Y después del apocalipsis zombi ¿qué? II

13 octubre 2015

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

De las miserias suele ser alivio una compañía”.

Miguel de Cervantes

Líder o seguidor, cazador o presa, pero a final de cuentas superviviente, así es una persona viva y sana que aparezca en cualquier serie de televisión o película que aborde el tema del “apocalipsis zombi”. Siendo tan variadas las personalidades de los personajes que han protagonizado este tipo de producciones, todos ellos, sin embargo, comparten dos elementos en común: la pérdida y la búsqueda. Sin importar el género desde el cual se aborde el tema (horror, ciencia ficción o incluso comedia), aquellos que corretean en el planeta tratando de salvarse de cadáveres ambulantes o enloquecidos infectados han perdido seres queridos, sus hogares, su seguridad física y otras tantas cosas; y a su vez se lanzan en una búsqueda por recuperar cualquiera de ellas.

Pero antes de entrar en materia, hacemos aquí nuevamente la advertencia de que este artículo contiene numerosos spoilers, por lo que si no han visto (y aún desean hacerlo) las películas Zombieland y 28 Days Later (Exterminio) se recomienda abandonar aquí la lectura.

Empezaremos entonces por analizar la situación de la película Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). En esta cinta, que entra en el género de la comedia, el protagonista, Columbus (Jesse Eisenberg), es un joven común y corriente, no particularmente valiente, pero sí bastante inteligente, lo cual le permite crear para sí mismo una serie de normas con las cuales él sabe que puede sobrevivir en un mundo en el cual debe enfrentarse a los muertos vivientes. De este modo, el joven –que no es atlético en absoluto- hace calentamiento antes de incluirse en cualquier situación que le demande un esfuerzo físico, con lo cual evita lastimarse; revisa cuidadosa y sistemáticamente cualquier lugar al que pretende entrar; desconfía de cualquier persona y sobre todo evita ser el héroe, porque según su hipótesis, esta última opción lo llevará a una muerte segura.

Paranoico por naturaleza, Columbus se encuentra con su complemento fuerte, en este caso encarnado en Tallahasse (Woody Harrelson), que es un hombre maduro que va por este apocalíptico escenario con una actitud cínica y despreocupada, pues él ha encontrado ya un buen vehículo y una abundante provisión de armas. Obsesionado con conseguir un pastelito Twinky –y arriesgando su propia vida por ello-, este hombre no tiene reglas que seguir, sino que enfrenta las situaciones conforme se le presentan, empleando su valor y habilidades, de las cuales se siente bastante seguro.

A su vez, esta dupla masculina da con su contraparte femenina en dos hermanas, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes se manejan con un código carente de la ética más elemental, ya que ellas solo piensan en sobrevivir juntas, por lo que si para lograrlo necesitan engañar, robar o amenazar a cuando individuo se les atraviese, así sea. Habiendo tenido ya desde antes del apocalipsis zombi la costumbre de estafar a la gente, ellas han descubierto que este mecanismo también funciona después de la hecatombe, por lo que no dudan de privar al prójimo de armas, comida o vehículos.

A final de cuentas el argumento lleva a tan distintos personajes a formar un frente común contra los zombis –y a Columbus a romper su regla de oro con tal de salvar a su amada Wichita y a Little Rock– con el afán de sobrevivir, creándose entre ellos lazos de confianza que finalmente son los que les permiten lograr su cometido. Y es aquí donde vemos cómo en un mundo en el cual la raza humana enfrenta su propia extinción, es la formación de comunidades la que le proporciona la posibilidad de subsistir tanto física como emocionalmente.

Caso similar -aunque en el género de horror- se presenta en la cinta 28 Days Later (Exterminio, Danny Boyle, 2002), en el cual Jim (Cillian Murphy) es un mensajero que se despierta en un desierto hospital después de que una terrible enfermedad llamada Rage –misma que provoca que la persona infectada pierda sus facultades mentales transformándose en un agresivo animal caníbal- haya infectado a la mayor parte de la población de las islas británicas. En Jim observamos así el comportamiento totalmente plausible de una persona normal que se despertase en semejante situación, pues completamente desorientado y vestido tan solo con una poco funcional bata de hospital, comienza a recorrer primero el nosocomio y luego la ciudad de Londres, tratando de encontrar algo o alguien que le explique qué es lo que ha sucedido.

Dejando de lado el hecho de que la película se torna aún más sobrecogedora porque el director Danny Boyle consiguió permiso para vaciar literalmente algunas de las zonas más emblemáticas de la capital británica, utilizando así locaciones y no sets armados, la sensación de soledad que transmite Murphy se transmite al público compartiendo este la consternación del personaje.

Sin embargo, este sentimiento de soledad absoluta pronto se transforma en terror para el protagonista cuando se encuentra al primer grupo de infectados, a quienes ubica en una iglesia, ya que no comprende por qué aquel grupo de personas que tienen los ojos inyectados en sangre y lanzan gruñidos estremecedores se le echan encima en un abrir y cerrar de ojos y tratan de matarlo. Tras huir despavorido de aquel sitio, Jim se topa entonces con una mujer, Selena (Naomie Harris), quien logra salvarlo después de encerrarse ambos tras una cortina de metal que cierra una tienda. Y aquí es donde la joven le explica al recién llegado lo que ha sucedido con el mundo. En este caso Selena ha tenido tiempo para adaptarse a la situación, por lo que va armada y lleva consigo provisiones –chocolates y refrescos, que es lo único que ha podido encontrar-, ella representa entonces a lo largo de la cinta la parte racional que actúa en el ser humano en una situación de supervivencia.

Por su parte Jim es más sentimental, por lo que no es extraño que lo primero que desee sea ver a su familia, a pesar de que su compañera le advierte que con seguridad están muertos o infectados. Aferrado a sus afectos, el personaje encarnado por Cillian Murphy logra hacerse acompañar hasta su casa donde, efectivamente, encuentra a sus padres que se han quitado la vida, enfrentándonos entonces nosotros como espectadores con otra reacción al fin del mundo: la autoaniquilación, elegida por todos aquellos que antes de sufrir un destino terrible como infectados, han preferido salir de este escenario por su propia mano sin siquiera luchar por sobrevivir. ¿Cobardía? ¿Sensatez? Depende de la personalidad del individuo que observe el contexto.

Pero como en todos los apocalipsis zombi, solamente aquellos que se empeñan en continuar vivos están dispuestos a enfrentarse a la soledad y los numerosos problemas que representa la simple existencia. De esta forma, en esta cinta observamos nuevamente cómo la formación de comunidad es una necesidad básica del ser humano, por lo que Jim y Selena emprenden camino en busca de otros no infectados, localizando entonces así a Frank (Brendan Gleeson) y su hija adolescente Hannah (Megan Burns), quienes han decidido atrincherarse en su departamento, habiendo colocado luces en la ventana para atraer a cualquier individuo sano. En este caso el padre de familia deja algo muy claro, él sabe que su hija no podrá sobrevivir sola, necesita adultos que la ayuden, y es así como comparte todos sus recursos con sus “invitados” con el convenio tácito de que si algo llegase a ocurrirle a él, la jovencita quedaría protegida.

Nuevamente vemos la formación de un grupo de personas bienintencionadas. Sin existir en este caso nadie que quiera aprovecharse del otro, todos ellos forman lazos de amistad casi instantáneos, lo cual les permite gozar de ciertos momentos de tranquilidad e incluso diversión. En este contexto, Selena reflexiona sobre el futuro de la humanidad, fijando su atención en un elemento que es obviado por otros filmes similares: la creación artística. La mujer revela entonces su parte nostálgica al manifestarle a Jim que no puede creer que nunca habrá una película, una pintura o un libro que no existiesen previamente. Aquí se muestra entonces el anhelo de trascendencia del ser humano, mismo que es fácilmente bloqueado por la necesidad de cubrir los requerimientos físicos básicos, que sin duda resulta apremiante para los supervivientes de un apocalipsis zombi.

Y para concluir con el espectro de las posibilidades en las reacciones humanas en un mundo devastado, este amigable equipo va a dar de narices con los “villanos”, aquellos que sobreviven a costa de los demás, en este caso representado tan nefasto bando por un grupo de militares que a través de una transmisión de radio, han ofrecido a los incautos refugio y una cura para la enfermedad, siendo todo ello mentira. Dando primero estos sujetos una sensación de seguridad gracias a su pesado armamento y aparentemente inexpugnable fortaleza, comparten con los recién llegados –a los cuales les falta un miembro al haber sucumbido Frank a la enfermedad- su agua, refugio y su comida. Poco tiempo pasa para que estos egoístas individuos revelen su verdadero cometido, pues lo único que desean es apoderarse de las mujeres para usarlas a su gusto, lo cual por supuesto genera la indignación del heroico Jim, quien en contra del reglamento de Columbus, después de lograr escapar de los soldados que han intentado eliminarlo, irrumpe salvajemente en la habitación donde tienen cautivas a sus amigas para posteriormente emprenderla a brazo partido con los agresores, logrando la victoria con la ayuda de un infectado –que él libera a propósito- que los militares tenían encadenado en el patio trasero con fines experimentales –deseaban observar cuánto tiempo tardaba en morir sin ser alimentado-.

Jim pierde –temporalmente- entonces su humanidad para salvar a sus seres queridos. Los enemigos han perdido su humanidad por cosificar a las personas. Es así como nos enfrentamos por primera vez a la deshumanización del individuo, aunque por motivos diferentes. El defensor y el abusivo, ambos pierden sus códigos éticos, pero con fines opuestos. Jim sigue siendo, entonces, un héroe, sin transformarse en un antihéroe, pues él está consciente de que matar no es correcto, pero también se ha dado cuenta de que sus enemigos no le dejan otra opción que suprimirlos.

Habiéndose filmado dos finales para esta cinta: uno feliz en el cual Jim, Hannah y Selena son encontrados eventualmente por otros supervivientes que disponen de un avión; y otro bastante más deprimente en el cual se da a entender que Jim muere a causa de una herida sufrida durante el enfrentamiento con los soldados, la cinta plantea un escenario no del todo descabellado de un apocalipsis zombi. Sin darle un tinte humorístico o de ciencia ficción, esta cinta nos lleva el evento apocalíptico a un nivel en el que cualquiera puede sentirse identificado con alguno de los personajes, pues sus juicios y decisiones parten de bases realistas, tanto físicas como emocionales. Son individuos comunes sobreviviendo en un mundo atrapado por el caos, llevando inevitablemente al espectador a preguntarse ¿qué haría yo?

Pero el tema no ha sido concluido, por lo que la siguiente semana, terminaremos esta serie de artículos abarcando a detalle la variadísima gama de personajes y escenarios que plantea la serie televisiva The Walking Dead con respecto a la sobrevivencia en un mundo dominado por los zombis.

 

FUENTES:

www.imdb.com

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Y después del apocalipsis zombi ¿qué? I

3 octubre 2015
Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Horacio

Hace pocos días el actual gobernador del estado de Kansas (E.U.), Sam Brownback lanzó un programa llamado Zombie Preparedness Month, cuyo objetivo es motivar a los habitantes del estado en cuestión a estar preparados para emergencias tales como tornados, incendios, tormentas, etc., utilizando la popular figura de los zombis para captar la atención de los ciudadanos, y sosteniendo además el proyecto que si la persona está preparada para un apocalipsis[1] zombi[2], estará sin duda lista para enfrentar para cualquier otro tipo de contingencia.

De este modo y aprovechando el reciente auge de los zombis con el próximo estreno de la sexta temporada de la serie televisiva The Walking Dead, a continuación analizaremos algunos aspectos relacionados con los apocalípticos eventos que incluyen a muertos vivientes (o infectados) y el reacomodo (subsistencia) de la civilización humana, para lo cual utilizaremos algunos filmes y la serie de televisión anteriormente mencionada. Se advierte que a continuación se encontrarán diversos spoilers de las películas y programas referidos.

El séptimo arte ha estado fascinado por la figura de los muertos vivientes desde principios del siglo XX, siendo la primera película al respecto White Zombi (La legión de los hombres sin alma, Victor Halperin, 1932), pasando por numerosos clásicos en las décadas subsiguientes como The Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, 1968), Dawn of the Dead (El amanecer de los muertos vivientes, George A. Romero, 1978) o Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, Edgar Wright, 2004), entre otras muchas, y cuya calidad es calificada por los espectadores de acuerdo con sus gustos -ya que hay quien opina que son obras maestras y otros que las detestan considerándolas bodrios grotescos-, perteneciendo además en su mayoría al género de horror, inclinándose fuertemente hacia el gore[3].

Así, mientras tales películas se empeñaron en mostrar descriptivas escenas de los terroríficos cadáveres ambulantes persiguiendo a infinidad de humanos horrorizados, destacando el momento en que el perseguidor alcanza a su víctima y da inicio a un macabro banquete en el cual los gritos de la presa y sus expuestas entrañas son los protagonistas; por el contrario existe hoy en día otra “corriente”, en la que, si bien los filmes y series enfocados en los zombis exhiben tales elementos, no se centran en los propios monstruos como fundamento del guion, sino que han optado por querer mostrar qué pasaría con la sociedad después de un apocalipsis zombi.

Mucho se ha especulado sobre el comportamiento que tendríamos los seres humanos tras una catástrofe que borrase de la faz del planeta a buena parte de nuestra raza. De este modo, en la pantalla de plata hemos visto los afanes de supervivencia de personas que han logrado subsistir a cataclismos climáticos o incluso tormentas solares, pero que se enfrentan de cualquier manera a cierta clase de zombis, siendo una de las más recientes muestras de este planteamiento la segunda entrega de la saga Maze Runner: The Scorch Trials (Pueba de fuego, Wes Ball, 2015), en la cual un organismo cuyas buenas intenciones o malignidad no han quedado del todo claras, lleva a cabo un experimento con adolescentes con la finalidad de descubrir una cura para una enfermedad a la cual han denominado como Llamarada –ocasionada por un virus diseñado por el hombre como arma biológica-, misma que trastorna la mente del ser humano –convirtiéndolos en seres a los que se refieren como Cranks– a tal grado que lo deja en estado salvaje, eliminando su capacidad de raciocinio y limitando su actuación a una supervivencia animal en extremo agresiva.

En su carácter de superproducción veraniega de ciencia ficción plagada de efectos visuales bastante bien logrados, en el guion se nos muestran personajes cuyo desconocimiento de la situación exacta del mundo los lleva a seguir el esquema marcado por una organización que presuntamente intenta salvar a la humanidad de la extinción llevando a cabo experimentos aparentemente sociales, de los cuales el protagonista Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos son los sujetos de estudio. De esta manera en la película podemos ver el esquema de una organización que parece omnipotente –C.R.U.E.L. en español y W.C.K.D. en inglés- con recursos aparentemente infinitos que tiene la intención de tomar el control de lo que resta de la sociedad, enfrentándose a una organizada pero reducida resistencia que se concentra en los miembros del Right Arm (Brazo Derecho), quienes han logrado elaborar una cura para la enfermedad. Perteneciendo la película a las sagas juveniles literarias – en este caso escrita por James Dashner– llevadas a la pantalla, el argumento se aleja del análisis o reflejo de la sociedad para concentrarse en la relación que existe entre los personajes y el planteamiento de C.R.U.E.L. como antagonista.

Pasaremos ahora a un filme que contempla la situación de una persona abandonada a su destino después de un apocalipsis zombi en un contexto de soledad casi absoluta: I Am Legend (Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007) –inspirada en la novela homónima escrita por Richard Matheson-, en la que el protagonista de nombre Robert Neville (Will Smith) sobrevive en una desértica ciudad de Nueva York que empieza a ser retomada por la naturaleza, después de que una enfermedad ocasionada por una cura contra el cáncer afecta a millones de seres humanos, transformándolos en una suerte de entidades vampírico-zombi que se alimentan de cualquier ser vivo que se atraviese por su camino.

Neville, que es inmune a la enfermedad, es así forzado a utilizar todo su ingenio y recursos con el fin de sobrevivir junto con su fiel compañero canino. En este caso su problema no es de abastecimiento de comida o agua, pues tiene suficiente, sino que debe crear estrategias que le permitan conservar la cordura en un entorno en el cual únicamente “convive” con los animales salvajes o los infectados, de tal manera que sostiene conversaciones triviales e incluso “coquetea” con algunos maniquíes que ha colocado en diversos lugares de la ciudad –como una tienda de renta de películas- para crear la ilusión de compañía, pues además es constantemente atormentado por los recuerdos de la familia que perdió en el momento que se desató el caos ocasionado por el surgimiento de la infección.

En este escenario Robert, a la vez que lleva a cabo incansablemente numerosos intentos para crear una cura para el mal que ha mermado la población mundial en un 90 por ciento, también trata de encontrar a alguna persona no infectada, por lo que diariamente transmite una grabación que indica su ubicación exacta. Eventualmente una mujer, Anna Montez (Alice Braga) y un niño, Ethan (Charlie Tahan) llegan al sitio indicado mientras el solitario Neville se enfrenta a un grupo de los monstruosos infectados, salvándole la vida los recién llegados.

Aquí se muestra entonces cómo tanto Robert como Anna e Ethan, si bien están satisfechos al encontrar a otras personas que comparten su infortunio, también son desconfiados, pues no conocen a ciencia cierta las intenciones del otro. En este caso, sin embargo, son la solidaridad y la generosidad las que ganan al sacrificarse el propio Robert con el fin de que Anna e Ethan puedan llevar a un lugar seguro la cura que ha logrado encontrar.

Las virtudes más excelsas y los instintos más bajos son los que surgen en estos escenarios posapocalípticos, ya sea que estén dominados por millonarias organizaciones con tecnología de última generación o estén habitados por solitarios supervivientes. Por otra parte, en la próxima entrega de esta columna analizaremos algunos contextos en los cuales son comunidades de diversos tamaños las que intentan sobrevivir en mundos dominados por infectados caníbales o muertos vivientes.

FUENTES:

www.imdb.com

www.kansastag.gov/

http://www.rollingstone.com/

[1] El término “apocalipsis zombi” será aquí utilizado para designar a una situación en la que la sociedad se enfrenta a un evento de carácter mundial, tras el cual gran parte de su población se ha visto afectada por una enfermedad que provoca que los cadáveres adquieran movimiento, o bien elimina el uso de las facultades mentales, creando humanos irracionales y extremadamente agresivos, llegando incluso a la deformación física.

[2] Se ha utilizado la palabra haciendo referencia exclusivamente al muerto viviente que se presenta en la ficción, dejando de lado las implicaciones que tal figura tiene en el vudú.

[3] Género cinematográfico que recrea abundantes escenas sangrientas (http://www.oxforddictionaries.com/).


Cuando el futuro nos alcance: Cine futurista III

7 mayo 2014
Soylent Green (1973)

Soylent Green (1973)

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un modo de preservar a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes”.

Napoleón I 

En el séptimo arte, el ser humano ha encontrado una manera de advertirse a sí mismo sobre los errores que está cometiendo y las posibles consecuencias de los mismos. De este modo, muchas son las películas que nos auguran un futuro bastante desalentador y, en ocasiones, aterrador.

Comenzaremos esta revisión (advirtiendo que en las líneas subsiguientes se encontrarán spoilers) con la cinta El día de la expiación (The Purge, James DeMonaco, 2013). En ella se muestra una sociedad casi utópica en el futuro, en la cual la violencia ha sido erradicada del ámbito social, encontrando los “instintos agresivos” una fuga en el Día de la Expiación, fecha en que los servicios de asistencia -bomberos, ambulancia y policía- son suspendidos durante una noche, teniendo los ciudadanos el derecho de cometer el crimen que les apetezca, siendo el más socorrido el asesinato, generándose cacerías de gente inocente cuyo propósito es servir de “punto de fuga” para los fuertes.

El panorama presentado en esta película es espeluznante, ya que se observa cómo las personas se deshacen de cualquier rastro de humanidad o piedad, “purgando” con el asesinato cualquier nimia afrenta recibida durante el año. La protagonista en tal argumento es la familia Sandin, en la que el padre, James (Ethan Hawke) es un exitoso empleado de la empresa que “asegura” las viviendas para el Día de la Expiación, instalando sistemas avanzados de seguridad y alarmas. La habilidad de Mr. Sandin como vendedor le ha permitido adquirir una lujosa residencia, objeto de la envidia de sus vecinos. Al mismo tiempo, el matrimonio –Mary (Lena Headey) es la madre- tiene dos hijos: Charlie (Max Burkholder) y Zoey (Adelaide Kane), siendo el primero un bondadoso muchachito que no tolera la idea de la “Purga”, y la segunda una rebelde y bella jovencita que se manifiesta en franco desacuerdo contra su padre, quien le ha prohibido ver a su actual novio. En este escenario, la familia entera es puesta en peligro por la piedad de Charlie, quien deja entrar en la casa asegurada a un desconocido que huye de un grupo de yupies locos que lo quieren matar sin razón alguna; al mismo tiempo James Sandin debe enfrentarse a Henry (Tony Oller), el galán de su hija quien sin miramientos se esconde en casa de su amada para aniquilar al intransigente suegro. Reflejándose en el filme la inconciencia de la gente sobre las consecuencias de sus acciones durante la Purga, al final el mensaje que se queda es que la violencia debe ser detenida por medio de la paz y el perdón –conclusión a la que llega Mary Sandin-, ya que de otra forma se genera una cadena infinita de agresiones y rencores, mismos que, al acumularse durante todo un año, provocan que el más civilizado de los individuos se convierta en un implacable asesino en cuanto puede dar rienda suelta a sus más oscuros sentimientos.

Pasando a las películas que enfrentan al hombre con las consecuencias de las acciones de la humanidad en general, mencionaremos primero a Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006). Aquí se muestra un futuro sin futuro, ya que la el ser humano enfrenta impotente su propia extinción, no por desastres naturales o ecológicos, sino porque las mujeres se han convertido en seres infértiles, de modo que la raza humana no puede regenerarse a sí misma –en sentido literal-, quedándose así los individuos con una sensación de vacío inconmensurable al darse cuenta de que, hagan lo que hagan, no tendrá repercusión alguna en un porvenir inexistente. En el argumento, sin embargo, existe una esperanza en la persona de una mujer africana que logra quedar embarazada, pero que a la vez –e irónicamente- debe ser protegida de diversos ataques, ya que lleva en su vientre al único bebé que podría significar alguna luz para los abatidos humanos.

Por otra parte, las consecuencias de una guerra nuclear son mostradas en el filme El libro de los secretos (The Book of Eli, The Hughes Brothers, 2010), en la que los pocos habitantes del mundo que han sobrevivido a la catástrofe, se han convertido en seres agresivos, egoístas y traicioneros que únicamente atienden a sus propios intereses, valiéndose de su prójimo para obtener lo que necesitan o desean. En este terrible futuro Eli (Denzel Washington), es una suerte de “guerrero” que viaja portando un libro que él considera que es el que dará a la humanidad una esperanza para regenerarse –en este caso en el sentido social-. De esta manera, mientras el protagonista tiene fines altruistas, el antagonista, Carnegie (Gary Oldman) considera que la fuente de poder en estos aciagos tiempos está en los libros, siendo el más importante el que porta Eli, herramienta única para que aquel megalómano se convierta en una suerte de mesías que controlará a los supervivientes, urdiendo el personaje cualquier cantidad de trampas para hacerse con el poderoso volumen que resulta ser la Biblia.

Por otro lado, un desastre ecológico es presentado en la cinta Wall-E (Andrew Stanton, 2008) de Disney-Pixar, en la que el simpático robotito Wall-e es el único habitante que queda en una Tierra desolada, cubierta en su totalidad por los residuos de los humanos –los árboles y animales han desaparecido- quienes, en un afán por sobrevivir, se han exiliado a sí mismos condenándose a una existencia en el espacio a bordo de enormes naves, en las cuales “gozan” de cualquier cantidad de comodidades. En este argumento, además de ser criticada la generación desmedida de basura, también es evaluada la dependencia del ser humano con respecto a la tecnología, ya que en espacios tan confinados como las naves, el contacto humano es prácticamente nulo, debido a que las personas tienen a su alcance dispositivos electrónicos –muy parecidos a los smartphones y las tablets- que les permiten estar en “comunicación”, pero no interactuar cabalmente con sus semejantes, habiéndose también hecho perezosos al extremo, ya que no tienen necesidad de caminar al transportarse en sillas automatizadas, presentando así al humano del futuro como un ser rechoncho y hueco -tanto emocional como intelectualmente-. Con un mensaje ecologista, Wall-E hace hincapié en la importancia de los árboles para la supervivencia de la raza humana, ya que todas las aventuras del mecánico protagonista están basadas en la preservación del único retoño -que es resguardado por la temperamental y robótica EVA- que ha sido encontrado en el planeta azul, indicador indiscutible de que la Tierra está preparada para recibir nuevamente a sus descuidados y destructivos habitantes.

Por último, en estas perspectivas desalentadoras, mencionaremos una película que marcó a toda una generación a la que la simple mención de las “galletas verdes” hace estremecer. Se trata de Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) en la que el problema es que la sociedad ha acabado con el suelo, haciendo imposible la generación de alimentos suficientes para cubrir las necesidades de las ciudades superpobladas, en las que las familias se apiñan prácticamente una sobre otra. Habiendo desaparecido hace mucho tiempo los lagos y los bosques, el ambiente más bien desértico provoca en los seres humanos un ánimo de fastidio y tedio. De esta manera, los dueños de las empresas alimentarias han encontrado que es el artificial Soylent Green el alimento más nutritivo para el hombre, llegándose al paroxismo del horror y el asco cuando el protagonista, el detective Thorn (Charlton Heston) descubre que la codiciada y verde galleta es elaborada a base de los humanos que asisten voluntariamente a una institución de eutanasia, que “amablemente” los ayuda a pasar al otro mundo en medio de imágenes hermosas y música maravillosa, para que luego sus cadáveres sean procesados para alimentar a los hambrientos sobrevivientes.

Analizando los defectos de la raza humana, cineastas y guionistas han elegido en sus futuristas películas deficiencias e ineficiencias que pueden provocar la extinción de los pobladores de la Tierra, utilizando sus guiones como faros que tratan de indicar a los espectadores el camino correcto a seguir, mostrando las funestas consecuencias de proseguir el camino tal como hasta ahora se ha hecho. 

 

FUENTES:

www.imdb.com


Cuando el futuro nos alcance: Cine futurista I

22 abril 2014
I, robot (2004)

I, robot (2004)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

 “Ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma”.

Rabelais

El ser humano pasa mucha parte de su tiempo imaginando su porvenir, enfocando a veces esta perspectiva en el yo, por lo que tales visiones están plagadas de imágenes de la vida del individuo en el futuro: lo que desea, lo que sueña, lo que espera… pero también hay veces en las que una persona, tal vez al ver el noticiero de las diez de la noche, o revisando la prensa en la Internet, no puede evitar preguntarse hacia dónde se dirige este gigantesco, amorfo y heterogéneo “ente” que llamamos humanidad.

De esta manera, los cineastas han proporcionado a lo largo de los años varias opciones para que hombres y mujeres reflexionen sobre cuál será el futuro, no solo de su familia, sino del resto de la raza humana, estando estas visiones entre un brillante porvenir, normalmente dominado por la tecnología, y otro en el que las acciones del pasado repercuten en el surgimiento de temibles perspectivas dominadas por el hambre, la violencia y la falta de libertad. Como siempre acostumbro en este tipo de artículos, advierto a mi amable lector que los siguientes párrafos contienen spoilers de las películas mencionadas, cuyo orden de aparición, además, no depende de su cronología o calidad.

Comenzaremos revisando aquellos filmes en los que los robots, que no la tecnología, han tomado un papel relevante dentro de la sociedad. La primera cinta será así Gigantes de Acero (Real Steel, Shawn Levy, 2011) en la cual los mecánicos personajes han sido introducidos en una actividad específica, el boxeo, explicándose que, mientras los aficionados de este deporte se habían mostrado cada vez más ávidos de sangre, acabó concluyéndose que las confrontaciones en el ring se habían vuelto demasiado peligrosas, por lo que los humanos estarían a salvo de las agresiones mientras manejaban gigantescas máquinas de pelea cuya sofisticación y capacidad les permitía avanzar en las diferentes ligas disponibles. Al final de una historia en la que la relación de un padre, boxeador retirado de nombre Charlie Kenton (Hugh Jackman), y su hijo Max (Dakota Goyo) se estrecha gracias a la tenacidad del muchachito que se empeña en que un viejo robot pelee contra el invencible campeón del mundo; el argumento trata pues de exhibir cómo, sin importar el grado de desarrollo tecnológico que alcancen los aparatos, a final de cuentas es el factor humano el único importante, el que le proporciona a las máquinas su sentido y cualidad.

Por su parte, Yo robot (I, robot, Alex Proyas, 2004) es una cinta que, sin tener mucho que ver con el relato homónimo escrito por Isaac Asimov en el cual se inspira, muestra cómo los robots son utilizados para mejorar la vida de los seres humanos, siendo seres inanimados y absolutamente sujetos a la voluntad de sus amos[i], lo cual redunda en beneficios para la vida en las ciudades hasta que descubren uno que no está dispuesto a seguir los lineamientos, ocasionando una suerte de revolución robótica. En tal sentido, esta película podría –dentro de los límites razonables- considerarse como un equivalente a los antecedentes sugeridos por la franquicia cinematográfica Matrix (Andy y Lana Wachowski, 1999-2003), en cuya precuela en forma de cortometraje animado El segundo renacimiento (The Second Reinassance, Mahiro Maeda, 2003) se explica cómo los robots se rebelan contra sus opresores para entonces dominarlos y ser ellos quienes utilicen a los vivos como fuente de energía. Así, en las tres películas de Matrix se observa un futuro bastante oscuro para la humanidad, ya que los pocos humanos que han logrado evadirse de la Matrix, viven bajo tierra en comunidades un tanto primitivas que, sin embargo, cuentan con la tecnología suficiente para poder enfrentar a las máquinas que desean someterlos.

También en este talante en que los robots pueden desarrollar inteligencia y sentimientos propios se encuentra la película Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence, Steven Spielberg, 2001), en la cual, tras el derretimiento de los polos y la consecuente inundación de las ciudades costeras, los humanos se han replegado al centro de los continentes en cuyas ciudades el avance tecnológico ha logrado crear robots que los sirvan, incluyendo en esta servidumbre la sustitución de seres queridos, como es el caso del protagonista David (Haley Joel Osment) que es un robot-niño que ha sido expresamente creado para sustituir al hijo de Mónica (Frances O’Connor) y Henry (Sam Robars) que se encuentra en un estado de cryostasis, es decir, que ha sido congelado en un intento de detener el avance de su enfermedad incurable con la esperanza de encontrar una solución. Lo que los inventores de David no han tenido en cuenta es que el robotito tiene sentimientos, por lo que realmente ama a sus padres adoptivos, quienes por el contrario, al despertar su verdadero hijo, no dudan un segundo en abandonar a la máquina a su suerte, ocasionándole al mecánico infante un atroz sufrimiento.

La utilización de robots por parte de las personas se lleva al extremo en la película Los sustitutos (Surrogates, Jonathan Mostow, 2009), en la que, en un mundo donde las personas han experimentado hasta el hartazgo, y en carne propia, los estragos ocasionados por la violencia y los accidentes, deciden embarcarse en existencias sustitutas “ultraseguras” comprando elaboradas máquinas con apariencia absolutamente humana, a través de las cuales “viven” su vida de manera virtual, en unos cuerpos de ensueño que además cuentan con capacidades increíbles pudiendo, por ejemplo, saltar de edificio en edificio, soportar disparos o levantar automóviles. Lo que la gente no ha tomado en cuenta es que esta robótica interacción les provoca un vacío existencial al no ser ellos, en su propia persona, quienes experimentan el mundo, creándose relaciones interpersonales incompletas y absolutamente disfuncionales. Por supuesto, como era de esperarse, el argumento también plantea el grupo de humanos rebeldes que se manifiestan abiertamente en contra de la utilización de sustitutos, llegando a emplear uno de ellos un artilugio que le permite matar al usuario del robot al mismo tiempo que destruye a la máquina. Esto provoca que, para salvar a los humanos, los sustitutos deban ser desconectados, siendo obligados entonces todos aquellos temerosos hombres y mujeres a salir nuevamente a las calles a continuar su existencia prescindiendo de su escudo invencible.

Por otro lado, la contraparte de esta servidumbre robótica la tenemos en la saga Terminator (James Cameron, Jonathan Mostow y McG, 1984-2009), en la cual se observa cómo un ente tecnológico cuasi omnipotente de nombre Skynet, ha logrado doblegar a la humanidad y ha intentado exterminarla por completo para hacerse con el dominio absoluto del planeta, de modo que las pocas personas que quedan se han visto forzadas a estructurar una rebelión que pretende recuperar el control perdido del mundo, para lo cual necesitan la ayuda de un salvador -algo así como el Elegido, Neo (Keanu Reeves), en el caso de Matrix-, en la persona de John Connor, protagonista de la franquicia y que, en las primeras tres entregas, debe ser salvado irónicamente por una máquina interpretada por Arnold Schwarzenegger. En estos filmes se observa cómo la confianza desmedida de la humanidad en la tecnología eventualmente se vuelve en su contra, ya que las máquinas que crearon son despiadadas y extraordinariamente eficientes.

Pero no solo han sido robots los que han protagonizado las ideas futuristas de los escritores y guionistas cinematográficos, visiones apocalípticas o desarrollos humanos “maravillosos” también han sido explorados, temas de los que hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

 

FUENTES:

www.imdb.com

 

[i]Según Asimov todos los robots tienen que seguir sin excepción las “tres leyes de la robótica” que son: 1) Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. 2) Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley (Yo, robot. Isaac Asimov. Ed. EDHASA, 2004).

 


Solo existe una máquina del tiempo: la imaginación II

10 septiembre 2012

Christopher Reeve en Somewhere in Time (1980)

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro”.

Aristóteles

Distintos han sido los propósitos planteados por el ser humano para justificar la “necesidad” del viaje en el tiempo. De este modo podemos tener algo tan elaborado como la salvación de la raza humana en tal como aparece en la saga Terminator, en las cuales las travesías temporales tanto de Kyle Reese (Michael Biehn) como de los cyborgs T-800 (Arnold Schwarzenegger), T-1000 (Robert Patrick) y T-X (Kristanna Loken) -en las cintas The Terminator (1984), Terminator 2: The Judgment Day (1991) y Terminator 3: The Rise of the Machines (2003)- quienes intentan cambiar el destino de la raza humana a través de la destrucción o protección de un niño llamado John Connor, creándose a lo largo de la trama de las tres cintas una serie de paradojas cuyos resultados finales pueden verse en la película Terminator: La salvación (Terminator Salvation, 2009) del director McG. Por su parte el capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) en el filme Source Code, (2011) de Duncan Jones tiene una misión igualmente noble aunque más modesta, al intentar descubrir a un terrorista que ha hecho explotar un tren de pasajeros, a través del traslado de su mente en el espacio y el tiempo, albergándose su “espíritu” temporalmente en el cuerpo de un individuo de nombre Sean que viaja en el vehículo destruido, grandes paradojas surgen nuevamente cuando el valiente Stevens decide intentar salvar a las personas que están a punto de morir.

Saliendo un poco del terreno de las maquinarias, encontramos también a la magia como un factor que permite el viaje en el tiempo, como se muestra en la tercera película de la saga de Harry Potter, Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004) de Alfonso Cuarón, en la que Hermione (Emma Watson) a través de un diminuto artilugio llamado Giratiempo regresa algunas horas con la finalidad de tomar algunas clases adicionales, resolviéndose posteriormente la trama gracias al empleo de este mismo aparato para salvar a más de un personaje.

Otro elemento que ha servido en el séptimo arte para volver en el tiempo han sido algunos escritos como por ejemplo los diarios llevados por el personaje de Evan (Ashton Kutcher) en el filme The Butterfly Effect, (2004) de Eric Bress y J. Mackye Gruber, en el cual el joven descubre accidentalmente que la lectura lo lleva físicamente al pasado, pudiendo él modificar su presente al cambiar su historia; dejando de lado a la humanidad, el argumento se centra en cómo Evan, que desea una buena vida para sus amigos Kayleigh (Amy Smart), Lenny (Elden Henson) y Tommy (William Lee Scott), cambia algunas de sus decisiones pretéritas, las cuales a pesar de su buena intención tienen funestos resultados.

Para terminar con los viajes voluntarios a través del tiempo mencionaremos ahora la cinta Somewhere in Time (1980), basada en la novela Bid Time Return de Richard Matheson. En la cinta dirigida por Jeannot Szwarc observamos cómo el escritor de teatro Richard Collier (Christopher Reeve) conoce en la década de los ochenta a una anciana de nombre Elise McKenna (Susan French), quien había sido una actriz a principios de siglo. Obsesionado con la dama, Collier viaja voluntariamente a través del tiempo para encontrarse con la joven Elise (Jane Seymour), aunque en este caso puede discutirse sobre si la travesía ha sido o no hecha físicamente, ya que el caballero se autohipnotiza hasta poder ver a su alrededor todo lo que sucede en 1912. En este caso el traslado temporal tiene como objeto satisfacer únicamente deseos personales, sin tener alguna finalidad trascendente o altruista.

Ahora veamos algunos filmes en los cuales se desconoce si los desplazamientos temporales han sido voluntarios, pero cuyos resultados tienen una influencia directa y positiva en la vida del protagonista. El primer caso que revisaremos será Peggy Sue Got Married (1986) de Francis Ford Coppola en la que Peggy (Kathleen Turner) es una mujer infeliz de cuarenta años, quien está enfrentando la separación con su marido Charlie Bodell (Nicolas Cage). Mientras atraviesan tan duro trance, se organiza la reunión de los antiguos compañeros de la preparatoria, en la cual Peggy se desmaya y viaja al pasado para aprender más acerca de ella misma y de su esposo. Coincidiendo con Somewhere in time en la confusión que surge al tratar de explicar si el desplazamiento ha sido físico, espiritual o incluso imaginario; aquí se muestra cómo el tiempo que ha pasado Sue en décadas anteriores le ayudan a comprender su actual circunstancia.

Por su parte Russ Duritz (Bruce Willis) en la película de Disney The Kid (2000) de John Turteltaub, es sorprendido por su “mini-yo” a quien todos –excepto su severo yo adulto- llaman cariñosamente Rusty (Spencer Breslin). Sin dar mayor explicación sobre la llegada del chiquillo al presente, este se dedica a dar algunas lecciones para su futuro ser, el cual después de haber sido un tierno niño con magníficos sentimientos se ha transformado en hombre desalmado, cruel y pragmático. Siendo la fantasía el principal ingrediente de esta comedia, Russ también es en cierto momento alentado por su yo adulto en plenitud quien le muestra cómo los sueños sí pueden volverse realidad.

Llegamos así a los viajes temporales “accidentales”, donde mencionaremos primeramente la película Kate & Leopold (2001) de James Mangold, en la que vemos cómo el conde Leopold Alexis Elijah Walker Gareth Thomas Mountbatten, duque de Albany interpretado por Hugh Jackman, al intentar salvar a un individuo (Liev Schreiber) de una mortal caída, es arrastrado desde 1876 hasta el siglo XXI en donde conoce a la hermosa e independiente Kate McKay (Meg Ryan). En este filme la travesía temporal no tiene mayor finalidad que el dar al protagonista una personalidad distinguida que choca y fascina al mismo tiempo a una mujer moderna que ya no suele toparse con caballeros.

Mucho más frustrante resulta la experiencia que vive el librero Henry DeTamble (Eric Bana) en la película The Time Traveler’s Wife (2009) –basada en la novela de Audrey Niffenegger-, quien a causa de una rara condición genética tiene el infortunio de viajar por el tiempo sin orden ni concierto en los momentos más inesperados. De este modo se teje una historia en la cual involuntario viajante conoce al amor de su vida, Claire Abshire (Rachel McAdams), quien debe acostumbrarse a la idea de que ha conocido a su amado durante toda su existencia –literalmente- ya que algún capricho del destino siempre ha querido que Henry aparezca en lugares cercanos a ella; a la vez que debe lidiar con una pareja que se esfuma repentinamente sin dejar rastro. 

Por último mencionaremos un viaje en el tiempo que pretendía ser una travesía meramente espacial, me refiero a la película Planet of the Apes (1968) de Franklin J. Schaffner, en la que George Taylor (Charlton Heston) se lleva una espantosa sorpresa al descubrir que tras salir de la Tierra en una nave espacial con la finalidad de explorar los confines del universo, lejos de llegar a un mundo lejano retorna a su hogar pero setecientos años después, ya que ha logrado viajar más rápido que la velocidad de la luz a través de un agujero de gusano, llegando a un mundo primitivo en donde el papel de los monos y de los humanos se ha intercambiado, siendo los primeros la especie inteligente y dominante.

Como hemos visto los motivos y resultados de los imaginarios viajes en el tiempo han sido tan variados como las personas que los han concebido, pero lo que sí podemos afirmar es que en realidad el cine y la literatura se convierten por sí mismos en verdaderas máquinas del tiempo al permitirnos ver por igual a Hypatia de Alejandría  enseñando a sus discípulos en la película Ágora (2009) o acompañar a Rick Deckard en un alucinante futuro en Blade Runner (1982). 

Para conocer:

The Terminator (1984): http://www.youtube.com/watch?v=c4Jo8QoOTQ4

Terminator Salvation (2009): http://www.youtube.com/watch?v=xAjWCyJ0krI

Source Code (2011): http://www.youtube.com/watch?v=NkTrG-gpIzE

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004): http://www.youtube.com/watch?v=XjPb3ziyYYo

The Butterfly Effect (2004): http://www.youtube.com/watch?v=4hrV9xt50Vc

Somewhere in time (1980): http://www.youtube.com/watch?v=FrEhKxYnKGs

Peggy Sue Got married (1986): http://www.youtube.com/watch?v=ZiN2nZ-MvoA

The Kid (2004): http://www.youtube.com/watch?v=D_ubwE3IJhY

Kate & Leopold (2001): http://www.youtube.com/watch?v=6FeyhlLZYrg

The Time Traveler’s Wife (2009): http://www.youtube.com/watch?v=USUDlMBR-dQ

Planet of the Apes (1968): http://www.youtube.com/watch?v=VjcpRHuPjOI

FUENTES:

http://www.ust.hk

http://www.filmaffinity.com 

http://www.imdb.com   


De la Tierra a Pandora: Sci-Fi. Parte II

14 diciembre 2010

Rod Taylor en "La Máquina del Tiempo" (1960)

Por: Patricia Díaz Terés

“En el punto donde se detiene la ciencia, empieza la imaginación”.

Jules de Gaultier

La humanidad ha perdido su capacidad de asombro. Y ¿cómo podríamos no haberla extraviado?, si día con día la tecnología da gigantescos saltos que en el pasado, tomaban a los científicos décadas, cuando no siglos. De esta manera, desde los transbordadores espaciales hasta los teléfonos celulares, todos los aparatos utilizados por el hombre del siglo XXI, son reinventados diariamente de modo que aquello considerado como inimaginable ayer, una auténtica maravilla hoy, no lo será tanto mañana y mucho menos dentro de un año, tiempo en el que casi aquél portento se habrá transformado en algo obsoleto.

Sin embargo, no todo está perdido ya que los terrícolas tenemos una capacidad ilimitada que, bien aprovechada, nos ayuda a explorar y prever nuestro propio futuro: la imaginación.

Imaginación, del latín imaginatio, según la cuarta acepción de este vocablo contenida en el Diccionario (de la Lengua Española) de la Real Academia Española, se refiere a la “facilidad para formar nuevas ideas y proyectos”; así, esta facultad es el ingrediente principal de uno de los géneros cinematográficos más socorridos actualmente, la Ciencia Ficción.

Habiendo explorado ya en la columna pasada los albores de esta categoría del cine, hemos observado cómo aún en los planetas más distantes, o las situaciones más descomunales, el hombre refleja su realidad en la ficción; de esta manera, por ejemplo, la paranoia vivida durante la Guerra Fría[1] momento en que cualquier ciudadano norteamericano común y corriente veía comunistas, como se dice popularmente, “hasta debajo de las piedras” –esto ocasionado en buena medida por la política impulsada por el senador Joseph McCarthy entre 1950 y 1956-; fue reflejada a través del Sci-Fi en la película La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (1956) de Don Siegel –de la cual el director Oliver Hirschbiegel hizo un deficiente (y descontextualizado) “remake” llamado Invasores (2007) protagonizado por Nicole Kidman y Daniel Craig-, en donde cualquier persona podía haberse convertido en un terrible alienígena (interprétese comunista) sin que su apariencia se viese alterada.

Otros grandes protagonistas en los filmes de Sci-Fi son la curiosidad e inquietud que sentimos los seres humanos por nuestro futuro y la posibilidad de cambiarlo –por lo que aquí se unen también los viajes en el tiempo-. En esta subcategoría, el “tipo” de porvenir presentado dependerá tanto del director como del guionista. Así podemos ver cómo mientras el personaje George Wells –interpretado por Rod Taylor– viaja al año 802,701 para encontrar a una sociedad dividida en los pacíficos y rubios Eloi, que eran “criados” como alimento por los horrendos y azules Morlocks en La Máquina del Tiempo (1960) dirigida por George Pal –basada en la novela homónima escrita por H. G. Wells, y de la cual también se hizo una triste versión en 2002 con los actores Guy Pearce y Jeremy Irons-; otro tipo de recorridos temporales se presentan en Pide al Tiempo que Vuelva (1980) de Jeannot Szwarc –en un híbrido sci-fi / drama- donde un apuesto Christopher Reeve -mejor conocido por su caracterización de Superman– viaja al pasado para “reencontrarse” con el amor de su vida, la actriz Elise McKenna interpretada por una jovencísima Jane Seymour; o en 12 Monos (1995), donde Terry Gilliam nos muestra un aterrador destino donde el hombre ha sido confinado bajo tierra, debido a la contaminación del aire por mortales virus, siendo posible arreglar esta situación a través de la intervención de un convicto, James ColeBruce Willis-,  que viaja al pasado y siendo ayudado y a la vez saboteado por un excéntrico millonario personificado por un genial Brad Pitt.

Por otro lado, como ícono de los ochentas surge la inocente y divertida trilogía Volver al Futuro en la que Robert Zemeckis nos muestra cómo el impulsivo Marty McFlyMichael J. Fox– viaja al pasado y al futuro en compañía de un científico tan brillante como extraño de nombre Emmett Brown, teniendo que arreglar los catastróficos efectos de sus irrupciones en la continuidad del espacio-tiempo; cabe mencionar que el futuro presentado en la segunda entrega de la saga muestra cómo el ser humano tendría a su disposición, en un ya no tan lejano año 2015, artefactos aún imposibles como coches voladores, pero también algunas otras herramientas que se han convertido en una realidad como las video-llamadas.

De esta forma, el hombre tiene muy distintas versiones sobre lo que será su porvenir; sin embargo desde hace ya varias décadas existe una preocupación que se muestra recurrentemente sobre la cuestión demográfica y la destrucción del medio ambiente. Así encontramos la aterradora Soylent Green (1973) –traducida al español como Cuando el Futuro Nos Alcance– de Richard Fleischer, en la que el rudo policía Ty ThornCharlon Heston– lucha por su vida en un mundo que experimenta un colapso ecológico y una explosión demográfica insostenible, en el ya no tan lejano año 2022, de manera que al haber dejado de existir tanto los bosques como los alimentos frescos, niños y adultos se alimentan de unas “galletas verdes”, que incluyen un macabro ingrediente principal.

Además, la acción invasiva e irresponsable del ser humano y sus efectos en el medio ambiente también han visto su reflejo en la pantalla. En Waterworld (1995) el cineasta Kevin Reynolds presenta cómo las personas deben arreglárselas para vivir sobre el agua después de la inundación ocasionada por el derretimiento de los Polos; también El Día Después de Mañana (2004) de Roland Emmerich plantea los efectos del sobrecalentamiento global, que si bien se presentan de manera exagerada, algunas de sus premisas ya comienzan a aparecer en las imágenes transmitidas por los noticiarios matutinos.

Otros guionistas prefieren situar su acción en un mundo post-apocalíptico, donde aquellos humanos que sobreviven deben luchar duramente por su existencia, tal es el caso de El Planeta de los Simios (1968) de Franklin J. Schaffner donde es únicamente la Estatua de la Libertad semi enterrada en la arena, lo que da la pista al astronauta George TaylorCharlton Heston– de que se encuentra en la Tierra y no en un planeta distante; mientras que El Libro de los Secretos (2010) dirigida por Albert Hughes presenta a una suerte de “cruzado”, interpretado por Denzel Washington, quien lucha por defender la última Biblia existente en un planeta que se sostiene a duras penas tras una guerra nuclear.

Actualmente, la tendencia es utilizar la Ciencia Ficción para crear conciencia. De esta manera la impresionante producción de Avatar (2009) realizada por James Cameron, además de mostrarnos un mundo tan extraordinario como Pandora, también tiene la intención de hacer una crítica a las industrias que explotan de manera inmisericorde los recursos naturales ocasionando daños irreparables –esta premisa ya había sido utilizada por el director Bill Kroyer en la película de dibujos animados Ferngully (1992)-.

Tan diversos son los temas abordados por el cine de Sci-Fi que una vez más he dejado muchos tópicos interesantes en el tintero –ya tendremos ocasión de abordarlos en columnas posteriores-; sin embargo, es importante mencionar que aún cuando no toda la gente tiene entre sus preferidos a este maravilloso género cinematográfico, lo cierto es que resulta una herramienta sumamente útil tanto para los directores como para los guionistas para tratar temas “espinosos” de una manera que no resulte “agresiva” para la audiencia, generando en ésta una reflexión sobre sus acciones presentes, ya que como bien decía el filósofo Friedrich W. Nietzsche: “El mundo real es mucho más pequeño que el mundo de la imaginación”, y también mucho más frágil.

  PARA RECORDAR Y CONOCER:

La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (1952): http://www.youtube.com/watch?v=WFnSxeDfENk

La Máquina del Tiempo (1960): http://www.youtube.com/watch?v=A9miqKm0aB0

El Planeta de los Simios (1968): http://www.youtube.com/watch?v=31QUOUxqz2M&feature=related

Soylent Green (1973): http://www.youtube.com/watch?v=SVpN312hYgU

Pide al Tiempo que Vuelva (1980): http://www.youtube.com/watch?v=FrEhKxYnKGs&feature=related

Volver al Futuro II (1989): http://www.youtube.com/watch?v=rRrSp6Pqlz4

Ferngully (1992): http://www.youtube.com/watch?v=9zQDxXavnss

Waterworld (1995): http://www.youtube.com/watch?v=oEp382HIisE

El Día Después de Mañana (2004): http://www.youtube.com/watch?v=JQDSAiPiEDU

El Libro de los Secretos (2010): http://www.youtube.com/watch?v=JKfZrbS79To

FUENTES:

“¿Qué piensas Isaac?”. Aut. Lucilla Godoy. Revista Cinemanía No. 42. Marzo, 2000.

“Avatar”. Aut. Ary Snyder. Revista Cinemanía No. 159. Diciembre, 2009.

 “Science Fiction Films”. Aut. Tim Dirks. www.filmsite.org

 


[1] Término inventado por el periodista Herbert B. Swope, para denominar a la lucha de Estados Unidos y la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) por el dominio mundial, y la aparición de conflictos y temor entre los dos bloques políticos que representaban estas naciones: el capitalismo y el socialismo.  Martín, Ignacio. 2009. http://questgarden.com/09/06/8/051112143924/


De la Tierra a Pandora: Sci-Fi Parte I

6 diciembre 2010

"Metrópolis" de Fritz Lang (1927)

 

Por: Patricia Díaz Terés

¿Qué es nuestra imaginación comparada con la de un niño que intenta hacer un ferrocarril con espárragos?

Jules Renard

Desde el árido Tatooine de Star Wars, hasta la selvática Pandora de Avatar; y de Klaatu (El Día que la Tierra se Detuvo, 1951) a Ellen Ripley (Alien, 1979), ya desde los primeros cortometrajes del cine mudo que aparecieron a principios del siglo XX, personas de todas las edades han podido ser trasladados a lejanos mundos y vivir emocionantes aventuras acompañando así a valientes héroes y sombríos villanos.

Tan peligrosa travesía es siempre dirigida por la experta mano de gente como Georges Méliès, Robert Wise, James Cameron, Steven Spielberg o los hermanos Wachowski, quienes a través de sus filmes son capaces de llevar nuestra imaginación a terrenos inexplorados, donde el ser humano se enfrenta a sus peores pesadillas o es testigo de los más grandiosos portentos.

Así, estos directores han incurrido en un género cinematográfico cuya versatilidad ha creado una gran cantidad de subgéneros -que no siempre pueden ser claramente identificados-, de modo que se cataloga como Ciencia Ficción o Sci-Fi a infinidad de cintas que, de acuerdo al crítico o autor que se consulte, podrían clasificarse en otras categorías como cine de Horror o Fantasía; pero para no sufrir restricciones, me permitiré de aquí en adelante tomar la acepción amplia del término.

Era tan sólo el año de 1902 cuando el genial cineasta francés Georges Méliès quiso llevar a la pantalla dos de sus historias favoritas de la literatura de Ciencia Ficción: Viaje a la Luna (1865) de Julio Verne y Los Primeros Hombres en la Luna (1901) de H.G. Wells, hecho que dio como resultado Le Voyage Dans La Lune, filme donde podemos ver a unos simpáticos hombrecitos que son enviados a la Luna por medio de un cañón –efectivamente, muy parecido a los utilizados en las guerras del siglo XIX-, teniendo la infortunada consecuencia de alunizar justamente en el ojo derecho del satélite natural – mismo que es representado por el rostro un hombre sonriente –que tiene metida la cabeza en un molde para hornear-.

Sin embargo, este no fue sino el primer intento en el género; de hecho las primeras cintas “formales” aparecieron hasta que concluyó la Primera Guerra Mundial. En 1917, por ejemplo, el director danés Holger-Madsen elaboró el primer filme –A Trip to Mars– con un argumento enfocado en el planeta Marte, mismo que de ahí en adelante se volvería recurso popular en el Sci-Fi; ya en la década de los 20’s los dinosaurios de El Mundo Perdido (1912) de la novela escrita por Sir Arthur Conan Doyle, fueron presentados en la pantalla grande por Harry O. Hoyt en 1925 a través de unos modelos de stop-motion (animación cuadro por cuadro, generalmente realizada con estatuillas de plastilina o algún material similar).

Pero la estrella indiscutible de la Ciencia Ficción cinematográfica –al menos en la primera mitad del siglo XX- es Metrópolis (1927) de Fritz Lang, ya que en una película sin precedentes, el director germano tuvo la habilidad suficiente para combinar los problemas sociales con espectaculares escenarios futuristas, regalando al público una inolvidable experiencia cuando pudieron contemplar cómo un trastornado científico transformó a un robot en la bella María, interpretada por la actriz alemana Brigitte Helm; por supuesto resulta interesante mencionar que la trama se sitúa en el año 2000.

Ahora bien, en la década de los 30’s, los Estudios Universal comenzaron a mezclar la ciencia ficción con horror, generando así Frankenstein (1931), basada en la novela de Mary Shelley, Frankenstein o El Moderno Prometeo (1818) y dirigida por James Whale y protagonizada –como el monstruo- por el legendario Boris Karloff –quien interpretó también a la momia en el filme homónimo de 1932 y a otros tantos personajes en cintas “clásicas” de terror-.

Por esta misma época apareció también una de las películas consideradas como cimiento del Sci-Fi de la segunda parte de la centuria pasada, La Invasión de Mongo (1936), cuyo “inaudito” presupuesto de 1 millón de dólares permitió a Frederick Stephani, llevar por primera vez a la pantalla grande al personaje creado por Alex Raymond en 1934, Flash Gordon, quien en compañía de sus amigos Dale Arden y el Dr. Zarkov, peleaban con el nefando tirano Ming el Despiadado, trasladándose en naves espaciales, empleando cinturones antigravedad y defendiéndose con pistolas de rayos láser.

De esta forma, el cine de Ciencia Ficción logró cautivar la atención del público, teniendo después de la Segunda Guerra Mundial un auge que marcó muchas de las cintas como clásicos del género; asimismo, en una situación política mundial sumamente complicada, resultaron ideales para hacer crítica social sin tener que situar las tramas en la realidad, teniendo mayor libertad que el género dramático.

En este contexto, podemos observar en las producciones del séptimo arte de la década de los cincuenta cómo el temor que se sentía –principalmente en los Estados Unidos- ante los “enemigos” comunistas soviéticos era retomado y reubicado en el terror de los pobres terrícolas ante espeluznantes invasiones extraterrestres, como en La Guerra de los Mundos (1953) de Byron Haskin.

De igual manera, el miedo hacia la omnipresente amenaza nuclear –generado a raíz del bombardeo en Hiroshima y Nagazaki-, fue a parar en la pantalla mostrando los supuestos efectos de accidentes y experimentos con la energía atómica, surgiendo entonces algunas de las películas más absurdas del género, tal es el caso de Them! (1954) –protagonizada por hormigas gigantes- o Tarantula (1955) en el que un jovencísimo Clint Easwood representa el papel de un piloto de la Fuerza Aérea Norteamericana que pelea fieramente contra una araña gigante(!); sin mencionar los “monstruos” extraterrestres como The Blob (1958) de Irving S. Yeaworth en la que una masa gelatinosa pasa tranquilamente por los pueblos norteamericanos causando su destrucción.

Con estas películas en las salas de cine, surge una figura tan mítica como estrafalaria en el mundo hollywoodense, Ed Wood -cuya vida fue llevada a la pantalla grande por Tim Burton, quien logró que el extraordinario Johnny Depp encarnara al extravagante director neoyorkino-; quien tiene la dudosa fama de tener entre su filmografía la peor película de todos los tiempos, Plan 9 del Espacio Sideral (1959) en la que no sólo se fusionan los géneros de horror y ciencia ficción, sino que se hacen pedazos –imaginemos por un momento una película en la que aparecen al mismo tiempo zombies, vampiros y extraterrestres en escenarios ridículos y con penosas actuaciones-, y que irónicamente es considerada como cinta de culto, siendo reverenciada por miles de fanáticos alrededor del planeta –quienes, cabe destacar, no niegan la triste producción, sino que caen en la expresión “es tan mala que es buena” como se dice popularmente-.

Y hasta aquí dejaremos por el momento el recorrido por la Ciencia Ficción cinematográfica, no sin antes destacar que todas las películas aquí mencionadas pueden no ser consideradas como “espectaculares” hoy en día, pero la inocencia de la época se refleja en toda la producción –desde el guión hasta las actuaciones-, de modo que los “malosos” invasores extraterrestres –como en mis escena favorita de La Cosa de el Otro Mundo (1951)-  son capaces de simplemente brincar hacia un lado cuando el héroe le arroja con toda su fuerza un tubo de metal, mientras continúa el acecho de los aterrorizados protagonistas.

  PARA RECORDAR:

Viaje a la Luna (1902): http://www.youtube.com/watch?v=dxB2x9QzXb0

El Mundo Perdido (1925): http://www.youtube.com/watch?v=q3fdenwZ0Ys

Metrópolis (1927): http://www.youtube.com/watch?v=ZSExdX0tds4

El Día que la Tierra se Detuvo (1951): http://www.youtube.com/watch?v=Eun7SmpNr1I

Plan 9 del Espacio Sideral (1959): http://www.youtube.com/watch?v=u2ukRYsYPmo 

FUENTES:

“Hollywood reconquista un planeta perdido”. Aut. Gabriel Lerman. Revista Cinemanía No. 44. Mayo, 2000.

“Breve recuento de los robots en el cine” y  “Los Otros Héroes de las Galaxias”. Aut. Rafael Aviña. Revista Somos, especial de Star Wars. Mayo, 1999.

“Science Fiction Films”. Aut. Tim Dirks. www.filmsite.org


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