Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V. VI

De izq. a der. Alejandro VI, Cesare, Lucrezia y Juan Borgia

De izq. a der. Alejandro VI, Cesare, Lucrezia y Juan Borgia

De izq. a der. Girolamo Savonarola, Della Rovere, Giovanni y Caterina Sforza

De izq. a der. Girolamo Savonarola, Della Rovere, Giovanni y Caterina Sforza

Parte VI

Por: Patricia Díaz Terés

La ambición no hermana bien con la bondad, sino con el orgullo, la astucia y la crueldad”.

Leon Tolstoi 

A lo largo de esta serie de artículos hemos visto cómo, poco a poco, los guionistas de televisión han logrado transformar a los villanos de seres completamente malvados y repulsivos, a personas que tienen un pasado y “una razón” para sus nefastos comportamientos. Ya en el artículo anterior encontramos uno que otro maloso que no nos resulta tan desagradable, sin embargo ahora abordaremos una serie –antes de llegar al plato principal consistente en Walter White (Breaking Bad) y Frank Underwood (House of Cards)- en la que los escritores nos llevan de la mano hasta que, de pronto y como espectadores, no podemos menos que angustiarnos ante la perspectiva de que nuestros villanos favoritos no salgan avante.

Varias son pues las características que han colocado los creadores en estos siniestros personajes que a nuestra vista resultan verdaderamente irresistibles, de modo que son inteligentes y con una personalidad tan seductora que nos obligan a olvidarnos de sus crímenes, los cuales son tan variados como reprobables.

Así, la serie The Borgias, aborda parte de la vida de la familia encabezada por Rodrigo Borgia (Jeremy Irons), que fue en su momento (1492-1503) designado como el papa Alejandro VI, el cual es acompañado en la pantalla por su brillante y atractivo hijo Cesare (François Arnaud), por su inocente –al inicio- hija Lucrezia (Holliday Grainger) y el pusilánime hermano de ambos, Juan (David Oakes) –en la pantalla chica se eliminó al cuarto Borgia, Jofre-. En este caso no existen “los buenos”, ya que en la trama podemos ver cómo se entretejen las intrigas planeadas por todos y cada uno de los personajes, sin que pueda distinguirse el bien del mal. De esta manera, sabemos que Alejandro VI es un hombre ambicioso e inteligente, cuya mayor preocupación, después del poder, es su amada familia, por la cual haría cualquier cosa, excepto abandonar el trono pontificio por supuesto.

En este sentido, y siempre “por el bien de la familia”, el pontífice designa un estilo de vida para cada uno de sus vástagos –a quienes ha engendrado con la inteligente y paciente cortesana, ahora ya entrada en años, Vanozza Cattaneo (Joanne Whalley)-, de modo que Cesare es nombrado cardenal, mientras que su cobarde hermano Juan es designado como jefe del ejército del Vaticano, puesto que es ansiado por el primogénito de los Borgia. Por su parte a Lucrezia le toca jugar el papel de peón para facilitar a su familia alianzas estratégicas a través de enlaces matrimoniales.

En realidad, a lo largo de las tres temporadas que duró la serie –puesto que ya fue cancelada-, Rodrigo ve cómo ninguno de sus hijos está dispuesto a cumplir sin chistar con sus arbitrarios designios, de modo que mientras Juan huye cobardemente de las batallas que supuestamente debería liderar, Cesare, con todo y su toga cardenalicia se las arregla para defender al Vaticano de diversos ataques perpetrados por ancestrales enemigos como la aguerrida Caterina Sforza (Gina McKee), sin querer entrar en el juego político al que su padre lo trata de introducir por todos los medios. Al mismo tiempo, la familia completa debe “luchar” contra los embates orquestados por antipáticos personajes como Girolamo Savonarola (Steven Berkoff), enemigo acérrimo de Niccolo Machiavelli (Julian Bleach) -quien a su vez se sabe que escribió parte de su famosa obra El príncipe, basándose en el cardenal Borgia-, que denuncia a voz en cuello los pecados de los Borgia. Aquí sabemos que el hombre tiene razón, que los Borgia son malos, viciosos, y no nos importa, en realidad obtenemos descanso cuando el implacable Cesare consigue que Savonarola arda en una pira.

Pero veamos a los personajes de la serie por separado. Alejandro VI dista mucho de ser el dechado de virtudes ejemplar que debía haber sido para ocupar el puesto de líder de la Iglesia Católica. En una época por demás oscura en el Vaticano, el colegio cardenalicio era un buen caldo de cultivo para toda suerte de traiciones y desenfrenos. En este escenario se presenta el virtuoso y ascético cardenal Giuliano Della Rovere (Colm Feore). Sabemos que él es quien tiene la razón al enfrentarse a los perversos Borgia, y sin embargo, es tal la forma en la que se presenta al cardenal, que nos frustramos cuando el veneno con el que el papa –obviamente por manos de terceros- ha tratado de despacharlo no funciona, dejando simplemente al prelado gravemente enfermo, para posteriormente volverse un hombre paranoico que depende de un monito encaramado en su hombro al que da a probar cualquier alimento que se le presente –y como la venganza es un plato que se sirve frío, el propio Della Rovere tiempo después trata de matar a Rodrigo Borgia, impidiendo el éxito del plan la rápida e ingeniosa acción de Lucrezia, quien llena de carbón el estómago de su padre envenenado-.

Pasaremos ahora a Lucrezia. Hermosa y enamoradiza damisela con cara de ángel, la pobre debe sufrir cada vez que su padre o su hermano mayor deciden que su galán no es del todo conveniente y simplemente lo “eliminan” de la situación –como es el príncipe Shahzadeh Djem (Elyes Gabes)-. En una decisión por demás infortunada, Rodrigo opta por casarla con el cruel y terrible Giovanni Sforza (Ronan Vibert), quien desea herir el orgullo Borgia en la persona de su nueva y jovencísima esposa, a quien somete sin misericordia en su noche de bodas. Por supuesto esta situación hace por demás infeliz a Lucrezia y no nos sorprende –ni nos acongoja- cuando la damita derrama agua sobre el suelo de la habitación para que su marido caiga y se lastime gravemente, con lo cual conseguirá unos cuantos días de paz. Tampoco la juzgamos cuando consigue un joven y tierno amante en la persona del humilde Paolo (Luke Pasqualino), de quien resulta embarazada, escapando a continuación del castillo Sforza, a quien se regocija en acusar de impotencia sexual para anular el matrimonio con la venia del pontífice –se añade un poco de condimento a la venganza Borgia cuando se da la opción a Giovanni de realizar un acto sexual con una prostituta ante todos los cardenales para demostrar la mentira de Lucrezia, a lo que por supuesto el caballero no accede, en detrimento de su honor y virilidad-. No obstante y de manera paulatina, el personaje de Lucrezia se va oscureciendo, sin que por esto nos resulte deleznable. En la última temporada vemos a la chica meterse sin recato en la cama de su hermano Cesare –pues su nuevo y pazguato esposo, Alfonso de Aragón (Sebastian de Souza), no le resulta satisfactorio- y envenenar a cuanto personaje le resulta estorboso, todo esto después de haber tratado de asesinar –quemando la cuerda de un pesado candelabro que pendía sobre su cama- a su hermano Juan por haber este a su vez aniquilado al inocente e inconveniente Paolo.

En toda esta pléyade de villanías destaca sin embargo el personaje de Juan Borgia. Este ser rastrero, rencoroso y envidioso es el mayor de los hermanos y preferido de su padre, quien lo ha consentido hasta el extremo, creando en su hijo a un hombre que pocas cualidades tiene para poder llamarse tal. Estúpido, caprichoso, vengativo, colérico, cruel e inmisericorde, no nos quejamos en absoluto cuando su hermano Cesare le da un pase seguro para el otro mundo después de que ha amenazado al hijito de Lucrezia y ha dado claras muestras de locura, probablemente ocasionada por la sífilis de la que sufría. Sabiéndose poseedor del cariño absoluto de su padre, Juan se convierte en una suerte de verdugo en el destino de los Borgia, llevando a cabo una acción nefasta tras otra hasta que debe ser detenido por Cesare antes de que acarree una desgracia mayor sobre su poderosa dinastía. Nada  más que alivio sentimos cuando el cuerpo sin vida de Juan es arrojado al río por su inteligente hermano.

Llegamos así al que bien puede ser catalogado como protagonista de la serie –particularmente de la tercera temporada-: Cesare Borgia. Cesare es un hombre amable, guapo, brillante estratega, valiente hasta el extremo, leal y astuto, que adora a su hermana por encima de todas las cosas y desea ser el general de las fuerzas pontificias –lugar que ocupa tras suprimir a su hermano después de suplicar este puesto a su padre, asegurándole que, con él al frente, nadie osará alzar su espada contra el Vaticano-. Así, con el paso de los episodios vemos cómo es un tierno amante –aunque de vez en cuando elegía para tales menesteres a mujeres casadas- que a la vez es lo suficientemente inteligente para desenvolverse entre el viperino ambiente cardenalicio, observándolo también en accesos de ira que lo llevan, por ejemplo, a arrancar –literalmente- el corazón de Giovanni Sforza. A Cesare no le importa acabar con cuanta vida sea necesario con tal de conseguir sus fines, proteger a los que ama y dejar en alto el nombre de los Borgia, comprándose una rencilla particular con la fiera Caterina Sforza, a quien también detestamos aunque sabemos que es implacablemente atropellada por los encumbrados residentes vaticanos.

Hemos visto por fin en esta serie cómo los escritores han dado en el clavo haciéndonos olvidar los pecados de los Borgia. A través de un elenco físicamente atractivo y con unas buenas dotes de actuación, los televidentes nos vemos absorbidos por la trama y nos descubrimos a nosotros mismos animando a asesinos taimados, quienes sin embargo, nos resultan irresistibles hasta el extremo. ¿Cuál puede ser la razón? Creo que la lógica de los personajes nos da la respuesta. ¿Por qué amamos a Cesare, a Lucrezia y a Alejandro VI mientras denostamos a Juan? Simple: los tres primeros son inteligentes y son presentados como humanos sensatos, mientras que Juan es un simple niño berrinchudo e idiota en el cual se suman además, el resto de los vicios tanto de su padre como de sus hermanos, haciéndolo así, el villano perfecto para odiar en una serie donde los héroes y la virtud no existen.

FUENTES:

www.imdb.com

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