Y después del apocalipsis zombi ¿qué? I

3 octubre 2015
Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Horacio

Hace pocos días el actual gobernador del estado de Kansas (E.U.), Sam Brownback lanzó un programa llamado Zombie Preparedness Month, cuyo objetivo es motivar a los habitantes del estado en cuestión a estar preparados para emergencias tales como tornados, incendios, tormentas, etc., utilizando la popular figura de los zombis para captar la atención de los ciudadanos, y sosteniendo además el proyecto que si la persona está preparada para un apocalipsis[1] zombi[2], estará sin duda lista para enfrentar para cualquier otro tipo de contingencia.

De este modo y aprovechando el reciente auge de los zombis con el próximo estreno de la sexta temporada de la serie televisiva The Walking Dead, a continuación analizaremos algunos aspectos relacionados con los apocalípticos eventos que incluyen a muertos vivientes (o infectados) y el reacomodo (subsistencia) de la civilización humana, para lo cual utilizaremos algunos filmes y la serie de televisión anteriormente mencionada. Se advierte que a continuación se encontrarán diversos spoilers de las películas y programas referidos.

El séptimo arte ha estado fascinado por la figura de los muertos vivientes desde principios del siglo XX, siendo la primera película al respecto White Zombi (La legión de los hombres sin alma, Victor Halperin, 1932), pasando por numerosos clásicos en las décadas subsiguientes como The Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, 1968), Dawn of the Dead (El amanecer de los muertos vivientes, George A. Romero, 1978) o Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, Edgar Wright, 2004), entre otras muchas, y cuya calidad es calificada por los espectadores de acuerdo con sus gustos -ya que hay quien opina que son obras maestras y otros que las detestan considerándolas bodrios grotescos-, perteneciendo además en su mayoría al género de horror, inclinándose fuertemente hacia el gore[3].

Así, mientras tales películas se empeñaron en mostrar descriptivas escenas de los terroríficos cadáveres ambulantes persiguiendo a infinidad de humanos horrorizados, destacando el momento en que el perseguidor alcanza a su víctima y da inicio a un macabro banquete en el cual los gritos de la presa y sus expuestas entrañas son los protagonistas; por el contrario existe hoy en día otra “corriente”, en la que, si bien los filmes y series enfocados en los zombis exhiben tales elementos, no se centran en los propios monstruos como fundamento del guion, sino que han optado por querer mostrar qué pasaría con la sociedad después de un apocalipsis zombi.

Mucho se ha especulado sobre el comportamiento que tendríamos los seres humanos tras una catástrofe que borrase de la faz del planeta a buena parte de nuestra raza. De este modo, en la pantalla de plata hemos visto los afanes de supervivencia de personas que han logrado subsistir a cataclismos climáticos o incluso tormentas solares, pero que se enfrentan de cualquier manera a cierta clase de zombis, siendo una de las más recientes muestras de este planteamiento la segunda entrega de la saga Maze Runner: The Scorch Trials (Pueba de fuego, Wes Ball, 2015), en la cual un organismo cuyas buenas intenciones o malignidad no han quedado del todo claras, lleva a cabo un experimento con adolescentes con la finalidad de descubrir una cura para una enfermedad a la cual han denominado como Llamarada –ocasionada por un virus diseñado por el hombre como arma biológica-, misma que trastorna la mente del ser humano –convirtiéndolos en seres a los que se refieren como Cranks– a tal grado que lo deja en estado salvaje, eliminando su capacidad de raciocinio y limitando su actuación a una supervivencia animal en extremo agresiva.

En su carácter de superproducción veraniega de ciencia ficción plagada de efectos visuales bastante bien logrados, en el guion se nos muestran personajes cuyo desconocimiento de la situación exacta del mundo los lleva a seguir el esquema marcado por una organización que presuntamente intenta salvar a la humanidad de la extinción llevando a cabo experimentos aparentemente sociales, de los cuales el protagonista Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos son los sujetos de estudio. De esta manera en la película podemos ver el esquema de una organización que parece omnipotente –C.R.U.E.L. en español y W.C.K.D. en inglés- con recursos aparentemente infinitos que tiene la intención de tomar el control de lo que resta de la sociedad, enfrentándose a una organizada pero reducida resistencia que se concentra en los miembros del Right Arm (Brazo Derecho), quienes han logrado elaborar una cura para la enfermedad. Perteneciendo la película a las sagas juveniles literarias – en este caso escrita por James Dashner– llevadas a la pantalla, el argumento se aleja del análisis o reflejo de la sociedad para concentrarse en la relación que existe entre los personajes y el planteamiento de C.R.U.E.L. como antagonista.

Pasaremos ahora a un filme que contempla la situación de una persona abandonada a su destino después de un apocalipsis zombi en un contexto de soledad casi absoluta: I Am Legend (Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007) –inspirada en la novela homónima escrita por Richard Matheson-, en la que el protagonista de nombre Robert Neville (Will Smith) sobrevive en una desértica ciudad de Nueva York que empieza a ser retomada por la naturaleza, después de que una enfermedad ocasionada por una cura contra el cáncer afecta a millones de seres humanos, transformándolos en una suerte de entidades vampírico-zombi que se alimentan de cualquier ser vivo que se atraviese por su camino.

Neville, que es inmune a la enfermedad, es así forzado a utilizar todo su ingenio y recursos con el fin de sobrevivir junto con su fiel compañero canino. En este caso su problema no es de abastecimiento de comida o agua, pues tiene suficiente, sino que debe crear estrategias que le permitan conservar la cordura en un entorno en el cual únicamente “convive” con los animales salvajes o los infectados, de tal manera que sostiene conversaciones triviales e incluso “coquetea” con algunos maniquíes que ha colocado en diversos lugares de la ciudad –como una tienda de renta de películas- para crear la ilusión de compañía, pues además es constantemente atormentado por los recuerdos de la familia que perdió en el momento que se desató el caos ocasionado por el surgimiento de la infección.

En este escenario Robert, a la vez que lleva a cabo incansablemente numerosos intentos para crear una cura para el mal que ha mermado la población mundial en un 90 por ciento, también trata de encontrar a alguna persona no infectada, por lo que diariamente transmite una grabación que indica su ubicación exacta. Eventualmente una mujer, Anna Montez (Alice Braga) y un niño, Ethan (Charlie Tahan) llegan al sitio indicado mientras el solitario Neville se enfrenta a un grupo de los monstruosos infectados, salvándole la vida los recién llegados.

Aquí se muestra entonces cómo tanto Robert como Anna e Ethan, si bien están satisfechos al encontrar a otras personas que comparten su infortunio, también son desconfiados, pues no conocen a ciencia cierta las intenciones del otro. En este caso, sin embargo, son la solidaridad y la generosidad las que ganan al sacrificarse el propio Robert con el fin de que Anna e Ethan puedan llevar a un lugar seguro la cura que ha logrado encontrar.

Las virtudes más excelsas y los instintos más bajos son los que surgen en estos escenarios posapocalípticos, ya sea que estén dominados por millonarias organizaciones con tecnología de última generación o estén habitados por solitarios supervivientes. Por otra parte, en la próxima entrega de esta columna analizaremos algunos contextos en los cuales son comunidades de diversos tamaños las que intentan sobrevivir en mundos dominados por infectados caníbales o muertos vivientes.

FUENTES:

www.imdb.com

www.kansastag.gov/

http://www.rollingstone.com/

[1] El término “apocalipsis zombi” será aquí utilizado para designar a una situación en la que la sociedad se enfrenta a un evento de carácter mundial, tras el cual gran parte de su población se ha visto afectada por una enfermedad que provoca que los cadáveres adquieran movimiento, o bien elimina el uso de las facultades mentales, creando humanos irracionales y extremadamente agresivos, llegando incluso a la deformación física.

[2] Se ha utilizado la palabra haciendo referencia exclusivamente al muerto viviente que se presenta en la ficción, dejando de lado las implicaciones que tal figura tiene en el vudú.

[3] Género cinematográfico que recrea abundantes escenas sangrientas (http://www.oxforddictionaries.com/).

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Freddy Krueger vs. El Noticiero de la Noche

14 diciembre 2009

Cine de Terror

Por: Patricia Díaz Terés

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

Gilbert Keith Chesterton

Provocando pánico o risa, con muchos e incondicionales seguidores y otros tantos opositores, el género cinematográfico denominado como horror, ha atravesado por muchas transformaciones desde su aparición en las primeras décadas del siglo XX.

Compartiendo esencia con la literatura de horror –término acuñado en 1764 por el escritor Horace Walpole en su novela El Castillo de Otranto-, el cine de terror busca generar en el espectador un sentimiento de temor, colocando a víctimas débiles a expensas de un enemigo que goza de muchas ventajas como pueden ser una apariencia horripilante, una habilidad sorprendente para ocultarse o bien poderes sobrenaturales.

En la década de los años 20 por ejemplo, se vio por primera vez en las pantallas la imagen del Drácula creado por Bram Stoker en 1897, sólo que se le llamó Nosferatu (Max Schreck), en la película homónima dirigida por F.W. Murnau; pero los monstruos tuvieron su apogeo en la tercera década del siglo, cuando los estudios Universal lograron realizar una serie de filmes que con el tiempo se convirtieron en cintas obligadas para todos los amantes del género.

Y fue así como los emblemáticos actores Boris KarloffFrankenstein (1931) y La Momia (1932)- o Bela LugosiDrácula (1931) y White Zombie (1932)- saltaron a la fama interpretando ambos, numerosos y escalofriantes –al menos para su época- personajes.

Pero el cine debe evolucionar con el hombre. De este modo, mientras que en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial el celuloide reflejaba inocentes historias sobre vampiros, monstruos y momias, después de 1945 resultaba más complicado causar temor en la audiencia, ya que se habían visto demasiados horrores auténticos y espeluznantes durante el conflicto bélico.

Así, una sociedad que durante seis años se había enfrentado a las más terribles acciones de las que es capaz el ser humano, buscaba en el séptimo arte un solaz para su torturado espíritu, refugiándose en el humor de las comedias sencillas; sin embargo los creativos del género de terror idearon una forma para adaptarse a la nueva situación.

Si bien asustar con los personajes tradicionales no era ya opción, los guionistas aprovecharon entonces el temor latente que, durante toda la Guerra Fría, tuvo en el corazón todo individuo: la ineludible y sobrecogedora presencia de la bomba atómica.

De esta manera, los escritores utilizaron la ansiedad reflejándola en una severa crítica hacia los científicos con poca o nula conciencia de las consecuencias de sus peligrosos inventos; así aparecieron creaturas originadas por la acción de las radiaciones como Godzilla (1954), o un pulpo gigante que ataca la ciudad de San Francisco en It Came From Beneath the Sea (1955).

También en la misma época, se vio por primera vez el cruce del género de horror con el de ciencia ficción, haciendo que los extraterrestres y los platillos voladores suplieran a los engendros anteriormente empleados; es así como se realizaron películas como The Thing from Another World (1951) o The Day the Earth Stood Still (1951).

Otra vertiente de estos híbridos de terror y ciencia ficción dieron como resultado el surgimiento de los invasores de cuerpos, cuya primera cinta fue Invasion of the Bodysnatchers (1956), en donde se utilizó el terror psicológico ya que, al tratarse de alienígenas con apariencia humana, lograban generar una sensación de paranoia bastante incómoda.

Algunos analistas y críticos de cine han comparado este argumento con la presencia en la sociedad capitalista norteamericana, de los comunistas quienes, si recordamos el panorama de la Guerra Fría, en Estados Unidos constituían el enemigo a descubrir y vencer.

Pero muy pronto mutantes y extraterrestres no dieron ya resultado con el público, y el género cayó en un breve pero significativo letargo, siendo relegado a lo que se denomina películas de serie B; esta terminología está basada en un criterio según el cual sólo aquellas que alcanzaban la categoría A obtenían presupuesto; mientras las otras debían conformarse con reducidas cantidades de dinero, lo cual no permitía a productores y directores permitía poner demasiada atención o esmero en la calidad del guión, actuación, efectos especiales o incluso el propio argumento.

Sin embargo, durante la década de los sesenta hubo un magnífico director que rescató y dio al género de terror un giro que dejaría su huella durante varios lustros, se trata de Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, quien con Psicosis (1960) introdujo la figura del psicópata asesino.

Esta fórmula evolucionó poco a poco, teniendo una suerte de clímax con The Texas Chain Saw Masacre (1974) del director Tobe Hooper, en donde un maniático deforme tortura y asesina a un grupo de jóvenes –la cinta está basada en hechos reales y tuvo un bien logrado remake en 2003-.

A finales de los 60 también se retoma el interés por las cuestiones satánicas gracias a la cinta Rosemary’s Baby (1968) de Roman Polanski; tras ella unos años después vendría la polémica e icónica El Exorcista  (1973) de William Friedkin.

Pero los demonios o fantasmas de Amityville (1979) y Poltergeist (1982) no eran ya suficiente para la –aún entonces- poco impresionable imaginación del público, por lo que fue necesario crear nuevos monstruos, y es así como surge el gran Freddy Krueger, de la imaginación de Wes Craven (Scream), en A Nightmare on Elm Street (1984), en donde podemos ver a un aterrorizado y jovencísimo Johnny Depp (Jack Sparrow) antes de que saltara al estrellato.

Y así, a partir de la década de los ochenta, pero sobre todo en el nuevo milenio, el horror se ha visto en serios problemas para poder “asustar” a la ya prácticamente inmune audiencia, de manera que se han creado subgéneros que han sido objeto de crítica y censura. Teniendo al “gore” puro por un lado, es decir aquellas cintas –como las dirigidas por Dario Argento– de las cuales ya se sabe que en pantalla, no se verá nada más que grotescas escenas llenas de sangre; se tiene por el otro una mezcla en la que no se sabe a ciencia cierta si se trata de terror, gore o ya en caso extremo de lo que el periodista del diario New Yorker, David Edelstein, denominó “torture porn”.

Así en este 2009, han surgido cintas como Saw VI –clasificada como X en España- o Final Destination 4, que se encuentran –al menos la primera- en el límite del horror y el gore; sin mencionar las películas de Hostel (2005 y 2007), las cuales dirigidas por Eli Roth, se incluyen definitivamente en la clasificación de Edelstein.

Grandes retos tienen los guionistas y directores del género de horror para los años venideros, y si bien han encontrado inspiración en mitologías orientales –The Ring o The Grudge-, o rescatado personajes legendarios como Freddy –el remake de la cinta se estrenará en 2010-, aún deben vencer a su principal adversario: los noticieros de T.V. ya que, desgraciadamente, lo que vemos en los informativos espanta más que cualquier monstruo o diabólica entidad. Así, le tendremos que dar -en parte- la razón al escritor Joseph Conrad quien dijo: “La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”. 

FUENTES:

“Monsters as Metaphors”. Aut. Steven Schneider. Other Voices V.1 N.3 Enero, 1999.

“El Cine”. Aut. Jordi Induráin Pons. Ed. Larousse. España, 2002.

“Los géneros cinematográficos”. Aut. Pedro Cano. Universidad Autónoma de Barcelona. 2006

“¿Qué tan insano es el cine de terror sádico?”. Aut. Gregorio Belinchón y Carmen Pérez. Vanguardia. Madrid, 2009.

“Brief History of Horror Fiction”. Aut. Karina Wilson. www.horrorfilmhistory.com

“Los géneros cinematográficos”.  Aut. Pablo Santiago Argañarás.


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