Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V. IV

De izq. a der. Carol, Lizzie, Ned Stark, Gregor Clegane, Sandor Clegane, Oberyn Martell, Theon Greyjoy

De izq. a der. Carol, Lizzie, Ned Stark, Gregor Clegane, Sandor Clegane, Oberyn Martell, Theon Greyjoy

Parte IV

Por: Patricia Díaz Terés

La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”.

Joseph Conrad

Poco a poco en esta serie de artículos hemos visto cómo el lado oscuro ha tomado una gran fuerza en los personajes televisivos, haciéndose cada vez más difícil diferenciar a los protagonistas de los antagonistas. De este modo, en The Walking Dead, algunos de los personajes han transgredido intencional y conscientemente las normas de la ética que les permiten permanecer del lado del bien, como es el caso de Carol Peletier (Melissa McBride), quien en un intento por salvar a sus compañeros cuando una extraña enfermedad comienza a extenderse en la prisión que habitan, opta por eliminar a los enfermos –aún vivos- antes de que otra cosa suceda. El resultado es que la infección de cualquier manera se expande, convirtiéndose ella en una asesina a sangre fría que es desterrada por Rick (Andrew Lincoln) que no puede tolerar la acción de su compañera, a la vez que intenta salvarla de la ira de Tyreese (Chad L. Coleman), quien había iniciado una relación romántica con Karen (Melissa Ponzio), una de las personas aniquiladas.

También relacionadas con Carol aparecen las hermanas Lizzie (Brighton Sharbino) y Mika (Kyla Kenedy) Samuels. Presentándose al principio como un par de niñas normales, la primera va mostrando poco a poco un muy insano y equívoco convencimiento de que los walkers son personas –que no cadáveres ambulantes- que pueden regresar a su estado original, o bien que se trata de seres con sentimientos y pensamientos. Todos los que la rodean tratan hasta el cansancio de convencer a la chiquilla de que está en un error, pero esta hace todo tipo de retorcidos experimentos con animales con el afán de probar su teoría, hasta que finalmente mata a su hermanita ante el horror de Carol, quien sin querer había fortalecido el lado sociópata de su pequeña pupila al proponerse hacerla fuerte en el violento mundo postapocalíptico en el que tienen que sobrevivir.

Al final Carol no puede ser vista por el espectador como una completa villana –aunque despierte en nosotros un disgusto por el asesinato, no es posible condenarla como al resto de los “malos” declarados de la serie como el Gobernador-, al tiempo que las violentísimas acciones de Rick en la cuarta temporada, cuando la emprende a mordidas –y matándolos eventualmente- contra un grupo de locos sujetos que quieren hacerles daño a él, a su hijo Carl (Chandler Riggs), y a sus amigos Michonne (Danai Gurira) y Daryl (Norman Reedus), nos parecen normales en un héroe que ha tenido que sobrevivir a los zombis, al Gobernador, a la muerte de su esposa y a la constante pérdida de gente bajo su cuidado.

A continuación entraremos en el éticamente confuso y apasionante mundo de Game of Thrones. En el mundo creado por el escritor George R.R. Martin, y llevado a la pantalla chica por la cadena HBO bajo la pluma –principalmente- de los guionistas David Benioff y D.B. Weiss, al parecer la virtud –particularmente el honor- la única recompensa que tiene es la tumba. En un ambiente en el que la mentira, el asesinato, el engaño, el robo y la traición son pan de todos los días, los personajes buenos se las ven en figurillas para permanecer como tales, sin que hasta ahora, con cuatro temporadas, ninguno ha salido avante.

Poniente y las tierras más allá del Mar Angosto, contienen todo un catálogo de villanos espectaculares, y también de protagonistas que pueden considerarse como buenos, pero que en algún momento han tomado decisiones, digamos, no convencionales para los héroes televisivos comunes y corrientes. De este modo, el único personaje que no accedió a torcer sus principios en pro de la supervivencia fue el grandioso Eddard “Ned” Stark (Sean Bean), quien acabó siendo decapitado por haber querido salvar la vida de la traicionera Cercei Lannister (Lena Headey).

Pero vayamos en orden –al menos hasta donde el intrincadísimo nudo de personajes de Martin lo permite-. Los personajes en el universo de Game of Thrones se dividen en familias –representadas con algún animal o figura-, siendo algunas de ellas más importantes que el resto, destacándose así los honorables Stark (lobos), los ambiciosos Lannister (leones), los aguerridos Baratheon (ciervos) y los poderosos Targaryen (dragones), los cuales son circundados por otras casas menos destacadas como; Tully (truchas), Tyrell (rosas), Martell (soles), Greyjoy (krakens), Mormont (osos) y Arryn (halcones), entre otros muchos.

Y aquí nos encontramos con un problema: ¿cómo dividir a los innumerables villanos que aparecen en la serie? Intentaremos hacerlo por “categoría de pecado”, por llamarlo de alguna manera, y empezaremos con lo más sencillo, los simples asesinos. En este prosaico rubro encontramos por ejemplo a los “entrañables” hermanos Clegane, Gregor “La Montaña (Conan Stevens, Ian Shyte, Hafbór Július Bjömsson en las temporadas 1, 2 y 4 respectivamente) y el más joven Sandor “El Perro. El primero de ellos se ha ganado el odio de los espectadores temporada tras temporada, agravándose sus crímenes cada vez más a lo largo de la historia, hasta llegar a matar a uno de los personajes favoritos de la serie –quien para hacer honor a la verdad era también un hábil guerrero y asesino cuyas armas predilectas eran la lanza y el veneno, pero muy simpático, atractivo y ameno-, la Víbora Roja de Dorne, Oberyn Martell (Pedro Pascal).

De esta manera La Montaña aparece como abanderado, lacayo o como quiera llamársele, de los encumbrados Lannister. Mostrándose como todo un psicópata –quemó la cara de su hermano en brasas ardientes cuando era niño por haber tomado aquel prestado uno de sus juguetes- que mata a la menor provocación y viola mujeres en la misma medida –su maldad es exhibida en todo su esplendor cuando se sabe que machacó la cabeza de los pequeñísimos hijos del príncipe heredero Rhaegar Targaryen (hermano de Daenerys), Rhaenys y Aegon, asesinando y ultrajando a su esposa Elia Martell (hermana de Oberyn)-; se trata de un hombre tamaño descomunal, que ejerce su fuerza de manera inmisericorde con los más débiles, atropellando a cuanto humano se cruza por su camino, mostrando cierto respeto únicamente por sus patrones, Cercei y Tywin Lannister (Charles Dance).

Por su parte, su tierno hermanito Sandor, si bien muestra tener más corazón que Gregor, no es mucho mejor, aunque él no asesina a placer o capricho, sino cumpliendo órdenes –o por venganza-, de forma que de lo primero que sabemos de él es que mata a sangre fría al hijo de un carnicero que había pegado con un palo al príncipe Joffrey Baratheon (Jack Gleeson), por supuesto después de que este caprichoso mocoso –a quien volveremos más adelante- se lo ordenara. El Perro se redime en cierta forma ayudando a las hermanas Stark, primero a Sansa (Sophie Turner) a quien salva de una turba enfurecida que está a punto de violarla y eliminarle; y posteriormente a la pequeña Arya (Maisie Williams) a quien, después de encontrarla por el camino tras huir de su patrón Joffrey, la ayuda a sobrevivir durante parte de la historia.

Daremos ahora paso a los traidores y aquí hay mucho de dónde escoger. Iniciaremos con el más pusilánime –que no el peor- de todos, Theon Greyjoy (Alfie Allen). Al inicio de la serie y hasta la segunda temporada, este personaje se coloca en el castillo de Invernalia, hogar de los Stark –o al menos al lado del heredero de Ned, Robb Stark (Richard Madden)- como pretendido rehén, aunque más parece hijo adoptivo de la familia, pues le brindan consideraciones prácticamente iguales a las que recibe Jon Snow (Kit Harington), el hijo bastardo del cabeza de los Stark[1].

Así, habiéndose criado como hermano de Robb, lo traiciona de la manera más vil cuando el Rey en el Norte[2] lo envía como emisario al castillo de Pyke, ante el intransigente rey de las Islas de Hierro, Balon Greyjoy (Patrick Malahide) esperando que este hombre se una a la causa norteña gracias a la intervención de su único hijo. Lejos de lograr que los Greyjoy y los Stark conformen una alianza, el cobarde príncipe Theon marcha hacia Invernalia, con la intención de tomarla por la fuerza para su padre –y así ganar su favor-, aprovechando que únicamente está habitado por los dos Stark más pequeños, Bran (Isaac Hempstead Wright) y Rickon (Art Parkinson), y sus sirvientes.

Al final de esta horrible historia, el rastrero Theon Greyjoy acaba asesinando a todos los que en algún momento cuidaron de él cuando era niño, pasa por la espada a muchos de los habitantes de su antiguo hogar, e incluso hace quemar a dos pequeños granjeros para hacer creer a cuantos le rodean que ha sido tan despiadado que ha matado a los hijitos de Ned Stark, todo esto tan solo para ser vencido y capturado por Ramsay Snow (Iwan Rheon), el bastardo de otro señor norteño, lord Roose Bolton (Michael McElhatton), personajes que requieren su propio espacio en estos artículos.

Tarea titánica parece esta de hablar de la villanía exhibida en Game of Thrones, pero la acometeremos nuevamente en la próxima entrega de esta columna, en la que veremos todo un despliegue de los pecados capitales cometidos en Poniente.

FUENTES:

www.imdb.com

 

 

[1] Teniendo la serie una estructura social medieval, los bastardos eran algo común en las familias nobles y recibían, por lo regular, buen trato.

[2] Robb Stark.

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