Los sinsabores del poder: Urraca I de Castilla I

Estatua de Urraca I de Castilla y León en el Parque del Retiro, Madrid, España

Estatua de Urraca I de Castilla y León en el Parque del Retiro, Madrid, España

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo”.

George Orwell

En una época dominada por los hombres, como lo fue la Edad Media, mal vistas fueron las mujeres que osaron dejar de lado el papel de sumisión que, desde pequeñas, les era inculcado e impuesto. De este modo, las féminas que decidieron hacer frente al papel que por la sociedad les había sido designado, fueron muchas veces vilipendiadas de ultrajante manera, calificándolas sus contemporáneos como damas ambiciosas, volubles, lujuriosas e inadaptadas.

Uno de estos casos extraordinarios fue el de la reina Urraca I de Castilla, quien se vio inmersa en una vorágine de intrigas y batallas cuando, al morir su padre sin heredero varón, se legó sobre sus hombros el gobierno del reino de Castilla y León.

Pero comencemos la historia desde el principio. La princesa Urraca nació en el año de 1108, como fruto del matrimonio conformado por el rey Alfonso VI y su tercera esposa Constanza de Borgoña. Habiendo pasado sus más tiernos años, en Monzón de Campos (Palencia), su educación estuvo bajo la estricta vigilancia de don Pero Ansúrez –también encontrado como Pedro Ansúrez-.

Siendo costumbre por aquel entonces que las damitas de noble cuna fuesen comprometidas en matrimonio a edades tempranas, para ella su regio padre consiguió ilustre enlace con el conde de Amous, Raimundo de Borgoña -quien era hijo del conde galo Guillermo de Borgoña, regente de Galicia-, cuando apenas la pequeña contaba con seis años. Esperando a que la señorita estuviese en edad casadera, fue hasta 1091 –también se establece como fecha 1093– cuando los esponsales tuvieron lugar, legándole entonces Alfonso VI a la pareja los títulos de condes de Galicia y Portugal –se explica, tomando la fecha 1093 como año real del desposo, que la alegría de la nueva unión se vio empañada por la muerte de doña Constanza, y eclipsada por el alborozo provocado gracias al nacimiento de un hermanastro varón, Sancho Alfónsez, que era hijo de Alfonso VI y la princesa Zaida (cuyo nombre cristiano era Isabel), presunta hija del rey taifa de Sevilla Abú al-Qasim Muhammad II-.

Varios años después del enlace, nació la primera hija del matrimonio, Sancha, en 1102, seguida por Alfonso Raimúndez en 1104. Pocas referencias se encuentran de la vida de la pareja en suelo gallego, destacándose el hecho del fallecimiento del conde Raimundo, a causa de la disentería, en 1107. No obstante, no fue este funesto acontecimiento el que marcó el destino de Urraca, sino la muerte de su hermanastro Sancho al año siguiente, el 30 de mayo de 1108, en la batalla de Uclés.

Resulta que el fallecimiento de su hijo, destruyó el ánimo y la salud del monarca castellano, quien además se vio atribulado por el futuro de su vasto reino, reconociendo que no existía otra alternativa más que dejar el gobierno en manos de su amada hija. Conociendo demasiado bien los tejemanejes de las cortes españolas, el noble caballero se negó a dejar a Urraca “desprotegida”, por lo que se apresuró a encontrar un enlace conveniente. Muchos fueron los pretendientes para la condesa viuda, siendo uno de ellos don Gómez González, conde de Candespina, un poderoso señor feudal de Castilla, quien, según se dice, había ya ganado el corazón de la dama.

Sin embargo, Alfonso VI tenía claro que debía dejar a su retoño en manos más poderosas que las del conde de Candespina –quien a su vez tenía como enemigo al antiguo preceptor de Urraca, Pero Ansúrez-, de modo que, siguiendo la costumbre de la época, el moribundo desdeñó la preferencia de su hija por Gómez, para entregarla en su lugar al temible Alfonso I el Batallador, aguerrido rey de Aragón y Navarra, previendo el agonizante rey que este curtido combatiente defendería su amado reino de los almorávides[i] .

Sin que los contrayentes sintiesen alegría alguna al momento de llegar al templo para la nupcial ceremonia, Alfonso y Urraca pronunciaron reticentes y resignados las palabras por el eclesiástico indicadas, para sellar el enlace entre los poderosos reinos de Castilla y León, y Aragón y Navarra, quedando así establecidos los destinos de territorios y gobernantes.

No obstante, lo que en papel funciona muy bien, tal como la unión de dos poderosos dominios, en la práctica no resulta tan fácil. De esta manera, Urraca encontró en su esposo un hombre violento acostumbrado a la guerra, quien sentíase más cómodo enfrentando las inclemencias del clima en una tienda de campaña, rodeado por su ejército, a sentarse en las palaciegas estancias para compartir el día con su esposa. De carácter huraño e iracundo era pues el Batallador, a quien además no se le habían conocido amantes ni concubinas –considerado misógino, de hecho mucho se habló sobre su posible homosexualidad o impotencia, puesto que fue de los pocos soberanos medievales que no dejó hijos ilegítimos y mucho menos legítimos-, sabiéndose que no gozaba de la compañía femenina, incluyendo la de su flamante novia –Urraca ilustraría su sentir con estas palabras: “me vi forzada a seguir la disposición y arbitrio de los grandes, casándome con el cruento, fantástico y tirano rey de Aragón[ii]-.

Sometida a la voluntad de su padre, Urraca no tuvo más remedio que partir junto con Alfonso hacia Aragón, sorprendiéndolos en el camino la noticia de la muerte de Alfonso VI, suceso que los obligó a retornar para que la dama pudiese entronarse como reina de Castilla y León. Sin que fuese santo de la devoción de muchos de los nobles castellanos, Alfonso I fue, no obstante, bien recibido en Castilla, ya que los súbditos del rey fallecido respetaban su voluntad y testamento.

Estableciéndose una suerte de acuerdo de confianza, al principio los esposos estructuraron un documento en el cual regularon una monarquía que ostentaría dos titulares con igual poder, cada cual sobre su reino, pero que a la vez cedía poder al cónyuge sobre el otro territorio. De este modo, con una carta de arras, Alfonso I dio a Urraca poder sobre Aragón, mientras que la fémina hizo lo propio con una carta de donación, pero con respecto a Castilla, para su marido. De esta forma, pero sin la aprobación de su esposa, el Batallador entregó a sus aragoneses diferentes fortalezas en importantes puntos estratégicos. Esta acción por parte de un recién llegado foráneo con ínfulas de grandeza colmó el ánimo de los gallegos, particularmente de Pedro Froilaz, conde de Traba, preceptor y asiduo seguidor de Alfonso Raimúndez, legítimo heredero, hasta el momento, al trono de Castilla en el cual se sentaba su madre. Así, el conde proclamó al chiquillo, Alfonso VII como rey independiente en el norte de España (Galicia). Tal acción fue tomada por el rey como una afrenta injustificable, por lo que se dio a la tarea de enterrar las pretensiones de Froilaz por medio de la fuerza militar. Enterados de tal acción, los señores feudales de Galicia se unieron para hacer frente a Alfonso I, destacándose en esta resistencia Pedro Arias, su hijo Arias Pérez y Diego Gelmírez.

Comenzando así un turbulento periodo, Urraca no era una damisela en peligro dispuesta a dejarse dominar por aquel hombretón que pretendía adueñarse de toda España, pero que, a pesar de ser rey de Aragón, debía enfrentar el hecho poco frecuente de que su mujer era, por derecho, reina de Castilla y León, territorios que habían sido por él ansiados durante mucho tiempo. La situación en Galicia no era por entonces más que un atisbo de lo que sucedería en los años venideros, sin embargo sobre las batallas subsecuentes y la historia de la convivencia de la reina con su espantoso marido, hablaremos más extensamente en la próxima entrega de esta columna.

 

 

FUENTES:

“Urraca: reina contra todos”. Aut. Asunción Esteban e Inés Calderón. Revista Historia National Geographic no. 37. España, marzo 2007.

 “El tormentoso matrimonio con la reina Urraca de Castilla”. Aut. Iván Giménez Chueca. Revista Clío no. 111. Espapña, enero 2011.

 “Biografía de Doña Urraca. Reina de León y Castilla”. Aut. Mario Agudo. www.arteguias.com

 “Urraca I de Castilla y León, una brava e independiente reina medieval”. Aut. Juan Cantonio Cebrián. www.elmundo.es

“Urraca de Castilla y León”. Aut. Carlos R. Eguía. Enciclopedia Ger. Ediciones Rialp S.A. www.canalsocial.net/ger

“Urraca”.  www.biografiasyvidas.com

[i] Se dice del individuo de una tribu guerrera del Atlas, que fundó un vasto imperio en el occidente de África y llegó a dominar toda la España árabe desde 1093 hasta 1148. Definición obtenida del DRAE.

[ii] “Urraca: reina contra todos”. Aut. Asunción Esteban e Inés Calderón. Revista Historia National Geographic no. 37. España, marzo 2007.

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