Amor en rojo, las damas de Mao: He Zizhen

He Zizhen

He Zizhen

Por: Patricia Díaz Terés

El sufrimiento depende no tanto de lo que se padece cuanto de nuestra imaginación, que aumenta nuestros males”.

Fénelon 

En desgracia terminó la primera historia amorosa del dictador chino Mao Zedong, cuando su segunda esposa –pues era viudo de la mujer con quien sus padres lo habían desposado- Yang Kaihui, cayó bajo la espada de los nacionalistas chinos después de que a su marido se le ocurrió sitiar la ciudad sin poner antes a salvo a su propia familia. A pesar de que se dice que Mao sufrió realmente la muerte de la dulce Kaihui, tuvo buen reposo en aquella dama, de nombre He Zizhen, a quien había tenido a bien tomar por esposa durante el largo tiempo que dejó a su cónyuge principal.

Repitiendo en cierta medida el patrón de educación de la familia de Kaihui, Zizhen, nacida en 1909, es hija de un combatiente e intelectual comunista de buena posición económica, y traba conocimiento con Mao gracias a las visitas que él hace frecuentemente a su familia, que reside en el distrito de Yongxin. También siguiendo la rebelde cualidad de la primera compañera del futuro dictador, la linda chica de dieciocho años se manifiesta en contra de los convencionalismos a los cuales están sujetas las mujeres chinas a principios del siglo XX.

Con una tendencia hacia el hedonismo, pues la jovencita quiere gozar los placeres de la vida, Zizhen seguramente no lo ha pasado demasiado bien en la escuela misionera dirigida por misioneros finlandeses a la cual asistió; sin embargo, la llegada de la Expedición del Norte que llevaba a cabo el ejército, durante el verano de 1926, le viene como anillo al dedo, pues le permite afiliarse al partido comunista, del cual no se conforma con ser un miembro regular, sino que se destaca a tal grado que se le asigna la tarea de recibir a las tropas y realizar discursos públicos.

He Zizhen tiene tan solo diecisiete años cuando le otorgan el liderazgo del Servicio de las Mujeres, lo cual es acompañado con un cambio de imagen que la lleva a cortar su cabello y tener el honor de ser llamada camarada. Es entonces cuando Mao llega a la ciudad, encargándole Yuan Wencai -líder comunista local-, a la joven camarada que sirva de intérprete durante las entrevistas con el distinguido huésped.

De este modo, si bien Mao se enamora de la chiquilla en cuanto la ve, esta tarda un poco más en encontrarle el encanto, pues considera que el hombre, a sus treinta y cuatro años, es demasiado viejo para ella, prefiriendo al hermano menor, Zedan quien carece, sin embargo, de las dotes de liderazgo de Mao, característica que para Zizhen es fundamental en el caballero que elegirá para compartir su vida. Habiendo sido, tal vez, esta ambición un factor importante en la decisión de la mujer, Mao y Zizhen se convierten en esposos de facto, ya que con la realización tan solo de un banquete “de bodas”, se consideraron oficialmente unidos. Pronto los problemas personales comienzan a agobiar a la pareja, ya que el “alma gemela revolucionaria” de Mao pierde tres hijos, abandonando ella las actividades políticas para enfocarse en el cuidado del cuarto vástago, el único sobreviviente, Lin Min.

Corría el año de 1934 cuando, en el mes de octubre, Mao Zedong emprende la Larga Marcha[i] y su mujer, embarazada de cinco meses, se niega a quedarse atrás. Intenta caminar y montar a caballo, pero la dificultad de estas actividades hace que tenga que ser llevada en una silla con porteadores, principalmente para garantizar la seguridad del bebé. Es apenas febrero cuando las contracciones comienzan a alertar a Zizhen sobre el inminente nacimiento de su hijo, cuando se encuentra en el pueblo Arena Blanca. Con ayuda de su cuñada, da a luz a una hermosa niñita a la cual tiene que dejar encargada con una familia local, ya que debe enfrentar la dura decisión de abandonar a su hija o a su marido, a quien le es preciso continuar el camino. Así, con el corazón desgarrado y sin decirle nada a Mao, la valiente fémina se une a la marcha. Tras unos días de marcha, seguramente inquieta por haber tomado una importante decisión en solitario, le confiesa a su esposo que ha dejado a la pequeña, a lo que él, sin inmutarse, replica: “Has hecho muy bien, era lo que había que hacer”.

Una vez recuperadas todas sus capacidades físicas, Zizhen se convierte en enfermera y participa activamente en el cuidado de los heridos y enfermos. En un momento en que se vieron en grave peligro por un ataque aéreo por parte del Kuomintang[ii], la chica no duda en arrojarse sobre uno de los soldados para cubrirlo con su propio cuerpo de las explosiones. Como resultado, la metralla se incrustó dolorosamente en la espalda de la esposa de Mao, quien fue atendida de inmediato por un médico que tardó varias horas en retirar los trozos de metal. Cuando el caudillo es avisado de lo acontecido, de manera indolente se niega a visitar a su “amada”, porque se siente muy cansado, pero tiene el “delicado” gesto de enviarle a su galeno personal para que la asista, además de unos porteadores con una silla que la sacarían de aquel lugar. Pasaron tres días antes de que la herida pudiera ver a su galán, pero no pudo hablarle puesto que tenía unas esquirlas en el cráneo las cuales no habían podido ser sacadas. La mujer sufre atroces dolores, pero se va con Mao cuando este ordena continuar la marcha. La abnegada esposa del líder ha sido tan valiente como el más fiero de los soldados, pero ahora implora a gritos que la maten, las esquirlas que permanecen en su cuerpo se han convertido en instrumentos constantes de tortura.

Para octubre de 1935 ya la noticia de la terrible de Zizhen, así como de su tenacidad, ha recorrido toda China y es proclamada mártir de la revolución. Sin embargo, poco a poco, ella también ha sufrido el abandono de Mao, de modo que cuando 1937, se embaraza nuevamente, ella está renuente a su nueva condición, ya que su pequeño solo se convertirá en un vínculo con aquel hombre que ahora es un extraño para ella. La afición desmedida del revolucionario por las lindas damitas saca de quicio a su fiel compañera, de manera que, en una ocasión cuando lo sigue y lo encuentra sonriente, cenando con la atractiva Lily Wu de veintiséis años, y los periodistas americanos Edgar Snow y Agnes Smedley. Zizhen entra como una tromba a la casa, emprendiéndola a golpes con las dos mujeres. Mao sabía que la furia de su “alma gemela” era terrible, por lo que se mantiene al margen -ella le daba más miedo que todos los ejércitos nacionalistas-. No obstante, la traicionada esposa no es buena combatiente y la americana le da una paliza. Impávido, al terminar la trifulca, Mao ordena a sus guardaespaldas que ayuden a su magullada consorte a volver a su casa, pero todavía se necesitan tres hombres para contenerla, pues a pesar de los golpes, su ira se impone.

En agosto de 1937 Zizhen decide que ha sido suficiente y abandona a Mao, yéndose a Urumqi, al noroeste de China, y continuando camino hasta alcanzar la U.R.S.S.[iii], llegando a Moscú y recibiendo el tratamiento adecuado para sus heridas. El sufrimiento del alma reemplaza entonces al físico cuando, tras nacer su hijo y avisarle a Mao, no recibe siquiera una línea de su parte. La ha ignorado. Por si esto fuera poco, se entera por la prensa que su flamante marido ha encontrado a una sustituta para ella y él, con todo el cariño que le profesaba a aquella que lo había acompañado en las penurias inimaginables de la Larga Marcha, le informa: “ahora ya no somos más que dos camaradas” (!).

He Zizhen se sume así en una terrible depresión que eventualmente la lleva al manicomio, del cual sale hasta 1947 cuando Mao se acuerda de ella y la manda a traer, tan solo para internarla nuevamente en una institución psiquiátrica, en la que la pobre mujer insiste en que los médicos de Mao tratan de matarla.

Triste es la historia de esta aguerrida fémina amada, valorada y despreciada por el gran líder chino del siglo XX. Pero esta no fue la última fémina importante para Mao, y aún nos queda por tratar a la más relevante, la legendaria Madame Mao, pero de ella hablaremos en un futuro no muy lejano.

 

FUENTES:

“Las mujeres de los dictadores”. Aut. Diane Ducret. Ed. Aguilar. México, 2012.

 

[i]Entre 1934 y 1935 Mao Zedong condujo a su ejército de 200 mil hombres (aunque otras fuentes indican que fueron 130 mil) desde Kiangsi en el sudeste de China hacia las montañas del norte, en cuyo transcurso murieron aproximadamente 50 mil de sus hombres (otras fuentes hablan de 30 mil almas perdidas). http://www.elmundo.es/larevista/num193

[ii] Partido nacionalista chino liderado por Chiang Kai-shek.

[iii] Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: