Entre la pasión y las letras: Mary Shelley II

Mary Wollstonecraft Godwin

Mary Wollstonecraft Godwin

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Dichas que se pierden son desdichas más grandes”.

Pedro Calderón de la Barca

Como impetuoso podría calificarse el carácter de un muy particular trío que, viajando por toda Europa, logró escandalizar a la sociedad londinense de la cual eran originarios. Pueden bien suponerse pues, la indignación y turbación de la conservadora comunidad decimonónica, cuando el singular grupo conformado por Percy Shelley, Mary Godwin y Claire Clairmont se lanzaron en pos del escurridizo y mujeriego escritor Lord Byron que a la sazón, 1816, había dejado embarazada a Clairmont huyendo prestamente con rumbo al continente en el mes de abril.

Siendo los cuatro personajes igualmente librepensadores y carentes de prejuicios de índole moral, a ninguno de ellos parecióle inapropiado perseguir al famoso poeta por media Europa hasta dar con él en Suiza, entablándose de inmediato una amistad entre los dos poetas –Shelley y Byron– quienes, además de las letras, tenían en común el haber compartido algo más que una amistad con la ligera Clairmont.

Así pues, habiendo nacido en enero William Shelley –segundo hijo de Percy y Mary-, en junio de 1816 los tres aventureros, acompañados por el recién nacido, se establecieron en la Maison Chapris, cerca de Villa Diodati, la residencia de George Byron, sitio donde tuvieron lugar interesantes discusiones que versaron sobre los más diversos temas filosóficos y políticos, siendo esta convivencia aderezada por la compartida afición a las palabras de que gozaban los amigos. Fue justamente en una de estas improvisadas tertulias, obligada en buena parte por el terrible clima que azotaba la región durante aquel verano, cuando Byron sugirió un “concurso” en el cual los escritores asistentes –sumándose al grupo habitual el doctor John W. Polidori, médico del noble- deberían crear una historia de terror, poniéndose todos de inmediato manos a la obra.

De la nocturna sesión surgieron únicamente dos relatos: The Vampire[i] –publicado en 1819-, escrito por Polidori y Frankenstein or the Modern Prometheus[ii], de Mary Godwin -de la cual su autora en ese momento distaba mucho de imaginar la popularidad que alcanzaría con cientos de reediciones y numerosas adaptaciones cinematográficas- quien tenía por entonces tan solo diecinueve años,  y cuya intención fue idear una historia que pudiese generar un auténtico terror en los lectores, como en efecto lo logró -al menos en el siglo XIX y principios del XX, cuando los horrores de las guerras mundiales y otros muchos sucesos posteriores, no habían afectado aún el ánimo de las personas-.

Frankenstein vio la luz hasta 1818, momento en que se publicó de forma anónima tras haber sido rechazado por Charles Ollier y John Murria -editores de Shelley y Byron respectivamente-, pero previamente revisado por Percy, quien escribió el prefacio de tal edición –llegó incluso a cuestionarse la autoría verdadera de Frankenstein como lo demuestra la reseña escrita por Sir Walter Scott sobre la obra en la Blackwood’s Edinburgh Magazine (1818), siendo confrontado por la propia Mary quien le aseguró a su colega, a través de una atenta misiva, que era ella misma y no su ilustre consorte, la creadora del aterrador monstruo construido a base de cuerpos seccionados-. Sin embargo, más allá del horror implicado en el relato, Godwin también insertó algunos temas profundos y motivo de reflexión, que captaron el interés del público lector, como la presencia ineludible del bien y el mal en un mismo individuo, las repercusiones de la soledad y la incomprensión o la necesidad inherente de afecto en el ser humano –asimismo ha llegado a asegurarse que el monstruo fue “un alter ego de la misma Mary[iii], ya sentíase la dama como un experimento fallido de su propio padre-.

Pero regresando a la  historia de nuestra protagonista, al concluir aquel verano en compañía de Byron, Mary, Percy, William y Claire regresaron a Inglaterra, enterándose así de una funesta noticia: el 9 de octubre Fanny Imlay, hermanastra de Mary, se había suicidado ingiriendo láudano, siendo tal acontecimiento seguido por otra sorpresiva muerte, la de la esposa de Percy, quien presuntamente se arrojó –estando embarazada- al río Serpentine el 15 de diciembre. Tan desgraciado evento sin embargo, trajo algo de solaz a Mary, ya que este le permitió por fin contraer matrimonio con su amante –tan solo quince días después de haber quedado viudo el caballero- el 30 de diciembre de 1816 en la iglesia de St. Mildred’s en Londres, provocando el enlace que el severo William Godwin restableciera las relaciones con su impetuosa hija, que ahora respondía legítimamente al nombre de Mary Shelley.

Comenzaba apenas 1817 cuando el 12 de enero Claire Clairmont dio a luz a la hija de Lord Byron, Alba –quien posteriormente sería llamada Allegra por petición del poeta-, huyendo la madre hacia Bath para guardar el secreto del alumbramiento, siendo este conocido únicamente por los Shelley, quienes le brindaron en todo momento un apoyo y llegando al mundo también en ese mismo año la segunda hija de Mary, Clara Everina, el 2 de septiembre.

Arribó la primavera de 1818 y Claire tuvo que abandonar nuevamente el suelo británico en compañía de sus amigos, ya que debía entregar a Allegra al cuidado de Byron en Venecia, misión que tuvo que ser cumplida por Mary y Percy ya que el orgulloso poeta, habiendo pasado ya la temporada de febril pasión por Clairmont, negábase a tener el más nimio contacto con la madre de su bebita.

El otoño de 1818 llegó y con este la desgracia, ya que Mary tuvo que sufrir el deceso de otra hija, Clara Everina, quien fue víctima de la disentería falleciendo en Roma el 24 de septiembre, siendo seguida en este trance por su hermano William de tan solo tres años, quien murió el 7 de junio de 1819 a causa de la malaria. Tremendos golpes debieron ser estas dos desapariciones para la joven escritora, quien por entonces se encontraba embarazada por cuarta ocasión.

Fue en esta etapa cuando un gélido abismo comenzó a separar a los antiguos y ardientes amantes, ya que abrumada por la pena, Mary tendía a recluirse necesitada de cariño y atención, mientras sufría en silencio la indiferencia de su marido quien, dedicado a sus actividades literarias y acostumbrado no a procurar a sus semejantes sino a que por lo contrario estos lo atendiesen en todos sus caprichos, descuidó el bienestar de su esposa, hecho que se reflejó en la obra de nuestra triste señora, Mathilda, en la cual exhibió el rencor que le guardaba tanto a su padre como a su cónyuge.

No obstante, el sol brilló nuevamente sobre los Shelley cuando nació su hijo Percy Florence el 12 de noviembre de 1819, ocasionando el regocijo de la pareja, trasladándose entonces la familia a vivir a Pisa a principios del año siguiente, momento en que la literata comenzó a escribir Castruccio, Prince of Lucca[iv] –renombrado por su padre como Valperga or the life and adventures of Castruccio Prince of Lucca[v] publicado en 1923-, así como un par de dramas mitológicos: Midas y Proserpina.

En 1821 Mary recibió, seguramente con gran gusto, una carta de su padre en la que este finalmente hizo un reconocimiento al talento de su hija –tenía por costumbre desechar algunas de sus obras sin avisarle, como ocurrió con Mathilda, la cual quedó en el olvido guardada en un cajón, siendo publicada hasta 1959-, ya que le escribió con gran entusiasmo que Frankenstein era el relato más maravilloso que él había leído de la mano de un autor de tan solo diecinueve años, ya que a tan corta edad ella había logrado que su libro fuese conocido y respetado –aunque aún no académicamente- en muchas ciudades del mundo.

Agridulce ha sido hasta ahora la existencia de Mary Shelley, pero la vida todavía le reservaría algunos crueles sinsabores de los cuales, así como de toda su obra literaria ajena al terrorífico monstruo, hablaremos más extensamente en la próxima entrega de esta columna.

FUENTES:

“Frankenstein. La fantasía de Mary W. Shelley”. Aut. Mar Abella. Revista Historia y vida no. 389.

“Mary W. Shelley; o la mujer que fabricó al monstruo”. Aut. Denis Montejo. www.pasadizo.com

 “Mary Shelley”. www.ccgediciones.com

“Women and Empire – Mary Shelley”. Aut. Allegra Geller. Abril 2012. http://britishscholar.org

“Lake Geneva as Shelley and Byron Knew It”. Aut. Tony Perrottet. Mayo 2011. www.nytimes.com


[i] El vampiro.

[ii] Frankenstein o el moderno Prometeo.

[iii] “Mary Shelley”. www.ccgediciones.com

[iv] Castruccio, príncipe de Lucca.

[v] Valperga o la vida y aventuras de Castruccio, príncipe de Lucca.

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