Un rudo y tenaz talento apasionado: Humphrey Bogart II

Humphrey Bogart y Lauren Bacall

Humphrey Bogart y Lauren Bacall

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Ser profundamente querido por alguien te da fortaleza, y querer profundamente a alguien te da valor”.

Lao-tsé

Míticos personajes cinematográficos llegó a encarnar en su carrera el gran actor Humphrey Bogart, entre los cuales tal vez haya sido el de Rick Blaine de la película Casablanca, el que lo grabó a fuego en los anales del séptimo arte.

Como hemos ya mencionado, la filmación de esta película de Michael Curtiz estuvo plagada de peculiaridades y situaciones complicadas, contribuyendo algunas coincidencias a permitir la presencia de algunos de los elementos que, con el tiempo, hicieron de esta cinta una película que puede llamarse en toda la extensión de la palabra: clásica. A este respecto, cabría destacar que al autor de la música de la película, Max Steiner, no le convencía demasiado la utilización del tema As Time Goes By, el cual, irónicamente, hoy en día es imposible escuchar sin que nos remita a aquel salón del Café Americain en el que el bonachón pianista Sam (Dooley Wilson) interpreta la melodía a capricho de la bella Ilsa Lund (Ingrid Bergman) provocando violenta reacción en el dueño del lugar, Rick (Humphrey Bogart).

Ahora bien, la caótica vida personal de Humphrey Bogart vino a aumentar un problema más al ya de por sí intrincado rodaje, por lo que Curtiz tenía que soportar la constante presencia en el set de la neurótica esposa de Bogart, Mayo Methot. La dama en cuestión solía por aquel entonces beber en demasía –lo cual a su vez provocaba que Humphrey también inclinase el codo con singular alegría-, desatándose terribles y violentas escenas –no siempre a puertas cerradas, teniendo a veces como escenario lujosos restaurantes o centros nocturnos- entre la pareja al calor de los humores etílicos, durante las cuales, cabe destacar, acostumbraban –al menos ella- lanzar por el aire cuanto objeto llegase a sus manos con el fin de atinar a la cabeza de su flamante cónyuge, llegándose a designar a los esposos como los Battling Bogarts.

De este modo, la celosísima Mayo se apersonaba en el estudio para “supervisar” las escenas de amor entre su esposo e Ingrid Bergman, ya que a su parecer las tomas eran, al gusto de la señora, demasiado reales como para ser meramente actuación. A tal grado llegó la psicosis de Methot que no permitió a Bogart que viese la película. Por supuesto, en este caso, Mrs. Bogart no tenía nada que temer de la entonces esposa de Petter Lindström.

Pero Bogey, a pesar de su desastroso matrimonio, tenía una carrera que iba viento en popa, de manera que aceptó el papel que le ofreció el director Howard Hawks en la película Tener o no tener (To Have and Have Not), en el que nuevamente interpretaría a un tipo rudo, sin imaginar que sería precisamente esta filmación la que cambiaría su vida al compartir créditos con una novata y hermosísima muchachita de diecinueve años llamada Lauren Bacall –cuyo verdadero nombre era Betty Bacal-.

La jovencita era impresionante y tenía una atractiva personalidad, pero tanto el director como sus compañeros debieron hacer acopio de un poco de paciencia porque la chica era tímida hasta el extremo de sufrir pánico escénico, de manera que una sencilla escena necesitaba varios intentos antes de completarse. Ante esta situación, Bogart tomó el control y decidió tener una actitud ligera, de modo que solía bromear –algo que podría considerarse como extraordinario en alguien cuya fama general era de ser un hombre antisocial y agresivo- para que Lauren se calmase, método que funcionó a la perfección.

El trabajo del texto requería que los actores convivieran muchas horas, tiempo en el que poco a poco se creó un vínculo especial entre Bogart y Bacall, a quien sus espectaculares ojos le ganaron el apodo de La Mirada. Tres semanas solamente le tomó a Humphrey animarse a lanzar el anzuelo a la señorita, por lo que una noche en la que ella estaba tranquilamente cepillando su cabello en su camerino, escuchó que alguien tocaba a la puerta, pasando por el umbral nada más y nada menos que su coestrella, quien llegó para darle las buenas noches, aprovechando la ocasión para besarla. A partir de entonces no eran nada extrañas –para horror de Mrs. Bacal, la madre de Lauren, pues consideraba que la incipiente carrera de su hija no necesitaba un escándalo amoroso que involucrara a un hombre casado- las llamadas del nuevo pretendiente a la no particularmente refinada hora de las tres de la mañana.

La relación entre Bogart y Bacall se afianzó hasta alcanzar los niveles de un amor apasionado digno de una novela romántica, del cual Mayo era testigo impotente. Así, un año después de terminar el rodaje de Tener o no tener, Humphrey se divorció de su mujer y once días después hizo de Lauren la nueva Mrs. Bogart (1945), conociéndoseles en el medio como Bogey y Betty, una de las parejas más populares y queridas del Hollywood de la mitad del siglo XX, puesto que al parecer la joven actriz hacía relucir en su compañero sus mejores cualidades entre las cuales estaba una extraordinaria ternura –también se le calificó como un hombre muy honesto-.

Teniendo en común mucho más que los intereses románticos, la pareja engendró dos hijos –Stephen (1948) y Leslie (1952), además de realizar algunos filmes juntos: El sueño eterno (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946), La senda tenebrosa (Dark Passage, Delmer Daves, 1947) y Cayo largo (Key Largo, John Huston, 1948). De igual manera se involucraron activamente para luchar en contra del senador Mc Carthy, quien para entonces había ya emprendido su famosa “cacería de brujas” en la que persiguió a cuanto comunista –real o imaginario- veía en Hollywood.

De este modo Bogart continuó filmando una película tras otra, interpretando ahora todo tipo de personajes como Fred C. Dobbs en El tesoro de Sierra Madre (Sierra Madre, John Huston, 1948), llegando incluso a participar en comedias románticas como Sabrina (Billy Wilder, 1954), al lado de Audrey Hepburn y William Holden, quienes no mostraron mucho aprecio por su cinematográfico colaborador, ya que se dice que constantemente estaba ebrio.

Pero la coronación definitiva de la carrera de Bogey –quien fundó su propia compañía cinematográfica, Santana Picture Corps, (en honor a su velero)- vino de la mano de John Huston –aunque hay quien dice que su intervención en En un lugar solitario (In a Lonely Place, 1950) de Nicholas Ray fue aún mejor- y Katherine Hepburn con quienes filmó La reina de África (The African Queen, 1951), basada en la novela de C.S. Forester, en la que encarnó al huraño y borracho capitán de un barco de vapor, Charlie Allnut que traslada por las inhóspitas selvas africanas a una remilgada misionera de nombre Rose Sayer, que pretende hundir un barco de guerra alemán después de que tal ejército destruyera la misión en la que trabajaba su difunto hermano. Este rodaje, si bien le valió a Humphrey su único Óscar, también debió significar para él una auténtica pesadilla, ya que, siendo partidario del realismo en sus cintas, Huston trasladó la producción al Congo Belga, lo cual iba en contra de todas y cada una de las convicciones de Bogart, quien odiaba categóricamente las locaciones, optando entonces el actor, junto con el cineasta, por curar las penas con el alcohol, alegando los caballeros que bebían para evitar contagiarse de disentería, aprovechando las borracheras para jugar pesadas bromas a una escandalizada Katherine.

Excitante y turbulenta fue así la vida del que fue nombrado como la estrella masculina Número Uno de todos los tiempos en 1999 por el American Film Institute, una estrella que se extinguió un 14 de enero de 1957 a causa del cáncer, provocando un gran vacío no solo en el corazón de Lauren Bacall –quien diría “la razón de mi vida fue Bogey. ¿No era yo nadie por mí misma?”-, sino también en la pantalla de plata, en donde dejó no solo memorables actuaciones, sino también estereotipos cinematográficos que siguen siendo emulados y homenajeados por muchos actores contemporáneos que admiran el trabajo del legendario Humphrey Bogart. 

FUENTES:

“El Cine”. Editora Núria Lucena Cayuela. Ed. Larousse. Barcelona, 2002.

“Casablanca”. Serie Luces de la Ciudad. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma, suplemento El Ángel. 13 de marzo 2011.

“Here’s Looking at You, Dad: Memories”. Aut. Peter M. Nichols. 5 de enero 1997. www.nytimes.com

“Riding the Rapids with Hepburn, Bogart and Huston”. Aut. Dave Kehr. 19 de marzo 2010. www.nytimes.com

 “Tough Without a Gun: The Extraordinary Life of Humphrey Bogart by Stefan Kanfer”. Aut. Philip French. The Observer. 13 de febrero 2011.

nytimes.com

biografiasyvidas.com

tcm.com

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