Cuando el futuro nos alcance: Cine futurista II

Joaquin Phoenix en la película Her (2013)

Joaquin Phoenix en la película Her (2013)

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno”.

Arthur C. Clarke

Por lo regular, en la corriente futurista del cine de Ciencia Ficción, nos encontramos con perspectivas polarizadas sobre el papel que desempeña la tecnología en el porvenir de la raza humana. De este modo, mientras hemos hablado ya de la visión más aterradora, comenzaremos este artículo describiendo algunos filmes en donde los avances tecnológicos, si bien en algunos casos ha dominado el entorno, no ha dominado al hombre… al menos no en el sentido de Matrix o Terminator. Advertencia: los siguientes párrafos contienen spoilers.

La primera cinta que comentaremos será Ella (Her, Spike Jonze, 2013) en la que vemos una sociedad que tiene a su alcance todo tipo de gadgets que facilitan la vida a los ciudadanos-usuarios. Siendo ciudades comunes y corrientes, en las que la interacción humana es todavía cosa de todos los días, se percibe cómo el individuo tiende a sostener relaciones disfuncionales con su prójimo, y en el caso del argumento, principalmente con sus parejas. Así, el protagonista del filme es Theodore (Joaquin Phoenix), que se dedica en su trabajo a escribir cartas de diversas índoles para todas aquellas personas que o bien no tienen el tiempo, o la habilidad para manifestar sus sentimientos en “papel virtual” –el papel confeccionado con celulosa ha sido desplazado, tristemente, hace mucho tiempo-, dedicándose entonces él a ofrecer disculpas y condolencias o a realizar las más ardientes y apasionadas declaraciones de amor, por ejemplo. Este futurista y modernizado amanuense está también atribulado por una caótica ruptura con su esposa y no entiende el sentido de su vida. En esta situación, se topa de repente con el anuncio de un avanzadísimo sistema operativo que ofrece ser una compañía incomparable para todos los solitarios. Sin dudarlo Theodore adquiere el suyo y pronto se encuentra hablando ininterrumpidamente con una deliciosa voz (Scarlett Johansson) que, además de alejar su soledad, le resuelve la vida –ella hace todo, desde leerle sus e-mails hasta componerle piezas musicales-. El problema es que el aislamiento físico que vive el caballero es “erradicada” en cierto sentido por esta personalidad virtual, por lo que experimenta un terrible shock cuando “ella” le informa que lo “engaña” –pues han establecido una retorcida relación amorosa en la que la “máquina” ha descubierto sus “sentimientos” y él se ha descubierto perdidamente enamorado de algo que no existe- con otros varios cientos de miles de usuarios… Habiéndose llevado, en la película, la vivencia virtual al extremo, este guion nos hace preguntarnos qué tan lejos estaremos de experimentar algo similar, ya que actualmente, existen muchas personas que viven plenamente en la Internet, pero tienen una existencia bastante mediocre en el “mundo real”, creando continuamente incluso avatares que les permiten llevar su vida soñada, sin abandonar el retiro de su habitación, o bien llevando esta computarizada experiencia a todos lados a través de sus inseparables tablets, smartphones y laptops.

Otra película que ofrece experiencias virtuales extremas en el futuro es Total Recall (Len Wiseman, 2012) –este es un remake de la original protagonizada por Arnold Schwarzenegger y dirigida por Paul Verhoeven en 1990-, en la que un humilde trabajador de una fábrica armadora de robots, Douglas Quaid (Colin Farrell), decide eventualmente experimentar el servicio ofrecido por la empresa Rekall, que consiste en que a aquellos que no pueden tener cierto tipo de vivencias en carne propia, se les incrustan falsos recuerdos en su mente, de manera que les sea posible disfrutar de viajes, por ejemplo, sin tener que pagar o desplazarse. De este modo, Quaid decide lo que podríamos denominar como “experiencia de profesión”, eligiendo ser un espía internacional, topándose con que él realmente era un espía renegado de nombre Carl Hauser. Dejando de lado las complicaciones de la trama, en la cinta se muestra una sociedad postapocalíptica –las guerras químicas han dejado absolutamente devastada gran parte del planeta- que se sirve de la tecnología –principalmente para hacer un túnel que permite viajar en cuestión de minutos de un lado al otro del orbe-, pero que ha sido segregada en dos secciones, quedando en una de ellas los infames hogares de los libres trabajadores (la Colonia, en Australia) y en otra las grandes empresas de los poderosos (Federación Unida Británica, FUB), de forma que, mientras los primeros necesitan atravesar la Tierra todos los días para poder llegar a sus lugares de empleo, los segundos desean el control absoluto de ambos territorios. El control del todo superviviente es pues el objeto de la batalla entre los personajes de este filme, en el que el engaño y la verdad se entrecruzan en la lucha por la justicia.

División social semejante y aún más extrema se muestra en la deficiente cinta Elysium (Neil Blomkamp, 2013), en la que se muestra un mundo dividido en dos polos opuestos, la extrema pobreza –la cual el director ubicó en nuestro Distrito Federal- en donde la gente vive en condiciones absolutamente miserables, expuestos a la violencia y luchando por la supervivencia en un lugar donde el sistema de salud pública era precario en el mejor de los casos; mientras que una diminuta élite gozaba de todo tipo de lujos y ventajas en una estación espacial exclusiva (Elysium) de los súper millonarios. Con un talante bastante racista, Blomkamp expone una segregación de la humanidad, situando en la Tierra a los latinos, africanos y orientales, y en el paraíso flotante, a los caucásicos, anglo y francoparlantes. Con una historia que no vale la pena mencionar, cuyo protagonista es un trabajador de una fábrica llamado Max (Matt Damon), se muestra además una recreación del asunto migratorio que tan preocupado tiene a Estados Unidos, ya que en este argumento la gente arriesga la vida con tal de alcanzar aquel lejano Edén, no con el afán de obtener trabajo o dinero, sino de tener acceso a unas máquinas maravillosas que podían curar en segundos cualquier enfermedad que el usuario tuviera.

Por otra parte, el súper desarrollo de la humanidad es mostrado también en la película Gattaca (Andrew Niccol, 1997), en la cual vemos cómo los progresos tecnológicos son acompañados por los genéticos, de modo que se ha logrado gestar –un poco a la manera de Un mundo feliz de Aldoux Huxley– seres humanos sin defectos genéticos, constituyéndose entonces una sociedad elitista de seres perfectos –“hijos de la ciencia”- en los cuales los “hijos de Dios” –personas concebidas tradicionalmente, – eran limitados a los trabajos más humildes por su supuesta falta de capacidad tanto física como intelectual, teoría que es echada por tierra gracias al protagonista Vincent Freeman (Ethan Hawke), cuyo afán por visitar el espacio exterior –actividad reservada a la clase superior-, lo lleva a “comprar” la identidad de Jerome Eugene Morrow (Jude Law), un hijo de la ciencia quien, debido a un accidente, ha quedado confinado a una silla de ruedas. Teniéndose en todos los lugares estrictos controles para la verificación de identidad, Freeman debe fijarse en cada detalle, obteniendo de su “presta-identidad” elementos como cabellos, células epiteliales (piel), sangre y orina, mismos que el inferior necesitaba para continuar con su charada. Finalmente Vincent logra su cometido, al cual se ha sumado la conquista del corazón de la impresionante Irene Cassini (Uma Thurman), otra hija de la ciencia, acongojada porque su cuerpo no está exento de fallas, puesto que padece de una enfermedad cardiaca congénita. En esta película el cineasta Niccol trata de demostrar que realmente es la tenacidad del ser humano la que lo lleva a intentar conseguir la perfección –el “débil” Freeman había, en su niñez, salvado a su desarrollado hermanito de ahogarse ante el asombro de sus padres-, impulso que ciertamente ha llevado a la humanidad a sobrevivir durante milenios.

División de clases y dominio tecnológico hemos visto hasta ahora, pero las consecuencias del pasado irreflexivo de la humanidad también son interesantemente tratadas por las cintas futuristas, por lo que a tal tema dedicaremos la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

www.imdb.com

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