Y después del apocalipsis zombi ¿qué? II

13 octubre 2015

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

De las miserias suele ser alivio una compañía”.

Miguel de Cervantes

Líder o seguidor, cazador o presa, pero a final de cuentas superviviente, así es una persona viva y sana que aparezca en cualquier serie de televisión o película que aborde el tema del “apocalipsis zombi”. Siendo tan variadas las personalidades de los personajes que han protagonizado este tipo de producciones, todos ellos, sin embargo, comparten dos elementos en común: la pérdida y la búsqueda. Sin importar el género desde el cual se aborde el tema (horror, ciencia ficción o incluso comedia), aquellos que corretean en el planeta tratando de salvarse de cadáveres ambulantes o enloquecidos infectados han perdido seres queridos, sus hogares, su seguridad física y otras tantas cosas; y a su vez se lanzan en una búsqueda por recuperar cualquiera de ellas.

Pero antes de entrar en materia, hacemos aquí nuevamente la advertencia de que este artículo contiene numerosos spoilers, por lo que si no han visto (y aún desean hacerlo) las películas Zombieland y 28 Days Later (Exterminio) se recomienda abandonar aquí la lectura.

Empezaremos entonces por analizar la situación de la película Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). En esta cinta, que entra en el género de la comedia, el protagonista, Columbus (Jesse Eisenberg), es un joven común y corriente, no particularmente valiente, pero sí bastante inteligente, lo cual le permite crear para sí mismo una serie de normas con las cuales él sabe que puede sobrevivir en un mundo en el cual debe enfrentarse a los muertos vivientes. De este modo, el joven –que no es atlético en absoluto- hace calentamiento antes de incluirse en cualquier situación que le demande un esfuerzo físico, con lo cual evita lastimarse; revisa cuidadosa y sistemáticamente cualquier lugar al que pretende entrar; desconfía de cualquier persona y sobre todo evita ser el héroe, porque según su hipótesis, esta última opción lo llevará a una muerte segura.

Paranoico por naturaleza, Columbus se encuentra con su complemento fuerte, en este caso encarnado en Tallahasse (Woody Harrelson), que es un hombre maduro que va por este apocalíptico escenario con una actitud cínica y despreocupada, pues él ha encontrado ya un buen vehículo y una abundante provisión de armas. Obsesionado con conseguir un pastelito Twinky –y arriesgando su propia vida por ello-, este hombre no tiene reglas que seguir, sino que enfrenta las situaciones conforme se le presentan, empleando su valor y habilidades, de las cuales se siente bastante seguro.

A su vez, esta dupla masculina da con su contraparte femenina en dos hermanas, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes se manejan con un código carente de la ética más elemental, ya que ellas solo piensan en sobrevivir juntas, por lo que si para lograrlo necesitan engañar, robar o amenazar a cuando individuo se les atraviese, así sea. Habiendo tenido ya desde antes del apocalipsis zombi la costumbre de estafar a la gente, ellas han descubierto que este mecanismo también funciona después de la hecatombe, por lo que no dudan de privar al prójimo de armas, comida o vehículos.

A final de cuentas el argumento lleva a tan distintos personajes a formar un frente común contra los zombis –y a Columbus a romper su regla de oro con tal de salvar a su amada Wichita y a Little Rock– con el afán de sobrevivir, creándose entre ellos lazos de confianza que finalmente son los que les permiten lograr su cometido. Y es aquí donde vemos cómo en un mundo en el cual la raza humana enfrenta su propia extinción, es la formación de comunidades la que le proporciona la posibilidad de subsistir tanto física como emocionalmente.

Caso similar -aunque en el género de horror- se presenta en la cinta 28 Days Later (Exterminio, Danny Boyle, 2002), en el cual Jim (Cillian Murphy) es un mensajero que se despierta en un desierto hospital después de que una terrible enfermedad llamada Rage –misma que provoca que la persona infectada pierda sus facultades mentales transformándose en un agresivo animal caníbal- haya infectado a la mayor parte de la población de las islas británicas. En Jim observamos así el comportamiento totalmente plausible de una persona normal que se despertase en semejante situación, pues completamente desorientado y vestido tan solo con una poco funcional bata de hospital, comienza a recorrer primero el nosocomio y luego la ciudad de Londres, tratando de encontrar algo o alguien que le explique qué es lo que ha sucedido.

Dejando de lado el hecho de que la película se torna aún más sobrecogedora porque el director Danny Boyle consiguió permiso para vaciar literalmente algunas de las zonas más emblemáticas de la capital británica, utilizando así locaciones y no sets armados, la sensación de soledad que transmite Murphy se transmite al público compartiendo este la consternación del personaje.

Sin embargo, este sentimiento de soledad absoluta pronto se transforma en terror para el protagonista cuando se encuentra al primer grupo de infectados, a quienes ubica en una iglesia, ya que no comprende por qué aquel grupo de personas que tienen los ojos inyectados en sangre y lanzan gruñidos estremecedores se le echan encima en un abrir y cerrar de ojos y tratan de matarlo. Tras huir despavorido de aquel sitio, Jim se topa entonces con una mujer, Selena (Naomie Harris), quien logra salvarlo después de encerrarse ambos tras una cortina de metal que cierra una tienda. Y aquí es donde la joven le explica al recién llegado lo que ha sucedido con el mundo. En este caso Selena ha tenido tiempo para adaptarse a la situación, por lo que va armada y lleva consigo provisiones –chocolates y refrescos, que es lo único que ha podido encontrar-, ella representa entonces a lo largo de la cinta la parte racional que actúa en el ser humano en una situación de supervivencia.

Por su parte Jim es más sentimental, por lo que no es extraño que lo primero que desee sea ver a su familia, a pesar de que su compañera le advierte que con seguridad están muertos o infectados. Aferrado a sus afectos, el personaje encarnado por Cillian Murphy logra hacerse acompañar hasta su casa donde, efectivamente, encuentra a sus padres que se han quitado la vida, enfrentándonos entonces nosotros como espectadores con otra reacción al fin del mundo: la autoaniquilación, elegida por todos aquellos que antes de sufrir un destino terrible como infectados, han preferido salir de este escenario por su propia mano sin siquiera luchar por sobrevivir. ¿Cobardía? ¿Sensatez? Depende de la personalidad del individuo que observe el contexto.

Pero como en todos los apocalipsis zombi, solamente aquellos que se empeñan en continuar vivos están dispuestos a enfrentarse a la soledad y los numerosos problemas que representa la simple existencia. De esta forma, en esta cinta observamos nuevamente cómo la formación de comunidad es una necesidad básica del ser humano, por lo que Jim y Selena emprenden camino en busca de otros no infectados, localizando entonces así a Frank (Brendan Gleeson) y su hija adolescente Hannah (Megan Burns), quienes han decidido atrincherarse en su departamento, habiendo colocado luces en la ventana para atraer a cualquier individuo sano. En este caso el padre de familia deja algo muy claro, él sabe que su hija no podrá sobrevivir sola, necesita adultos que la ayuden, y es así como comparte todos sus recursos con sus “invitados” con el convenio tácito de que si algo llegase a ocurrirle a él, la jovencita quedaría protegida.

Nuevamente vemos la formación de un grupo de personas bienintencionadas. Sin existir en este caso nadie que quiera aprovecharse del otro, todos ellos forman lazos de amistad casi instantáneos, lo cual les permite gozar de ciertos momentos de tranquilidad e incluso diversión. En este contexto, Selena reflexiona sobre el futuro de la humanidad, fijando su atención en un elemento que es obviado por otros filmes similares: la creación artística. La mujer revela entonces su parte nostálgica al manifestarle a Jim que no puede creer que nunca habrá una película, una pintura o un libro que no existiesen previamente. Aquí se muestra entonces el anhelo de trascendencia del ser humano, mismo que es fácilmente bloqueado por la necesidad de cubrir los requerimientos físicos básicos, que sin duda resulta apremiante para los supervivientes de un apocalipsis zombi.

Y para concluir con el espectro de las posibilidades en las reacciones humanas en un mundo devastado, este amigable equipo va a dar de narices con los “villanos”, aquellos que sobreviven a costa de los demás, en este caso representado tan nefasto bando por un grupo de militares que a través de una transmisión de radio, han ofrecido a los incautos refugio y una cura para la enfermedad, siendo todo ello mentira. Dando primero estos sujetos una sensación de seguridad gracias a su pesado armamento y aparentemente inexpugnable fortaleza, comparten con los recién llegados –a los cuales les falta un miembro al haber sucumbido Frank a la enfermedad- su agua, refugio y su comida. Poco tiempo pasa para que estos egoístas individuos revelen su verdadero cometido, pues lo único que desean es apoderarse de las mujeres para usarlas a su gusto, lo cual por supuesto genera la indignación del heroico Jim, quien en contra del reglamento de Columbus, después de lograr escapar de los soldados que han intentado eliminarlo, irrumpe salvajemente en la habitación donde tienen cautivas a sus amigas para posteriormente emprenderla a brazo partido con los agresores, logrando la victoria con la ayuda de un infectado –que él libera a propósito- que los militares tenían encadenado en el patio trasero con fines experimentales –deseaban observar cuánto tiempo tardaba en morir sin ser alimentado-.

Jim pierde –temporalmente- entonces su humanidad para salvar a sus seres queridos. Los enemigos han perdido su humanidad por cosificar a las personas. Es así como nos enfrentamos por primera vez a la deshumanización del individuo, aunque por motivos diferentes. El defensor y el abusivo, ambos pierden sus códigos éticos, pero con fines opuestos. Jim sigue siendo, entonces, un héroe, sin transformarse en un antihéroe, pues él está consciente de que matar no es correcto, pero también se ha dado cuenta de que sus enemigos no le dejan otra opción que suprimirlos.

Habiéndose filmado dos finales para esta cinta: uno feliz en el cual Jim, Hannah y Selena son encontrados eventualmente por otros supervivientes que disponen de un avión; y otro bastante más deprimente en el cual se da a entender que Jim muere a causa de una herida sufrida durante el enfrentamiento con los soldados, la cinta plantea un escenario no del todo descabellado de un apocalipsis zombi. Sin darle un tinte humorístico o de ciencia ficción, esta cinta nos lleva el evento apocalíptico a un nivel en el que cualquiera puede sentirse identificado con alguno de los personajes, pues sus juicios y decisiones parten de bases realistas, tanto físicas como emocionales. Son individuos comunes sobreviviendo en un mundo atrapado por el caos, llevando inevitablemente al espectador a preguntarse ¿qué haría yo?

Pero el tema no ha sido concluido, por lo que la siguiente semana, terminaremos esta serie de artículos abarcando a detalle la variadísima gama de personajes y escenarios que plantea la serie televisiva The Walking Dead con respecto a la sobrevivencia en un mundo dominado por los zombis.

 

FUENTES:

www.imdb.com


Y después del apocalipsis zombi ¿qué? I

3 octubre 2015
Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Horacio

Hace pocos días el actual gobernador del estado de Kansas (E.U.), Sam Brownback lanzó un programa llamado Zombie Preparedness Month, cuyo objetivo es motivar a los habitantes del estado en cuestión a estar preparados para emergencias tales como tornados, incendios, tormentas, etc., utilizando la popular figura de los zombis para captar la atención de los ciudadanos, y sosteniendo además el proyecto que si la persona está preparada para un apocalipsis[1] zombi[2], estará sin duda lista para enfrentar para cualquier otro tipo de contingencia.

De este modo y aprovechando el reciente auge de los zombis con el próximo estreno de la sexta temporada de la serie televisiva The Walking Dead, a continuación analizaremos algunos aspectos relacionados con los apocalípticos eventos que incluyen a muertos vivientes (o infectados) y el reacomodo (subsistencia) de la civilización humana, para lo cual utilizaremos algunos filmes y la serie de televisión anteriormente mencionada. Se advierte que a continuación se encontrarán diversos spoilers de las películas y programas referidos.

El séptimo arte ha estado fascinado por la figura de los muertos vivientes desde principios del siglo XX, siendo la primera película al respecto White Zombi (La legión de los hombres sin alma, Victor Halperin, 1932), pasando por numerosos clásicos en las décadas subsiguientes como The Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, 1968), Dawn of the Dead (El amanecer de los muertos vivientes, George A. Romero, 1978) o Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, Edgar Wright, 2004), entre otras muchas, y cuya calidad es calificada por los espectadores de acuerdo con sus gustos -ya que hay quien opina que son obras maestras y otros que las detestan considerándolas bodrios grotescos-, perteneciendo además en su mayoría al género de horror, inclinándose fuertemente hacia el gore[3].

Así, mientras tales películas se empeñaron en mostrar descriptivas escenas de los terroríficos cadáveres ambulantes persiguiendo a infinidad de humanos horrorizados, destacando el momento en que el perseguidor alcanza a su víctima y da inicio a un macabro banquete en el cual los gritos de la presa y sus expuestas entrañas son los protagonistas; por el contrario existe hoy en día otra “corriente”, en la que, si bien los filmes y series enfocados en los zombis exhiben tales elementos, no se centran en los propios monstruos como fundamento del guion, sino que han optado por querer mostrar qué pasaría con la sociedad después de un apocalipsis zombi.

Mucho se ha especulado sobre el comportamiento que tendríamos los seres humanos tras una catástrofe que borrase de la faz del planeta a buena parte de nuestra raza. De este modo, en la pantalla de plata hemos visto los afanes de supervivencia de personas que han logrado subsistir a cataclismos climáticos o incluso tormentas solares, pero que se enfrentan de cualquier manera a cierta clase de zombis, siendo una de las más recientes muestras de este planteamiento la segunda entrega de la saga Maze Runner: The Scorch Trials (Pueba de fuego, Wes Ball, 2015), en la cual un organismo cuyas buenas intenciones o malignidad no han quedado del todo claras, lleva a cabo un experimento con adolescentes con la finalidad de descubrir una cura para una enfermedad a la cual han denominado como Llamarada –ocasionada por un virus diseñado por el hombre como arma biológica-, misma que trastorna la mente del ser humano –convirtiéndolos en seres a los que se refieren como Cranks– a tal grado que lo deja en estado salvaje, eliminando su capacidad de raciocinio y limitando su actuación a una supervivencia animal en extremo agresiva.

En su carácter de superproducción veraniega de ciencia ficción plagada de efectos visuales bastante bien logrados, en el guion se nos muestran personajes cuyo desconocimiento de la situación exacta del mundo los lleva a seguir el esquema marcado por una organización que presuntamente intenta salvar a la humanidad de la extinción llevando a cabo experimentos aparentemente sociales, de los cuales el protagonista Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos son los sujetos de estudio. De esta manera en la película podemos ver el esquema de una organización que parece omnipotente –C.R.U.E.L. en español y W.C.K.D. en inglés- con recursos aparentemente infinitos que tiene la intención de tomar el control de lo que resta de la sociedad, enfrentándose a una organizada pero reducida resistencia que se concentra en los miembros del Right Arm (Brazo Derecho), quienes han logrado elaborar una cura para la enfermedad. Perteneciendo la película a las sagas juveniles literarias – en este caso escrita por James Dashner– llevadas a la pantalla, el argumento se aleja del análisis o reflejo de la sociedad para concentrarse en la relación que existe entre los personajes y el planteamiento de C.R.U.E.L. como antagonista.

Pasaremos ahora a un filme que contempla la situación de una persona abandonada a su destino después de un apocalipsis zombi en un contexto de soledad casi absoluta: I Am Legend (Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007) –inspirada en la novela homónima escrita por Richard Matheson-, en la que el protagonista de nombre Robert Neville (Will Smith) sobrevive en una desértica ciudad de Nueva York que empieza a ser retomada por la naturaleza, después de que una enfermedad ocasionada por una cura contra el cáncer afecta a millones de seres humanos, transformándolos en una suerte de entidades vampírico-zombi que se alimentan de cualquier ser vivo que se atraviese por su camino.

Neville, que es inmune a la enfermedad, es así forzado a utilizar todo su ingenio y recursos con el fin de sobrevivir junto con su fiel compañero canino. En este caso su problema no es de abastecimiento de comida o agua, pues tiene suficiente, sino que debe crear estrategias que le permitan conservar la cordura en un entorno en el cual únicamente “convive” con los animales salvajes o los infectados, de tal manera que sostiene conversaciones triviales e incluso “coquetea” con algunos maniquíes que ha colocado en diversos lugares de la ciudad –como una tienda de renta de películas- para crear la ilusión de compañía, pues además es constantemente atormentado por los recuerdos de la familia que perdió en el momento que se desató el caos ocasionado por el surgimiento de la infección.

En este escenario Robert, a la vez que lleva a cabo incansablemente numerosos intentos para crear una cura para el mal que ha mermado la población mundial en un 90 por ciento, también trata de encontrar a alguna persona no infectada, por lo que diariamente transmite una grabación que indica su ubicación exacta. Eventualmente una mujer, Anna Montez (Alice Braga) y un niño, Ethan (Charlie Tahan) llegan al sitio indicado mientras el solitario Neville se enfrenta a un grupo de los monstruosos infectados, salvándole la vida los recién llegados.

Aquí se muestra entonces cómo tanto Robert como Anna e Ethan, si bien están satisfechos al encontrar a otras personas que comparten su infortunio, también son desconfiados, pues no conocen a ciencia cierta las intenciones del otro. En este caso, sin embargo, son la solidaridad y la generosidad las que ganan al sacrificarse el propio Robert con el fin de que Anna e Ethan puedan llevar a un lugar seguro la cura que ha logrado encontrar.

Las virtudes más excelsas y los instintos más bajos son los que surgen en estos escenarios posapocalípticos, ya sea que estén dominados por millonarias organizaciones con tecnología de última generación o estén habitados por solitarios supervivientes. Por otra parte, en la próxima entrega de esta columna analizaremos algunos contextos en los cuales son comunidades de diversos tamaños las que intentan sobrevivir en mundos dominados por infectados caníbales o muertos vivientes.

FUENTES:

www.imdb.com

www.kansastag.gov/

http://www.rollingstone.com/

[1] El término “apocalipsis zombi” será aquí utilizado para designar a una situación en la que la sociedad se enfrenta a un evento de carácter mundial, tras el cual gran parte de su población se ha visto afectada por una enfermedad que provoca que los cadáveres adquieran movimiento, o bien elimina el uso de las facultades mentales, creando humanos irracionales y extremadamente agresivos, llegando incluso a la deformación física.

[2] Se ha utilizado la palabra haciendo referencia exclusivamente al muerto viviente que se presenta en la ficción, dejando de lado las implicaciones que tal figura tiene en el vudú.

[3] Género cinematográfico que recrea abundantes escenas sangrientas (http://www.oxforddictionaries.com/).


Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V. III

20 septiembre 2014
De izq. a der. Thomas, Mrs. O'Brien, Sherlock, Moriarty, Rick, Merle, Shane y el Gobernador

De izq. a der. Thomas, Mrs. O’Brien, Sherlock, Moriarty, Rick, Merle, Shane y el Gobernador

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Solo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar”.

Clive Staples Lewis 

Personajes buenos y malos, claramente definidos hemos visto hasta ahora en nuestro análisis de series como Stargate Atlantis, X-Files, Smallville y Once Upon a Time. Ahora comenzaremos a introducirnos en ámbitos donde la “humanidad” de los personajes les permite tener cualidades y defectos, sea que el programa en cuestión pertenezca o no al género de la fantasía.

En esta tercera parte de los artículos sobre villanos televisivos, comenzaremos revisando la serie británica Downton Abbey. Alejada de los extraterrestres y los cuentos de hadas, este argumento se sitúa en la Inglaterra de principios del siglo XX, dando inicio justamente el día en que se hunde el Titanic -14 de abril de 1912-, la historia que se narra es la de una familia aristocrática, los Crawley, y la servidumbre que trabaja en la monumental propiedad conocida justamente como Downton AbbeyHighclere Castle-. Dentro del guion los malos aparecen y desaparecen de acuerdo a las necesidades de la historia, permaneciendo sin embargo a lo largo de las cuatro temporadas –hasta ahora- dos de ellos: Thomas Barrow (Rob James-Collier) y Sarah O’Brien (Siobhan Finneran), siendo el primero un pillo de poca monta, envidioso e intrigante que junto con su compinche Mrs. O’Brien planean y llevan a cabo toda clase de fechorías para hacerle la vida pesada a todos los habitantes de la casa, sean los Crawley -a quienes utilizan de manera descarada como instrumentos involuntarios para torturar a su enemigo acérrimo John Bates (Brendan Coyle), el valet personal del jefe de la familia, Robert Crawley o Lord Grantham (Hugh Boneville)- o cualquiera de los criados que los hubiese ofendido.

Sin haber una maldad proveniente del mismísimo averno o de la magia negra, aquí lo que observamos es mezquindad y cobardía puras y llanas, características que llevan a Thomas y a O’Brien a levantar falsas acusaciones de robo, casi asesinar al perro de Lord Grantham, provocar la pérdida del bebé de Lady Cora (Elizabeth McGovern) –esposa de Lord Grantham– y otras lindezas similares. No obstante, la que sí parece haber dejado un sitio vacante al lado del mismísimo Satanás es la esposa de John Bates, Vera Bates (Maria Doyle Kennedy), quien sin amar a su marido, desea retenerlo con el único afán de hacerlo infeliz por el resto de su vida al separarlo de la dulce e inteligente doncella de las señoritas Crawley, Anna Smith (Joanne Froggatt), urdiendo toda clase de viles estratagemas para lograr su cometido, sacrificando la propia vida en el intento al cometer –al parecer- suicidio, endilgándole la culpa de manera póstuma a su viudo.

Pasemos ahora a otra serie británica, Sherlock, la brillante adaptación de la obra de Sir Arthur Conan Doyle a la época actual. Protagonizado por Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, quienes encarnan al famosísimo detective y a su fiel amigo John Watson respectivamente, en este programa podemos ver en primer lugar a un Holmes que se pasea con singular alegría en los límites de la ética, transgrediéndola flagrantemente en algunas ocasiones, si es que la resolución del caso lo amerita, ante el horror del honorable Watson, quien hace hasta lo indecible para que su mejor amigo permanezca en el lado del bien. No obstante, estas “pequeñas” licencias que en ocasiones se toma Sherlock parecen juegos de niños cuando aparece en escena el villano por excelencia de la obra de Conan Doyle, el profesor James Moriarty (Andrew Scott).

Haciendo magistralmente los guionistas una recreación de un personaje que en los relatos originales (Problema final y La casa deshabitada) se deja ver como una figura casi improvisada, traída a cuento únicamente para poder matar a Holmes en las cataratas de Reichenbach –por entonces el autor estaba harto de su detective y quiso eliminarlo sin éxito, pues recibió incluso amenazas de muerte si no lo revivía, cosa que eventualmente y muy a su pesar tuvo que hacer-; en la pantalla chica se nos presenta como un extraordinario psicópata cuyo único objetivo en la vida es reconocer en otro individuo a alguien de su misma categoría intelectual para que le sirva a manera de némesis[i]. Sobra decir que el brillante Sherlock es justamente este digno adversario tan largamente esperado por el frío, cruel y calculador Moriarty, quien se divierte asesinando o poniendo en riesgo la vida de cualquiera con tal de obtener una “agradable” competencia con el detective residente en el 221 B de Baker Street.

A continuación entraremos nuevamente en el género fantástico para abordar la tan amada como odiada serie de The Walking Dead. El argumento de este programa se centra en un escenario postapocalíptico en el que los pocos humanos que quedan sobre la faz de la tierra han de habérselas en contra de ejércitos de zombis, los cuales “nacen” cuando las funciones motoras de los cadáveres son reactivadas, deambulando por bosques, ciudades y carreteras hordas enteras de monstruos come-hombres. Como es de suponer, mantener una conducta recta e intachable en este panorama resulta prácticamente imposible, como lo descubren la mayoría de los protagonistas, empezando por Rick Grimes (Andrew Lincoln), líder del grupo de sobrevivientes, quien habiendo tenido un estricto código de conducta sobre el asesinato de personas vivas –valga la aclaración-, tiene que transgredirlo en orden de defender tanto a su hijo como a sus amigos -siempre y cuando la amenaza sea directa e ineludible-.

Por otra parte, a lo largo de la serie tenemos algunos personajes que se muestran como “conciencias” activas del grupo protagónico, fungiendo como tal en las primeras temporadas Dale Horvath (Jeffrey DeMunn) y después Hershel Greene (Scott Wilson), quienes tratan de mantener a los sobrevivientes dentro de los límites del bien y la moral, dejando los dos la vida en el intento. Asimismo, el mal está perfectamente representado en esta serie y en distintos niveles. De este modo, el primer villano que encontramos es Merle Dixon (Michael Rooker), el vicioso hermano de Daryl Dixon (Norman Reedus), la mano derecha de Rick. Este hombre tiene la habilidad para cometer todo tipo de crímenes, a veces por el simple placer de llevarlos a cabo, redimiéndose únicamente en el momento de su muerte, cuando comprende que su hermano vale más que cualquier otra lealtad que pudiese haber entablado en el camino. El siguiente villano será Shane Walsh (Jon Bernthal) –mejor amigo de Rick– quien comienza la serie como líder del grupo de sobrevivientes al cual se integra poco después el erróneamente dado por muerto Grimes. Aquí podemos observar cómo el personaje no era malvado per se, sino que va trasladándose hacia el lado oscuro guiado por la envidia –pues el recién llegado es inmediatamente acogido-elegido como líder de facto- y los celos –durante la “muerte” de Rick, Shane se había involucrado con la esposa de este, Lori (Sarah Wayne Callies)-, tratando al final de matar a su ex mejor amigo –habiendo despachado previamente al otro mundo al inocente Otis para salvarse él mismo-.

Y aquí es cuando nos topamos con el villano por excelencia en esta tierra de zombis, tan magnífico y despreciable como Moriarty: el Gobernador, Brian Blake (David Morrisey), quien es también un psicópata, habiendo tenido a bien conservar a su hija en estado zombi, encadenada dentro de un armario, en una habitación que está “encantadoramente” decorada con cabezas humanas metidas en formol (!). Brillante estratega y embaucador espectacular, este personaje se introduce en la trama con una fachada inocente que engaña en primera instancia a la bastante estrangulable –a causa de su desmesurada estupidez- Andrea (Laurie Holden) y no así a su valiente y sagaz compañera Michonne (Danai Gurira), quien desconfía de Blake desde el primer momento. Teniendo como objetivo aparente la dominación de lo que queda del mundo para someter a todos los supervivientes bajo sus propias normas, el Gobernador tiene una banda de esbirros y sicarios –uno de ellos Merle Dixon– que se pliegan completamente a sus deseos, cometiendo desde robos hasta asesinatos y secuestros –siendo sus víctimas Maggie Greene (Lauren Cohan), Glenn Rhee (Steven Yeun) y la propia Andrea cuando esta se da cuenta de la maldad de su ahora amante-.

Huelga decir que cuando este personaje se encuentra con Rick saltan las chispas en la pantalla, creándose la dicotomía del bien y el mal, dando siempre el bueno la opción al malo de dejar las cosas por la paz, sin que el ambicioso gobernante del pueblo de Woodbury acceda a los deseos del líder apostado en la prisión sin nombre. De este modo el Gobernador toma como objetivo inmediato el deshacer el “reino” de Rick, ante el descontento de su propio pueblo, algunos de cuyos integrantes cuestionan el ataque a sangre fría a gente que no los ha agredido primero –Grimes y compañía se limitan a preparar la defensa-. Desesperado ante la obtusidad de sus seguidores, Brian Blake toma la salida fácil y los elimina a todos a media carretera para después desaparecer temporalmente antes de asestar el golpe final, en el que destierra a Rick y compañía de su emplazamiento en la cárcel, y acabando por fin con su miserable vida la aguerrida Michonne con un tajo de su katana y la ayuda de los walkers.

Despiadado, traicionero, inteligente e inconmensurablemente ambicioso, el Gobernador es uno de los mejores villanos que han aparecido en la televisión –aunque aún revisaremos a un par de personajes de The Walking Dead que han navegado entre el bien y el mal en esta serie-; sin embargo en la próxima entrega entraremos ya en las “grandes ligas” de la villanía, por lo que abarcaremos el traicionero mundo de Game of Thrones y el retorcido Renacimiento de The Borgias.

 

FUENTES:

www.imdb.com

[i] Enemigo.


Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V. II

13 septiembre 2014
De der. a izq.: Lex Luthor, Lana Lang, Zod, Regina, Rumpelstiltskin, Cora y Hook

De der. a izq.: Lex Luthor, Lana Lang, Zod, Regina, Rumpelstiltskin, Cora y Hook

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es”.

Charles Baudelaire 

Los guiones televisivos y por lo tanto sus personajes, han ido transformándose de acuerdo a los cambios socioculturales que se viven en la época en las cuales se transmiten las decenas de series que aparecen cada temporada. Actualmente parecen estar tomando fuerza dos “corrientes” en las cuales o bien tanto protagonistas como antagonistas tienen a la vez virtudes y defectos –lo cual les proporciona el elemento meramente humano que permite la identificación del espectador con el personaje-; o bien los villanos se convierten en francos protagonistas y por lo tanto son ellos quienes generan las simpatías de la audiencia.

Continuamos pues nuestra revisión con la serie Smallville (2001-2011). En principio el planteamiento de esta serie fue bastante sencillo: la vida de Clark Kent (Tom Welling) antes de convertirse en Superman. De este modo, en las primeras temporadas pudimos observar villanos adolescentes inspirados en los cómics, en este caso cada uno de los “malos” había sido afectado por la lluvia de meteoritos ocasionada por la llegada de la nave de Kal-El[i] a la Tierra, y poseía un “poder”. En estos episodios los villanos eran simples y aparecía, casi por regla general, uno por cada transmisión, mientras veíamos al antagonista por excelencia, Lex Luthor (Michael Rosenbaum), como el mejor amigo de Clark, recayendo entonces en Lionel Luthor[ii] (John Glover) el rol de mente maligna.

En esta serie, conforme pasaron las temporadas, los guionistas tuvieron que darle a Lex un motivo para enemistarse con Kent, de manera que pudieran llevar la historia a su forma original en la que ambos se enfrentan como representantes del bien –el extraterrestre- y del mal –el terrícola-, encontrando el pretexto en la desconfianza que el hijo de Jonathan y Martha Kent mostraba hacia el poderoso Luthor, lleva a este a abrazar su lado oscuro. Aunado a esto, el catalizador que sirve para despertar definitivamente el mal en Lex es su amor por la exnovia de Clark, Lana Lang (Kristin Kreuk).

Haciendo pedazos la historia original de Superman, los escritores tuvieron que torcer y retorcer el argumento para eventualmente llevar a Clark a su lugar en el Daily Planet donde debía compartir escritorio y amores legendarios con Lois Lane (Erica Durance). De esta manera, la única forma que encontraron para alejar a Lang de Kent fue casarla con Luthor, para posteriormente oscurecer el personaje transformándola de doncella virtuosa e inocente en una mujer despiadada y calculadora –quien a pesar de todo siempre tuvo como objetivo el bienestar de Clark-, que sin embargo continuaba alentando los tiernos sentimientos del Hombre de Acero. En una movida descabellada y hasta ridícula, el recurso que eligieron los guionistas para apartar definitivamente a los antiguos e inseparables amantes –en orden de dar cabida al personaje de Lois-, fue impregnar de Kryptonita y maldad –de manera irreversible- el cuerpo y el alma de Lana, de manera que su presencia fuera literalmente un veneno para Clark (!).

En esta serie todos los personajes eventualmente se mueven entre el bien y el mal –particularmente los muy cercanos al futuro Superman, Chloe Sullivan (Allison Mack) y Oliver Queen (Justin Hartley)-, de manera que en diversas ocasiones realizan acciones moralmente cuestionables, justificándolas con la persecución de un bien mayor, siendo el único que se resiste a tales libertades el siempre ético Clark Kent, quien llegó a poner en peligro a su familia, amigos y al mundo entero, siguiendo su inquebrantable código de conducta. A final de cuentas –y para evitarse los problemas de las clonaciones y otros tantos recovecos de los cómics-, tanto Lex como Lionel terminan eventualmente muertos, dejando los escritores la villanía última en manos de Zod (Callum Blue), el general kryptoniano que también ha sido enemigo de la familia El desde antes de la destrucción de Kryptón.

Otra serie en la que se ha tratado de “humanizar” a personajes conocidos ya hasta la saciedad es Once Upon a Time, cuya trama gira en torno a personajes clásicos de cuentos de hadas, siendo los protagonistas Snow White (Ginnifer Goodwin) y Prince Charming (Josh Dallas)[iii]. La particularidad de este argumento es que todos los personajes del “reino” –el mundo de los cuentos- han sido transportados al mundo real por una maldición lanzada por la malvada madrastra de Snow –cuyo nombre en la serie es Regina (Lana Parrilla)-, quien en un irrefrenable deseo de venganza contra su hijastra, transporta a personajes como Rumpelstiltskin  (Robert Carlyle) o Red Riding Hood (Meghan Ory) –y a ella misma- a un pueblo llamado Storybrooke, siendo los guías de la historia la “salvadora” –que de alguna manera debía romper la maldición regresando a todos los habitantes del pueblo su memoria sobre su identidad fantástica- Emma Swan (Jennifer Morrison) –hija a su vez de Snow White y Charming– y su hijo Henry (Jared Gilmore).

Ahora bien, respetándose –aunque con ciertas libertades- las historias de los cuentos, en la serie podemos ver cómo los villanos no son malos per se, sino  que por el contrario, todos y cada uno de ellos tiene un motivo, válido o no, para haber optado por el lado oscuro. De este modo, el maloso por excelencia es Mr. Gold, alter ego de Rumpelstiltskin, quien es un ser prácticamente omnipotente conocido como The Dark One, quien se dedica a hacer tratos con todo aquel que desea obtener algo o hacer un cambio en su vida; pero como “toda la magia tiene un precio”, Gold siempre cobra los “favores” que hace, y normalmente advierte a los interesados sobre las posibles consecuencias de sus mágicos acuerdos, haciendo por lo regular los interfectos caso omiso de tales alertas.

En este sentido, tanto Regina como Gold tienen un pasado que, si bien no justifica su maldad, sí hace que el espectador la comprenda. En el caso de la reina, su realmente malvada madre, Cora (Bárbara Hershey), asesinó a su novio, un humilde plebeyo, para que Regina “accediera” a casarse con el viudo rey, padre de Snow White, en un cruel plan que la ambiciosa mujer ha estructurado minuciosamente, haciendo que su hija rescate a la princesita mientras esta permanece aterrorizada a lomos de un caballo desbocado, ganándose de inmediato el favor del monarca. Por otro lado, Regina culpa a Snow por la muerte de su amado, ya que es la niña quien notifica a Cora la existencia del humilde amado –acarreando con ello su muerte-, por lo que jura cobrar venganza a toda costa, y se dedica a hacerle la vida “complicada” a partir de entonces.

Por su parte Gold había sido toda su vida un hombre cobarde y débil, víctima de numerosos abusos y quien finalmente se daña a sí mismo la pierna, ocasionándose una cojera permanente, con tal de poder evitar la lucha en la guerra contra los ogros, “para que su hijo no se quede sin padre”. Irónicamente, tanto su esposa como su hijo lo ven a partir de entonces como un cobarde pusilánime que es rechazado por todo el pueblo. Buscando una solución a su problema, es como se convierte en The Dark One, de modo que ahora puede vengarse de todos aquellos que le han hecho daño; el problema es que su esposa lo abandona al no soportar su maldad, uniéndose a una tripulación de piratas comandada por Hook (Colin O’Donoghue), mientras que su hijo, que trata de salvarlo de sí mismo, acaba siendo enviado solo a la Tierra, en donde el poder de su padre desaparecería, optando el progenitor por permanecer sin familia –asesina a su propia esposa en un ataque de celos- en el mágico mundo donde ostenta el poder de un dios.

Siguiendo una cadena de eventos desafortunados, los villanos se van transformando unos a otros, de modo que, al igual que Regina descubre su maldad gracias a las intrigas de su madre, Hook descubre su lado poco amable gracias a Rumpelstiltskin, quien asesina delante de sus narices a su amada, que no era otra que la esposa del alter ego de Mr. Gold.

Asesinatos, injusticias, abusos y cualquier tipo de siniestras actividades pueden apreciarse en el nada favorecedor historial de Regina y Rumpelstiltskin; sin embargo, ellos también descubren que también tienen un lado luminoso, el cual es invariablemente traído a flote por el amor: en el caso de la madrastra de Snow es el amor por su hijo adoptivo Henry –hijo natural de Emma-; y por parte de Gold su amor por la inteligente Belle (Emilie de Ravin). Aunque también, por su parte, los buenos no son níveamente puros en esta serie, ese es ciertamente otro tema, por lo que hasta aquí dejaremos a los villanos de las historias infantiles, para que en la próxima entrega nos introduzcamos a las complicaciones de los magníficos personajes de Sherlock y The Walking Dead, entre otros.

 

FUENTES:

www.imdb.com

[i] Nombre kryptoniano de Clark.

[ii] Padre de Lex.

[iii] Blancanieves y Príncipe Encantado (o Encantador).


Y ahora resulta que le vamos a los malos: Villanos de T.V.

19 agosto 2014
The Cigarette Smoking Man (William B. Davis)

The Cigarette Smoking Man (William B. Davis)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”.

Victor Hugo

Hasta hace algún tiempo, resultaba sumamente fácil detectar en las series televisivas el tipo de personaje al cual nos enfrentábamos: estaban los buenos y los malos, llevándonos el propio guion a favorecer con nuestra buena voluntad a los protagonistas antes que a los antagonistas. Sin embargo todo esto ha cambiado. Actualmente, en la pantalla chica, y cada vez con mayor frecuencia, son los personajes “malos” hacia los que hábiles guionistas inclinan nuestras simpatías.

En la presente serie de artículos haremos una revisión sobre algunos villanos de la televisión, sus motivaciones, orígenes, similitudes y diferencias. Advierto, como siempre en este tipo de escritos, que la selección de las series de televisión ha sido totalmente arbitraria, a la vez que me permito anunciar que en el texto se encontrarán diversos spoilers de las siguientes series (entre paréntesis se encontrará el número de temporadas que serán abarcadas de cada uno de los programas tratados): The Walking Dead (4), Downton Abbey (4), Breaking Bad (6), Game of Thrones (4), The Borgias (3), Once Upon a Time (2), The X-Files (9), House of Cards (2), Sherlock (3), Smallville (9), Stargate Atlantis (5).

De esta manera, veremos cómo atrás han quedado aquellos esquemas en los que los buenos eran incapaces de transgredir las leyes –naturales o establecidas por un canon social- y mucho menos de cometer crímenes como el asesinato, el robo, etc., teniéndose actualmente héroes que, de acuerdo con su propia historia y contexto, son capaces de “flexibilizar” las normas, pero siempre con un objetivo que a fin de cuentas repercutirá, al menos, en el bien común –o no tan común-. Por otra parte, cabe mencionar que dejaremos de lado las series policiacas como CSI, Castle, Law & Order y otras muchas, en las que generalmente los buenos pertenecen a las fuerzas de policía o similares, mientras que los malos son casi invariablemente criminales; de igual forma se dejarán fuera aquellas series en donde este esquema de bondad y maldad simplemente no aplica, por lo que los géneros comedia y juvenil han sido obviados.

Comenzaremos pues con un programa de ciencia ficción en donde el bien y el mal están perfectamente definidos, X-Files (Los Expedientes Secretos X, 1993-2002), programa que tuvo su auge en los noventas –terminó en 2002, estrenándose su segunda película, I Want to Believe, en 2008- y que invadió las pantallas con un sinfín de teorías conspiratorias. En este argumento, los buenos eran los detectives del FBI Fox Mulder (David Duchovny) y Dana Scully (Gillian Anderson), quienes se dedicaban a investigar exclusivamente casos de naturaleza paranormal, siendo el eje conductor de la serie la existencia y próxima invasión de los extraterrestres. En este caso, los villanos –los cuales a veces parecen omnipresentes y omnipotentes en su malévolo afán- estaban empeñados en ocultar a toda costa y a cualquier precio “la verdad”, siendo el máximo maloso un misterioso hombre conocido en las primeras temporadas como The Cigarette Smoking Man (William B. Davis), cuyo nombre es CGB Spender, quien al parecer ocupa todo su tiempo en entorpecer la labor del crédulo Mulder y la escéptica Scully, quienes a su vez se empeñan en descubrir la realidad sobre la existencia de vida fuera de nuestro planeta. Al mismo tiempo encontramos en la serie algunos personajes ambiguos, coconspiradores de Spender, a quienes eventualmente su conciencia les indica que ocultar una inminente invasión extraterrestre a la Tierra no es el proceder más adecuado para el completo de la raza humana, y por lo tanto tratan de ayudar a la pareja de detectives dándoles algunas pistas. En este sentido encontramos a Mr. X (Steven Williams), Deep Throat (Jerry Hardin) o The Well Manicured Man (John Neville), los cuales por supuesto terminan siendo asesinados como castigo por su traición. Por último, en la línea entre unos y otros se balancea el personaje de Walter Skinner (Mitch Pileggi), el director adjunto del FBI y jefe de Mulder y Scully. Este hombre se ubica entre su amistad y su conciencia que le dictan manifestarse en favor de sus subordinados, y el yugo burocrático-político impuesto por Spender, quien lo utiliza de manera descarada e inmisericorde como arma en contra de la pareja de detectives.

Vemos pues cómo, al final, en el universo de los Expedientes X triunfan la honestidad y la tenacidad de Mulder–quien sin embargo desaparece durante las últimas temporadas para reaparecer en los capítulos finales de la serie- y Scully, frente al taimado fumador, desembocando la serie en un final bastante estrambótico y un tanto confuso -pero en resumidas cuentas satisfactorio- en el cual la humanidad queda más o menos a salvo.

Otra serie regida por este sencillo esquema, donde es clara la división de los buenos y los malos, es Stargate Atlantis (2004-2009). Aquí el asunto es muy simple, los buenos son los humanos, particularmente el equipo de investigadores y aliados asentados en la mítica y tecnológica ciudad de Atlantis –equipo comandado por un coronel de nombre John Sheppard (Joe Flannigan) y sus compañeros inseparables Teyla (Rachel Lutrell), Ronon (Jason Momoa) y McKay (David Hewlett), principalmente-, base desde la cual estos hombres y mujeres luchan incansablemente contra una especie extraterrestre conocida como los Wraith (espectros), criaturas monstruosas que absorben la energía del cuerpo humano para alimentarse, importándoles muy poco si en el proceso acaban con los homo sapiens –particularmente con los que no residen en el planeta Tierra, siendo este último un ansiado objetivo-. Aun cuando en la serie podemos ver algunos humanos perversos, que suelen atacar a los de su misma especie normalmente por ambición, la trama principal plantea a la maldad unida a los espectros, seres desarrollados y organizados en una sociedad de “colmenas” –como los insectos- dominadas por una reina, es decir, con un esquema jerárquico rígido donde una manda y el resto obedece sin cuestionamientos, con la finalidad de sobrevivir, que no de dominar, aparentemente.

El problema con esta serie fue que los guionistas, productores y directores no lograron finalizarla adecuadamente, siendo la quinta temporada una franca afrenta a la inteligencia del espectador –incluso visualmente, ya que de haber manejado en las cuatro primeras temporadas unos recursos adecuados, la quinta temporada parece sacada de los peores capítulos de la serie infantil Power Rangers-, en la que a ojos vistas los realizadores conocían ya la inminencia de la cesión de recursos, por lo que los guionistas también perdieron el rumbo, haciendo a los personajes, que venían siendo congruentes, convincentes e inteligentes, unos verdaderos inútiles –a la vez que la trama se hizo ambigua y absurda-, forzando al final un “regreso” de toda Atlantis –cabe destacar que en la serie se trata de una ciudad que puede transportarse tranquilamente a través del espacio al tratarse, a la vez, de una nave espacial- a la Tierra, “venciendo” de manera abrupta, milagrosa e increíble –por no ser creíble incluso dentro de los parámetros de la ciencia ficción, no por buena- a los temibles espectros. A final de cuentas, “gana” el bien.

Hasta este momento hemos hablado de la ciencia ficción, un terreno en el que resulta bastante sencillo plantear una estructura más o menos maniquea[1] con posturas definidas, y dentro de la cual es posible detectar plenamente a los protagonistas y destacar sus diferencias de los antagonistas. Con el paso de los años, y en otros géneros, estas líneas divisorias van difuminándose hasta francamente desaparecer, como veremos en la siguiente entrega de esta columna.

FUENTES:

www.imdb.com

[1] Se dice de quien sigue las doctrinas de Manes, pensador persa del siglo III, que admitía dos principios creadores, uno para el bien y otro para el mal (DRAE).


Cuando el futuro nos alcance: Cine futurista III

7 mayo 2014
Soylent Green (1973)

Soylent Green (1973)

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un modo de preservar a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes”.

Napoleón I 

En el séptimo arte, el ser humano ha encontrado una manera de advertirse a sí mismo sobre los errores que está cometiendo y las posibles consecuencias de los mismos. De este modo, muchas son las películas que nos auguran un futuro bastante desalentador y, en ocasiones, aterrador.

Comenzaremos esta revisión (advirtiendo que en las líneas subsiguientes se encontrarán spoilers) con la cinta El día de la expiación (The Purge, James DeMonaco, 2013). En ella se muestra una sociedad casi utópica en el futuro, en la cual la violencia ha sido erradicada del ámbito social, encontrando los “instintos agresivos” una fuga en el Día de la Expiación, fecha en que los servicios de asistencia -bomberos, ambulancia y policía- son suspendidos durante una noche, teniendo los ciudadanos el derecho de cometer el crimen que les apetezca, siendo el más socorrido el asesinato, generándose cacerías de gente inocente cuyo propósito es servir de “punto de fuga” para los fuertes.

El panorama presentado en esta película es espeluznante, ya que se observa cómo las personas se deshacen de cualquier rastro de humanidad o piedad, “purgando” con el asesinato cualquier nimia afrenta recibida durante el año. La protagonista en tal argumento es la familia Sandin, en la que el padre, James (Ethan Hawke) es un exitoso empleado de la empresa que “asegura” las viviendas para el Día de la Expiación, instalando sistemas avanzados de seguridad y alarmas. La habilidad de Mr. Sandin como vendedor le ha permitido adquirir una lujosa residencia, objeto de la envidia de sus vecinos. Al mismo tiempo, el matrimonio –Mary (Lena Headey) es la madre- tiene dos hijos: Charlie (Max Burkholder) y Zoey (Adelaide Kane), siendo el primero un bondadoso muchachito que no tolera la idea de la “Purga”, y la segunda una rebelde y bella jovencita que se manifiesta en franco desacuerdo contra su padre, quien le ha prohibido ver a su actual novio. En este escenario, la familia entera es puesta en peligro por la piedad de Charlie, quien deja entrar en la casa asegurada a un desconocido que huye de un grupo de yupies locos que lo quieren matar sin razón alguna; al mismo tiempo James Sandin debe enfrentarse a Henry (Tony Oller), el galán de su hija quien sin miramientos se esconde en casa de su amada para aniquilar al intransigente suegro. Reflejándose en el filme la inconciencia de la gente sobre las consecuencias de sus acciones durante la Purga, al final el mensaje que se queda es que la violencia debe ser detenida por medio de la paz y el perdón –conclusión a la que llega Mary Sandin-, ya que de otra forma se genera una cadena infinita de agresiones y rencores, mismos que, al acumularse durante todo un año, provocan que el más civilizado de los individuos se convierta en un implacable asesino en cuanto puede dar rienda suelta a sus más oscuros sentimientos.

Pasando a las películas que enfrentan al hombre con las consecuencias de las acciones de la humanidad en general, mencionaremos primero a Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006). Aquí se muestra un futuro sin futuro, ya que la el ser humano enfrenta impotente su propia extinción, no por desastres naturales o ecológicos, sino porque las mujeres se han convertido en seres infértiles, de modo que la raza humana no puede regenerarse a sí misma –en sentido literal-, quedándose así los individuos con una sensación de vacío inconmensurable al darse cuenta de que, hagan lo que hagan, no tendrá repercusión alguna en un porvenir inexistente. En el argumento, sin embargo, existe una esperanza en la persona de una mujer africana que logra quedar embarazada, pero que a la vez –e irónicamente- debe ser protegida de diversos ataques, ya que lleva en su vientre al único bebé que podría significar alguna luz para los abatidos humanos.

Por otra parte, las consecuencias de una guerra nuclear son mostradas en el filme El libro de los secretos (The Book of Eli, The Hughes Brothers, 2010), en la que los pocos habitantes del mundo que han sobrevivido a la catástrofe, se han convertido en seres agresivos, egoístas y traicioneros que únicamente atienden a sus propios intereses, valiéndose de su prójimo para obtener lo que necesitan o desean. En este terrible futuro Eli (Denzel Washington), es una suerte de “guerrero” que viaja portando un libro que él considera que es el que dará a la humanidad una esperanza para regenerarse –en este caso en el sentido social-. De esta manera, mientras el protagonista tiene fines altruistas, el antagonista, Carnegie (Gary Oldman) considera que la fuente de poder en estos aciagos tiempos está en los libros, siendo el más importante el que porta Eli, herramienta única para que aquel megalómano se convierta en una suerte de mesías que controlará a los supervivientes, urdiendo el personaje cualquier cantidad de trampas para hacerse con el poderoso volumen que resulta ser la Biblia.

Por otro lado, un desastre ecológico es presentado en la cinta Wall-E (Andrew Stanton, 2008) de Disney-Pixar, en la que el simpático robotito Wall-e es el único habitante que queda en una Tierra desolada, cubierta en su totalidad por los residuos de los humanos –los árboles y animales han desaparecido- quienes, en un afán por sobrevivir, se han exiliado a sí mismos condenándose a una existencia en el espacio a bordo de enormes naves, en las cuales “gozan” de cualquier cantidad de comodidades. En este argumento, además de ser criticada la generación desmedida de basura, también es evaluada la dependencia del ser humano con respecto a la tecnología, ya que en espacios tan confinados como las naves, el contacto humano es prácticamente nulo, debido a que las personas tienen a su alcance dispositivos electrónicos –muy parecidos a los smartphones y las tablets- que les permiten estar en “comunicación”, pero no interactuar cabalmente con sus semejantes, habiéndose también hecho perezosos al extremo, ya que no tienen necesidad de caminar al transportarse en sillas automatizadas, presentando así al humano del futuro como un ser rechoncho y hueco -tanto emocional como intelectualmente-. Con un mensaje ecologista, Wall-E hace hincapié en la importancia de los árboles para la supervivencia de la raza humana, ya que todas las aventuras del mecánico protagonista están basadas en la preservación del único retoño -que es resguardado por la temperamental y robótica EVA- que ha sido encontrado en el planeta azul, indicador indiscutible de que la Tierra está preparada para recibir nuevamente a sus descuidados y destructivos habitantes.

Por último, en estas perspectivas desalentadoras, mencionaremos una película que marcó a toda una generación a la que la simple mención de las “galletas verdes” hace estremecer. Se trata de Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) en la que el problema es que la sociedad ha acabado con el suelo, haciendo imposible la generación de alimentos suficientes para cubrir las necesidades de las ciudades superpobladas, en las que las familias se apiñan prácticamente una sobre otra. Habiendo desaparecido hace mucho tiempo los lagos y los bosques, el ambiente más bien desértico provoca en los seres humanos un ánimo de fastidio y tedio. De esta manera, los dueños de las empresas alimentarias han encontrado que es el artificial Soylent Green el alimento más nutritivo para el hombre, llegándose al paroxismo del horror y el asco cuando el protagonista, el detective Thorn (Charlton Heston) descubre que la codiciada y verde galleta es elaborada a base de los humanos que asisten voluntariamente a una institución de eutanasia, que “amablemente” los ayuda a pasar al otro mundo en medio de imágenes hermosas y música maravillosa, para que luego sus cadáveres sean procesados para alimentar a los hambrientos sobrevivientes.

Analizando los defectos de la raza humana, cineastas y guionistas han elegido en sus futuristas películas deficiencias e ineficiencias que pueden provocar la extinción de los pobladores de la Tierra, utilizando sus guiones como faros que tratan de indicar a los espectadores el camino correcto a seguir, mostrando las funestas consecuencias de proseguir el camino tal como hasta ahora se ha hecho. 

 

FUENTES:

www.imdb.com


Cuando el futuro nos alcance: Cine futurista II

28 abril 2014
Joaquin Phoenix en la película Her (2013)

Joaquin Phoenix en la película Her (2013)

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Esta es la primera época que ha prestado mucha atención al futuro, lo cual no deja de ser irónico, ya que tal vez no tengamos ninguno”.

Arthur C. Clarke

Por lo regular, en la corriente futurista del cine de Ciencia Ficción, nos encontramos con perspectivas polarizadas sobre el papel que desempeña la tecnología en el porvenir de la raza humana. De este modo, mientras hemos hablado ya de la visión más aterradora, comenzaremos este artículo describiendo algunos filmes en donde los avances tecnológicos, si bien en algunos casos ha dominado el entorno, no ha dominado al hombre… al menos no en el sentido de Matrix o Terminator. Advertencia: los siguientes párrafos contienen spoilers.

La primera cinta que comentaremos será Ella (Her, Spike Jonze, 2013) en la que vemos una sociedad que tiene a su alcance todo tipo de gadgets que facilitan la vida a los ciudadanos-usuarios. Siendo ciudades comunes y corrientes, en las que la interacción humana es todavía cosa de todos los días, se percibe cómo el individuo tiende a sostener relaciones disfuncionales con su prójimo, y en el caso del argumento, principalmente con sus parejas. Así, el protagonista del filme es Theodore (Joaquin Phoenix), que se dedica en su trabajo a escribir cartas de diversas índoles para todas aquellas personas que o bien no tienen el tiempo, o la habilidad para manifestar sus sentimientos en “papel virtual” –el papel confeccionado con celulosa ha sido desplazado, tristemente, hace mucho tiempo-, dedicándose entonces él a ofrecer disculpas y condolencias o a realizar las más ardientes y apasionadas declaraciones de amor, por ejemplo. Este futurista y modernizado amanuense está también atribulado por una caótica ruptura con su esposa y no entiende el sentido de su vida. En esta situación, se topa de repente con el anuncio de un avanzadísimo sistema operativo que ofrece ser una compañía incomparable para todos los solitarios. Sin dudarlo Theodore adquiere el suyo y pronto se encuentra hablando ininterrumpidamente con una deliciosa voz (Scarlett Johansson) que, además de alejar su soledad, le resuelve la vida –ella hace todo, desde leerle sus e-mails hasta componerle piezas musicales-. El problema es que el aislamiento físico que vive el caballero es “erradicada” en cierto sentido por esta personalidad virtual, por lo que experimenta un terrible shock cuando “ella” le informa que lo “engaña” –pues han establecido una retorcida relación amorosa en la que la “máquina” ha descubierto sus “sentimientos” y él se ha descubierto perdidamente enamorado de algo que no existe- con otros varios cientos de miles de usuarios… Habiéndose llevado, en la película, la vivencia virtual al extremo, este guion nos hace preguntarnos qué tan lejos estaremos de experimentar algo similar, ya que actualmente, existen muchas personas que viven plenamente en la Internet, pero tienen una existencia bastante mediocre en el “mundo real”, creando continuamente incluso avatares que les permiten llevar su vida soñada, sin abandonar el retiro de su habitación, o bien llevando esta computarizada experiencia a todos lados a través de sus inseparables tablets, smartphones y laptops.

Otra película que ofrece experiencias virtuales extremas en el futuro es Total Recall (Len Wiseman, 2012) –este es un remake de la original protagonizada por Arnold Schwarzenegger y dirigida por Paul Verhoeven en 1990-, en la que un humilde trabajador de una fábrica armadora de robots, Douglas Quaid (Colin Farrell), decide eventualmente experimentar el servicio ofrecido por la empresa Rekall, que consiste en que a aquellos que no pueden tener cierto tipo de vivencias en carne propia, se les incrustan falsos recuerdos en su mente, de manera que les sea posible disfrutar de viajes, por ejemplo, sin tener que pagar o desplazarse. De este modo, Quaid decide lo que podríamos denominar como “experiencia de profesión”, eligiendo ser un espía internacional, topándose con que él realmente era un espía renegado de nombre Carl Hauser. Dejando de lado las complicaciones de la trama, en la cinta se muestra una sociedad postapocalíptica –las guerras químicas han dejado absolutamente devastada gran parte del planeta- que se sirve de la tecnología –principalmente para hacer un túnel que permite viajar en cuestión de minutos de un lado al otro del orbe-, pero que ha sido segregada en dos secciones, quedando en una de ellas los infames hogares de los libres trabajadores (la Colonia, en Australia) y en otra las grandes empresas de los poderosos (Federación Unida Británica, FUB), de forma que, mientras los primeros necesitan atravesar la Tierra todos los días para poder llegar a sus lugares de empleo, los segundos desean el control absoluto de ambos territorios. El control del todo superviviente es pues el objeto de la batalla entre los personajes de este filme, en el que el engaño y la verdad se entrecruzan en la lucha por la justicia.

División social semejante y aún más extrema se muestra en la deficiente cinta Elysium (Neil Blomkamp, 2013), en la que se muestra un mundo dividido en dos polos opuestos, la extrema pobreza –la cual el director ubicó en nuestro Distrito Federal- en donde la gente vive en condiciones absolutamente miserables, expuestos a la violencia y luchando por la supervivencia en un lugar donde el sistema de salud pública era precario en el mejor de los casos; mientras que una diminuta élite gozaba de todo tipo de lujos y ventajas en una estación espacial exclusiva (Elysium) de los súper millonarios. Con un talante bastante racista, Blomkamp expone una segregación de la humanidad, situando en la Tierra a los latinos, africanos y orientales, y en el paraíso flotante, a los caucásicos, anglo y francoparlantes. Con una historia que no vale la pena mencionar, cuyo protagonista es un trabajador de una fábrica llamado Max (Matt Damon), se muestra además una recreación del asunto migratorio que tan preocupado tiene a Estados Unidos, ya que en este argumento la gente arriesga la vida con tal de alcanzar aquel lejano Edén, no con el afán de obtener trabajo o dinero, sino de tener acceso a unas máquinas maravillosas que podían curar en segundos cualquier enfermedad que el usuario tuviera.

Por otra parte, el súper desarrollo de la humanidad es mostrado también en la película Gattaca (Andrew Niccol, 1997), en la cual vemos cómo los progresos tecnológicos son acompañados por los genéticos, de modo que se ha logrado gestar –un poco a la manera de Un mundo feliz de Aldoux Huxley– seres humanos sin defectos genéticos, constituyéndose entonces una sociedad elitista de seres perfectos –“hijos de la ciencia”- en los cuales los “hijos de Dios” –personas concebidas tradicionalmente, – eran limitados a los trabajos más humildes por su supuesta falta de capacidad tanto física como intelectual, teoría que es echada por tierra gracias al protagonista Vincent Freeman (Ethan Hawke), cuyo afán por visitar el espacio exterior –actividad reservada a la clase superior-, lo lleva a “comprar” la identidad de Jerome Eugene Morrow (Jude Law), un hijo de la ciencia quien, debido a un accidente, ha quedado confinado a una silla de ruedas. Teniéndose en todos los lugares estrictos controles para la verificación de identidad, Freeman debe fijarse en cada detalle, obteniendo de su “presta-identidad” elementos como cabellos, células epiteliales (piel), sangre y orina, mismos que el inferior necesitaba para continuar con su charada. Finalmente Vincent logra su cometido, al cual se ha sumado la conquista del corazón de la impresionante Irene Cassini (Uma Thurman), otra hija de la ciencia, acongojada porque su cuerpo no está exento de fallas, puesto que padece de una enfermedad cardiaca congénita. En esta película el cineasta Niccol trata de demostrar que realmente es la tenacidad del ser humano la que lo lleva a intentar conseguir la perfección –el “débil” Freeman había, en su niñez, salvado a su desarrollado hermanito de ahogarse ante el asombro de sus padres-, impulso que ciertamente ha llevado a la humanidad a sobrevivir durante milenios.

División de clases y dominio tecnológico hemos visto hasta ahora, pero las consecuencias del pasado irreflexivo de la humanidad también son interesantemente tratadas por las cintas futuristas, por lo que a tal tema dedicaremos la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

www.imdb.com


A %d blogueros les gusta esto: