Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V. VII

Frank y Claire Underwood, Zoe Barnes, Doug Stamper, Lucas Goodwin

Frank y Claire Underwood, Zoe Barnes, Doug Stamper, Lucas Goodwin

villanos7b

Walter White, Heisenberg, Jesse Pinkman, Gus Fring, Skyler, Hank

Parte VII

Por: Patricia Díaz Terés

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

Gilbert Keith Chesterton

Varios han sido ya los tipos de villanos que hemos revisado en esta serie de artículos, siendo unos de ellos conscientes del mal que perpetran, mientras otros caminan por su ficticia vida pensando que sus malvados actos son correctos. De este modo, antes de abordar a los dos máximos villanos, solo quiero dejar al aire una pregunta: ¿cuál es el peor villano? ¿Aquel que, aun sabiendo que está haciendo el mal, lleva a cabo sus acciones? ¿O aquel que piensa que el mal que está haciendo es realmente un bien? Como le decía yo a mi madre, quien me hizo favor de plantearme tan interesante cuestionamiento, moralmente es posible que aquel que no reconoce el mal en sus acciones tenga menos culpa… sin embargo, prácticamente, aquel que hace algo malo pensando que es una acción legítima, hace más daño… algo para reflexionar.

Pero dejando de lado las filosóficas meditaciones, pasaremos ahora a abordar a los dos máximos villanos que han sido entronizados como francos protagonistas de las series en las que participan: me refiero a Frank Underwood, interpretado por un impecable Kevin Spacey en House of Cards, y Walter White personificado por el grandioso y merecidamente multigalardonado Bryan Cranston en Breaking Bad.

Frank Underwood es un personaje que se desenvuelve en el complejo mundo de la política norteamericana, específicamente en los poderes Legislativo y Ejecutivo. Comenzando la serie como un influyente congresista, pronto este hombre revela su inconmensurable ambición: tiene sus ojos puestos en la presidencia, la cual es ocupada ya por un caballero manipulable y bastante mediocre –aunque de buenas intenciones- llamado Garret Walker (Michael Gill).

En la trama Frank es absolutamente secundado por una maravillosa y pragmática Claire Underwood (Robin Wright), su esposa. Ambos se encuentran completamente en armonía: persiguen el poder, y están dispuestos a hacer absolutamente cualquier cosa para obtenerlo. De este modo Frank Underwood es un extraordinario, astuto y habilísimo manipulador, que se dedica a jugar con sus compañeros de la Casa Blanca y el Congreso cual si fueran las piezas de un juego de ajedrez: dispone su ánimo, lanza sugerencias, los lleva a hacer exactamente lo que él quiere y después, simplemente se lava las manos, cosechando beneficios mientras los otros enfrentan terribles repercusiones.

El personaje es así despiadado y absolutamente carente de moral –miente, asesina, traiciona-, pero es brillante. De igual forma, los guionistas lo han planteado con una personalidad tan atractiva que el espectador se sorprende a sí mismo temiendo que eventualmente la justicia descubra sus fechorías, y tenga que enfrentar las consecuencias de sus antiéticos actos. Como contraparte de su maldad, se le ha revestido de un aire de honorabilidad, el cual le es dado por su amor incondicional hacia Claire, a quien defiende y apoya a pesar de los deslices de infidelidad que la dama ha tenido. La relación de los Underwood es entonces profunda y verdadera, pero en su código particular tienen algunas concesiones, particularmente en el terreno sexual, que les permiten utilizar –en toda la extensión de la palabra- a otras personas para lograr sus fines.

Los personajes secundarios, por otro lado, se encuentran también en zonas moralmente grises en el mejor de los casos. De esta manera, la ambición es el motor de Zoe Barnes (Kate Mara), una periodista que se involucra sexualmente con Frank para obtener información privilegiada, mientras este la usa para plantear en los medios los escenarios que le convienen. Por su parte, el inestable, fidelísimo y hasta cierto punto inteligente Doug Stamper (Michael Kelly), es la mano derecha de Frank, estando este hombre dispuesto a hacer literalmente cualquier cosa por su jefe. Llevando los guionistas a la implícita justificación de la maldad, en los personajes “buenos” la inocencia raya en la imbecilidad, como es el caso del idealista periodista Lucas Goodwin (Sebastian Arcelus), quien acaba con sus huesos en la cárcel por tratar de hacer pagar a los Underwood por sus crímenes. Insoportable resulta también el personaje de Rachel Posner (Rachel Brosnahan), una mujer que, tras haber aceptado de manera voluntaria participar en una de las intrigas del congresista –el asesinato de uno de los supuestos “mejores amigos” de Frank-, acaba, horrorizada, dándose cuenta de que le ha vendido el alma al diablo por unos centavos. Así, en el Washington de House of Cards valores como amistad, honor, veracidad o fidelidad son poco más que palabras impresas en las tarjetas de felicitación.

En el caso de Breaking Bad, el protagonista no es planteado como malvado desde un inicio, como lo es Frank Underwood. En esta serie, Walter White (Bryan Cranston) es un hombre normal, común, corriente, incluso soso. Es un genio que se encuentra dando clases a un hato de jovencitos ignorantes e irreverentes en una preparatoria, a quienes la Química les importa un comino, lo cual conlleva la lógica frustración del brillante catedrático. Cuando White descubre que tiene cáncer de pulmón, probablemente ocasionado por su trabajo prolongado con peligrosas sustancias en el pasado, decide que no puede dejar a su familia desamparada con la escasa pensión que le otorgarían a su esposa Skyler, y a sus hijos Walter Jr. (RJ Mitte) y la aún no nacida Holly. De este modo, el químico decide utilizar sus conocimientos para cocinar metanfetaminas. Siendo un simple maestro de escuela, requiere ayuda para entrar en el mundo del narcotráfico, para lo cual recurre a la ayuda de su exalumno Jesse Pinkman (Aaron Paul), un muchacho atolondrado que sin muchos alicientes circula a tontas y a locas por la vida.

El equipo que forman White y Pinkman se consolida en poco tiempo, en buena parte porque el producto creado por el científico resulta ser de una calidad inigualable, por lo que se cotiza rápidamente en el mercado. Para proteger a su familia, Walter decide utilizar un pseudónimo cuando trata con los poderosos –y no tan poderosos- narcotraficantes, haciéndose llamar Heisenberg.

A lo largo de las cinco temporadas de la serie –la última dividida en dos partes- vemos cómo aquel profesor bonachón y hasta mediocre crece en ego, habilidad y osadía, a la par que acrecienta su poder. El personaje toma decisiones que cambian su perspectiva, su personalidad y su escala de valores. De pronto lo importante ya no es dejar a salvo a sus seres queridos –pues eventualmente su cáncer entra en remisión-, sino la simple y llana acumulación de fortuna; aunque esto se ve aderezado por su ansia de dominio, la cual demuestra al despachar efectivamente a un sinnúmero de adversarios, a cual más peligroso. Así, el personaje se desarrolla entre White, el padre de familia dedicado, esposo devoto y cuñado ejemplar; y en su perverso alter ego. Walter no es un asesino, Heisenberg sí. Walter no es despiadado, Heisenberg sí. Walter no es peligroso, Heisenberg es implacable.

El que experimenta y sufre directamente esta dualidad es Pinkman, el cual se merece en ocasiones un monumento a la estupidez, por su volubilidad. A diferencia de Underwood, cuya lealtad está absolutamente enfocada en su esposa y a nadie más –excepto, tal vez el dueño de su restaurante favorito, Freddy (Reg E. Cathey), Walter-Heisenberg es leal a sus amigos –hasta cierto punto, pues no tiene problema en dejar morir a una de las novias de Jesse que se estaba convirtiendo en un peligro gracias a su codicia e idiotez- y a su familia, a pesar de que tiene un conflicto infranqueable en la persona de su cuñado, Hank Schrader (Dean Norris) que es nada más y nada menos un agente de la DEA –la agencia norteamericana antidrogas-, a quien paradójicamente defiende a capa y espada.

Asimismo, las actividades ilícitas de Walter son eventualmente descubiertas por su atractiva, controladora y bastante desesperante esposa, Skyler (Anna Gunn), quien de pronto se incluye voluntariamente en una vorágine de actos moralmente cuestionables para que su marido no caiga en manos de la justicia, lo cual le ocasiona a la mujer una serie de conflictos espirituales –pues ella no es mala, ni ha elegido tan libremente tal camino- que la llevan al borde de la locura.

Siendo astutamente salvado en incontables ocasiones por un abogado de poca monta, nula moral y bastante habilidad de nombre Saul Goodman (Bob Odenkirk), Walt enfrenta inteligentemente a criminales consagrados como el encantador Gus Fring (Giancarlo Esposito), empleando los odios que este personaje ha despertado en su larga carrera como destacado capo de las drogas, para eliminarlo.

Walter White tuerce entonces las normas morales, hasta que realmente se convierte en el mejor villano que haya pasado por la pantalla chica. No obstante, los guionistas de la serie plantean el argumento y a los personajes de tal manera que, al igual que con Frank Underwood, sufrimos cada vez que White está a punto de ser atrapado, a pesar de que conocemos su enorme listado de crímenes.

¿Qué es pues lo que nos lleva a odiar a unos villanos y amar a otros? Sin duda la primera respuesta es la estructura de los guiones y argumentos. Pero lo que tienen en común todos los villanos que se ganan irremediablemente –y muy a nuestro pesar- nuestras simpatías, es que son inteligentes. Nadie gusta de los villanos estúpidos y caprichosos, pero a todo el mundo le agrada el villano brillante y ecuánime. Al mismo tiempo este tipo de villanos, en todos los casos, presenta un rasgo humano decente –aunque sea uno-, elemento que los hace sin duda, en nuestra manipulada mente, parte de la raza humana y por lo tanto, dignos de consideración, utilizándose aquello que dice el escritor George R.R. Martin en su saga literaria Canción de hielo y fuego: “Una buena acción no lava la mala, ni una mala, lava la buena”.

FUENTES:

www.imdb.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: