Del paraíso de la ilusión al abismo de la traición: Dante Alighieri

 

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Más allá de los sueños (1998)

 

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto”.

Proverbio chino

No hay mayor dolor que acordarse de los tiempos felices en la desgracia”, la esencia de esta frase de Dante Alighieri fue la que seguramente atormentó al poeta en su injusto destierro, infortunado evento que dio pie, sin embargo, al surgimiento de una de las más grandes obras literarias de todos los tiempos: La divina comedia.

Corría el año de 1301 cuando a Roma llegó la embajada florentina, que acudía al sumo pontífice Bonifacio VIII para tratar la complicada situación que se vivía en aquella ciudad, en la cual estaba incluido Dante Alighieri. De sobra sabía el papa que era precisamente Alighieri quien más dudas tenía sobre las intenciones del pontificado sobre Florencia, por lo que trató, sin éxito, de convencerlo de sus buenas intenciones, procediendo luego a retenerlo en la Ciudad Eterna so pretexto de una malversación de fondos públicos, mientras enviaba a Carlos de Anjou a territorio florentino para que ayudara a los güelfos negros liderados por Corso Donati a tomar la ciudad.

El plan resultó tal como Bonifacio había planeado. Las calles de Florencia durante varios días estuvieron invadidas por violentos actos. Muertos y heridos se sumaron en la lucha por el poder hasta que los vencedores lograron restablecer en orden, procediendo inmediatamente a procesar judicialmente a los que ahora eran considerados traidores, siendo el primero en la lista el poeta Dante. Los cargos fueron diversos y entre ellos se destacaron: injerencia ilegal en la elección de priores, oposición al papa y su delegado, violación de la paz, fraude y ganancias ilícitas.

La sentencia fue implacable, se condenó a Alighieri a pagar la elevadísima suma de cinco mil florines y a permanecer dos años en el exilio, mientras que además se le prohibió ocupar cualquier cargo público en el futuro. Dante, estoico, permaneció en Roma. Pero en Florencia su ausencia se consideró como desacato, por lo que fue declarado oficialmente como rebelde, sus bienes fueron así confiscados y su persona condenada a la hoguera. Alighieri no podía volver al hogar.

Sin ser el único en esta situación, Dante promovió la unidad de los exiliados, quienes esperaban que su posición fuese reivindicada ya fuese por las armas o por medios diplomáticos. En un intento por retomar por la fuerza la ciudad de Florencia los exiliados enfrentaron a los güelfos negros en Mugello, sufriendo los primeros una terrible derrota.

Desesperado en su destierro, Alighieri decidió formar parte del Consejo de los exiliados, mismo que hizo alianza con los gibelinos de Arezzo, con la esperanza de que este nexo les ayudase a retomar la capital de la Toscana, cosa que no sucedió. Incómodo con la compañía presente, el poeta decidió abandonar el grupo.

Así, sin poder regresar con su familia, optó por concentrarse en su labor como escritor llevando una existencia errante, por lo que en tres años pasó por Verona, Siena, Pisa, Arezzo, Treviso y Padua, colaborando en 1306 con Francheschino Malatesta ejerciendo como procurador y como secretario del líder gibelino Scarpetta Ordelaffi, quien fue derrotado en Florencia misma.

Los rencores del escritor se acumulaban en su interior, y estos pueden ser claramente vislumbrados a través del texto de La divina comedia, en donde pasaje tras pasaje, describe crudamente sus pensamientos acerca de aquellos conciudadanos suyos a quienes consideraba “perversos, pervertidos, incapaces y ociosos”.

De este modo, puesto que la Iglesia le había vuelto la espalda, Alighieri optó por apelar al Trono en un intento de remediar su situación, acudiendo así al emperador Enrique VII del Sacro Imperio, a quien suplicó que impusiese orden en su ciudad natal. Recibiendo al principio una indiferencia absoluta, poco a poco el monarca atendió a las peticiones del poeta, de modo que envió una expedición a Florencia que al parecer no obtuvo mayor resultado.

Tras la muerte de Enrique VII, en 1315, las reacias autoridades florentinas finalmente accedieron a conceder a Dante la oportunidad de volver a su tierra; no obstante, impusieron al exiliado una serie de condiciones que al escritor le resultaron abominables pues debía volver portando como vestido un saco de penitente, reconocer de manera pública su culpabilidad y pagar una cuantiosa multa. El poeta declinó pues la oprobiosa oferta, recibiendo de tal suerte una implacable sentencia: si volvía a posar sus pies en tierra florentina, moriría decapitado.

Continuando su andar sin destino, se instaló con Guido da Polenta en Rávena hasta 1321 quien lo envió a Venecia para resolver una disputa que se había generado a causa de la adjudicación de ciertas salinas. Sus habilidades diplomáticas lo hicieron salir victorioso de la encomienda. Pero mientras los bienes disputados permanecieron en manos de Rávena gracias al éxito obtenido por Dante, este contrajo la terrible enfermedad de la malaria, la cual lo alentó a cruzar al otro mundo, tal vez también de la mano de Virgilio o quizá incluso de su amada Beatriz, en breve tiempo.

Ahora bien, con respecto a su magna obra, cabe mencionar que en La divina comedia, Dante fungió como juez y parte de todos aquellos personajes a quienes él consideraba tanto execrables como admirables, imaginando los más crueles tormentos para sus enemigos como el emperador Federico II o los pontífices Nicolás III, Bonifacio VIII o Clemente V; y las más apacibles escenas para aquellos cuyas cualidades ensalzaba como el emperador Justiniano I, Carlos Martel, Francisco de Asís o Tomás de Aquino, unidos todos ellos con su celestial Beatriz. Asimismo, reservó un digno limbo para aquellos no bautizados que causaban en él favorable impresión como el célebre autor de la Iliada y la Odisea, Homero, el poeta Ovidio o incluso el magnánimo Saladino.

Hoy en día Dante y su Divina comedia son referentes artísticos, habiendo inspirado la elaboración de piezas gráficas como los grabados de Gustave Doré o las creaciones de Boticcelli y Dalí; películas como Más allá de los sueños (What Dreams May Come, Vincent Ward, 1998) e incluso novelas policíacas como El Club Dante (2003), un relato de misterio escrito por Matthew Pearl en el cual un asesino serial utiliza los castigos descritos por Alighieri en los círculos del infierno, dándose lugar a una trama entretenida y ágil que constituye un interesante acercamiento al texto del florentino.

Así, la magna obra de Dante, legado imponente de un poeta vapuleado y calumniado, gracias a la complejidad de su exquisita cualidad literaria, se equipara en sí misma al viaje que en su interior describe: aquellos que perseveran en la travesía de su lectura, terminan disfrutando de la prometida recompensa final con el enriquecimiento del alma misma.

 

*”El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar”. Théophile Gautier. Una promesa es una deuda, que aquí cumplo. Con amor, gracias, Alfredo, por haber llegado, al fin.

 

FUENTES:

“Un hombre de su tiempo, Dante”. Aut. Sergio Raveggi. Revista El mundo medieval no. 17. España. Marzo 2004.

“Dante y su infierno”. Aut. María Pilar Queralt del Hierro. Revista Historia y Vida no. 505.

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