La Abadía de Westminster: Hogar permanente de los grandes II

Poet's Corner

Poet’s Corner

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

El objetivo último de la arquitectura es la creación de un paraíso”.

Alvar Aalto

Como testigo monumental de la historia de Inglaterra se alza impresionante la Abadía de Westminster a un lado del Palacio de Westminster, mejor conocido como las Casas del Parlamento, cuya famosa Torre Elizabeth es uno de los símbolos que identifican a todo el Reino Unido alrededor del mundo al ser comúnmente conocida como Big Ben –que en realidad es como se llama la campana que se encuentra en el interior de la torre y cuyo nombre se lo debe, probablemente, a Sir Benjamin Hall-.

De este modo la Abadía de Westminster ha albergado en sus impresionantes naves eventos que han marcado de un modo u otro la historia británica, destacando entre ellos las coronaciones de los monarcas, ceremonia que se ha modificado con el pasar de los siglos. Así, hasta la Edad Media los servicios fueron realizados en latín, mientras que Isabel I decidió hacer una mezcla de inglés y latín en 1558, siendo Jaime I en 1603 quien determinó que la liturgia debería realizarse por completo en inglés. Un pequeño ajuste a la ceremonia tuvo que hacerse en 1689 ante la eventualidad de la coronación simultánea de dos monarcas, Guillermo III y María II. Durante las dos centurias siguientes, el espectáculo opacó a la dignidad religiosa, por lo que los asistentes a la ceremonia llegaron a confundirse a tal grado que incluso comían adentro de la abadía durante el rito –coronación de Jorge III en 1761-, cual si de un simple evento social se tratase.

De igual manera, la fastuosidad del ritual ha variado de acuerdo a la personalidad del personaje entronizado, encontrándose los extremos de la más extravagante grandiosidad y la más simple austeridad, ubicándose en la primera el rey Jorge VI y la segunda su sucesor inmediato Guillermo IV, a quien incluso tuvieron que convencer para que permitiese hacer lo que se conoció como la “coronación del penique”. No fue si no hasta el siglo XIX cuando la reina Victoria retomó el significado y la proporción de la dignidad del rito de investidura, convirtiéndose en el siglo posterior las ceremonias en eventos internacionales que reunieron a gran cantidad de dignatarios de todo el orbe. Asimismo, con la aparición de la televisión, el suceso que siempre había estado vedado a los ojos de los plebeyos fue expuesto ante todo el mundo durante la última coronación que ha visto la Abadía, la de Isabel II en 1953.

Pero más allá de ser un escenario para los reales eventos, la Abadía de Westminster es también un santuario. En su interior se encuentran miles de tumbas en las cuales descansan los restos de ilustres personajes que van desde el descubridor de las cataratas Victoria, Sir David Livingstone y Sir Isaac Newton, hasta el escritor Geoffrey Chaucer, autor de Los cuentos de Canterbury.

Y así llegamos a uno de los sitios más representativos de la abadía, el Poet’s Corner o Rincón de los poetas. Para cualquier amante de la literatura, pisar la placa que ostenta el nombre de Charles Dickens, al tiempo que ve la imponente escultura que recuerda a William Shakespeare, es una experiencia sobrecogedora. Deambular por el Rincón de los poetas es como trasladarse en el tiempo o meterse entre las páginas de todos aquellos libros que esos ilustres literatos escribieron en vida, sensación que no es disminuida al tener el conocimiento de que los restos de los escritores no se encuentran, en muchas ocasiones, exactamente en el lugar donde se ha levantado su monumento, como es el caso del Bardo[1], quien permanece en Stratford-upon-Avon o de Lord Byron cuyos restos presuntamente se encuentran en la Iglesia de Santa María Magdalena en Hucknall, Nottinghamshire.

Numerosos músicos también han encontrado aquí su último lugar de descanso, entre ellos el compositor George Frederic Handel, en cuyo funeral tres mil personas abarrotaron la abadía; además de que en el Musician’s Aisle o Pasillo de los músicos están enterrados compositores como Henry Purcell, John Blow o Ralph Vaughan Williams.

Ahora bien, la Abadía de Westminster ha desempeñado otros papeles en los momentos más álgidos de la historia, como por ejemplo durante la Segunda Guerra Mundial. En esta etapa, después de que Inglaterra declarase la guerra a Alemania el 3 de septiembre de 1939, lo primero que se hizo en el sagrado recinto, como en tantos otros lugares históricos, fue resguardar sus tesoros –varios procedentes de la Lady Chapel-, muchos de los cuales fueron enviados a casas de campo como Mentmore, mientras que el Trono de Coronación fue depositado en la catedral de Gloucester[2]; una colección de efigies funerarias hechas en cera fueron escondidas en la estación del metro de Picadilly. Por su parte, el problema de las tumbas fue resuelto resguardándolas con sesenta mil bolsas de arena.

Una vez resuelto el asunto de las maravillas resguardadas, la abadía fue empleada para usos útiles en la bélica temporada. De este modo la Pyx Chamber fue usada como cuartel por la Comisión de Precauciones para Incursiones Aéreas, a la vez que un dispensario fue colocado en el museo. Pero la abadía no corrió con la misma suerte que el Castillo de Windsor –el cual fue deliberadamente evitado por la temida Luftwaffe[3]-, por lo que fue efectivamente alcanzada por algunos proyectiles, ocasionándose el mayor daño en su estructura el 11 de mayo de 1941, día en que los londinenses contemplaron horrorizados cómo llamaradas de doce metros se alzaban desde el techo de la catedral.

Por otro lado, la alegría desatada por toda Europa al terminar la Segunda Guerra el 8 de mayo de 1945 también fue contenida en la Abadía de Westminster, realizándose durante el Día de la Victoria continuos servicios que comenzaron a las nueve de la mañana y concluyeron a las diez de la noche, asistiendo en total unas veinticinco mil personas.

El folklore popular tampoco ha dejado de lado a la Abadía de Westminster, existiendo alrededor de ella toda una serie de historias y leyendas que, en su mayoría, involucran la participación de algunos espectros e incluso de santos. De esta forma, la leyenda más antigua se remonta a la víspera de la consagración de la iglesia original, día en que un pescador quien navegaba en su bote por el Támesis se encontró con un desconocido que solicitó su ayuda para cruzar el río. Siendo un buen hombre y sin tener motivos para recelar del solicitante, el barquero aceptó. Se dice que el dueño de la barca quedóse estupefacto cuando vio cómo la nueva iglesia se iluminaba con celestial brillo al momento que escuchaba el canto de los mismísimos ángeles, develándose su pasajero como san Pedro en persona, quien procedió a consagrar él mismo su propio templo con agua bendita.

Un fantasma más reciente, y al parecer constante, en la abadía es el padre Benedictus, quien flota alegremente entre los claustros entre las cinco y seis de la tarde, siendo tan amigable que incluso sostiene conversaciones con los testigos que lo toman como un monje común. Al parecer, el cortés fraile tuvo a bien entretener a un grupo de extranjeros durante veinticinco minutos por allá del 1900, antes de dejar a sus oyentes atónitos cuando atravesó la pared y desapareció.

Otro sitio que supuestamente alberga su propia aparición es la Tumba del Guerrero Desconocido, un monumento que conmemora a los soldados fallecidos durante la Primera Guerra Mundial, habiendo sido enterrado en el lugar en 1920 el cuerpo de un militar anónimo. Así, algunas personas cuentan que el alma de este valiente se materializa junto a la tumba durante unos minutos en cuanto sabe que el último turista ha abandonado el recinto.

Lugar de historia, leyenda y magia, la Abadía de Westminster ha visto pasar debajo de sus impresionantes techos lo mismo a Enrique VIII que a Kate Middleton, siendo actualmente una de las catedrales más visitadas del mundo, y cuya sola presencia constituye un motivo de orgullo para todos los súbditos de Gran Bretaña.

 

 

FUENTES:

Lord Byron, una muerte precoz”. www.nationalgeographic.com.e

www.discoverbritainmag.com

www.ghost-story.co.uk

http://www.pagina12.com.ar/

http://www.parliament.uk/

www.westminster-abbey.org

[1]Así se conoce a Shakespeare.

[2]La Piedra del Destino fue cuidadosamente ocultada en el interior de la abadía.

[3]Fuerza aérea alemana.

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