El cruento arte de la vanidad: Erzsébet Báthory I

Erzsébet Báthory

Erzsébet Báthory

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza”.

Edgar Allan Poe

Común es que el imaginario popular adopte personajes reales para transformarlos en estrambóticos personajes, dignos de las más descabelladas novelas de aventuras –tomemos como ejemplo a la marquesa de Fresne– o de horror, como es el caso de la figura que aquí nos ocupa, quien mejor conocida como la Condesa Sangrienta, fue bautizada con el nombre de Erzsébet Báthory.

Erzsébet –traducido como Elizabeth o Isabel– nació el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor –entonces Transilvania y actualmente en territorio húngaro- dentro de una familia de ilustre linaje cuyo origen se puede ubicar en el siglo XI –los “señores feudales Wenzelin, descendientes de ancestros de la Suavia alemana que se convirtieron en “Valientes” o “Bravos” (Bator, Bathory) al servicio de reyes y en grandes latifundistas”[1]-, en cuyo escudo de armas se exhibían tres dientes de jabalí confeccionados con plata, sobre un campo de gules[2]. Sus padres fueron Anna Báthory de Somlyó –hija a su vez de Esteban Báthory de Somlya, vaivoda[3] de Transilvania- y de Jorge Báthory de Ecsed, complementándose el parentesco con el Gran Príncipe de Transilvania (1571-1589) y rey de Polonia (Esteban I) entre 1575 y 1586, Esteban Báthory; además de su primo Segismundo Báthory, quien también accedió al título de Gran Príncipe de Transilvania (1589-1602), contrayendo matrimonio con María Cristina de Habsburgo.

Muchas veces se repite, tal como puede observarse, el apellido Báthory en todas estas referencias, lo cual se debe a que en esta familia era costumbre aceptada el casarse con los de su misma sangre, siendo los favoritos los primos, causando esta situación que varios de los miembros de esta familia exhibieran graves desequilibrios mentales –justamente a los Báthory podría aplicárseles la frase con la que el escritor George R. R. Martin se refiere a una distinguida familia, en la que los hermanos solían casarse entre ellos, de su saga fantástica Canción de Fuego y Hielo: “La locura y la grandeza son dos caras de la misma moneda, y cada vez que un Targaryen nace, los dioses lanzan una moneda al aire y el mundo aguanta la respiración para ver de qué lado caerá”-, de los cuales, al parecer, el más ordinario era la crueldad (igual que los Targaryen) –se sabe que el hermano de Erzébet era un hombre extremadamente lujurioso, cuyas prácticas escandalizaban a sus familiares-.

Creciendo en un ambiente plagado de sujetos caprichosos hasta la exageración, nuestra protagonista recibió una esmerada educación en el castillo de Ecsed –particularmente tomando en cuenta de que varios de sus parientes, aun los gobernantes, eran prácticamente analfabetos-, de modo que la dama aprendió a leer, escribir y hablar en tres idiomas: alemán, latín y húngaro. Mostrando siempre una inteligencia sagaz, también padeció la niña a sus cuatro años fuertes ataques que con el tiempo se catalogaron como una posible epilepsia, misma que desapareció con el tiempo.

Tal como era costumbre en la época, siendo aún muy pequeña fue prometida en matrimonio al conde FerencFérencz o FranciscoNádasdy de Nádasd y Fogarasföld, hijo del barón Tomás Nádasdy de Nádasd y Fogarasföld y de Orsoyla –Úrsula- Kanizsai, una familia importante, pero de menor rango que los Báthory. Cuéntase así, que la chiquilla era además de audaz, bastante precoz, por lo que tuvo a bien romper sus votos por adelantado, involucrándose con un sirviente que fue castrado y lanzado a los perros por su transgresión, mientras que la criatura engendrada en tal enlace fue entregada a una pueblerina, quien desapareció con el hijo de Erzsébet, quedando el asunto escondido.

Quince años tenía la chica cuando se llevó a cabo su matrimonio con el Caballero Negro de Hungría[4], quien a la sazón contaba con veinte años, en una fastuosa ceremonia realizada el 8 de mayo de 1575 en un palacio de Varannó, a la cual asistieron cuatro mil quinientos invitados, entre los que se encontraba el Emperador en persona. Para mostrar su admiración, el flamante marido regaló a su hermosa novia el famoso castillo de Csejthe, el cual había sido en otros tiempos propiedad del emperador Rodolfo II. Este enlace tuvo como resultado a los condes Ferenc y Erzsébet Báthory, prefiriendo el caballero tomar el nombre de su dama para ascender en la estructura nobiliaria.

Es en este punto, donde empezaremos a encontrar diferentes versiones de lo sucedido con Erzsébet. Dice pues una versión que la chica se trasladó al Castillo de Nádasdy en Sarvar, donde residía la familia de su esposo –otras fuentes señalan que se instalaron en Ecsed-, mientras el Caballero Negro se iba a pelar valientemente contra los turcos –otra fuente indica que fue a estudiar a Viena-, teniendo entonces la condesa que compartir su hogar con su suegra, una gran señora extremadamente conservadora y puritana, quien seguramente no entabló amistosas relaciones con su extravagante nuera.

Singular pareja hicieron pues Ferenc y Erzsébet, pues ambos tenían algo en común: eran inusualmente crueles. Historias oscuras sobre el hombre circulan por ahí, según las cuales tenía por costumbre empalar a sus enemigos caídos y jugar una suerte de macabro fútbol con algunas de sus cabezas, para después deleitarse danzando con los cadáveres decapitados (!). De ser tales relatos ciertos –aunque francamente parecen tener un tanto de leyenda popular-, no es pues de sorprender que en su correspondencia con su adolescente esposa, se intercambiaran consejos sobre la mejor manera para castigar a los sirvientes desobedientes, actividades que el guerrero, en tal caso, seguramente apreciaba como juegos meramente infantiles –no así los pobres humanos que los padecían-. Encuéntrase incluso que recién casados, y cuando aún podían compartir el lecho nupcial diariamente, los retorcidos y juveniles nobles se deleitaban amarrando a una joven doncella en una cama y, tras echarle miel en todo el cuerpo, azuzaban a numerosas abejas para que la atacasen, lo cual al parecer le causaba a la malvada pareja un insano regocijo. 

Pero el caso es que fueron diez años durante los que Erzsébet vio en escasas ocasiones a su cónyuge. Conociendo sus apetitos, no parece poco probable que la señora disfrutase de uno que otro amante –aunque en esta versión, si se une al hecho de que vivía en la casa de su esposo, no se aclara la forma en la que evadía la posible “vigilancia” de Orsoyla-, de los cuales por supuesto no se volvía a ver ni el polvo. De este modo, Ferenc volvió a su hogar en 1585 -sin inmutarse en alguna ocasión cuando vio a una sirvienta atada a un árbol en el patio de armas o a las criadas desnudas, en lo más crudo del invierno, barriendo y fregando los pisos (castigadas por su ama)-, engendrando a partir de este momento a sus cuatro hijos: Ana, Úrsula, Catalina y Pablo, naciendo el último de ellos en 1598.

Por estas fechas, también se indica que la condesa estrechó su “amistad” con su tía Karla Báthory, un siniestro personaje que había enviudado en cuatro ocasiones –acusada de asesinar a sus maridos-, siendo despreciada por su viciosa existencia, la cual parecía inadmisible incluso a los poco virtuosos Báthory, llegándose proponer que las mujeres se entregaban a diversos placeres non sanctos, entre los que se incluían orgías lésbicas.

Mucho falta aún por saber de Erzsébet Báthory, quien ha pasado a la historia como la Condesa Sangrienta por las aficiones que desarrolló tras la muerte de su marido, pero de todo ello hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

FUENTES:

“Mujeres perversas de la historia”. Aut. Susana Castellanos de Zubiría. Grupo Editorial Norma. Colombia, 2008. 

“Chicas malas: reinas, locas y otras cosas peligrosas”. Directora de colección María del Pilar Montes de Oca Sicilia. Colección Algarabía. México, 2010. 

 “Sangre y poder”. Aut. José María Solé. Revista La aventura de la historia. No. 147.  

“Erzsébet Báthory: la condesa sangrienta”. Aut. Igor Übelgott. 30 de septiembre 2010. Revista Algarabía no. 73. http://algarabia.com

 “Isabel Bathory, la condesa sangrienta”. Aut. Elena Sanz. Revista muy interesante. 28 de julio de 2009. www.muyinteresante.es.   

“La condesa Sangrienta”. Aut. Ignacio Vidal-Folch. 17 de abril 2005. www.elpais.com   

“La sangre y la condesa Elisabeth Báthory”. Aut. Edmundo Fayanás. 20 de enero de 2012. http://nuevatribuna.es.   

“Seis curiosidades sobre Erzsébet Bathory”. Aut. Gerardo Soriano. 7 de agosto de 2012. www.sexenio.com

“Countess Elizabeth Báthory: icon of evil”. Aut. Tony Thorne. www.telegraph.co.uk

“The Fascinating Erzsébet Báthory”. Aut. Anne Billson. 2 de diciembre 2010. www.theguardian.com     

 “La vampira Báthory”. Aut. Ampa Gadulf. 20 de abril 2012. http://arquehistoria.com    

“Elizabeth Báthory”. www.ecured.cu   

 

[1] “La condesa sangrienta”. Aut. Ignacio Vidal-Folch. 17 de abril 2005. www.elpais.com.

[2] Heráld. Color rojo heráldico, que en pintura se expresa por el rojo vivo y en el grabado por líneas verticales muy espesas (DRAE).

[3] Título que se daba a los soberanos de Moldavia, Valaquia y Transilvania (DRAE).

[4] Sobrenombre con el que se conocía a Ferenc, también referido como “el héroe negro de Hungría”.

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