La soledad del talento: Emily Dickinson

Emily Dickinson

Emily Dickinson

Por: Patricia Díaz Terés

Jamás hallé compañera más sociable que la soledad”.

Henry David Thoreau

Rumores y leyendas se levantan comúnmente alrededor de aquellos personajes que han dejado su huella en la historia, sin importar si durante sus vidas experimentaron las más trepidantes y sórdidas aventuras, o bien tuvieron una existencia austera y discreta. Teniendo por lo regular todos los famosos escritores alguna peculiaridad dentro de su personalidad, no fue excepción la poetisa norteamericana Emily Dickinson.

En Amherst, Massachusetts decidieron instalarse en 1813 Samuel Fowler Dickinson y Lucretia Gunn Dickinson, siendo él uno de los fundadores del prestigiado Amherst College, y construyendo la pareja para tal efecto la casa que nombraron Homestead.

En esta misma ciudad su hijo, Edward Dickinson, contrajo a su vez nupcias con Emily Norcross. Tratándose de un lugar en donde el puritanismo era pan de todos los días, Edward fue formado como un hombre severo y tradicional que eventualmente se convirtió en juez de Amherst, luego en senador del estado y posteriormente llegó a representar a Massachusetts en el Congreso de Washington. Así, estando la formación de una familia dentro del esquema prioritario del abogado, la pareja tuvo tres hijos: William Austin Dickinson, Lavinia Norcross Dickinson y la escritora Emily Dickinson.

Siendo la segunda en nacer, Emily vino al mundo un 10 de diciembre de 1830, exhibiendo desde pequeña un espíritu sensible, pero también una voluntad propia y determinada. Tras haber sido educada con esmero en casa, en 1840 fue inscrita por sus progenitores en la Academia de Amherst, una escuela que había vedado la entrada a todas las féminas hasta tan solo un par de años antes. Ahí la chiquilla pudo alimentar su alma y su mente, convirtiéndose en una alumna aventajada, particularmente en cualquier materia que tuviese relación con las letras, complementándose su educación con el aprendizaje tanto del griego como del latín.

Siete años pasó la chica en aquel lugar, para después ser trasladada al Seminario para Señoritas Mary Lyon de Mount Holyoke, un lugar que centraba sus enseñanzas en la religión, y donde el padre de Emily esperaba que a su hija se le despejara la mente de sus “alocadas” ideas y regresara al camino del bien, para ser una señorita dócil y obediente que concentrase su capacidad intelectual en temas sacros. Nada más lejos del carácter de la damisela.

Fascinando a la joven disciplinas tan distintas como la botánica y la música, disfrutaba enormemente el tiempo que podía disponer en su jardín o tocando el piano, aunque su verdadera pasión era escribir poemas, cosa que hacía en cuanto pedazo de papel se cruzaba por su camino. Así, nada sentó peor a su ánimo que la restrictiva escuela para señoritas, saliendo la muchacha de la misma tras un semestre debido a que su cuerpo se rebeló y cayó enferma. Nunca regresaría a tal lugar.

Ahora bien, según las descripciones que se tienen de Emily era una dama frágil y tímida, que tenía un miedo casi patológico al contacto social; sin embargo, su determinación en otros aspectos nos hace pensar que la chica, si bien pudo haber sido introvertida, tenía un espíritu libre que la impulsaba a alejarse de las convenciones sociales. De igual manera, su marcado desarrollo intelectual fue lo que probablemente la llevó a tratar de entablar relaciones románticas con hombres mucho mayores que ella.

Ante el disgusto de su padre, su primer amor fue probablemente Benjamin F. Newton, que le llevaba diez años y para colmo de males era colega del distinguido Edward Dickinson. Viendo un peligro inminente en la amistad entre su compañero y Emily, seguramente Mr. Dickinson tomó cartas en el asunto, pues Benjamin decidió irse de la ciudad y contraer matrimonio con otra mujer, sin cesar sin embargo su contacto con la incipiente escritora, a quien la pena embargó de manera terrible cuando su amor imposible falleció a causa de la tuberculosis un par de años después de su partida, en 1853.

Para 1854 –año en que Emily viajó con su familia a Washington para apoyar la carrera política de su padre- encontró “solaz” para su alma en otro amor prohibido, el reverendo Charles Wadsworth, quien no solo le llevaba 16 años, sino que además era un hombre casado. Siguiendo el patrón de Newton, Wadsworth también optó por poner tierra de por medio y en 1861 se fue con su familia a San Francisco, perdiéndose su rastro para Emily. Siendo una mujer con una paciencia y una tozudez infinitas, logró dar de nuevo con su adorado en 1870, comenzando una relación epistolar que culminó en un encuentro diez años después, en 1880. Nuevamente, al igual que en el caso de Benjamin, Charles falleció dos años después.

Otro hombre que se vincula al corazón de Dickinson es Otis Lord, un juez –y compañero de estudios (!) de su padre- con quien se dice que sostuvo un apasionado romance cuando el hombre quedó viudo. Al parecer en este caso sí hubo intenciones de contraer matrimonio, pero por alguna razón este no se concretó, de modo que la relación entre ambos continuó hasta la muerte del varón en 1884.

De esta manera se cuenta que fueron todas estas penas las que eventualmente llevaron a Emily a recluirse en su casa y posteriormente en su cuarto solamente, rehuyendo cualquier contacto social fuera de su familia, estableciéndose entonces una afectuosa amistad entre ella y su cuñada Sue Gilbert Huntington –con quien algunas fuentes la vinculan romántica y no fraternalmente-. Para entonces la señorita ocupaba todo su tiempo en atender a su madre enferma, cocinar, cuidar su jardín y escribir poemas, los cuales se negaba terminantemente a publicar, particularmente tras una desafortunada crítica que recibió por parte del erudito Thomas W. Higginson –quien tuvo a bien rechazar también a Walt Whitman, y de quien se dice que fue amante de la Bella de Amherst[i]-, quien le comentó que consideraba su poesía como imperfecta aunque atrayente. Esto bastó para minar las ilusiones de la escritora, quien decidió que no publicaría ninguno de sus escritos –únicamente lograron salir a la luz cinco poemas, dos de ellos probablemente sin conocimiento o conocimiento de su autora, y existe la hipótesis de que la negativa a imprimir se debió principalmente al respeto absoluto que sentía por su padre, a quien una publicación por parte de su hija hubiese ofendido gravemente-.

Tras la muerte de Wadsworth, Emily recibió otro duro golpe cuando su sobrino Gilbert, de tan solo 8 años, murió a causa del tifus. Esta pena, sumada a una inactividad constante provocaron un daño en los riñones de la dama quien cayó víctima del mal de Bright. Siendo larga y penosa su agonía, misma que se veía agravada por momentos debido a la preocupación que le ocasionaba el que su hermano le fuera infiel a Sue con una señora de nombre Mabel Loomis Todd, la solitaria dama comenzó a perder la vista y pronto no pudo salir de su cama. Teniendo mucho “tiempo libre”, se dio a la tarea de planear su propio funeral, instruyendo a la pequeña Vinnie[ii] para que la vistiesen de blanco –costumbre que había adquirido años atrás-, le colocaran un ramo de lilas sobre el pecho, la enterrasen en un ataúd blanco y, sobre todo, que nadie la viera –su caja fue sacada de la casa por la puerta trasera y sus restos fueron depositados en una tumba cuyo epitafio reza “Called back”-.

Y así, tras la muerte de la reservada escritora el 15 de mayo de 1886, su hermana Lavinia encontró en la habitación de Emily dos mil poemas –la cantidad varía de acuerdo a la fuente de referencia- que se hallaban preparados en una suerte de fascículos (4) elaborados por la propia autora, como si hubiese pretendido publicarlos en algún momento. Desde que realizó el descubrimiento, Vinnie hizo todo lo posible por que la magnífica obra de Dickinson viese la luz, encontrando innumerables trabas. En tal proceso se inmiscuyó también Mabel Todd, quien junto con Thomas Higginson editó el primer volumen de poesías escritas por la Poeta Reclusa, sin siquiera mencionar el nombre de Lavinia.

Otros dos volúmenes de poesía y algunos de cartas fueron publicados con posterioridad, quedando el nombre de Emily Dickinson grabado a fuego en la historia de la literatura universal, recordándola el gran Jorge Luis Borges con las siguientes palabras: “No hay que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo”.

 

FUENTES:

“Cartas de Emily Dickinson”. Aut. María Aixa Sanz. www.margencero.com

“Emily Dickinson: el hoy hace que el ayer signifique”. Cultura Colectiva. 15 de mayo 2014.

“La loca de Amherst”. Aut. Paola Kaufmann. www.lamaquinadeltiempo.com

“Emily Dickinson”. Julio 2009. http://vidasfamosas.com

“La poetisa recluida, Emily Dickinson”. 5 de mayo 2014. www.mujeresenlahistoria.com

“The Homestead”. www.coveacultural.com

 

[i]Emily Dickinson ha sido conocida también como la Bella de Amherst, la Mujer de Blanco, la Poeta Reclusa y la Monja de Amherst.

[ii]Lavinia Dickinson.

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