El Reich y el arte: Entre la fascinación, el odio y los atracos II

Entartete Kunst

Entartete Kunst

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Muchos que quisieron traer luz, fueron colgados de un farol”.

Stanislaw Jerzy Lec

Habiendo tenido el propio Adolph Hitler inclinaciones artísticas en su juventud, y considerando al arte, según sus propias palabras “el gran pilar del pueblo”[i], durante toda su vida mantuvo con él una relación de amor y odio, que lo llevó tanto a emprender una cacería de cuanta obra perteneciera a los estilos que él consideraba dignos del pueblo alemán, como a perseguir implacablemente a los artistas que representaban las corrientes que parecíanle aberrantes.

De este modo, al mismo tiempo que en el Reich se proyectaba la construcción del gran museo de Linz, en el cual se pretendía guardar toda obra que tuviese un valor intrínseco para el acrecentamiento del acervo cultural alemán; Hitler mandó confiscar y recolectar cuanta obra de arte moderno pudo, esta vez no para ensalzarlas, sino para envilecerlas públicamente, dando la orden desde el año en que llegó al poder, 1933 –formándose en ese momento una nueva Reichskulturkammer (Cámara de Cultura del Reich) que se dividía en siete cámaras: Cine, Música, Teatro, Prensa, Literatura, Bellas Artes y Radio-, de que todo el arte moderno y judío fuese expulsado de las galerías.

Con la intención de dejar claro a su pueblo cuál era el arte adecuado para engrandecer a la raza aria que tanto admiraba –el realismo clásico particularmente-, Adolph decidió estructurar dos exposiciones simultáneas, siendo la primera de ellas la Große Deutsche Kunstausstellung (Gran Exposición de Arte Alemán), en la cual se colocaron obras con trasfondo propagandista –ya fuese esta su intención de origen o bien inventada por el propio ministro de Propaganda, Joseph Göebbels, para difundir valores nazis como la laboriosidad, la abnegación y la pureza racial aria–, utilizando la Haus der Deutschen Kunst (Casa del Arte Alemán) en Munich como escenario, y con el objetivo de mostrar el “nuevo y verdadero arte alemán”. Ahí se exhibieron trabajos de escultores como Arno Breker y Joseph Thorak o los pintores Werner Peiner, Adolf Wissel y Conrad Hommel –cabe mencionar que Hitler no quedó satisfecho con el trabajo realizado por el jurado seleccionador de las obras que se incluirían en la exposición-.

Como contraparte a tal apología del “arte verdadero”, el Führer hizo colocar la muestra Entartete Kunst (Arte Degenerado) –aunque la idea no era precisamente original, ya que en 1865 se había calificado como “degenerado” a Edouard Manet quien expuso su obra Olympia en el Salón des Refusés en París; mientras que en 1910 el público había escupido a las obras colocadas por Wassily Kandinsky en una exposición en Mónaco-, con la cual se quería erradicar el “bolchevismo del arte judío”, para librar a los alemanes de las pérfidas intenciones de los exponentes de corrientes como el dadaísmo o el fauvismo, siendo el propósito “revelar las metas y las intenciones detrás de este movimiento filosófico, político, racial y moral, y las fuerzas motrices de la corrupción que los motivaban[ii], y que fue inaugurada el 19 de julio de 1937 en el Archäologisches Institut de Munich.

Maliciosamente curada –puesto que Hitler se proponía desacreditar cualquier obra que no se entendiese por sí misma y que necesitara un “libro de instrucciones pretenciosas para justificar su existencia”-, en esta muestra se exhibían 650 –de las 16 o 17 mil incautadas a treinta y dos museos públicos alemanes- pinturas, dibujos, grabados y estatuas de artistas que eran considerados por el Tercer Reich como “criminales de la cultura mundial”, “destructores del […] arte”, “incompetentes, engañadores y locos” y finalmente “engañadores imbéciles”. Entre los merecedores de tan nefandos insultos estaban impresionistas, expresionistas y miembros de la escuela Bauhaus, entre otros muchos. Así, dentro de la lista de los 730 –cifra que se ha elevado según las fuentes hasta los 1 400, de los cuales al parecer solo se expusieron 112- artistas vanguardistas condenados se encontraron Henri Matisse, Piet Mondrian, Max Ernst, Franz Marc, Pablo Picasso, Max Beckmann, Otto Dix, George Grosz, Oskar Kokoschka, Wilhelm Lehmbruck, Emil Nolde, Karl Schmidt-Rottluff, Lyonel Feininger, Paul Klee, Schlemmer, Marc Chagall, Alexej von Jawlensky o Lázar Lissitzky.

Así, la exhibición Entartete Kunst dividió los trabajos en siete galerías, dedicada cada una a un solo tipo de obra, como por ejemplo aquellas con temáticas religiosas (arte blasfemo), obras de artistas judíos o comunistas, arte abstracto (sala de la locura) –esta sala en particular era designada como una cámara de los horrores que, según el comisario de la exposición, Göebbels, demostraba que los artistas tenían mentes enfermas que concebían insanas ideas-, arte que insultaba a los soldados alemanes, arte que ofendía el honor de las alemanas y “arte que demostraba influencias africanas o primitivas”[iii], colocando las piezas con la explícita intención de causar una impresión negativa en el espectador, de modo que los cuadros se colgaron torcidos, mientras en las paredes se podían leer grafitis con eslóganes que rezaban cosas como “incompetentes charlatanes”, “un insulto a los héroes alemanes de la Gran Guerra” o bien “decadencia explotada con propósitos literarios y comerciales”.

Además, el odio de Hitler por este tipo de arte lo llevó incluso a manipular –práctica común en el Tercer Reich– la opinión de su pueblo, ya que entre los miles de visitantes que acudían diariamente a la Exposición de Arte Degenerado, entremezclaba actores contratados que hacían comentarios despectivos y agresivos con respecto a las obras expuestas. De igual forma, se pretendía que no solo los habitantes de Munich se “beneficiaran” con esta “lección de arte verdadero”, realizándose una gira por trece ciudades, que fue visitada por más de tres millones de personas –cifra que superó con mucho a la Gran Exposición de Arte Alemán– hasta 1941, año en que concluyó el recorrido.

Ahora bien, mientras muchos alemanes y austriacos acudieron a la cita convencidos de que todos los artistas degenerados, eran parte de una terrible conspiración para restar dignidad al pueblo alemán, algunos otros se vieron atraídos por la que tal vez fuese la última ocasión en que podrían admirar piezas de arte moderno en los dominios del Tercer Reich.

Pero a pesar del encono que tenían los oficiales del Reich hacia el arte moderno, no eran tan tontos como para despreciar el valor que le otorgaba a las piezas el resto de Europa –y del mundo-, de manera que, tras desmontar la exposición -y destruir públicamente alrededor de cinco mil lienzos- comerciantes y agentes de arte independiente, se dieron a la tarea de utilizar el arte degenerado como moneda de cambio para adquirir obras realmente acordes a la estética predicada por el Führer –sus preferidas eran las escuelas alemana y flamenca-, como fue el caso de Hildebrand Gurlitt –padre de Cornelio Gurlitt, hombre octogenario que fue descubierto en 2012 en posesión de más de 1 400 obras de arte desaparecidas durante la Segunda Guerra Mundial, en un apartamento en Munich-. Por otro lado, muchas piezas fueron resguardadas por gente sensata como el galerista berlinés Ferdinand Moëller, quien logró amañárselas para quitar al gobierno de Hitler cientos de obras perseguidas.

Perdidas irremediablemente algunas de ellas, encontradas en los lugares más insólitos algunas otras –once esculturas hechas en bronce por artistas como Edwin Scharff, Otto Baum, Marg Moll, Gustav Heinrich Wolff, Naum Slutzky y Karl Knappe, fueron encontradas en los cimientos de la Alcaldía de Berlín en 2010-, lo cierto es que de aquellas dieciséis mil piezas confiscadas hay muchas cuyo destino aún se desconoce, habiendo sido varias obras compradas de manera legítima después de la Guerra pasando a formar parte de colecciones privadas. Pero sobre este tema, la utilización de Rembrandt por el Reich, el robo de la Monalisa, y otros aspectos de la tormentosa relación entre Adolph Hitler y el arte, hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna. 

FUENTES:

“La estética nazi. El poder como escenografía”. Aut. Alberto Ruiz de Samaniego. En el libro Estéticas del arte contemporáneo. Editor Domingo Hernández Sánchez. Ediciones Universidad Salamanca. Salamanca, España, 2000

“Degenerate Art: The Fate of the Avant-Garde in Nazi Germany”. Los Angeles County Museum of Art. 1991.

 “Del arte al odio”. Aut. Dana Thomas. Revista Newsweek en español. 4 de diciembre 2002.

“La degeneración del arte”. Aut. Renato Sandoval. Periódico El Dominical. Lima, Perú.  11 de septiembre 2005.

“Arte degenerado: por qué Hitler odiaba el modernismo”. Aut. Lucy Burns. 11 de septiembre 2005. www.bbc.co.uk

“Exhiben esculturas robadas por los nazis”. Aut. Yaotzin Botello. Periódico Reforma. 9 de noviembre 2010.

“Lo que el nazismo se llevó”. Diario Monitor. 4 de agosto 2004.

“Hallan obras confiscadas por los nazis”. Periódico Reforma. 4 de noviembre 2013.

“¿Quién era el misterioso coleccionista que atesoraba el arte robado por los Nazis?”. 9 de noviembre 2013. http://cnnespanol.cnn.com

  “Cultura en el Tercer Reich: Difusión de la cosmovisión nazi”. United States Holocaust Memorial Museum. www.ushmm.org


[i] Thomas, Dana. “Del arte al odio”. Revista Newsweek en español. 4 de diciembre 2002.

[ii] Burns, Lucy. “Arte degenerado: por qué Hitler odiaba el modernismo”. www.bbc.co.uk 10 de noviembre 2013.

[iii] Degenerate Art: The Fate of the Avant-Garde in Nazy Germany”. Los Angeles County Museum of Art. 1991.

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