Espejo de celuloide: Ingmar Bergman I

Ingmar Bergman

Ingmar Bergman

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”.

Francisco Umbral 

Peculiares personalidades parecen desarrollar aquellos que hacia la genialidad innovadora tienden, sin ser pocos tales ejemplos en el séptimo arte, apareciendo en su escaso siglo de existencia  singulares personajes como Orson Welles, F.W. Murnau, Fritz Lang, Quentin Tarantino o Lars Von Trier, por mencionar algunos.

Así, uno de estos cineastas considerados como únicos e inigualables es el sueco Ernst Ingmar Bergman, cuyo nombre causa hasta el día de hoy una actitud de reverencia tanto en cinéfilos como en realizadores cinematográficos. Bergman nació pues un 14 de julio de 1918 en la localidad de Uppsala, ubicada al noroeste de Estocolmo, como parte de una familia que era dirigida por el férreo brazo del intransigente Erik Bergman y sostenida, presumiblemente, por la calidez de su madre Karin Åkerblom.

Pero el entorno de los Bergman distaba mucho de ser el de una familia sana y normal, ya que el padre era un luterano de un conservadurismo recalcitrante, que tenía prácticamente prohibida en su casa cualquier expresión de alegría, condenando a su esposa y a sus tres hijos a una existencia miserable y oscura, en la que hacía parecer que el castigo eterno en el fuego de los infiernos era inevitable, a menos que se entregaran a una penitencia continua.

Estas lúgubres condiciones hicieron que Ingmar se convirtiera en un niño resentido, que se sentía fuera de lugar con sus compañeros de escuela o en cualquier otro entorno, volcándose en su mundo interior, en el cual podía ser feliz y libre, a diferencia de lo que sucedía en su propio hogar. Sin embargo, el desarrollo de estas facultades creativas hubieran estado muy cerca de hacerlo un marginado si el chico no hubiese sabido sacar provecho de su propio talento, ya que desde muy pequeño fue capaz de inventar las más asombrosas historias, como aquella con la que, a los siete años, convenció a sus compañeritos de que sus desalmados padres lo habían vendido a un circo.

Afortunadamente para Bergman, de algún modo se encaminó hacia el arte, encontrando un modo de expresión perfecto para desahogar todas aquellas imágenes que se agolpaban en su mente, interviniendo entonces en un teatro de marionetas, pero quedando cautivado de por vida por el primer proyector de cine con el cual entró el contacto, el cual había sido recibido por su hermano como regalo de Navidad. De esta forma, al parecer el hermano mayor de Ingmar no tenía interés alguno en aquel artilugio, por lo que aceptó el apetecible trato ofrecido por su hermanito quien le regalaría a cambio de aquel toda su colección de soldaditos de juguete.

Como siempre ocurre, lo que para algunas personas carece de valor, para otras significa el mundo entero, de manera que este proyector significó para Ingmar el descubrimiento de su verdadera vocación: el cine. Al mismo tiempo, esta temprana afición por el séptimo arte se vio oportunamente complementada por el gusto que tenía el jovencito por la literatura y el teatro, formándose poco a poco en su mente una estructura que eventualmente lo llevaría a realizar obras maestras del cine mundial.

De este modo, una personalidad como la de Bergman no puede ser contenida indefinidamente en un ambiente tan poco propicio para el desarrollo de la creatividad, de modo que a los diecinueve años decidió por fin abandonar su hogar para trasladarse a la capital e ingresar en la Universidad de Estocolmo para obtener la licenciatura en Literatura e Historia del Arte, realizando una tesis sobre el escritor y dramaturgo sueco August Strindberg, e incursionando como director de teatro universitario.

Saboreando la vida bohemia que le ofrecía la capital sueca, el joven desarrolló su habilidad para la escritura, elaborando una serie de historias, una de las cuales, la novela corta Tortura, fue utilizada como guion para una película dirigida por Alf Sjöberg.

Para cuando inició la Segunda Guerra Mundial, Ingmar era parte de aquellos a quienes la propaganda nazi había logrado engañar, ya que en 1935 pasó seis semanas con una familia de un pastor en Turingia, quedando fascinado cuando escuchó en persona a Adolph Hitler durante un desfile militar, llegando a considerar a esta terrible corriente fascista como juvenil y divertida –él pensaba que los verdaderos enemigos eran los bolcheviques que se habían adueñado de Rusia para convertirla en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922-; y aunque nunca se mostró de acuerdo con sus acciones antisemitas –de hecho décadas después, Ingmar confesaría con pena la mortificación que le causó su hermano mayor cuando, acompañado de sus amigos, atacaron la casa de un judío pintándole esvásticas en las paredes, sufriendo además una gran impresión cuando se enteró de las atrocidades que había cometido el nacionalsocialismo en los campos de concentración-, él vivió con relativa tranquilidad el conflicto, debido a la neutralidad de los suecos.

Así, la guerra que destrozó Europa para Bergman no tuvo mayor repercusión física, por lo que pudo continuar con su quehacer artístico, convirtiéndose en ayudante de dirección en el Dramaten, el gran teatro de Estocolmo e iniciando formalmente su oficio de guionista en la productora del estado. Sin embargo, la oportunidad que en verdad le abrió las puertas al mundo del cine fue la buena reputación que se labró con su obra Death of Punch, gracias a la cual se cruzó con Stina Bergman, quien por entonces era responsable de las adaptaciones realizadas por la productora Svensk Filmindustri, que dirigía Carl Anders Dymling, haciendo que el muchacho de veinticuatro años escribiera guiones bajo pedido como El sádico (Hets, 1944).

Los triunfos en la escritura hicieron que el joven Bergman se sintiese lo suficientemente confiado como para dirigir un filme propio, dándosele luz verde en el proyecto Crisis (Kris, 1945) y arrepintiéndose en poco tiempo la Svensk Filmindustri por permitir tanta libertad al novel cineasta, ya que la película fue un rotundo fracaso. Poco dada la pantalla de plata a dar segundas oportunidades gratuitas, el apoyo como director le fue retirado a Ingmar, quien regresó a su sitio tras el escritorio y a su actividad teatrera, ya que fungía como responsable artístico del teatro municipal de Helsingborg.

No obstante, las letras no eran lo que en realidad apasionaba al joven creador, de modo que el destino le sonrió y el productor Lorens Marmstedt, le permitió dirigir Llueve sobre nuestro amor (Det regnar på vår kärlek, 1946), la cual, si bien nuevamente no fue bien recibida, no significó tan espantoso revés como el anterior.

Por otra parte, aunque Bergman había sido medio cegado por el falso esplendor nazi, también fue capaz, con el tiempo y a distancia, de evaluar el totalitarismo que sufrían tanto la sociedad alemana como los territorios conquistados –e incluso la tendencia en la propia Suecia– por aquel loco megalómano que se creía dueño del mundo, por lo que, una vez que pudo continuar con la realización de cintas, optó por hacer una crítica a este tipo de estructuras a través de las imágenes que mostraba –las cuales se veían influidas, entre otras cosas, por la admiración que sentía el sueco por un cineasta compatriota de nombre Victor Sjöström-, y sobre todo con el manejo de sus personajes.

Es así como Ingmar Bergman inicia su caminar en el mágico mundo que lo absorbería en los años venideros, pero del desarrollo de sus obras maestras y la caótica relación que sostuvo, tanto en el ámbito personal como profesional, con sus numerosas damas, hablaremos más extensamente en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“Ingmar Bergman”. Aut. Jacques Mandelbaum. Colección Maestros del cine. Cahiers du cinema. China, 2011.

   “Ingmar Bergman: ¿Cineasta de la burguesía?”. Aut. Jordi Puigdoménech. www.publicacions.ub.edu

 “Ingmar Bergman: Los fantasmas del maestro”. Aut. Natalia Taccetta. Encuadres-Ensayos & Dossiers. http://www.grupokane.com.ar

  “Bergman admits Nazi past”. 7 de septiembre 1999.  http://news.bbc.co.uk/

http://www.biografiasyvidas.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: