Espejo de celuloide: Ingmar Bergman II

Ingmar Bergman

Ingmar Bergman

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá”.

Harold MacMillan 

Para llegar a realizar obras maestras hace falta tanto genio como tenacidad, ya que difícilmente en el primer intento los artistas logran el éxito que desean; de este modo el ahora legendario director cinematográfico sueco Ingmar Bergman, tuvo que superar la etapa de su primer fracaso, sin dejarse convencer de que el séptimo arte no era para él.

De esta manera, tras el regular recibimiento de la cinta Llueve sobre nuestro amor (Det regnar på vår kärlek, 1946), tres años después el cineasta tuvo la oportunidad de realizar su primera película de autor, Prisión (Fängelse,1949), en el que hace el retrato de la terrible relación de una pareja tras la Segunda Guerra Mundial; viendo Bergman en 1951 nuevamente obstaculizado su quehacer por la huelga de las productoras cinematográficas suecas, reanudando su actividad con Secretos de mujeres (Kvinnors väntan, 1952), en la que une a un elenco de cuatro mujeres que relatan sus diferentes experiencias relacionadas con la maternidad, la infidelidad y las reconciliaciones de pareja.

Así, para 1953 el director sueco filma –después de haberse visto forzado a realizar, para subsistir, incluso anuncios publicitarios- lo que se convertiría con el paso de los años en una película de culto –como muchas de sus obras-, Un verano con Mónica (Sommaren med Monika,1953) en la que la actriz Harriet Andersson –con quien el director tuvo a bien iniciar una tórrida relación- capta la atención del público en una película cuya difícil filmación –pues se rodó en la isla de Ornö– se vio empañada además por el estado emocional de un Ingmar atribulado por sus caóticas relaciones conyugales.

Pero es justo decir que Un verano con Mónica no llamó la atención de los cinéfilos, tanto suecos como extranjeros, precisamente por su calidad cinematográfica, sino por su tinte de cine erótico, el cual extasiaba y asustaba a la vez al público de la posguerra; debido a su estilo menos conservador –entre otras cosas- el director y crítico de cine Jean-Luc Godard calificó al sueco como perteneciente al cine libre, colocando junto a él a otros cineastas como Orson Welles y Roberto Rossellini.

En 1955 tiene un triunfo internacional con el filme Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende), la cual obtuvo un premio especial del jurado en el Festival de Cannes de 1956, lo cual tuvo como consecuencia que el productor Carl-Anders Dymling recuperase la confianza en Bergman, concediéndole el dinero necesario para filmar la mítica cinta El séptimo sello (Det Sjundeinseglet, 1957), en la que el actor Max von Sydow encarna a un caballero que regresa de las cruzadas y se encuentra en su camino con la mismísima Muerte (Bengt Ekerot), a quien le propone una partida de ajedrez que le permita retrasar la partida de este mundo, ya que el guerrero desea volver a ver a su esposa. Asimismo, en el mismo año tiene otro gran acierto con Fresas salvajes (Smultronstället,1957), la cual le ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

Sin que los filmes de Ingmar sean sencillos o fácilmente digeribles por el público neófito, el hombre se embarca en cada cinta en el análisis de algún rasgo –o rasgos- humanos, haciendo profundas críticas al propio ser humano y sus defectos, a la vez que impregna cada uno de sus cuadros de experiencias y perspectivas propias, en un peculiar ejercicio público de introspección. De esta manera, por ejemplo, su película El rostro (Ansiktet,1958) se centra en el engaño de modo que en su variado catálogo de personajes presenta a un hombre que es una dama, un don Juan que es una virgen, un mudo que habla, una bruja que vende falsos elixires, pero tiene verdadero poder para predecir el futuro o un charlatán de oficio quien realmente puede obrar prodigios.

No obstante, al tiempo que Bergman se entregaba casi de manera obsesiva a sus rodajes, también hacía lo propio con las actrices principales, a quienes atormentaba por considerarlas de su propiedad –al más puro estilo de Hitchcock-, consiguiendo que incluso algunas de ellas se convirtiesen en sus amantes, como fue el caso de Harriet Andersson o de Liv Ullman –el cineasta hindú Dheeraj Akolkar realizó un documental titulado Liv & Ingmar (2012) en el que relata la aventura de esta pareja a través de fotografías y tomas detrás de cámara-, lo cual les valió infinidad de protagónicos; pero también “castigando” a las que no se ajustaban a sus estrictos estándares y órdenes, como fue el caso de Lena Olin, quien tuvo la “osadía” de embarazarse cuando Ingmar la había contemplado para protagonizar una película, tomándose el director tan natural condición en una mujer casada como una afrenta, decepcionándose pues de la actriz, y optando esta última, a su vez, por poner una sana distancia geográfica.

Por otra parte, cabe mencionar que Ingmar Bergman tenía cierta tendencia a aumentar su descendencia y su filmografía a la par, de modo que tuvo cinco esposas –la bailarina Else Ficher, la coreógrafa Ellen Lundström, la periodista Gun Grut, la pianista Käbi Laretei y la actriz Ingrid von Rosen (conocida como Ingrid Bergman)- y diez hijos[1]Lena,Eva, Jan, Matts, Anna, Ingmar Jr., Daniel (todos ellos con el apellido Bergman) y Maria von Rosen (con la inmortal Ingrid); más la hija que tuvo con Liv, Linn Ullmann-, habiendo tenido todas ellas que lidiar con este hombre que era considerado por sus allegados como irascible, celoso y egoísta –características que por supuesto le acarreaban innumerables conflictos con los productores-.

De esta forma, el extravagante Ingmar Bergman, cuya afición por la soledad lo llevó a instalar su residencia en la isla de Fårö en el mar Báltico –en donde vivió hasta el día de su muerte-, con la llegada de la década de los 60s se convirtió en un símbolo para una juventud rebelde que veía poco menos que un caudillo en este cineasta apolítico que no se esforzaba en empalagar los oídos de nadie, provocando esta actitud –y varios chismorreos- que fuese expulsado de la Escuela Nacional de Arte Dramático; mientras que en esta misma etapa, en el ámbito creativo, tuvo cierto estancamiento, filmando La carcoma (Beröringen,1971), y rescatándose a sí mismo con Gritos y susurros (Viskningar och rop) en 1973, en la que la protagonista Harriet Andersson es una adinerada dama que recibe, tras su muerte, más cariño de su sirvienta que de su propia familia; esta película fue la apoteosis del amor al arte por parte de los actores, quienes se entusiasmaron tanto con el proyecto que ayudaron al sueco a realizar el filme contribuyendo con sus propios salarios.

Por otro lado, en 1976 tuvo que enfrentarse al tan odiado sistema cuando la hacienda pública decidió acusarlo por evasión de impuestos, apresándolo en pleno ensayo de la obra La danza de la muerte en el Real Teatro Dramático de Estocolmo. Aunque el caso no pudo sustentarse por falta de argumentos legales, el hecho sumió al cineasta en una profunda depresión que eventualmente lo internó en un hospital psiquiátrico, para después decidir que Suecia no le ofrecía ya nada y trasladándose a Munich donde permaneció hasta 1984.

La vida fílmica de Bergman termina con bombos y platillos en el ámbito televisivo, realizando para este medio las exitosas Secreto de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap,1973) y sobre todo la costosa Fanny y Alexander[2] (Fanny och Alexander,1982) –con un presupuesto de 6 millones de dólares- que le valió el Óscar –en versión corta- a la mejor película extranjera, cerrando definitivamente su actividad con Saraband (2003), tras lo cual se refugió en su hogar insular, lugar en el que falleció el 30 de julio de 2007, dejando para la posteridad un gran legado en el séptimo arte, convirtiéndose en deber –y placer- de cualquier aspirante a cineasta analizar la obra de este excéntrico y fructífero director.

 

FUENTES:

“Ingmar Bergman”. Aut. Jacques Mandelbaum. Colección Maestros del cine. Cahiers du cinema. China, 2011.

   “Ingmar Bergman: Dangerous Liaisons”. 12 de Agosto 2009. www.independent.co.uk.

   “Muere el director de cine Ingmar Bergman”. 30 de Julio 2007. www.eluniversal.com.mx

 “Ingmar Bergman: ¿Cineasta de la burguesía?”. Aut. Jordi Puigdoménech. www.publicacions.ub.edu

 “Ingmar Bergman: Los fantasmas del maestro”. Aut. Natalia Taccetta. Encuadres-Ensayos & Dossiers. http://www.grupokane.com.ar

http://www.biografiasyvidas.com

 

[1]Los hijos de Bergman tenían una poderosa vena creativa, siendo tres de ellos directores de cine, una actriz, dos directores y actores, dos escritores y tan solo uno que eligió un oficio más mundano convirtiéndose en piloto aviador.

[2]De esta se hizo una versión para cine que no satisfizo a su autor, ya que los originales 390 minutos de la película fueron reducidos a 188, lo cual fue permitido por Bergman en el afán de que esta pieza fuese conocida y apreciada en el extranjero.

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