Un rudo y tenaz talento apasionado: Humphrey Bogart I

Humphrey Bogart

Humphrey Bogart

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”.

Francisco Umbral 

Interpretando al dueño de un famoso café en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial, a un detective privado en el bajo mundo de San Francisco o al capitán de un barco de vapor en las selvas africanas, Humphrey Bogart fue un actor que trascendió a sus propios filmes convirtiéndose en todo un ícono del séptimo arte.

Pero la historia de Bogart, que nació el día de Navidad de 1899 en la Gran Manzana[i] –aunque también se ha mencionado el 23 de diciembre como su fecha de nacimiento-, no es la del humilde muchachito trabajador ascendiendo por la vida esforzándose cada día. Por el contrario, Bogart nació en un ambiente de privilegios, en la clase alta neoyorquina, siendo su padre un notable cirujano egresado de Yale que sin embargo era adicto al alcohol y la morfina; mientras su madre era una exitosa ilustradora de revistas que también tenía una marcada afición por la copa. De este modo, el chico vivía en un ambiente acomodado pero violento, ya que era testigo frecuente de las constantes peleas de sus embriagados padres.

Para educar a su hijo, el matrimonio Bogart decidió inscribirlo en la Trinity School, ubicada en la 91st Street, a unas cuantas calles de su domicilio ubicado en el 245 West, 103 Street. Posteriormente, durante su adolescencia fue enviado a la prestigiada Phillips Academy en Massachusetts, donde debía prepararse para poder emular la carrera de su progenitor. No obstante, Humphrey no era un muchacho disciplinado, por lo que fue expulsado de la escuela.

Sin otro proyecto de vida, se enroló en la marina de los Estados Unidos para pelear en la Primera Guerra Mundial, embarcándose así en el USS Leviathan, mismo que fue alcanzado por un torpedo en 1918. Se dice que durante este ataque, fue una esquirla la que le rasgó la boca que le dejara la cicatriz que se convertiría en uno de sus sellos durante su carrera actoral –otras versiones mencionan que tal herida fue ocasionada por una pelea que tuvo con un compañero al que llevaba como prisionero a las celdas del barco-.

Al terminar la guerra el joven Bogart decidió que su vocación estaba en las tablas, por lo que en la siguiente década probó suerte en el teatro. Su fisonomía y educación lo encasillaron en el papel del galancete millonario que acostumbraba aparecer en escena para decir “¿alguien apetece jugar tenis?”, resultando este rol ornamental absolutamente insatisfactorio para el incipiente actor.

En 1927 el sonido alcanzó al cine cuando se estrenó El cantor de jazz (The Jazz Singer, Alan Crosland), y esto hizo que Humphrey decidiese irse a Los Ángeles a probar suerte en Hollywood, donde ciertamente consiguió trabajo, pero nuevamente fue relegado a papeles secundarios que no le agradaron. Volvió al teatro. En 1935 tuvo un golpe de suerte al formar parte de la producción dirigida por Robert Sherwood, en la que representó al asesino Duke Mantee en la obra The Petrified Forest, como antagonista de Leslie Howard –mejor conocido por su papel de Ashley Wilkes en Lo que el viento se llevó (Gone With The Wind, Victor Fleming, 1939).

Por aquel entonces los estudios Warner compraron los derechos de la obra, teniendo entonces Bogart la oportunidad de filmar con Howard y con Bette Davis, bajo la dirección de Archie Mayo, estrenándose la película homónima de la obra teatral en 1936. Después de esta incursión en el séptimo arte, comenzó a interpretar convincentemente a los villanos del hampa, como Bugs Fenner en Balas o votos (Bullets or Ballots, William Keighley, 1936) donde compartió créditos con Edward G. Robinson y Joan Blondell; repitiendo la dupla con Robinson en Kid Galahad (Michael Curtiz, 1937) en la que interpretó a Turkey Morgan, nuevamente al lado de Bette Davis.

El gran cineasta William Wyler también fue testigo de la carrera de la estrella en ciernes, al dirigir a Bogart en Calle sin salida (Dead End, William Wyler, 1937), encarnando nuevamente a un gánster, esta vez  Baby Face Martin. Así continuó filmando incansablemente hasta que tuvo un impulso importante en su carrera gracias a El último refugio (High Sierra, Raoul Walsh, 1941), en la que personificó a Roy Earle junto a Ida Lupino. De esta manera resulta que 1941 y 1942 se convirtieron en dos de los años más importantes de su quehacer artístico, trabajando primero en El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) en la que interpretó de manera magistral al rudo detective privado creado por el escritor Raymond Chandler, Sam Spade, compartiendo pantalla con Mary Astor; y consiguiendo al año siguiente, nuevamente con Michael Curtiz, el papel que lo instalaría como una leyenda de la pantalla de plata: el misterioso exiliado americano Rick Blaine en la película Casablanca.

Este rodaje fue en muchos sentidos, sui generis. En primer lugar, los productores no tenían demasiadas expectativas con respecto a la cinta, de manera que no tenían una producción sólida, comenzando a filmar incluso sin un guion completo –se iba escribiendo, reescribiendo y modificando cada día-, mismo que se basaba en una obra de teatro censurada –por lo que nunca pudo ser representada- y escrita por Murray Brunett, un profesor que había viajado por Europa con su esposa en 1938, llegando a la Austria ocupada por los nazis y quedando impresionado por la estructura del gobierno dictatorial que ahí encontró. La pareja se dirigió entonces a Francia, visitando Niza, sitio en el que al entrar a un café escucharon la ahora famosa canción As Times Goes By, que era interpretada por un pianista de color.

Casablanca se trataba de una película que tenía la intención de convencer al pueblo norteamericano de la necesidad de que su país interviniese en la Segunda Guerra Mundial –como efectivamente sucedió tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941-, en una etapa en la que el avance de las tropas germanas parecía imparable habiéndose ya ocupado Francia, obligando esta situación a que miles de refugiados emprendieran la huida a través de la ciudad marroquí de Casablanca para posteriormente alcanzar un pasaje hacia Lisboa desde donde partirían hacia la libertad en el continente americano, tal como se refleja en la película.

Para los productores no hubo duda acerca de la contratación de Ingrid Bergman para el papel de Ilsa Lund; sin embargo, la elección de Bogart para Rick Blaine no fue tan obvia, siendo el actor sugerido por Curtiz. Esta propuesta no fue bien acogida por los estudios al principio, llegando un productor a preguntar que quién se atrevería a besar a Humphrey, declarando Bergman que ella lo haría sin problema. No cabe duda de que la elección fue certera, pues la química de ambos en la pantalla es evidente, lo cual bien pudo haber sido facilitado por las relaciones que había tenido Ingrid con dos hombres parecidos al ficticio Rick, el director de cine Roberto Rossellini y el fotógrafo húngaro Robert Capa, caballeros aventureros y desapegados.

Ocupada por los alemanes, Marruecos no era una opción para realizar el rodaje, por lo que tuvieron que montar todos los sets en los estudios Warner. Difícil situación tuvo entonces Curtiz entre manos al ser casi todo su reparto de origen europeo, habiendo muchos de ellos huido del conflicto bélico que aquejaba al Viejo Continente. De este modo, al pronunciarse la palabra “corte” muchos de los participantes estallaban en llanto al recordar a sus familias y sus propias vidas, siendo la cuestión particularmente delicada para los alemanes que debían interpretar a los soldados nazis.

Un factor más vino a afectar la filmación de la legendaria Casablanca, la constante presencia en los estudios de la esposa neurótica de Bogart, Mayo Methot, pero de ella, de Lauren Bacall y otras películas del gran Humphrey Bogart hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“El Cine”. Editora Núria Lucena Cayuela. Ed. Larousse. Barcelona, 2002.

“Casablanca”. Serie Luces de la Ciudad. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma, suplemento El Ángel. 13 de marzo 2011.

 “Tough Without a Gun: The Extraordinary Life of Humphrey Bogart by Stefan Kanfer”. Aut. Philip French. The Observer. 13 de febrero 2011.

“You Must Remember This; A Sign Is Not Just a Sign”. Aut. Manny Fernandez. 25 de junio 2006. www.nytimes.com

  1. biografiasyvidas.com
  2. tcm.com

[i] Nueva York.

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