La crueldad de la aventura en las costas novohispanas: Lorencillo III

Laurens de Graaf

Laurens de Graaf

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco”.

George Orwell

Personaje fugitivo de una novela parece sin duda Laurens de Graaf, a quien ha llegado a confundírsele con un pilluelo de nombre Lorenzo Jácome; sin embargo, bastante reales fueron las consecuencias de sus acciones para aquellos que sufrieron los ultrajes perpetrados por su salvaje tripulación, aunque sin duda no era Lorencillo el más temido de la criminal triada conformada por él mismo, Nicholas Van Hoorn –a quien se dice que hirió o mató después de Veracruz– y Michel de Grammont, ya que nuestro holandés caballero tenía fama –o al menos así lo indican varias fuentes- de ser un hombre refinado y galante, muy diferente del primitivo Van Hoorn y menos rígido que el militar Grammont.

Pero educado o no, lo cierto es que en la Nueva España –y en muchos puertos y ciudades del Caribe-, permitió que sus hombres llevaran a cabo numerosas atrocidades –aunque en su momento se opusiese por la fuerza a matar a la totalidad de los cautivos en Campeche-, generando tales actos que al concluir el asedio al puerto de Campeche en 1685, fuese De Graaf perseguido furiosamente por la Armada de Barlovento, la cual el 2 de agosto de aquel año abandonó el puerto de Boca Chica en Cartagena de Indias para dar caza a los piratas. Hábiles como eran en el arte de la evasión, los filibusteros lograron escapar de los españoles por espacio de más de un mes, escondiéndose así en la ciudad costera de Petit-Gôave en Haití, sitio que abandonó Laurens en compañía de Pierre Bot a bordo del Neptuno y del Nuestra Señora de Regla, respectivamente.

De este modo los perseguidores, al mando de Andrés de Ochoa y Zárate, avistaron a su presa el 11 de septiembre, echando mano a Bot, quien presentó su rendición ante el almirante Astina , hecho que propició la captura de 130 bucaneros, pero escapándose Lorencillo pues en una certera maniobra, se deshizo rápidamente de cuanta carga y artillería pudiese alentar el ritmo de su navío, alcanzando mayor velocidad que los barcos españoles.

Tras muchas peripecias el temible Laurens de Graaf tocó tierra francesa, donde el satisfecho monarca en persona lo condecoró como héroe por los daños ocasionados a su mortal enemiga, la Corona Española, lo cual comprueba que cualquier hecho puede ser juzgado de acuerdo a la perspectiva del que observa, ya que mientras los españoles sentíanse –y con justa razón- víctimas de un malandrín inmisericorde, los galos veían en aquel mismo individuo un valiente defensor de su patria (!).

Sin que fuese capaz de permanecer demasiado tiempo en un solo lugar, en abril de 1686 Lorencillo acompañó gustoso a su amigo Grammont, cuando este fue nombrado por Pierre Paul Tarin de Cussy –gobernador de las islas Tortuga y Saint Domingue– como lugarteniente de Santo Domingo. Una vez hecho de nuevo a la mar, De Graaf aprovechó la ocasión para dar nuevos motivos de queja a los españoles poniendo rumbo hacia Yucatán, llegando así a la desierta ciudad de Tihosuco, de donde habían sido evacuados ya los habitantes para evitar una masacre como la de la Villa Rica de la Vera Cruz o Campeche. El pirata decidió pues aventurarse tierra adentro hacia Valladolid, donde encontró a poco más de una treintena de soldados que no pudieron resistir con demasiada bravura. No obstante, al parecer Laurens no tenía en esta ocasión demasiada ansia por un jugoso botín, y ordenó la retirada aun antes de que el gobernador de Yucatán tuviese tiempo de armar un contingente adecuado para hacerle frente. Una vez de nuevo a bordo de sus barcos, Lorencillo dedicóse a saquear uno que otro puertecillo antes de encaminarse al pirático santuario de Tortuga.

Para septiembre de 1687 –meses después de que Grammont naufragara el 28 de mayo cuando se dirigía a Florida-, el mismo gobernador De Cussy solicitó los servicios de Lorencillo, esta vez ordenándole que se apostara en la isla Vaca para defender el territorio de los ibéricos –aunque también fue su intención mantener a raya a los súbditos del rey Jacobo II-, habiendo previamente el político avisado a su contraparte en Jamaica –que era territorio inglés- sobre sus intenciones, apelando a su neutralidad en el conflicto que entonces correspondía a los monarcas Luis XIV y Carlos II por parte de Francia y España respectivamente. Sin tardanza De Graaf cumplió el mandato, construyendo un fuerte y emplazando a sus corsarios en los lugares pertinentes.

En mayo de 1690 Laurens había ya completado el bloqueo de la isla, sin que ningún barco pudiese entrar o salir del puerto sin su consentimiento. En junio navegó hacia las proximidades de las islas Caimán, dando de frente con el británico HMS Drake que escoltaba a unos barcos mercantes los cuales pretendían evitar a los franceses. Enfrentándose en una batalla, mal parado salió el holandés, quien se vio obligado a abandonar su puesto y huir a Saint Domingue.

Al año siguiente, nuestro protagonista sufrió otro revés al hacer algunas incursiones cerca de Santo Domingo, siendo derrotado esta vez por los españoles quienes contaban con una poderosa flota de combate, para la cual los aguerridos filibusteros no fueron dignos rivales.

Haciendo caso omiso de la neutralidad británica, Lorencillo decidió en 1691 atacar Jamaica, hecho que hizo enfurecer a los ingleses quienes, como venganza, atacaron la población haitiana Port-de-Paix, donde llevaron a cabo un saqueo en el cual resultaron secuestradas la esposa –que presuntamente sería Marie-Anne Dieu-le-Veut- y las hijas de Laurens.

Sin conocerse la reacción del pirata ante tal afrenta, lo último que se sabe de él es que viajó a Louisiana para colaborar en el establecimiento de una colonia francesa cerca de Biloxi, Mississippi, en donde presuntamente murió -aunque otras fuentes establecen el fúnebre acontecimiento en Alabama-.

Rodeada de encanto, violencia y misterio está pues la figura de Laurens de Graaf, Lorencillo. Mientras en los relatos de ficción es retratado como un regio y atractivo caballero de dorados cabellos, elevada estatura, notable fuerza y gran gusto tanto por el arte –se dice, no solo en las novelas sino en otros documentos, que el hombre llevaba consigo en su nave un conjunto musical conformado por instrumentos de cuerda y aliento- como por la seducción de mujeres, que hubiese utilizado una falsa identidad –según la novela de Ricardo HomsEl tesoro de Laurens de Gaaf” se presentó como el conde La Foquette, importante mercader- para ganarse la confianza de los novohispanos; en la realidad fue un fiero corsario que trabajó por los intereses de la nación que llenaba su cartera, Francia, manejando a conveniencia su conciencia, con lo cual decidía a contentillo cuándo habían sido ya “suficientes” los desmanes perpetrados por los bucaneros a su cargo, en cada una de sus correrías que tenían verdaderamente aterrorizadas a las ciudades costeras de la Nueva España del siglo XVII.

Aderezada su historia con la de su supuesta concubina pirata, Marie-Anne, la información sobre Lorencillo es una mezcla de ficción y realidad, de mitos y verdades, que ciertamente han hecho a Laurens Cordelis Boudewin de Graaf pasar a la historia como una de las grandes amenazas marítimas que enfrentó la Corona Española durante la Colonia, pero al mismo tiempo como el hombre que ayudó a la Corona Francesa a reivindicar el honor de su país ante su eterno vecino rival.

 

FUENTES:

“Piratas y corsarios en los mares de México y del mundo”. Aut. Juan de Dios Pérez Galaz. Panorama Editorial. México, 1992.

“Piratas en el Caribe. Los ladrones del mar. Corsarios, filibusteros y bucaneros 1493-1700”. Aut. Cruz Apestegui. Lunwerg Editores. España, 2000.

 “La fuerza y el viento. La piratería en los mares de la Nueva España”. Aut. Marita Martínez del Río de Redo. Ed. México Desconocido. México, 2002.

“Piratas, corsarios y bucaneros”. Aut. Álvaro Armero. Ed. Diana. España, 2003

“El tesoro de Laurens de Graaf”. Aut. Ricardo Homs. Ed. Planeta. México, 2007.

“Las mujeres de la tormenta”. Aut. Celia del Palacio. Editorial Suma de Letras. México, 2012.

 “Laurens de Graff”. Aut. David Stapleton. 2005. http://pirateshold.buccaneersoft.com

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