Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V.

The Cigarette Smoking Man (William B. Davis)

The Cigarette Smoking Man (William B. Davis)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”.

Victor Hugo

Hasta hace algún tiempo, resultaba sumamente fácil detectar en las series televisivas el tipo de personaje al cual nos enfrentábamos: estaban los buenos y los malos, llevándonos el propio guion a favorecer con nuestra buena voluntad a los protagonistas antes que a los antagonistas. Sin embargo todo esto ha cambiado. Actualmente, en la pantalla chica, y cada vez con mayor frecuencia, son los personajes “malos” hacia los que hábiles guionistas inclinan nuestras simpatías.

En la presente serie de artículos haremos una revisión sobre algunos villanos de la televisión, sus motivaciones, orígenes, similitudes y diferencias. Advierto, como siempre en este tipo de escritos, que la selección de las series de televisión ha sido totalmente arbitraria, a la vez que me permito anunciar que en el texto se encontrarán diversos spoilers de las siguientes series (entre paréntesis se encontrará el número de temporadas que serán abarcadas de cada uno de los programas tratados): The Walking Dead (4), Downton Abbey (4), Breaking Bad (6), Game of Thrones (4), The Borgias (3), Once Upon a Time (2), The X-Files (9), House of Cards (2), Sherlock (3), Smallville (9), Stargate Atlantis (5).

De esta manera, veremos cómo atrás han quedado aquellos esquemas en los que los buenos eran incapaces de transgredir las leyes –naturales o establecidas por un canon social- y mucho menos de cometer crímenes como el asesinato, el robo, etc., teniéndose actualmente héroes que, de acuerdo con su propia historia y contexto, son capaces de “flexibilizar” las normas, pero siempre con un objetivo que a fin de cuentas repercutirá, al menos, en el bien común –o no tan común-. Por otra parte, cabe mencionar que dejaremos de lado las series policiacas como CSI, Castle, Law & Order y otras muchas, en las que generalmente los buenos pertenecen a las fuerzas de policía o similares, mientras que los malos son casi invariablemente criminales; de igual forma se dejarán fuera aquellas series en donde este esquema de bondad y maldad simplemente no aplica, por lo que los géneros comedia y juvenil han sido obviados.

Comenzaremos pues con un programa de ciencia ficción en donde el bien y el mal están perfectamente definidos, X-Files (Los Expedientes Secretos X, 1993-2002), programa que tuvo su auge en los noventas –terminó en 2002, estrenándose su segunda película, I Want to Believe, en 2008- y que invadió las pantallas con un sinfín de teorías conspiratorias. En este argumento, los buenos eran los detectives del FBI Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), quienes se dedicaban a investigar exclusivamente casos de naturaleza paranormal, siendo el eje conductor de la serie la existencia y próxima invasión de los extraterrestres. En este caso, los villanos –los cuales a veces parecen omnipresentes y omnipotentes en su malévolo afán- estaban empeñados en ocultar a toda costa y a cualquier precio “la verdad”, siendo el máximo maloso un misterioso hombre conocido en las primeras temporadas como The Cigarette Smoking Man (William B. Davis), cuyo nombre es CGB Spender, quien al parecer ocupa todo su tiempo en entorpecer la labor del crédulo Mulder y la escéptica Scully, quienes a su vez se empeñan en descubrir la realidad sobre la existencia de vida fuera de nuestro planeta. Al mismo tiempo encontramos en la serie algunos personajes ambiguos, coconspiradores de Spender, a quienes eventualmente su conciencia les indica que ocultar una inminente invasión extraterrestre a la Tierra no es el proceder más adecuado para el completo de la raza humana, y por lo tanto tratan de ayudar a la pareja de detectives dándoles algunas pistas. En este sentido encontramos a Mr. X (Steven Williams), Deep Throat (Jerry Hardin) o The Well Manicured Man (John Neville), los cuales por supuesto terminan siendo asesinados como castigo por su traición. Por último, en la línea entre unos y otros se balancea el personaje de Walter Skinner (Mitch Pileggi), el director adjunto del FBI y jefe de Mulder y Scully. Este hombre se ubica entre su amistad y su conciencia que le dictan manifestarse en favor de sus subordinados, y el yugo burocrático-político impuesto por Spender, quien lo utiliza de manera descarada e inmisericorde como arma en contra de la pareja de detectives.

Vemos pues cómo, al final, en el universo de los Expedientes X triunfan la honestidad y la tenacidad de Mulder–quien sin embargo desaparece durante las últimas temporadas para reaparecer en los capítulos finales de la serie- y Scully, frente al taimado fumador, desembocando la serie en un final bastante estrambótico y un tanto confuso -pero en resumidas cuentas satisfactorio- en el cual la humanidad queda más o menos a salvo.

Otra serie regida por este sencillo esquema, donde es clara la división de los buenos y los malos, es Stargate Atlantis (2004-2009). Aquí el asunto es muy simple, los buenos son los humanos, particularmente el equipo de investigadores y aliados asentados en la mítica y tecnológica ciudad de Atlantis –equipo comandado por un coronel de nombre John Sheppard (Joe Flannigan) y sus compañeros inseparables Teyla (Rachel Lutrell), Ronon (Jason Momoa) y McKay (David Hewlett), principalmente-, base desde la cual estos hombres y mujeres luchan incansablemente contra una especie extraterrestre conocida como los Wraith (espectros), criaturas monstruosas que absorben la energía del cuerpo humano para alimentarse, importándoles muy poco si en el proceso acaban con los homo sapiens –particularmente con los que no residen en el planeta Tierra, siendo este último un ansiado objetivo-. Aun cuando en la serie podemos ver algunos humanos perversos, que suelen atacar a los de su misma especie normalmente por ambición, la trama principal plantea a la maldad unida a los espectros, seres desarrollados y organizados en una sociedad de “colmenas” –como los insectos- dominadas por una reina, es decir, con un esquema jerárquico rígido donde una manda y el resto obedece sin cuestionamientos, con la finalidad de sobrevivir, que no de dominar, aparentemente.

El problema con esta serie fue que los guionistas, productores y directores no lograron finalizarla adecuadamente, siendo la quinta temporada una franca afrenta a la inteligencia del espectador –incluso visualmente, ya que de haber manejado en las cuatro primeras temporadas unos recursos adecuados, la quinta temporada parece sacada de los peores capítulos de la serie infantil Power Rangers-, en la que a ojos vistas los realizadores conocían ya la inminencia de la cesión de recursos, por lo que los guionistas también perdieron el rumbo, haciendo a los personajes, que venían siendo congruentes, convincentes e inteligentes, unos verdaderos inútiles –a la vez que la trama se hizo ambigua y absurda-, forzando al final un “regreso” de toda Atlantis –cabe destacar que en la serie se trata de una ciudad que puede transportarse tranquilamente a través del espacio al tratarse, a la vez, de una nave espacial- a la Tierra, “venciendo” de manera abrupta, milagrosa e increíble –por no ser creíble incluso dentro de los parámetros de la ciencia ficción, no por buena- a los temibles espectros. A final de cuentas, “gana” el bien.

Hasta este momento hemos hablado de la ciencia ficción, un terreno en el que resulta bastante sencillo plantear una estructura más o menos maniquea[1] con posturas definidas, y dentro de la cual es posible detectar plenamente a los protagonistas y destacar sus diferencias de los antagonistas. Con el paso de los años, y en otros géneros, estas líneas divisorias van difuminándose hasta francamente desaparecer, como veremos en la siguiente entrega de esta columna.

FUENTES:

www.imdb.com

[1] Se dice de quien sigue las doctrinas de Manes, pensador persa del siglo III, que admitía dos principios creadores, uno para el bien y otro para el mal (DRAE).

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