Un temible reformador: Pedro I el Grande I

Pedro I el Grande

Pedro I el Grande

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

La estrategia es el uso del encuentro para alcanzar el objetivo de la guerra. Por lo tanto, debe imprimir un propósito a toda la acción militar, propósito que debe concordar con el objetivo de la guerra.

Carl Von Clausewitz

Aquellos que pueden preciarse de haber cambiado el rumbo de toda una nación por lo regular son individuos de peculiar carácter. Pareciendo ser común una fuerte personalidad en todos aquellos que ocuparon el trono ruso forjándose un nombre memorable, aquel que podemos considerar como uno de los más importantes -si no el más importante de todos ellos-, tuvo una personalidad que logró aterrorizar a sus contemporáneos, particularmente a los extranjeros, nos referimos a Pedro Alexéievich, mejor conocido como Pedro I el Grande –fundador de San Petersburgo-.

Pedro fue el primer hijo del zar Alexis Mikhailovich (Alexis I, 1645-1676) y su segunda esposa Natalia Naryshkina –de su anterior matrimonio con Maria Miloslavskaya, fallecida en 1669, tenía trece hijos-, y nació el 30 de mayo de 1672 siendo bautizado en el monasterio del Milagro el 29 de junio del mismo año. Desde su más tierna infancia el zarévich demostró tener una viva inteligencia y una inquietud física poco usual, por lo que empezó a caminar a la escasa edad de seis meses, comenzando su educación formal a los cinco años con un tutor de nombre Nikita Zotov, un hombre letrado pero aparentemente poco dotado para la docencia.

Para cuando Pedro inició las clases con Zotov, su padre ya tenía un año de haber muerto, dejando como sucesor –después de varios conflictos- a su hijo Fiódor Alekséievich (Teodoro III, 1676-1682). Sin embargo los verdaderos problemas en la élite gobernante rusa surgieron al morir Fiódor sin descendencia. Entraron entonces en el juego tres personajes: Sofía Alexéievna e Iván Alekséievich (Iván V, 1682-1696) por un lado y Pedro por el otro. De este modo, el derecho de sucesión le correspondía a Iván, no obstante, sus capacidades tanto físicas como mentales no le permitían sentarse en el trono y ejercer debidamente el poder –estaba casi ciego, era cojo y apenas podía hablar, además de presentar deficiencias mentales-. Al mismo tiempo esta contienda se convirtió en una competencia directa entre las familias maternas de los chicos, los Miloskavsky y los Naryshkin, pues también fue nombrado zar Pedro a sus diez años, a quien, siguiendo el protocolo, el patriarca de la Iglesia ortodoxa le dijo “En el nombre del pueblo entero de fe ortodoxa, te pido que seas nuestro zar”, siendo el chico aclamado a voces en la plaza de la Catedral de Moscú.

Los Miloskavsky empezaron entonces un juego sucio, esparciendo el rumor de que Iván había sido estrangulado, lo cual provocó que se alzaran en armas los Streltsy –un cuerpo de arcabuceros de élite instituido por Iván el Terrible-, quienes en mayo de 1682 irrumpieron por la fuerza en el Kremlin, asesinando a muchos allegados y parientes de la familia Naryshkin. El 29 de mayo, para poner un poco de orden en la situación, fue nombrada regente Sofía, quien ocupó el puesto hasta 1689.

Natalia Naryshkina comenzó a temer por la vida de su hijo en la corte, por lo que decidió trasladarse a una villa en las afueras de la capital en Preobrazhénskoie, donde creció Pedro lleno de rencor contra los Streltsy –mismo que derivó en un rechazo a las tradiciones rusas, surgiendo en él a tan tierna edad un profundo deseo de modernizar su país-, al tiempo que el terror que había sufrido durante la invasión de su hogar le ocasionó un trauma que lo acompañó durante toda su vida, siendo probablemente la causa de los diversos tics nerviosos que el zar manifestó en su vida adulta.

En el campo el muchachito creció prácticamente sin tutores que lo guiasen en la educación formal, por lo que dio rienda suelta a sus aficiones, las cuales incluían gran cantidad de trabajos manuales como la forja y la talla de madera, constituyendo su principal pasión los juegos de guerra. Con una mente estratégica y brillante, el chiquillo comenzó a organizar regimientos con los niños de la localidad, a los cuales ponía a combatir. Eventualmente, para su décimo primer cumpleaños su madre le concedió permiso para utilizar armas genuinas, lo cual eventualmente provocó la muerte –aunque no en esa fecha- de veinticuatro personas, incluido su administrador el príncipe Iván Dolgoruky, y muchos heridos, sufriendo el propio zar quemaduras medianamente graves en el rostro.

Al parecer el objetivo de Pedro durante estos juegos era conformar una guardia que lo pudiese defender en caso de que se viera envuelto en otra refriega, con lo cual pretendía disminuir el riesgo tanto para él como para su familia. Por esta razón, además de los enfrentamientos en campo abierto, mandaron a construir miniaturas de algunas fortificaciones –como el de Bratislava-, en las cuales sus “maestros” le enseñaron cómo manejar –presumiblemente en ataque y defensa- un sitio. Para 1687 los niños habían crecido transformándose en jóvenes soldados. Se estructuraron entonces formalmente los regimientos Preobrazhensky –este se mantuvo hasta la Revolución Rusa de 1917- y Semyonovsky, en los cuales se encontraban trabajando activamente cuatrocientos oficiales –casi todos extranjeros- al mando del general Avtamon Golovin. Para 1690 el primer regimiento tenía ya diez compañías.

En 1689 los enemigos de Sofía difundieron el rumor de que los Streltsy habían organizado otro complot en contra de Pedro, por lo que el muchacho decidió atacar primero –aun cuando debía enfrentar a sus seiscientos hombres contra su hermana que tenía a su favor a veinte mil guardias-. Marchó entonces al monasterio de La Trinidad junto con sus regimientos, logrando salvar también a su hermanastro Iván V. La regente fue apresada y confinada en el convento Novodevichy, quedando al frente del gobierno Natalia Naryshkina apoyada por el príncipe Vasily Golitsyn, un hábil político y su no tan inteligente hermano Lev. También cercano a la nueva regente se encontró Tikhon Streshnev, de quien muchos creían que era el verdadero progenitor de Pedro, idea que se reforzó porque el muchacho se dirigía a él como “padre”, nombrándolo eventualmente ministro de Guerra en 1701.

Después de que Natalia tomase varias decisiones por cuenta propia –como el destierro de los jesuitas o la ejecución pública de Kulman el Místico en la Plaza Roja-, finalmente Pedro se sentó en el trono ruso en 1694, tras la muerte de su madre. Tenía diecisiete años.

Pero el gobierno de la Madre Rusia no parecía representar para Pedro una prioridad, por lo que en los primeros años dedicó su tiempo a su gran pasión –después de la guerra-: la navegación. Siguiendo tales inclinaciones trabajó en los astilleros de Arjánguelsk, el único puerto marítimo ruso ubicado en el mar Blanco. Poco después deseó tener una salida también al mar Negro, por lo que se enfrentó a los turcos por el puerto de Azov, mismo que consiguió en 1696, procediendo a formar una flota que inició con la construcción de la galera Principium, en cuya manufactura el zar intervino personalmente. Asimismo recibió de Holanda una fragata de cuarenta y cuatro cañones, cuya bandera le inspiró el diseño de la insignia tricolor del Imperio ruso con sus colores azul, blanco y rojo.

A este punto Pedro estaba ya convencido de la necesidad de occidentalizar su país, por lo que decidió explorar Europa por su cuenta en lo que llamó la Gran Embajada, iniciada en marzo de 1697 –convirtiéndose este hombre en el primer zar que abandonaba su patria en tiempos de paz-, y durante la cual pretendió –no siempre con éxito- viajar de incógnito bajo el nombre de Peter Mikhailov, sargento del regimiento Preobrashensky.

De este modo, el joven zar dirigió sus pasos hacia Prusia, Holanda e Inglaterra, recibiendo en esta última el apoyo del rey Guillermo III quien esperaba que, impresionando al gobernante ruso, este le permitiría restaurar los privilegios comerciales de los que había gozado antaño, de lo cual hablaremos, junto con otros grandes acontecimientos del reinado de Pedro el Grande, en la próxima entrega de esta columna.

FUENTES:

“Pedro el Grande. El modernizador de Rusia”. Aut. Pedro Rueda Ramírez. Revista Historia National Geographic no. 43. España, septiembre 2007.

 “Peter the Great”. www.rusartnet.com

“Peter the Great”. www.rmg.co.uk

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