De Bond a “Mother”: Los espías en el séptimo arte I

Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Pierce Brosnan y Daniel Craig

Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Pierce Brosnan y Daniel Craig como James Bond

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El secreto de las películas es que son una ilusión”.

George Lucas

Sueños y fantasías magníficos se muestran día con día en la pantalla de plata, de esta manera, a un ritmo de veinticuatro cuadros por segundo, el cine nos ha llevado a conocer asombrosos lugares como la Tierra Media, a viajar a galaxias muy, muy lejanas o explorar el núcleo de la Tierra, siendo todos ellos únicamente creaciones de mentes extraordinarias que han estructurado guiones sobre mundos imaginarios, sabiendo el espectador que nunca será capaz de acompañar al capitán Kirk en sus aventuras a bordo del Enterprise.

Pero el cine no solo muestra exóticos viajes e imposibles profesiones, sino que también “retrata” oficios y trabajos reales, a los cuales hace unas “pequeñas modificaciones” en pro del desarrollo de la historia. De este modo los arqueólogos, médicos, astronautas, economistas, periodistas, etc., que aparecen en la pantalla grande no son siempre concepciones fidedignas de aquellos hombres o mujeres que dedican su vida a tales actividades.

En esta ocasión he elegido para su revisión a los espías, que constituyen uno de los “gremios” más vilipendiados o idealizados por los cineastas. Como siempre en este tipo de artículos, advierto que la selección de películas que se mencionarán es absolutamente arbitraria, sin que el orden de su aparición tenga relación alguna con su calidad o cronología, pidiendo una disculpa de antemano por todas las cintas que seguramente se quedarán en el tintero. De igual manera he de advertir sobre la presencia de algunos spoilers en el cuerpo de esta columna.

Comencemos pues con el espía cinematográfico por excelencia: James Bond. Este agente perteneciente al MI6[i] británico es una creación del escritor Ian Fleming para su novela Casino Royale (1952), a quien el director Terence Young convirtió en un ícono fílmico en 1962 cuando estrenó El satánico Dr. No, en la que era el atractivo y sexy actor escocés Sean Connery quien personificaba a aquel espía que al llegar a los lujosos bares pedía “un martini agitado, no mezclado”, siendo acompañado en aquella primera cinta por la señorita Úrsula Andress en el papel de Honey Ryder, dama que ha arrancado los suspiros de los caballeros durante más de cincuenta años, completándose la receta de Young con el villano archimalvado Dr. Julius No, interpretado por Joseph Wiseman, y con los personajes del jefe del servicio secreto M (Bernard Lee) y la eterna y platónica enamorada de Bond, Miss Moneypenny (Lois Maxwell).

Ahora bien, con el paso del tiempo el Bond cinematográfico fue transformándose de acuerdo a los deseos de los directores. De esta manera, en esta primera etapa protagonizada por Connery[ii] -a la cual pertenecen además las cintas Desde Rusia con amor (From Russia with Love, Terence Young, 1963), Goldfinger (Guy Hamilton, 1964), Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965) y Solo se vive dos veces (You Only Live Twice, Lewis Gilbert, 1967)-, se sentaron las bases de una franquicia todavía vigente en el cine del siglo XXI, difundiéndose la idea de que el espía era un hombre guapo, conquistador, rodeado de innumerables bellezas exquisitas que vivía cada día de su existencia al límite, salvándose en el último segundo gracias a su habilidad en combate –generalmente cuerpo a cuerpo- o bien gracias a alguno de complicados y divertidos adminículos, en este caso proporcionados por el personaje de Q.

Bond comprende entonces no solo un personaje, sino un estereotipo absolutamente ficticio e imposible del espía, existiendo así una etapa de filmes más o menos estrambóticos protagonizados por Roger Moore –entre los cuales se encuentran algunos de los peores, pero también más memorables filmes del agente secreto como Misión espacial (Moonraker, Lewis Gilbert, 1979), además de una película que parece “independiente” de la línea original, Al servicio secreto de su majestad (On her Majesty’s Secret Service, Peter R. Hunt, 1969) en la cual Bond (George Lazenby) contrae matrimonio con la hermosa Tracy (Diana Rigg)-, en la cual la brillante parafernalia de los antagonistas es uno de los rasgos principales, seguida de un par de cintas francamente mediocres protagonizadas por Timothy Dalton y dirigidas por John Glen, Su nombre es peligro (The Living Daylights, 1987) y Licencia para matar (Licence to Kill, 1989).

Afortunadamente para el agente con licencia para matar, en 1995 el director Martin Cambpbell y los guionistas Jeffrey Caine y Bruce Feirstein decidieron refrescar tanto las tramas como al propio personaje, encomendándole tal misión al actor Pierce Brosnan, quien sumó en James Bond un estilo elegante mezclado con cualidades y capacidades físicas creíbles, iniciando esta nueva imagen en Goldeneye (1995) y continuando en El mañana nunca muere (Tomorrow Never Dies, Roger Spottiswoode, 1997), El mundo no basta (The World Is Not Enough, Michael Apted, 1999) y Otro día para morir (Die Another Day, Lee Tamahori, 2002), en las cuales vemos al 007 pelear a brazo partido con esbirros de empresarios petroleros o ambiciosos periodistas, e incluso siendo capturado por el ejército norcoreano, quienes lo torturan espantosamente regresándole a M (quien es en esta etapa interpretada por la actriz Judi Dench) una piltrafa de ser humano que poco tiene que ver con el Bond invencible de algunos otros filmes. No obstante, en esta serie de películas la tecnología toma una relevancia mayor, acoplándose así los guiones a la importancia real y creciente de los gadgets[iii], pero llevándolos a la exageración, viniendo así a mi memoria el recuerdo de ese maravilloso Aston Martin V12 Vanquish que en Otro día para morir tiene la capacidad de volverse invisible, accesorio que los verdaderos y valientes integrantes del MI6 seguramente distan mucho de poseer en su quehacer diario.

Para cerrar los comentarios acerca del personaje de James Bond mencionaremos el burdo intento que hiciera el director Martin Campbell en 2006 por humanizar un poco más al personaje que ya había reinventado en Goldeneye –vemos incluso al famoso mujeriego genuinamente enamorado de Vesper Lynd (Eva Green)-, pero ahora con la colaboración del actor Daniel Craig en el remake de Casino Royale, en la cual el espía fue despojado casi por completo de sus anteriores características y manías, mostrando un lado rudo que no fue del gusto de todos los seguidores del personaje, pasando luego a la absolutamente olvidable Quantum of Solace (2008) de Marc Foster, y siendo magistralmente rescatado por el excelente cineasta Sam Mendes en la reciente Skyfall (2012), en la cual por fin lograron dar a Bond la mezcla largamente buscada de realismo y distinción –omitiremos aquí la revisión de la parodia de James Bond que se hizo en las películas de Austin Powers, protagonizadas por Mike Myers-.

Sin embargo, a pesar de haber conseguido hacer más genuino el personaje de James Bond, sus características se alejan abismalmente del verdadero trabajo llevado a cabo por los agentes de inteligencia, mostrándose en toda la saga un agente temerario, rebelde, brillante, encantador, seductor –y de acuerdo con la última entrega con un catálogo de problemas psicológicos- y dedicado a salvar el mundo incluso a bordo de tanques que destrozan una buena parte de la ciudad de San Petersburgo.

Pero la creación de Ian Fleming no es el único agente secreto que ha sido sujeto a fungir como sustento de sagas cinematográficas, apareciendo así otros personajes como Ethan Hunt de Misión Imposible –la cual se inspiró en una serie televisiva del mismo nombre cuya primera etapa se transmitió en siete temporadas entre 1966 y 1973, y la segunda en dos temporadas entre 1988 y 1990-, el Jack Ryan escrito por el recientemente fallecido Tom Clancy o Jason Bourne salido de las novelas de Robert Ludlum, pero de ellos y de otros filmes mucho más realistas –algunos de ellos adaptaciones incluso de hechos absolutamente reales- hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

*Dedico esta serie de artículos con especial cariño a mi papá, quien me enseñó desde chiquilla cómo apreciar tanto el cine como la literatura de espías, mostrándome desatinos y aciertos de este subgénero cinematográfico.

FUENTES:

www.imdb.com


[i] EL Servicio de Inteligencia Secreto (SIS), también conocido como MI6 y dirigido por Sir John Sawers (dato registrado en octubre 2013), es la agencia británica de inteligencia secreta exterior con sede en Vauxhall Cross, Londres. Su objetivo es proporcionar al Gobierno británico una capacidad clandestina a nivel internacional para promover y defender la seguridad nacional y el bienestar económico del Reino Unido. Tomado de www.sis.gov.uk

[ii] Connery dio una última –y poco afortunada- oportunidad al personaje de James Bond en la película Nunca digas nunca jamás (Never Say Never Again) de Irvin Kershner en 1983.

[iii] Dispositivo electrónico con propósito definido.

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