto a su calidad de producción, guion o actuaciones, lo que tienen en común en su argumento es la carencia de un “villano principal”, ya que el papel del antagonista se le otorga a la propia naturaleza, a la cual se le transforma en un “ser” implacable que azota de manera inmisericorde al ser humano, tomándolo desprevenido y haciéndole ver en ciertos casos que, como decía el biólogo norteamericano Barry Commoner: “Tarde o temprano, a sabiendas o no, debemos pagar por cada intrusión en el ambiente natural”.

FUENTES:

www.imdb.com

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