Parejas de palabras: Amor en las páginas II

Eowyn y Faramir (David Wenham y Miranda Otto)

Eowyn y Faramir (David Wenham y Miranda Otto)

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

El amor más fuerte y más puro no es el que sube desde la impresión, sino el que desciende desde la admiración“.
Santa Catalina de Siena

Diversas son las formas que el amor ha tomado en la literatura a lo largo de los años, estableciéndose como un hecho que para un escritor es muy sencillo hacer que sus personajes actúen en la manera que ellos desean, proporcionando a los integrantes de las parejas características y diálogos que, en ocasiones, son tan irreales que son increíbles, siendo precisamente esto lo que dota a damas y caballeros con un aura de deseabilidad tal, que se convierten en los hombres y mujeres que los lectores buscan muchas veces, y sin resultados satisfactorios, en la realidad.

Una de las “culpables” de haber creado un hombre tan magnífico que es imposible encontrarlo fue Jane Austen, de cuya hábil e imaginativa pluma surgieron los célebres Mr. Darcy y Ms. Elizabeth Bennet, protagonistas de la novela Orgullo y Prejuicio (1813), en cuya trama se nos presenta la vida de una familia conformada por unos peculiares padres y sus cinco hijas –Jane, Lizzy, Mary, Lydia y Kitty-, quienes en sus enredos amorosos nos muestran los tipos de relaciones románticas que eran deseadas, no solo en el siglo XIX, sino también hasta nuestros días.

Fitzwilliam Darcy es pues un caballero de noble cuna de carácter distante y fríos modales, quien se tiene en gran estima –orgulloso hasta rayar en lo soberbio, pero no petulante-, exigiendo de su prójimo una pulcritud de carácter que se acerca a lo imposible; mientras que su contraparte, Elizabeth, es una muchachita inteligente y resuelta, quien coloca en el pináculo de sus afectos a su familia, y sobre todo, a su hermana Jane. Así, la historia nos lleva desde la llegada de los hermanos Bingley – el cándido Charles, Louisa y la altiva Caroline– a Hertfordshire, lugar de residencia de los Bennet, donde nuestros protagonistas se conocen, generándose una atracción casi instantánea, que se mezcla con un rechazo provocado por los prejuicios que ambos guardan acerca del otro.

Dejando de lado todos los pormenores del argumento, baste decir que con el paso del tiempo los dos personajes tienen que despojarse de su orgullo para admitir sus verdaderos sentimientos, convirtiéndose la mutua atracción en un amor apasionado, que lleva tanto a Darcy como a Lizzy a descubrirse como amantes platónicos que desean hacer realidad sus deseos románticos, teniendo, para ello, que llevar a cabo una serie de acciones que remedian errores pasados y desafortunados discursos, tanto de ellos mismos como de otras personas, demostrándose finalmente que la dama y el varón están hechos el uno para el otro, presentándose el ansiado final feliz en el cual ambos, tras su matrimonio, se instalan en la hermosísima residencia de Darcy, Pemberley.

En esta pareja, Jane Austen ensalza una serie de cualidades varoniles que, si bien no son inverosímiles por separado –ecuanimidad, inteligencia, entrega, ternura, firmeza de carácter, honorabilidad y heroísmo, entre otras-, sí han creado un estereotipo, que en conjunto, resulta bastante difícil de alcanzar por el hombre común; mientras que Lizzy es una chica que sí puede encontrarse –si bien no “en cada esquina”-, en el mundo real, mostrándose la autora más justa en cuanto a la realidad de las féminas que de los caballeros.

Siguiendo con el género de romance-aventura, mencionaremos a una pareja menos conocida, pero bastante interesante: Emma Wyncliffe y Damien Granville. Estos personajes aparecen en la novela Shalimar (2000) escrita por Rebecca Ryman, desarrollándose la acción entre Nueva Dehli y Cachemira. En la trama resulta que Emma es una mujer muy decidida, inteligente e independiente –muy adelantada a su época, pues la historia tiene lugar a finales del siglo XIX- que vive en la capital de la India junto con su padre. Manteniéndose la joven bastante ajena a las cuestiones del corazón, un caballero de dudosa reputación de nombre Damien la fuerza a casarse con él. Accediendo al matrimonio en favor del bienestar de su familia –pues Granville la ha amenazado-, la indómita Wyncliffe tiene que descubrir quién es el verdadero hombre a quien ha jurado amar hasta que la muerte los separe. Enfrentándose ambos al principio a su carácter explosivo, los personajes –como en cualquier novela romántica que se precie de serlo- descubren el juego del ceder-exigir que los llevará a tener éxito como pareja, encontrándose poco a poco como cómplices y no como rivales. Repitiéndose la fórmula de la dama extraordinaria de Austen, Ryman prefiere hacer de Damien un hombre atractivo pero con defectos y secretos, hecho que realza aún más al ficticio galán.

Amores fantásticos capaces de destrozar cualquier barrera que en su camino encuentran aparecen en las obras de J.R.R. Tolkien, El Silmarillion (1977) y la trilogía El Señor de los Anillos (1954-1955), –cabe mencionar que él mismo tuvo que atravesar numerosas dificultades para poder contraer matrimonio con su amadísima Edith-; de esta manera, en El Silmarillion, la dupla más destacada es la de Beren y Lúthien –en las lápidas del matrimonio Tolkien se leen estos nombres-, en la cual siendo él humano y ella elfa, se encuentran con el obstáculo de la eternidad que le ha sido concedida a ella, pero no a él, viéndose forzado el hombre a realizar proezas inimaginables para merecer el corazón de su amada. Infortunadamente, el destino no quiere que compartan su existencia en el mundo terrenal, teniendo que esperar a reunirse –ahora sí hasta el fin de los tiempos- en Valinor, allende el mar –una suerte de paraíso dentro de la narración de Tolkien-.

Repitiendo Tolkien la fórmula en El Señor de los Anillos en los personajes de Arwen y Aragorn –apareciendo la primera únicamente mencionada en un par de ocasiones a lo largo de los varios cientos de páginas que conforman la obra, mientras Aragorn y Frodo se convierten en los ejes centrales de la historia-, pasaremos ahora a la otra pareja importante que se conforma hasta El retorno del rey[i], Faramir y Eowyn[ii]. En este caso, el escritor nos deja ver cómo los corazones pueden ser sanados por el amor, pues la Dama de Rohan[iii], rechazada por el Heredero de Isildur[iv], ha querido librarse de su dolor encontrando una muerte gloriosa en la Batalla de los Campos del Pelennor –donde los ejércitos de Sauron son derrotados por los pueblos libres-, eliminando al mismísimo Rey Brujo de Angmar –líder de los Nazgul[v]-, pero sin haber logrado su propósito, pues sobrevive. De esta forma, la doncella conoce al hombre que juntará los pedazos de su roto corazón mientras ambos convalecen –él ha sido herido en batalla- en las Casas de Sanación, ya que el Señor Oscuro[vi] ha sido derrotado. En un encuentro tan hermoso como irreal, Faramir nuevo senescal de Gondor[vii] queda perdidamente enamorado de Eowyn con tan solo mirarla, correspondiendo ella inmediatamente el sentimiento, dándose cuenta milagrosamente de que Aragorn representa una ilusión y nada más, mientras que el caballero que tiene ante sí la hará completamente feliz (?).

Aquí podemos ver cómo Tolkien –a pesar de su propia experiencia, pues él se enfrentó al hecho de que su esposa era anglicana mientras él era un católico convencido y practicante (a veces, hay que decirlo, rayano en lo intransigente), logrando eventualmente que ella, a la fuerza, se convirtiera- muestra relaciones románticas etéreas, perfectas, en donde los involucrados representan ideales de valores y virtudes, pero que no muestran la naturaleza verdadera de las interacciones de pareja.

Y ahora hemos de pasar a personajes más humanos, que, si bien se encuentran inmersos en historias de ciencia ficción y fantasía, han sido revestidos por sus autores de cualidades y defectos adjudicables a cualquier mortal, pero de ellos hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

*Este artículo lo dedico con cariño a mis queridísimas amigas Mich y Jeca, y a sus magníficos maridos e hijos, con toda mi admiración.

 

FUENTES:

“Shalimar”. Aut. Rebecca Ryman. Ediciones B. España, 2000.

  “El Silmarillion”. Aut. J.R.R. Tolkien. Ed. Minotauro.  España, 2001.

  “El retorno del rey”. Aut. J.R.R. Tolkien. Ed. Minotauro.  España, 2002.

 “Orgullo y prejuicio”. Aut. Jane Austen. Alianza Editorial. España, 2009.


[i] Tercera parte de El Señor de los Anillos.

[ii] También conocida como la Dama de Rohan o la Dama Blanca.

[iii] Eowyn.

[iv] Aragorn.

[v] Sirvientes malvados de Sauron, espectros, anteriormente reyes de los hombres.

[vi] Sauron.

[vii] Reino libre más poderoso de la Tierra Media (lugar fantástico donde se desarrolla toda la historia).

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