Amor en rojo, las damas de Mao: Yang Kaihui

Yang Kaihui y sus hijos

Yang Kaihui y sus hijos

Por: Patricia Díaz Terés

Es difícil dar una definición de la lealtad, pero quizás nos acercaremos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía en presencia de una obligación no definida”.

Gilbert Keith Chesterton

Cuando observamos los retratos de los dictadores más famosos de la historia, difícil resulta empatarlos con la imagen de hombres conquistadores que volvieron locas –en algunos casos literalmente- a muchas damas, siendo uno de estos peculiares casos aquel cuya efigie cuelga orgullosa en la plaza de Tian’anmen en Beijing, Mao Zedong.

Mao era aún un joven un tanto idealista y bastante aguerrido cuando conoció a la primera mujer relevante de su vida[i], Yang Kaihui, hija de un profesor de moral que impartía su cátedra en la Universidad de Pekín en 1918 y que lo acogió en su casa.

Resulta pues que Kaihui era, cuando se encontró con Mao, una dulce muchachita de diecisiete años que había nacido en 1901 en la provincia de Hunan, quien había crecido en un hogar modesto pero lleno de las ideas del jefe de la familia Yang Changji, que siendo un estudioso de la filosofía y habiendo viajado por JapónAlemania y Gran Bretaña, inculcaba en su círculo más allegado –su hija, su hijo Yang Kaizhi y su esposa Yang Zhenxi– el amor por la sabiduría que solo un hombre culto puede tener, de modo que permitió que en su familiar santuario se leyeran a placer los clásicos de la literatura tradicional.

Cuando Mao llegó a la casa de su maestro, quedó embelesado por la inocencia de esa hermosa chiquilla que creía por entonces que su Gran Amor debía ser un galante caballero, valiente e inteligente además de apasionado, ilusiones que se contrapusieron de inmediato con el joven brusco y poco distinguido que llegó a instalarse en su hogar. Teniendo ya una gran debilidad por las féminas, Mao se dio inmediatamente a la tarea de conquistar a la damisela, quien le estampó en la cara flagrante negativa, pues ella no estaba dispuesta a conformarse con cualquier hombre, debido a que creía firmemente en una máxima que dictaba “vale más nada que lo imperfecto”.

Pero lo cierto era que el joven recién llegado no buscaba una esposa, sino una amante, pues había consultado ya a sus veintiséis años a varios amigos suyos casados, quienes le explicaban pacientemente que habían contraído matrimonio por el simple hecho de que necesitaban a alguien que se hiciera cargo de sus necesidades cotidianas, como el lavado de la ropa, la cocina y otros quehaceres domésticos, sin que Mao escuchara nunca la respuesta que esperaba: que habían decidido compartir su vida con una mujer porque la amaban.

A este respecto el estudiante y la jovencita tenían un vital punto en común: ambos buscaban el amor verdadero para emprender la aventura de la vida. Así, el muchacho decidió que no se dejaría amilanar por los constantes rechazos de Kaihui, de manera que optó por recurrir a la poesía y dándosele bien el manejo de las palabras, lo que la señorita recibía con frecuencia encendidos versos que tenían por objetivo quebrantar su resistencia. Para 1920, después de que Mao hubiese regresado a Beiging –visitaba con frecuencia la casa de la familia Yang- un fuerte golpe le fue asestado a la chica cuando su padre falleció, hecho que le hizo cambiar un poco la perspectiva, ya que en la China de aquellos tiempos era muy difícil la supervivencia para una mujer soltera, de modo que ella y Zedong se convirtieron en amantes ese mismo año.

Teniendo las instituciones educativas estrictas normas sobre la condición de sus alumnas, el hecho de que la señorita ya no pudiera “calificarse como tal”, provocó su expulsión del colegio, acontecimiento que seguramente poco le importó pues, después de dejar de lado sus fantásticas y románticas perspectivas, contrajo formal unión con su amado novio a finales de 1920. Sin embargo, oco duró la ilusión de Kaihui con respecto a su galán, pues este era demasiado aficionado a la compañía femenina, por lo que compartía la cama de varias jóvenes, siendo una de estas la prima de su mujer. Devastada, la recién casada la emprendió contra su traicionera familiar, golpeándola agresivamente, pues distaba bastante de seguir la tradición de tolerancia hacia las infidelidades conyugales, ya que ella creía firmemente –contrario a los preceptos hasta el momento vigentes- que el varón y la mujer eran iguales; a pesar de lo cual, aunque tuvo el arrebato con su prima, nunca confrontó a Mao.

De esta forma, Kaihui le dio a Mao tres hijos: Anying nacido en octubre de 1922, Anqing llegado al mundo en noviembre de 1923 y Anlong a quien alumbró en 1927, año en el que Mao, estando ya absolutamente entregado a la causa del comunismo, abandonó su hermosa casa en la provincia de Hunxan, poniéndose al frente de un ejército de trabajadores y campesinos, para pelear contra el nacionalista Chiang Kai-shek y su partido nacionalista chino el Kuomintang.

Ahora bien, para este tiempo, en China se estaban enfrentando de manera violenta los modos de pensar tradicionales y las nuevas corrientes, como la de Mao y Kaihui, en la que la “libertad”  y la “igualdad” eran defendidas… no obstante, no era lo mismo para un chino compartir su tierra o sus bienes –que eran de por sí escasos o inexistentes-, que compartir a sus mujeres con amantes masculinos –o dejarlas ir, pues ahora el divorcio sería permitido y aceptado-.

Corría el año de 1928 cuando Yang Kaihui soportó una terrible impresión cuando se enteró de que a su “libre” marido se le había olvidado mencionar que había decidido tomar una segunda esposa. Teniendo la primera esposa ideas progresistas, pero siendo en la práctica un tanto más convencional, decidió nuevamente no enfrentar a su coqueto marido, tomando la determinación de esperarlo a pesar de la deslealtad, cuya noticia corrió de boca en boca hasta que todo el pueblo –por entonces estaba instalada en Changsha, que era gobernada por el general nacionalista anticomunista Ho Chien– le tuvo gran conmiseración.

Fue así como en 1930 Mao decidió regresar a Changsha, pero no precisamente para llevar a cabo un ansiado y cálido encuentro con su familia, sino para sitiar la ciudad y pelear contra su gobierno nacionalista. Sin tomar en cuenta las consecuencias, ni mover un dedo para salvar a su esposa e hijos, el inconsciente hombre rodeó la ciudad, teniendo esto como consecuencia que se arrestara a Kaihui y a su hijo mayor Anying, quien tenía apenas ocho años. Ho Chien fue claro con la dama prisionera y le dijo que obtendría su libertad si renegaba públicamente de su marido y condenaba sus actividades. Permaneciendo leal al desleal, Kaihui se negó y fue sentenciada a muerte.

Era el 14 de noviembre de 1930 cuando Yang Kaihui, vestida con escasas ropas, restringida con pesadas cadenas y muerta de frío, fue conducida a las afueras de la ciudad, a la puerta de Liuyang, donde a los pies del cadalso descubrió aterrorizada, pero firme, la tumba destinada a todos aquellos que no tenían familia. Un solo pensamiento dominaba su mente: ¿recuperaría su marido su cuerpo o la dejaría ahí, en el olvido, para toda la eternidad? Los soldados procedieron así a quitarle los zapatos, pues no querían que el espíritu de la joven de 29 años los persiguiera hasta sus hogares. Después le cortaron la cabeza en presencia de Anying… su flamante caballero nunca acudió al rescate.

Tras la muerte de Yang Kaihui, de la cual Mao Zedong solo se enteró después de que su mujer había pasado a mejor vida, se dice que el líder exclamó: “Aunque muera cien veces, ¡jamás podré redimir la muerte de Kaihui”. Probablemente en ese instante era cierto para él, pero la realidad es que poco tardó en superar el trauma, gracias a la compañía de su otra esposa, He Zizhen, de quien hablaremos más extensamente en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“Las mujeres de los dictadores”. Aut. Diane Ducret. Ed. Aguilar. México, 2012.

   “Tang Wei: Chairman Mao’s relationships”. 13 de mayo 2011. www.telegraph.co.uk

 

[i]Mao se había casado en 1908, cuando él tenía catorce años con una muchacha de dieciocho llamada Luo Yixiu, en un matrimonio arreglado que terminó con la muerte de ella, tras lo cual el muchacho dejó su pueblo natal, Shaoshan, para estudiar.

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