La Abadía de Westminster: Hogar permanente de los grandes I

Abadía de Westminster (foto: Patricia Díaz)

Abadía de Westminster (foto: Patricia Díaz)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

La arquitectura es el gran libro de la humanidad”.

Victor Hugo

Existen ciertos lugares en el mundo en los cuales, al entrar, una sensación sobrecogedora atrapa al visitante cuando percibe el peso de las historias ahí contenidas. Uno de estos majestuosos emplazamientos es la Abadía de Westminster, ubicada en Londres, en el Reino Unido.

Portentoso edificio cuya magnificencia puede apreciarse en todo su esplendor desde Parliament Square, la Abadía es una construcción que alberga en sus entrañas a más de tres mil eminentes personajes de la historia británica –entre ellos diecisiete monarcas-, sin contar con todos aquellos que, sin que sus restos descansen ahí, están representados con monumentos y esculturas.

Fue en el siglo XIII, en 1245 cuando el rey Enrique III decidió comenzar a erigir lo que con los años se convertiría en una de las catedrales góticas más famosas del mundo -cuyo nombre oficial es Iglesia Colegiada de San Pedro, Westminster-, tomando como base el monasterio benedictino dedicado al rey Edgar y a san Dunstan, fundado alrededor del año 960 D.C y renovado por el rey Eduardo el Confesor en 1040 denominándose como el ministerio del oeste, para distinguirlo de la catedral de San Pablo, a la cual se conocía como ministerio del este.

A pesar del gran empeño que Eduardo el Confesor –canonizado después de que sus restos fueran exhumados tras de un año de su fallecimiento, encontrándose su cuerpo incorrupto- puso en la edificación del nuevo monasterio, el monarca no pudo ver cristalizado su sueño, ya que para el 28 de diciembre de 1065, fecha en que fue consagrada la nueva construcción, el soberano estaba demasiado enfermo para asistir a la ceremonia, muriendo poco después –5 de enero de 1066– y siendo sus restos depositados enfrente del altar mayor.

La importancia del recinto pronto se hizo evidente, teniendo ahí lugar la coronación de Guillermo I el Conquistador en la Navidad de 1066 –no se sabe a ciencia cierta si el sucesor inmediato del Confesor, Harold Godwineson, se realizó en la abadía-, después de que este conquistara el trono tras la batalla de Hastings en octubre del mismo año.

Fue el rey Enrique III, tomando en cuenta las ceremonias que solían llevarse a cabo en la abadía, quien decidió otorgarle un diseño que permitiese que tales eventos se realizaran con toda la pompa que les correspondía –se construyó la bóveda más alta de Inglaterra con 31 m, además de un “teatro” en donde los numerosos asistentes pudieran acomodarse adecuadamente-. De esta manera, la tarea fue encargada a tres maestros: Henry de Reyns, John de Gloucester y Robert de Beverley, quienes tomaron como inspiración las catedrales francesas de Reims, Amiens y Chartres. De igual forma, el monarca encargó en 1230 que se elaborara la más grande campana jamás vista para que se anunciaran con dignidad los diferentes ritos que se albergaban en la abadía. Para 1255 en las torres de la catedral eran cinco las campanas que tañían los miembros de la Brethren of the Guild of Westminster, incluyendo aquella elaborada por Richard Wimbis y que está grabada con la inscripción “Christe Audi Nos”, misma que hasta nuestros días se puede admirar en el museo de la abadía.

De esta manera, y tras ser consagrada Westminster el 13 de octubre de 1269, fue Eduardo I el primer soberano en ser coronado ahí en 1274 –que no estaba terminada, faltando la construcción del ala oeste-, mandando el estadista a construir el original Trono de Coronación o Trono de San Eduardo en 1298 -mismo que sigue empleándose en la actualidad, habiendo sido únicamente omitido en la ceremonia de coronación de María I, que eligió utilizar un trono obsequiado por el papa; mientras que María II debió ser coronada en una réplica al compartir la ceremonia con Guillermo II, cuando ambos entronizados como monarcas simultáneos en 1689, y que aparece por ejemplo en la película El discurso del rey (Tom Hooper,2010)- para contener la Piedra del Destino o piedra de Scone, que el monarca había tomado de la escocesa del mismo nombre.

Para el siglo XIV el abad Nicholas Litlyngton, gracias a las generosas donaciones del cardenal Simon Langham, pudo continuar los trabajos de construcción en la abadía, mismos que se extendieron durante los siguientes 150 años. Ahora bien, en 1222 la abadía fue declarada Papal Peculiar, es decir un templo libre de la jurisdicción del obispo de Londres y del arzobispo de Canterbury; sin embargo en 1533 fue declarada, por medio del Acta de Licencias Eclesiásticas, una Royal Peculiar –al igual que la Capilla de san Jorge en el Castillo de Windsor-, quedando totalmente bajo el dominio de la monarquía y a cargo de un Lord gran chambelán –siete años después, el 16 de enero de 1540, Enrique VIII convirtió a Westminster en una catedral que estaría a cargo de un obispo, en aquel tiempo Thomas Thirlby, un decano y doce prebendados-.

La grandiosidad de la Abadía de Westminster se vio aumentada con la adición que le hizo Enrique VII, la Lady Chapel, cuyos arquitectos probablemente fueron Robert Janyns y William Vertue, y que comenzó a ser construida en 1503 siendo consagrada el 19 de febrero de 1516 y cuyos muros albergan 91 estatuas de santos, además de que las tumbas del monarca que la inició y de su esposa Elizabeth de York –cuyas efigies fueron esculpidas por Pietro Torrigiano, un artista que presuntamente huyó hacia Inglaterra después de haber roto la nariz al famosísimo Miguel Ángel– fueron ubicadas tras el altar mayor.

Actualmente dentro de la Lady Chapel se encuentra a su vez la Royal Airforce Chapel -develada por el rey Jorge VI el 10 de julio de 1947, y construida por iniciativa de Mr. N. Viner-Brady, con la ayuda de un comité encabezado por Lord Trenchard, comisario de la RAF y Lord Dowding, quien dirigió el Mando de Caza durante la batalla-, la cual está dedicada a todos los pilotos de la RAF [1]que pelearon durante la Batalla de Inglaterra entre julio y octubre de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial. Este sitio está engalanado con un impresionante vitral diseñado por Hugh Easton, en el cual pueden apreciarse, además de las insignias de los diferentes escuadrones que participaron en la lucha, la imagen del líder de un escuadrón arrodillado ante la Virgen María y el Niño Jesús, así como otros motivos religiosos. Asimismo en este lugar puede verse el altar diseñado por A. E. Richardson, en el cual se exhiben extraordinarias esculturas del Rey Arturo y de san Jorge. Una cruz de plata y exquisitos candelabros creados por J. Seymour Lindsay completan la parte ornamental más importante del recinto.

Lugar para festejar la gloria o para sufrir dignamente las penas, la Abadía de Westminster ha albergado a lo largo de su historia tanto coronaciones como funerales de grandes personajes, teniendo cada uno de estos rituales estrictos ceremoniales. De esta manera, 38 han sido las ceremonias de coronación que han visto los muros de la abadía desde los tiempos de Guillermo el Conquistador –anteriormente se habían utilizado otros lugares como Bath, Canterbury o Winchester-, siendo la última la de Isabel II en 1953. Así, en el siglo XIII era la costumbre que el futuro rey se trasladase de la Torre de Londres a la Abadía en la víspera de la coronación, realizándose luego una procesión desde Westminster Hall, lugar al cual se retornaba después de la ceremonia para ofrecer un gran banquete. Fue Jaime II quien eliminó la procesión, mientras que el banquete y todas las ceremonias previas a que el monarca fuese coronado las erradicó Jorge IV en 1821.

Pero aún quedan por tratar muchos asuntos en torno a la hermosa Abadía de Westminster, en la cual descansan no solo los grandes monarcas, sino las grandes mentes de muchos siglos atrás, pero de todo ello hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

www.westminster-abbey.org

www.discoverbritainmag.com

http://www.pagina12.com.ar/

 

[1]Royal Air Force.

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