El Reich y el arte: Entre la fascinación, el odio y los atracos III

Minas de sal en Altaussee

Minas de sal en Altaussee

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

“El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres”.

Leon Tolstoi

Importante papel jugó el arte durante los tejemanejes de la Segunda Guerra Mundial. Y es que Adolph Hitler, quien a sí mismo se veía como un artista de gusto impecable, decidió hacer del arte una herramienta, no solo como moneda de cambio a través de la venta del “arte degenerado”, ni tampoco únicamente para glorificar a los grandes artistas clásicos que él tanto admiraba, sino también como vehículo para “suavizar” la recepción de la conquista, por parte de los nazis, de algunos territorios.

En este sentido, uno de los casos más interesantes es el del artista Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669), a quien Hitler utilizó en la ocupación de Holanda –invadida en 1940-, debido a que, aunado a la calidad artística de las obras de Rembrandt, vieron en sus temas un refuerzo de su mito “sangre y tierra”, según el cual “la sangre alemana tenía un vínculo mayor con su tierra y un carácter superior[i], expresando que, si se basaban por ejemplo en la pieza “El hombre del yelmo de oro” –la cual el Führer atribuyó erróneamente al holandés, pues según determinaron en 1986 expertos del museo estatal de Dahlem en la antigua Berlín Occidental, la pintura fue en realidad elaborada por un discípulo del genio-, se demostraba sin lugar a dudas que el artista había sido un “verdadero ario y alemán”, idea que a su vez había sido ya manejada por el autor Julius Langbehn en 1890.

La perspectiva de ensalzar a Rembrandt como un germánico ejemplar no fue del gusto de todo el gabinete de Hitler, ya que hubo varios que alzaron sus voces para externar que el hombre había vivido cómodamente entre judíos, pintando además escenas y personajes del Antiguo Testamento, lo cual se contraponía fuertemente con el concepto ideal de arte manejado por los nazis.

No obstante, la importancia del pintor en su lugar de origen, fue vista por otros visionarios como elemento clave para lograr la penetración de la ideología conquistadora en el pueblo conquistado, de manera que, además de realizarse una película –en 1941 los nazis produjeron una cinta en la cual se mostraba cómo, según ellos, todas las aflicciones financieras de Rembrandt habían sido provocadas por los ambiciosos e injustos mercaderes judíos- y una ópera basadas en la vida del artista, se mandaron a hacer estampillas con la efigie de Rembrandt, a la vez que se creó un “Premio Rembrandt” que se otorgaría a la “contribución artística a la cultura nacionalsocialista”, tratando incluso de sustituirse el festejo del natalicio de la reina holandesa en turno –15 de julio– por un día feriado nacional con motivo del natalicio del famoso autor de “La novia judía” (1666), evento que resultó un fracaso rotundo ante un público holandés resentido y contrario a las propuestas del Tercer Reich.

Esta tentativa de utilizar a un artista para conquistar a un pueblo, nos puede dar una idea de la relevancia que Adolph otorgaba al quehacer artístico, hecho que se vio confirmado con la pretensión del dictador de salvaguardar cuanta obra de arte él considerase destacada, a través de las acciones llevadas a cabo por el Reichsmarschall, Hermann Göring, quien se encargaba de obtener por cualquier medio las obras de arte más relevantes disponibles –y no disponibles, ya que se recurrió incluso a la incautación de piezas de arte elaboradas por creadores germanos, aun cuando estas se encontrasen en manos extranjeras- en el mercado artístico de la época.

Particular empeño colocaron así los alemanes en el territorio francés, en su calidad de capital europea artística por excelencia, ejerciendo sobre el suelo galo nada menos que tres ramas del Reich, con el objetivo de confiscar cuanta obra valiese la pena. Estas divisiones fueron la Krunstschutz (Dirección Militar para la Protección del Arte), la embajada de Alemania en París que se encontraba bajo el mando del ministro de Relaciones Exteriores Joachim Von Ribbentropp; y la Einsatzstab Reichsleiters Rosenberg für die Besetzten Gebiete (Destacamento Especial del dirigente del Reich Rosenberg para los Territorios Ocupados) o ERR, dirigida por el ideólogo y líder del Partido Nacionalsocialista, Alfred Rosenberg –aunque después las acciones fueron directamente supervisadas por Göring-, logrando trabajo conjunto de estos equipos reunir, para agosto de 1944, “más de cien mil obras de arte, medio millón de muebles y más de un millón de libros y manuscritos[ii].

Asimismo, a partir de enero 1944, Martin Bormann –Jefe de la Cancillería y secretario personal de Hitler-, fue encargado de un proyecto en el cual todas las piezas recolectadas fueron paulatinamente trasladadas, por tren, a unas galerías inmensas que habían sido excavadas expresamente para preservar las obras, en caso de que la guerra tomase un rumbo inconveniente para el Reich, en las minas de sal de Altaussee en Austria –aunque cabe destacar que otros seiscientos sitios fueron utilizados para ocultar obras de arte, como el castillo de Neuschwanstein, los monasterios de Buxheim (donde se guardaron piezas procedentes de Francia y el museo de Kiev) y Vyšší Brod, e incluso lugares más insospechados como casas particulares y un pequeño hotel ubicado cerca de Berchtesgaden, donde se encontraron obras de Rembrandt, Cranach, Van Dyck, Broucher, Watteau, Fragonard y Goya-, siendo posteriormente valuada tal colección en aproximadamente cuatro mil millones de dólares, conteniendo seis mil quinientos cuadros, mil cajones de objetos artísticos y la colección de joyas del Reichsmarschall, entre otras cosas -tan destacado emplazamiento fue colocado bajo la protección del oficial de las SS (las Schutzstaffel o compañías de defensa), el Obergruppenführer August Eigruber, un leal y convencido miembro de las fuerzas dirigidas por Heinrich Himmler, quien tenía en mente que, en caso extremo, sería mejor destruir con dinamita el valioso patrimonio que supervisaba, antes de que los Aliados pudieran echarle mano (!).

Un dato curioso sobre el tesoro albergado en Altaussee es la presunta presencia de la Mona Lisa en tal lugar. De acuerdo con un documento fechado el 12 de diciembre de 1945, se especifica que la archiconocida obra de Leonardo Da Vinci se encontraba entre los ochenta vagones que trasladaron los valiosos objetos de arte a través de Europa –tras el triunfo aliado-, indicándose el 16 de junio de 1945 como día en que el Museo del Louvre recuperó una de sus piezas más importantes. Sin embargo, el propio museo declaró posteriormente que la verdadera Mona Lisa nunca abandonó el suelo francés, existiendo la hipótesis de que, al ver que la presencia de la ERR en el santuario artístico era inevitable, los hábiles empleados del Louvre decidieron esconder en los sótanos el original de Da Vinci –lugar en el que supuestamente permaneció hasta 1945, colocando una Mona Lisa apócrifa –también del siglo XVI- en el lugar que debía ocupar la original, dentro de las obras embaladas y enviadas a diferentes chateaux –27 de agosto de 1939– en un intento de los guardianes del arte por evadir a los nazis, logrando así confundir a los maleantes, quienes se habrían llevado la copia a las tierras austriacas, y siendo esta la que se exhibiría en el Musées Nationaux Récupération con el código MNR 265 y que sería entregada al Louvre en 1950, siendo destinada entonces para adornar la entrada de la oficina del director del recinto.

Puede verse así la gran magnitud de recursos, tanto económicos como humanos, que destinó el Führer para crear la más grande colección de arte jamás vista –que se convierte en monumental si se toma en cuenta todo el arte destruido por haber sido considerado como indigno-. Faltando aún por abordar las acciones aliadas para recuperar el arte robado y el destino de las piezas recuperadas, estos serán los temas abordados en la última parte de esta serie en la próxima entrega de la columna.

 

FUENTES:

“La evasión de los dirigentes nazis”. Aut. Werner Brockdorff. Luis de Caralt editor. Barcelona, 1972.

 “Los tesoros artísticos robados por los alemanes”. Revista En Guardia vol. 4 no. 9. 1945.

“Encuentran varias pinturas ‘perdidas’ de Hitler”. Revista Enigmas. 1 de agosto de 2012.

“El expolio de los nazis: El rapto de Europa”. Aut. Francisco Luis del Pino Olmedo. Clío no. 133.

“El hombre del yelmo de oro no es un Rembrandt”. Periódico El País. 17 de marzo de 1986. www.elpais.com

“Recuerdan uso nazi de Rembrandt”. Aut. Alexandra Hudson (Reuters). Diario Monitor. 25 de Julio 2006.

“¿Los nazis también se robaron a la Mona Lisa?”. Aut. Noah Charney. 13 de diciembre 2013. www.cnnespanol.cnn.com


[i] “Recuerdan uso nazi de Rembrandt”. Aut. Alexandra Hudson (Reuters). Diario Monitor. 25 de julio 2006.

[ii] “El expolio de los nazis: El rapto de Europa”. Aut. Francisco Luis del Pino Olmedo. Revista Clío no. 133.

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