Y después del apocalipsis zombi ¿qué? II

13 octubre 2015

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

De las miserias suele ser alivio una compañía”.

Miguel de Cervantes

Líder o seguidor, cazador o presa, pero a final de cuentas superviviente, así es una persona viva y sana que aparezca en cualquier serie de televisión o película que aborde el tema del “apocalipsis zombi”. Siendo tan variadas las personalidades de los personajes que han protagonizado este tipo de producciones, todos ellos, sin embargo, comparten dos elementos en común: la pérdida y la búsqueda. Sin importar el género desde el cual se aborde el tema (horror, ciencia ficción o incluso comedia), aquellos que corretean en el planeta tratando de salvarse de cadáveres ambulantes o enloquecidos infectados han perdido seres queridos, sus hogares, su seguridad física y otras tantas cosas; y a su vez se lanzan en una búsqueda por recuperar cualquiera de ellas.

Pero antes de entrar en materia, hacemos aquí nuevamente la advertencia de que este artículo contiene numerosos spoilers, por lo que si no han visto (y aún desean hacerlo) las películas Zombieland y 28 Days Later (Exterminio) se recomienda abandonar aquí la lectura.

Empezaremos entonces por analizar la situación de la película Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). En esta cinta, que entra en el género de la comedia, el protagonista, Columbus (Jesse Eisenberg), es un joven común y corriente, no particularmente valiente, pero sí bastante inteligente, lo cual le permite crear para sí mismo una serie de normas con las cuales él sabe que puede sobrevivir en un mundo en el cual debe enfrentarse a los muertos vivientes. De este modo, el joven –que no es atlético en absoluto- hace calentamiento antes de incluirse en cualquier situación que le demande un esfuerzo físico, con lo cual evita lastimarse; revisa cuidadosa y sistemáticamente cualquier lugar al que pretende entrar; desconfía de cualquier persona y sobre todo evita ser el héroe, porque según su hipótesis, esta última opción lo llevará a una muerte segura.

Paranoico por naturaleza, Columbus se encuentra con su complemento fuerte, en este caso encarnado en Tallahasse (Woody Harrelson), que es un hombre maduro que va por este apocalíptico escenario con una actitud cínica y despreocupada, pues él ha encontrado ya un buen vehículo y una abundante provisión de armas. Obsesionado con conseguir un pastelito Twinky –y arriesgando su propia vida por ello-, este hombre no tiene reglas que seguir, sino que enfrenta las situaciones conforme se le presentan, empleando su valor y habilidades, de las cuales se siente bastante seguro.

A su vez, esta dupla masculina da con su contraparte femenina en dos hermanas, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes se manejan con un código carente de la ética más elemental, ya que ellas solo piensan en sobrevivir juntas, por lo que si para lograrlo necesitan engañar, robar o amenazar a cuando individuo se les atraviese, así sea. Habiendo tenido ya desde antes del apocalipsis zombi la costumbre de estafar a la gente, ellas han descubierto que este mecanismo también funciona después de la hecatombe, por lo que no dudan de privar al prójimo de armas, comida o vehículos.

A final de cuentas el argumento lleva a tan distintos personajes a formar un frente común contra los zombis –y a Columbus a romper su regla de oro con tal de salvar a su amada Wichita y a Little Rock– con el afán de sobrevivir, creándose entre ellos lazos de confianza que finalmente son los que les permiten lograr su cometido. Y es aquí donde vemos cómo en un mundo en el cual la raza humana enfrenta su propia extinción, es la formación de comunidades la que le proporciona la posibilidad de subsistir tanto física como emocionalmente.

Caso similar -aunque en el género de horror- se presenta en la cinta 28 Days Later (Exterminio, Danny Boyle, 2002), en el cual Jim (Cillian Murphy) es un mensajero que se despierta en un desierto hospital después de que una terrible enfermedad llamada Rage –misma que provoca que la persona infectada pierda sus facultades mentales transformándose en un agresivo animal caníbal- haya infectado a la mayor parte de la población de las islas británicas. En Jim observamos así el comportamiento totalmente plausible de una persona normal que se despertase en semejante situación, pues completamente desorientado y vestido tan solo con una poco funcional bata de hospital, comienza a recorrer primero el nosocomio y luego la ciudad de Londres, tratando de encontrar algo o alguien que le explique qué es lo que ha sucedido.

Dejando de lado el hecho de que la película se torna aún más sobrecogedora porque el director Danny Boyle consiguió permiso para vaciar literalmente algunas de las zonas más emblemáticas de la capital británica, utilizando así locaciones y no sets armados, la sensación de soledad que transmite Murphy se transmite al público compartiendo este la consternación del personaje.

Sin embargo, este sentimiento de soledad absoluta pronto se transforma en terror para el protagonista cuando se encuentra al primer grupo de infectados, a quienes ubica en una iglesia, ya que no comprende por qué aquel grupo de personas que tienen los ojos inyectados en sangre y lanzan gruñidos estremecedores se le echan encima en un abrir y cerrar de ojos y tratan de matarlo. Tras huir despavorido de aquel sitio, Jim se topa entonces con una mujer, Selena (Naomie Harris), quien logra salvarlo después de encerrarse ambos tras una cortina de metal que cierra una tienda. Y aquí es donde la joven le explica al recién llegado lo que ha sucedido con el mundo. En este caso Selena ha tenido tiempo para adaptarse a la situación, por lo que va armada y lleva consigo provisiones –chocolates y refrescos, que es lo único que ha podido encontrar-, ella representa entonces a lo largo de la cinta la parte racional que actúa en el ser humano en una situación de supervivencia.

Por su parte Jim es más sentimental, por lo que no es extraño que lo primero que desee sea ver a su familia, a pesar de que su compañera le advierte que con seguridad están muertos o infectados. Aferrado a sus afectos, el personaje encarnado por Cillian Murphy logra hacerse acompañar hasta su casa donde, efectivamente, encuentra a sus padres que se han quitado la vida, enfrentándonos entonces nosotros como espectadores con otra reacción al fin del mundo: la autoaniquilación, elegida por todos aquellos que antes de sufrir un destino terrible como infectados, han preferido salir de este escenario por su propia mano sin siquiera luchar por sobrevivir. ¿Cobardía? ¿Sensatez? Depende de la personalidad del individuo que observe el contexto.

Pero como en todos los apocalipsis zombi, solamente aquellos que se empeñan en continuar vivos están dispuestos a enfrentarse a la soledad y los numerosos problemas que representa la simple existencia. De esta forma, en esta cinta observamos nuevamente cómo la formación de comunidad es una necesidad básica del ser humano, por lo que Jim y Selena emprenden camino en busca de otros no infectados, localizando entonces así a Frank (Brendan Gleeson) y su hija adolescente Hannah (Megan Burns), quienes han decidido atrincherarse en su departamento, habiendo colocado luces en la ventana para atraer a cualquier individuo sano. En este caso el padre de familia deja algo muy claro, él sabe que su hija no podrá sobrevivir sola, necesita adultos que la ayuden, y es así como comparte todos sus recursos con sus “invitados” con el convenio tácito de que si algo llegase a ocurrirle a él, la jovencita quedaría protegida.

Nuevamente vemos la formación de un grupo de personas bienintencionadas. Sin existir en este caso nadie que quiera aprovecharse del otro, todos ellos forman lazos de amistad casi instantáneos, lo cual les permite gozar de ciertos momentos de tranquilidad e incluso diversión. En este contexto, Selena reflexiona sobre el futuro de la humanidad, fijando su atención en un elemento que es obviado por otros filmes similares: la creación artística. La mujer revela entonces su parte nostálgica al manifestarle a Jim que no puede creer que nunca habrá una película, una pintura o un libro que no existiesen previamente. Aquí se muestra entonces el anhelo de trascendencia del ser humano, mismo que es fácilmente bloqueado por la necesidad de cubrir los requerimientos físicos básicos, que sin duda resulta apremiante para los supervivientes de un apocalipsis zombi.

Y para concluir con el espectro de las posibilidades en las reacciones humanas en un mundo devastado, este amigable equipo va a dar de narices con los “villanos”, aquellos que sobreviven a costa de los demás, en este caso representado tan nefasto bando por un grupo de militares que a través de una transmisión de radio, han ofrecido a los incautos refugio y una cura para la enfermedad, siendo todo ello mentira. Dando primero estos sujetos una sensación de seguridad gracias a su pesado armamento y aparentemente inexpugnable fortaleza, comparten con los recién llegados –a los cuales les falta un miembro al haber sucumbido Frank a la enfermedad- su agua, refugio y su comida. Poco tiempo pasa para que estos egoístas individuos revelen su verdadero cometido, pues lo único que desean es apoderarse de las mujeres para usarlas a su gusto, lo cual por supuesto genera la indignación del heroico Jim, quien en contra del reglamento de Columbus, después de lograr escapar de los soldados que han intentado eliminarlo, irrumpe salvajemente en la habitación donde tienen cautivas a sus amigas para posteriormente emprenderla a brazo partido con los agresores, logrando la victoria con la ayuda de un infectado –que él libera a propósito- que los militares tenían encadenado en el patio trasero con fines experimentales –deseaban observar cuánto tiempo tardaba en morir sin ser alimentado-.

Jim pierde –temporalmente- entonces su humanidad para salvar a sus seres queridos. Los enemigos han perdido su humanidad por cosificar a las personas. Es así como nos enfrentamos por primera vez a la deshumanización del individuo, aunque por motivos diferentes. El defensor y el abusivo, ambos pierden sus códigos éticos, pero con fines opuestos. Jim sigue siendo, entonces, un héroe, sin transformarse en un antihéroe, pues él está consciente de que matar no es correcto, pero también se ha dado cuenta de que sus enemigos no le dejan otra opción que suprimirlos.

Habiéndose filmado dos finales para esta cinta: uno feliz en el cual Jim, Hannah y Selena son encontrados eventualmente por otros supervivientes que disponen de un avión; y otro bastante más deprimente en el cual se da a entender que Jim muere a causa de una herida sufrida durante el enfrentamiento con los soldados, la cinta plantea un escenario no del todo descabellado de un apocalipsis zombi. Sin darle un tinte humorístico o de ciencia ficción, esta cinta nos lleva el evento apocalíptico a un nivel en el que cualquiera puede sentirse identificado con alguno de los personajes, pues sus juicios y decisiones parten de bases realistas, tanto físicas como emocionales. Son individuos comunes sobreviviendo en un mundo atrapado por el caos, llevando inevitablemente al espectador a preguntarse ¿qué haría yo?

Pero el tema no ha sido concluido, por lo que la siguiente semana, terminaremos esta serie de artículos abarcando a detalle la variadísima gama de personajes y escenarios que plantea la serie televisiva The Walking Dead con respecto a la sobrevivencia en un mundo dominado por los zombis.

 

FUENTES:

www.imdb.com


Y después del apocalipsis zombi ¿qué? I

3 octubre 2015
Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Horacio

Hace pocos días el actual gobernador del estado de Kansas (E.U.), Sam Brownback lanzó un programa llamado Zombie Preparedness Month, cuyo objetivo es motivar a los habitantes del estado en cuestión a estar preparados para emergencias tales como tornados, incendios, tormentas, etc., utilizando la popular figura de los zombis para captar la atención de los ciudadanos, y sosteniendo además el proyecto que si la persona está preparada para un apocalipsis[1] zombi[2], estará sin duda lista para enfrentar para cualquier otro tipo de contingencia.

De este modo y aprovechando el reciente auge de los zombis con el próximo estreno de la sexta temporada de la serie televisiva The Walking Dead, a continuación analizaremos algunos aspectos relacionados con los apocalípticos eventos que incluyen a muertos vivientes (o infectados) y el reacomodo (subsistencia) de la civilización humana, para lo cual utilizaremos algunos filmes y la serie de televisión anteriormente mencionada. Se advierte que a continuación se encontrarán diversos spoilers de las películas y programas referidos.

El séptimo arte ha estado fascinado por la figura de los muertos vivientes desde principios del siglo XX, siendo la primera película al respecto White Zombi (La legión de los hombres sin alma, Victor Halperin, 1932), pasando por numerosos clásicos en las décadas subsiguientes como The Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, 1968), Dawn of the Dead (El amanecer de los muertos vivientes, George A. Romero, 1978) o Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, Edgar Wright, 2004), entre otras muchas, y cuya calidad es calificada por los espectadores de acuerdo con sus gustos -ya que hay quien opina que son obras maestras y otros que las detestan considerándolas bodrios grotescos-, perteneciendo además en su mayoría al género de horror, inclinándose fuertemente hacia el gore[3].

Así, mientras tales películas se empeñaron en mostrar descriptivas escenas de los terroríficos cadáveres ambulantes persiguiendo a infinidad de humanos horrorizados, destacando el momento en que el perseguidor alcanza a su víctima y da inicio a un macabro banquete en el cual los gritos de la presa y sus expuestas entrañas son los protagonistas; por el contrario existe hoy en día otra “corriente”, en la que, si bien los filmes y series enfocados en los zombis exhiben tales elementos, no se centran en los propios monstruos como fundamento del guion, sino que han optado por querer mostrar qué pasaría con la sociedad después de un apocalipsis zombi.

Mucho se ha especulado sobre el comportamiento que tendríamos los seres humanos tras una catástrofe que borrase de la faz del planeta a buena parte de nuestra raza. De este modo, en la pantalla de plata hemos visto los afanes de supervivencia de personas que han logrado subsistir a cataclismos climáticos o incluso tormentas solares, pero que se enfrentan de cualquier manera a cierta clase de zombis, siendo una de las más recientes muestras de este planteamiento la segunda entrega de la saga Maze Runner: The Scorch Trials (Pueba de fuego, Wes Ball, 2015), en la cual un organismo cuyas buenas intenciones o malignidad no han quedado del todo claras, lleva a cabo un experimento con adolescentes con la finalidad de descubrir una cura para una enfermedad a la cual han denominado como Llamarada –ocasionada por un virus diseñado por el hombre como arma biológica-, misma que trastorna la mente del ser humano –convirtiéndolos en seres a los que se refieren como Cranks– a tal grado que lo deja en estado salvaje, eliminando su capacidad de raciocinio y limitando su actuación a una supervivencia animal en extremo agresiva.

En su carácter de superproducción veraniega de ciencia ficción plagada de efectos visuales bastante bien logrados, en el guion se nos muestran personajes cuyo desconocimiento de la situación exacta del mundo los lleva a seguir el esquema marcado por una organización que presuntamente intenta salvar a la humanidad de la extinción llevando a cabo experimentos aparentemente sociales, de los cuales el protagonista Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos son los sujetos de estudio. De esta manera en la película podemos ver el esquema de una organización que parece omnipotente –C.R.U.E.L. en español y W.C.K.D. en inglés- con recursos aparentemente infinitos que tiene la intención de tomar el control de lo que resta de la sociedad, enfrentándose a una organizada pero reducida resistencia que se concentra en los miembros del Right Arm (Brazo Derecho), quienes han logrado elaborar una cura para la enfermedad. Perteneciendo la película a las sagas juveniles literarias – en este caso escrita por James Dashner– llevadas a la pantalla, el argumento se aleja del análisis o reflejo de la sociedad para concentrarse en la relación que existe entre los personajes y el planteamiento de C.R.U.E.L. como antagonista.

Pasaremos ahora a un filme que contempla la situación de una persona abandonada a su destino después de un apocalipsis zombi en un contexto de soledad casi absoluta: I Am Legend (Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007) –inspirada en la novela homónima escrita por Richard Matheson-, en la que el protagonista de nombre Robert Neville (Will Smith) sobrevive en una desértica ciudad de Nueva York que empieza a ser retomada por la naturaleza, después de que una enfermedad ocasionada por una cura contra el cáncer afecta a millones de seres humanos, transformándolos en una suerte de entidades vampírico-zombi que se alimentan de cualquier ser vivo que se atraviese por su camino.

Neville, que es inmune a la enfermedad, es así forzado a utilizar todo su ingenio y recursos con el fin de sobrevivir junto con su fiel compañero canino. En este caso su problema no es de abastecimiento de comida o agua, pues tiene suficiente, sino que debe crear estrategias que le permitan conservar la cordura en un entorno en el cual únicamente “convive” con los animales salvajes o los infectados, de tal manera que sostiene conversaciones triviales e incluso “coquetea” con algunos maniquíes que ha colocado en diversos lugares de la ciudad –como una tienda de renta de películas- para crear la ilusión de compañía, pues además es constantemente atormentado por los recuerdos de la familia que perdió en el momento que se desató el caos ocasionado por el surgimiento de la infección.

En este escenario Robert, a la vez que lleva a cabo incansablemente numerosos intentos para crear una cura para el mal que ha mermado la población mundial en un 90 por ciento, también trata de encontrar a alguna persona no infectada, por lo que diariamente transmite una grabación que indica su ubicación exacta. Eventualmente una mujer, Anna Montez (Alice Braga) y un niño, Ethan (Charlie Tahan) llegan al sitio indicado mientras el solitario Neville se enfrenta a un grupo de los monstruosos infectados, salvándole la vida los recién llegados.

Aquí se muestra entonces cómo tanto Robert como Anna e Ethan, si bien están satisfechos al encontrar a otras personas que comparten su infortunio, también son desconfiados, pues no conocen a ciencia cierta las intenciones del otro. En este caso, sin embargo, son la solidaridad y la generosidad las que ganan al sacrificarse el propio Robert con el fin de que Anna e Ethan puedan llevar a un lugar seguro la cura que ha logrado encontrar.

Las virtudes más excelsas y los instintos más bajos son los que surgen en estos escenarios posapocalípticos, ya sea que estén dominados por millonarias organizaciones con tecnología de última generación o estén habitados por solitarios supervivientes. Por otra parte, en la próxima entrega de esta columna analizaremos algunos contextos en los cuales son comunidades de diversos tamaños las que intentan sobrevivir en mundos dominados por infectados caníbales o muertos vivientes.

FUENTES:

www.imdb.com

www.kansastag.gov/

http://www.rollingstone.com/

[1] El término “apocalipsis zombi” será aquí utilizado para designar a una situación en la que la sociedad se enfrenta a un evento de carácter mundial, tras el cual gran parte de su población se ha visto afectada por una enfermedad que provoca que los cadáveres adquieran movimiento, o bien elimina el uso de las facultades mentales, creando humanos irracionales y extremadamente agresivos, llegando incluso a la deformación física.

[2] Se ha utilizado la palabra haciendo referencia exclusivamente al muerto viviente que se presenta en la ficción, dejando de lado las implicaciones que tal figura tiene en el vudú.

[3] Género cinematográfico que recrea abundantes escenas sangrientas (http://www.oxforddictionaries.com/).


Un rudo y tenaz talento apasionado: Humphrey Bogart II

12 agosto 2014
Humphrey Bogart y Lauren Bacall

Humphrey Bogart y Lauren Bacall

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

Ser profundamente querido por alguien te da fortaleza, y querer profundamente a alguien te da valor”.

Lao-tsé

Míticos personajes cinematográficos llegó a encarnar en su carrera el gran actor Humphrey Bogart, entre los cuales tal vez haya sido el de Rick Blaine de la película Casablanca, el que lo grabó a fuego en los anales del séptimo arte.

Como hemos ya mencionado, la filmación de esta película de Michael Curtiz estuvo plagada de peculiaridades y situaciones complicadas, contribuyendo algunas coincidencias a permitir la presencia de algunos de los elementos que, con el tiempo, hicieron de esta cinta una película que puede llamarse en toda la extensión de la palabra: clásica. A este respecto, cabría destacar que al autor de la música de la película, Max Steiner, no le convencía demasiado la utilización del tema As Time Goes By, el cual, irónicamente, hoy en día es imposible escuchar sin que nos remita a aquel salón del Café Americain en el que el bonachón pianista Sam (Dooley Wilson) interpreta la melodía a capricho de la bella Ilsa Lund (Ingrid Bergman) provocando violenta reacción en el dueño del lugar, Rick (Humphrey Bogart).

Ahora bien, la caótica vida personal de Humphrey Bogart vino a aumentar un problema más al ya de por sí intrincado rodaje, por lo que Curtiz tenía que soportar la constante presencia en el set de la neurótica esposa de Bogart, Mayo Methot. La dama en cuestión solía por aquel entonces beber en demasía –lo cual a su vez provocaba que Humphrey también inclinase el codo con singular alegría-, desatándose terribles y violentas escenas –no siempre a puertas cerradas, teniendo a veces como escenario lujosos restaurantes o centros nocturnos- entre la pareja al calor de los humores etílicos, durante las cuales, cabe destacar, acostumbraban –al menos ella- lanzar por el aire cuanto objeto llegase a sus manos con el fin de atinar a la cabeza de su flamante cónyuge, llegándose a designar a los esposos como los Battling Bogarts.

De este modo, la celosísima Mayo se apersonaba en el estudio para “supervisar” las escenas de amor entre su esposo e Ingrid Bergman, ya que a su parecer las tomas eran, al gusto de la señora, demasiado reales como para ser meramente actuación. A tal grado llegó la psicosis de Methot que no permitió a Bogart que viese la película. Por supuesto, en este caso, Mrs. Bogart no tenía nada que temer de la entonces esposa de Petter Lindström.

Pero Bogey, a pesar de su desastroso matrimonio, tenía una carrera que iba viento en popa, de manera que aceptó el papel que le ofreció el director Howard Hawks en la película Tener o no tener (To Have and Have Not), en el que nuevamente interpretaría a un tipo rudo, sin imaginar que sería precisamente esta filmación la que cambiaría su vida al compartir créditos con una novata y hermosísima muchachita de diecinueve años llamada Lauren Bacall –cuyo verdadero nombre era Betty Bacal-.

La jovencita era impresionante y tenía una atractiva personalidad, pero tanto el director como sus compañeros debieron hacer acopio de un poco de paciencia porque la chica era tímida hasta el extremo de sufrir pánico escénico, de manera que una sencilla escena necesitaba varios intentos antes de completarse. Ante esta situación, Bogart tomó el control y decidió tener una actitud ligera, de modo que solía bromear –algo que podría considerarse como extraordinario en alguien cuya fama general era de ser un hombre antisocial y agresivo- para que Lauren se calmase, método que funcionó a la perfección.

El trabajo del texto requería que los actores convivieran muchas horas, tiempo en el que poco a poco se creó un vínculo especial entre Bogart y Bacall, a quien sus espectaculares ojos le ganaron el apodo de La Mirada. Tres semanas solamente le tomó a Humphrey animarse a lanzar el anzuelo a la señorita, por lo que una noche en la que ella estaba tranquilamente cepillando su cabello en su camerino, escuchó que alguien tocaba a la puerta, pasando por el umbral nada más y nada menos que su coestrella, quien llegó para darle las buenas noches, aprovechando la ocasión para besarla. A partir de entonces no eran nada extrañas –para horror de Mrs. Bacal, la madre de Lauren, pues consideraba que la incipiente carrera de su hija no necesitaba un escándalo amoroso que involucrara a un hombre casado- las llamadas del nuevo pretendiente a la no particularmente refinada hora de las tres de la mañana.

La relación entre Bogart y Bacall se afianzó hasta alcanzar los niveles de un amor apasionado digno de una novela romántica, del cual Mayo era testigo impotente. Así, un año después de terminar el rodaje de Tener o no tener, Humphrey se divorció de su mujer y once días después hizo de Lauren la nueva Mrs. Bogart (1945), conociéndoseles en el medio como Bogey y Betty, una de las parejas más populares y queridas del Hollywood de la mitad del siglo XX, puesto que al parecer la joven actriz hacía relucir en su compañero sus mejores cualidades entre las cuales estaba una extraordinaria ternura –también se le calificó como un hombre muy honesto-.

Teniendo en común mucho más que los intereses románticos, la pareja engendró dos hijos –Stephen (1948) y Leslie (1952), además de realizar algunos filmes juntos: El sueño eterno (The Big Sleep, Howard Hawks, 1946), La senda tenebrosa (Dark Passage, Delmer Daves, 1947) y Cayo largo (Key Largo, John Huston, 1948). De igual manera se involucraron activamente para luchar en contra del senador Mc Carthy, quien para entonces había ya emprendido su famosa “cacería de brujas” en la que persiguió a cuanto comunista –real o imaginario- veía en Hollywood.

De este modo Bogart continuó filmando una película tras otra, interpretando ahora todo tipo de personajes como Fred C. Dobbs en El tesoro de Sierra Madre (Sierra Madre, John Huston, 1948), llegando incluso a participar en comedias románticas como Sabrina (Billy Wilder, 1954), al lado de Audrey Hepburn y William Holden, quienes no mostraron mucho aprecio por su cinematográfico colaborador, ya que se dice que constantemente estaba ebrio.

Pero la coronación definitiva de la carrera de Bogey –quien fundó su propia compañía cinematográfica, Santana Picture Corps, (en honor a su velero)- vino de la mano de John Huston –aunque hay quien dice que su intervención en En un lugar solitario (In a Lonely Place, 1950) de Nicholas Ray fue aún mejor- y Katherine Hepburn con quienes filmó La reina de África (The African Queen, 1951), basada en la novela de C.S. Forester, en la que encarnó al huraño y borracho capitán de un barco de vapor, Charlie Allnut que traslada por las inhóspitas selvas africanas a una remilgada misionera de nombre Rose Sayer, que pretende hundir un barco de guerra alemán después de que tal ejército destruyera la misión en la que trabajaba su difunto hermano. Este rodaje, si bien le valió a Humphrey su único Óscar, también debió significar para él una auténtica pesadilla, ya que, siendo partidario del realismo en sus cintas, Huston trasladó la producción al Congo Belga, lo cual iba en contra de todas y cada una de las convicciones de Bogart, quien odiaba categóricamente las locaciones, optando entonces el actor, junto con el cineasta, por curar las penas con el alcohol, alegando los caballeros que bebían para evitar contagiarse de disentería, aprovechando las borracheras para jugar pesadas bromas a una escandalizada Katherine.

Excitante y turbulenta fue así la vida del que fue nombrado como la estrella masculina Número Uno de todos los tiempos en 1999 por el American Film Institute, una estrella que se extinguió un 14 de enero de 1957 a causa del cáncer, provocando un gran vacío no solo en el corazón de Lauren Bacall –quien diría “la razón de mi vida fue Bogey. ¿No era yo nadie por mí misma?”-, sino también en la pantalla de plata, en donde dejó no solo memorables actuaciones, sino también estereotipos cinematográficos que siguen siendo emulados y homenajeados por muchos actores contemporáneos que admiran el trabajo del legendario Humphrey Bogart. 

FUENTES:

“El Cine”. Editora Núria Lucena Cayuela. Ed. Larousse. Barcelona, 2002.

“Casablanca”. Serie Luces de la Ciudad. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma, suplemento El Ángel. 13 de marzo 2011.

“Here’s Looking at You, Dad: Memories”. Aut. Peter M. Nichols. 5 de enero 1997. www.nytimes.com

“Riding the Rapids with Hepburn, Bogart and Huston”. Aut. Dave Kehr. 19 de marzo 2010. www.nytimes.com

 “Tough Without a Gun: The Extraordinary Life of Humphrey Bogart by Stefan Kanfer”. Aut. Philip French. The Observer. 13 de febrero 2011.

nytimes.com

biografiasyvidas.com

tcm.com


Un rudo y tenaz talento apasionado: Humphrey Bogart I

5 agosto 2014
Humphrey Bogart

Humphrey Bogart

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”.

Francisco Umbral 

Interpretando al dueño de un famoso café en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial, a un detective privado en el bajo mundo de San Francisco o al capitán de un barco de vapor en las selvas africanas, Humphrey Bogart fue un actor que trascendió a sus propios filmes convirtiéndose en todo un ícono del séptimo arte.

Pero la historia de Bogart, que nació el día de Navidad de 1899 en la Gran Manzana[i] –aunque también se ha mencionado el 23 de diciembre como su fecha de nacimiento-, no es la del humilde muchachito trabajador ascendiendo por la vida esforzándose cada día. Por el contrario, Bogart nació en un ambiente de privilegios, en la clase alta neoyorquina, siendo su padre un notable cirujano egresado de Yale que sin embargo era adicto al alcohol y la morfina; mientras su madre era una exitosa ilustradora de revistas que también tenía una marcada afición por la copa. De este modo, el chico vivía en un ambiente acomodado pero violento, ya que era testigo frecuente de las constantes peleas de sus embriagados padres.

Para educar a su hijo, el matrimonio Bogart decidió inscribirlo en la Trinity School, ubicada en la 91st Street, a unas cuantas calles de su domicilio ubicado en el 245 West, 103 Street. Posteriormente, durante su adolescencia fue enviado a la prestigiada Phillips Academy en Massachusetts, donde debía prepararse para poder emular la carrera de su progenitor. No obstante, Humphrey no era un muchacho disciplinado, por lo que fue expulsado de la escuela.

Sin otro proyecto de vida, se enroló en la marina de los Estados Unidos para pelear en la Primera Guerra Mundial, embarcándose así en el USS Leviathan, mismo que fue alcanzado por un torpedo en 1918. Se dice que durante este ataque, fue una esquirla la que le rasgó la boca que le dejara la cicatriz que se convertiría en uno de sus sellos durante su carrera actoral –otras versiones mencionan que tal herida fue ocasionada por una pelea que tuvo con un compañero al que llevaba como prisionero a las celdas del barco-.

Al terminar la guerra el joven Bogart decidió que su vocación estaba en las tablas, por lo que en la siguiente década probó suerte en el teatro. Su fisonomía y educación lo encasillaron en el papel del galancete millonario que acostumbraba aparecer en escena para decir “¿alguien apetece jugar tenis?”, resultando este rol ornamental absolutamente insatisfactorio para el incipiente actor.

En 1927 el sonido alcanzó al cine cuando se estrenó El cantor de jazz (The Jazz Singer, Alan Crosland), y esto hizo que Humphrey decidiese irse a Los Ángeles a probar suerte en Hollywood, donde ciertamente consiguió trabajo, pero nuevamente fue relegado a papeles secundarios que no le agradaron. Volvió al teatro. En 1935 tuvo un golpe de suerte al formar parte de la producción dirigida por Robert Sherwood, en la que representó al asesino Duke Mantee en la obra The Petrified Forest, como antagonista de Leslie Howard –mejor conocido por su papel de Ashley Wilkes en Lo que el viento se llevó (Gone With The Wind, Victor Fleming, 1939).

Por aquel entonces los estudios Warner compraron los derechos de la obra, teniendo entonces Bogart la oportunidad de filmar con Howard y con Bette Davis, bajo la dirección de Archie Mayo, estrenándose la película homónima de la obra teatral en 1936. Después de esta incursión en el séptimo arte, comenzó a interpretar convincentemente a los villanos del hampa, como Bugs Fenner en Balas o votos (Bullets or Ballots, William Keighley, 1936) donde compartió créditos con Edward G. Robinson y Joan Blondell; repitiendo la dupla con Robinson en Kid Galahad (Michael Curtiz, 1937) en la que interpretó a Turkey Morgan, nuevamente al lado de Bette Davis.

El gran cineasta William Wyler también fue testigo de la carrera de la estrella en ciernes, al dirigir a Bogart en Calle sin salida (Dead End, William Wyler, 1937), encarnando nuevamente a un gánster, esta vez  Baby Face Martin. Así continuó filmando incansablemente hasta que tuvo un impulso importante en su carrera gracias a El último refugio (High Sierra, Raoul Walsh, 1941), en la que personificó a Roy Earle junto a Ida Lupino. De esta manera resulta que 1941 y 1942 se convirtieron en dos de los años más importantes de su quehacer artístico, trabajando primero en El halcón maltés (The Maltese Falcon, John Huston, 1941) en la que interpretó de manera magistral al rudo detective privado creado por el escritor Raymond Chandler, Sam Spade, compartiendo pantalla con Mary Astor; y consiguiendo al año siguiente, nuevamente con Michael Curtiz, el papel que lo instalaría como una leyenda de la pantalla de plata: el misterioso exiliado americano Rick Blaine en la película Casablanca.

Este rodaje fue en muchos sentidos, sui generis. En primer lugar, los productores no tenían demasiadas expectativas con respecto a la cinta, de manera que no tenían una producción sólida, comenzando a filmar incluso sin un guion completo –se iba escribiendo, reescribiendo y modificando cada día-, mismo que se basaba en una obra de teatro censurada –por lo que nunca pudo ser representada- y escrita por Murray Brunett, un profesor que había viajado por Europa con su esposa en 1938, llegando a la Austria ocupada por los nazis y quedando impresionado por la estructura del gobierno dictatorial que ahí encontró. La pareja se dirigió entonces a Francia, visitando Niza, sitio en el que al entrar a un café escucharon la ahora famosa canción As Times Goes By, que era interpretada por un pianista de color.

Casablanca se trataba de una película que tenía la intención de convencer al pueblo norteamericano de la necesidad de que su país interviniese en la Segunda Guerra Mundial –como efectivamente sucedió tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941-, en una etapa en la que el avance de las tropas germanas parecía imparable habiéndose ya ocupado Francia, obligando esta situación a que miles de refugiados emprendieran la huida a través de la ciudad marroquí de Casablanca para posteriormente alcanzar un pasaje hacia Lisboa desde donde partirían hacia la libertad en el continente americano, tal como se refleja en la película.

Para los productores no hubo duda acerca de la contratación de Ingrid Bergman para el papel de Ilsa Lund; sin embargo, la elección de Bogart para Rick Blaine no fue tan obvia, siendo el actor sugerido por Curtiz. Esta propuesta no fue bien acogida por los estudios al principio, llegando un productor a preguntar que quién se atrevería a besar a Humphrey, declarando Bergman que ella lo haría sin problema. No cabe duda de que la elección fue certera, pues la química de ambos en la pantalla es evidente, lo cual bien pudo haber sido facilitado por las relaciones que había tenido Ingrid con dos hombres parecidos al ficticio Rick, el director de cine Roberto Rossellini y el fotógrafo húngaro Robert Capa, caballeros aventureros y desapegados.

Ocupada por los alemanes, Marruecos no era una opción para realizar el rodaje, por lo que tuvieron que montar todos los sets en los estudios Warner. Difícil situación tuvo entonces Curtiz entre manos al ser casi todo su reparto de origen europeo, habiendo muchos de ellos huido del conflicto bélico que aquejaba al Viejo Continente. De este modo, al pronunciarse la palabra “corte” muchos de los participantes estallaban en llanto al recordar a sus familias y sus propias vidas, siendo la cuestión particularmente delicada para los alemanes que debían interpretar a los soldados nazis.

Un factor más vino a afectar la filmación de la legendaria Casablanca, la constante presencia en los estudios de la esposa neurótica de Bogart, Mayo Methot, pero de ella, de Lauren Bacall y otras películas del gran Humphrey Bogart hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“El Cine”. Editora Núria Lucena Cayuela. Ed. Larousse. Barcelona, 2002.

“Casablanca”. Serie Luces de la Ciudad. Aut. Guadalupe Loaeza. Periódico Reforma, suplemento El Ángel. 13 de marzo 2011.

 “Tough Without a Gun: The Extraordinary Life of Humphrey Bogart by Stefan Kanfer”. Aut. Philip French. The Observer. 13 de febrero 2011.

“You Must Remember This; A Sign Is Not Just a Sign”. Aut. Manny Fernandez. 25 de junio 2006. www.nytimes.com

  1. biografiasyvidas.com
  2. tcm.com

[i] Nueva York.


De Bond a “Mother”: Los espías en el séptimo arte III

28 octubre 2013
Matt Damon como Edward Wilson en El buen pastor (2006)

Matt Damon como Edward Wilson en El buen pastor (2006)

Parte III

Por: Patricia Díaz Terés

El cine no es un arte que filma vida, es cine está entre el arte y la vida”.

Jean Luc Godard

Variados son los tipos de agentes de inteligencia que se han podido ver en el séptimo arte a lo largo de las décadas, por lo que en este momento abordaremos la particular visión del mundo del espionaje que tuvo el maestro del suspenso, Alfred Hitchcock.

En este sentido, encontramos en el haber hitchcockiano a El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much), de la cual el cineasta hizo dos versiones, la primera en 1934 protagonizada por Leslie Banks (Lawrence) y Edna Best (Jill), y la segunda en 1956 con James Stewart (Benjamin McKenna) y Doris Day (Josephine Conway), en cuya trama unos inocentes turistas se ven inmersos en un complot para asesinar a un alto dignatario, confabulación que había sido descubierta por el servicio secreto británico, cuyo agente Louis Bernard (Pierre Fresnay y Daniel Gelin, respectivamente), con su último aliento, proporciona pistas sobre el atentado a Lawrence (o Benjamin).

Asimismo, Hitchcock retoma el mundo del espionaje en Intriga internacional (North by Northwest, 1959), en la que Roger O. Thornhill (Cary Grant), un ejecutivo publicitario neoyorkino es confundido con un agente del gobierno por espías extranjeros, por lo que se da lugar a que el publicista tenga que correr por su vida, mientras trata inútilmente de convencer a sus perseguidores de que han cometido un error. En estas tres cintas del director inglés los protagonistas no son propiamente los espías, sino personas comunes que se ven envueltos en los tejemanejes de los servicios de inteligencia.

Por otra parte, en tiempos recientes, Hollywood ha utilizado la figura de los agentes retirados, como por ejemplo Bryan Mills (Liam Neeson), un exagente de la CIA que en la película Búsqueda implacable (Taken, Pierre Morel, 2008), hace uso de todas las habilidades adquiridas durante el tiempo en que sirvió al gobierno norteamericano, para rescatar a su hija Kim (Maggie Grace), quien ha sido secuestrada en París. De igual manera encontramos a Clyde Shelton (Gerard Butler) quien en la trama de la cinta El vengador (Law Abiding Citizen, F. Gary Gray, 2009) es un agente de la CIA retirado, cuya experiencia en asesinatos de máxima precisión se convierte en la pesadilla del abogado Nick Rice (Jamie Foxx), durante la cruzada que emprende Shelton para vengar la muerte de su esposa y de su hija, habiendo sido el asesino exculpado gracias a los arteros manejos de Rice en la corte.

Llegamos así a las películas que se encuentran un poco más cerca del verdadero quehacer de los espías, mencionando en primer lugar la cinta Juego de espías (Spy Game, Tony Scott, 2001) en la que aparece el esquema del maestro y el aprendiz, en este caso siendo ocupado el primer puesto por el experto agente de la CIA Nathan D. Muir (Robert Redford), y el segundo por Tom Bishop (Brad Pitt). Iniciando la relación entre ambos personajes durante la guerra de Vietnam –Bishop era francotirador del ejército-, se observa la labor de los espías durante la Guerra Fría, cuando estos hombres debían hacer a un lado cualquier rastro de humanidad al tratar con agentes dobles en Alemania Oriental, o arriesgar la vida para ayudar a un verdadero desertor a cruzar el terrible Muro de Berlín; continuando la acción en Beirut[i], cuando los agentes tienen la misión de asesinar a cierto jeque. El argumento muestra la estrecha amistad que con el tiempo une al guía y al aprendiz, quebrantando el primero infinidad de leyes para rescatar a Bishop, quien ha sido capturado en China durante un intento por rescatar a su amada Elizabeth (Catherine McCormack), dama sobre la cual Muir le ha advertido que se trata de una terrorista, más que de una mujer dedicada a la filantropía en los campos de refugiados. Finalmente Nathan gasta los ahorros de toda su vida en orden de salvar tanto a su joven amigo como a su novia.

Todavía en el terreno de la ficción encontramos la película Al filo de la mentira (The Debt, John Madden, 2010) –remake norteamericano de la cinta israelí Ha-hov dirigida por Assaf Bernstein en 2007-, cuyos protagonistas son agentes del servicio de inteligencia israelí, el temido Mossad, que tienen la misión de encontrar y llevar ante la justicia a Dieter Vogel, el “cirujano de Birkenau” que había servido en los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. De esta forma, Rachel Singer (Jessica Chastain/Helen Mirren), Stephan Gold (Marton Csokas/Tom Wilkinson) y David Peretz (Sam Worthington/Ciarán Hinds), fracasan en su misión -escapa el criminal-, pero mienten al llegar a Tel Aviv -dicen que ha sido asesinado-, regresando su engaño a atormentarlos treinta años más tarde, cuando en una institución para enfermos mentales aparece un hombre que dice ser Vogel. En esta cinta se presenta la dinámica de un grupo de espías de gran capacidad tanto física como intelectual, que se ven forzados a convivir durante mucho tiempo en un ambiente hostil, surgiendo una serie de situaciones emocionales que llevan al trío a vivir una existencia bastante miserable tras concluir su misión.

Entramos finalmente a las historias reales con la cinta Un enemigo en casa (Breach, Billy Ray, 2007), en la cual se muestra cómo un novato agente de la CIA, Eric O’Neill (Ryan Phillippe) fue quien colaboró como pieza clave para llevar ante la justicia a un agente doble, Robert Hanssen (Chris Cooper) que había vendido durante años información a la Unión Soviética. Nuevamente se establece el esquema del agente con experiencia, pero a diferencia de Juego de espías, Hanssen es un hombre reservado y desconfiado, que no tiene la menor intención de hacer de O’Neill su aprendiz, sino que por el contrario, se pasa el tiempo señalándole la gran cantidad de errores que comete. Habiendo participado en la cinta el verdadero O’Neill como asesor, en este filme se muestran los entresijos de las traiciones que se han presentado en los círculos más selectos de los servicios de inteligencia.

Pasamos ahora a la película que causó sensación en todas las entregas de premios cinematográficos de este año, 2013, Argo (2012), dirigida por Ben Affleck. En esta película, Affleck –quien también es protagonista personificando a Tony Mendez– recrea el plan llevado a cabo por la CIA a finales de la década de los 70 para rescatar a un grupo de funcionarios norteamericanos que habían quedado atrapados en Teherán tras haber sido tomada la embajada de E.U. por los seguidores del ayatolá Khomeini. Describiendo con gran fidelidad los acontecimientos, Affleck logró estampar en su película las extrañas labores que en ciertos momentos ha tenido que llevar a cabo el servicio de inteligencia con la finalidad de cumplir con sus objetivos, actividades que en este caso incluyeron la creación tanto de una película como de una productora cinematográfica ficticias.

Concluiremos nuestra revisión de los espías en el cine con la película El buen pastor (The Good Shepherd, Robert de Niro, 2006) en la que el actor Matt Damon da vida a Edward Wilson, quien en realidad es la figura del implacable jefe de contraespionaje de la CIA (1954-1975), James Jesus Angleton, mejor conocido como “Mother”. Retratándose en la cinta a un hombre frío y despiadado, consciente del valor de la información, se nos presenta una imagen del temido Angleton en su juventud, cuando era un agente tímido y brillante que trataba de descubrir a un traidor infiltrado en las más altas esferas del gobierno y el servicio secreto. Es en esta película donde nos damos cuenta de que el “gadget” más útil para un espía no es otra cosa que la información. Aunque el filme no lo muestra, Angleton se convirtió en uno de los hombres más poderosos de E.U. durante la Guerra Fría por la gran cantidad de registros que poseía, particularmente sobre los secretos inconfesables de muchos políticos de la época, sin quedar fuera de su “campo de estudio” actores de cine, empresarios o mafiosos.

Vemos así cómo los cineastas hollywoodenses han repasado todas las facetas de los espías, habiéndolo presentado en extremos tan brillantes, glamurosos e irreales como James Bond o tan retraídos, poderosos y verdaderos como Edward Wilson, “Mother”, cautivando todos ellos a los aficionados a este subgénero cinematográfico que tiene otro tanto de literario.

 

*Dedico esta serie de artículos con especial cariño a mi papá, quien me enseñó desde chiquilla cómo apreciar tanto el cine como la literatura de espías, mostrándome desatinos y aciertos de este subgénero cinematográfico.

FUENTES:

www.imdb.com

“’Good Shepherd’ Taps Into Blue-Blooded Vein of Secrecy”. Aut. Stephen Hunter. The Washington Post. 22 de diciembre 2006.


[i] Capital de Líbano.


De Bond a “Mother”: Los espías en el séptimo arte II

21 octubre 2013
Harrison Ford como Jack Ryan en Juego de patriotas

Harrison Ford como Jack Ryan en Juego de patriotas

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

En las películas, la violencia se filma con una iluminación perfecta, un escenario espectacular y a cámara lenta, lo que la convierte incluso en algo romántico”.

Steven Spielberg

Atractivos, carismáticos o misteriosos, valientes y aparentemente indestructibles, así es como Hollywood nos presenta a los espías protagonistas de algunas de las sagas cinematográficas más rentables. Habiendo ya analizado anteriormente el personaje más emblemático de todos estos héroes de acción del celuloide, James Bond, continuaremos nuestra revisión con otro personaje salido de las páginas, esta vez de las novelas escritas por Tom Clancy: Jack Ryan. Permítaseme hacer la misma advertencia que en la entrega anterior, a continuación aparecen spoilers[i] sobre las películas referidas.

Jack Ryan es un espía -o espía retirado, de acuerdo con la cinta que se tome en cuenta- de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana. La primera película en la que apareció el personaje fue La caza del Octubre Rojo (The Hunt for Red October, John McTiernan, 1984), en la que el agente americano de ascendencia irlandesa es interpretado por Alec Baldwin, quien es acompañado por Sean Connery como el capitán del submarino que da su nombre al filme, Marko Ramius; el siguiente en personificar a este valiente agente de la CIA, y tal vez quien le diera mayor prestigio cinematográfico, fue Harrison Ford, protagonista en las cintas dirigidas por Phillip Noyce, Juego de patriotas (Patriot Games, 1992) y Peligro inminente (Clear and Present Danger, 1994), peleando en la primera contra el Ejército Republicano Irlandés (ERI) y particularmente con un violento y desequilibrado terrorista, Sean Miller (Sean Bean), que clama venganza porque Ryan mató a su hermano pequeño, mientras el exagente norteamericano defendía la vida de uno de los miembros de la realeza británica en Londres. Por su parte, en la segunda cinta, Jack cambia de continente, enfrentando ahora a los peligrosos cárteles colombianos –particularmente al coronel Félix Cortez (Joaquim de Almeida) y Ernesto Escobedo (Miguel Sandoval)-, a la vez que funge como director del servicio de inteligencia estadounidense.

Dejándose de lado el personaje por algún tiempo, regresó a la pantalla grande hace diez años con La suma de todos los miedos (The Sum of All Fears, Phil Alden Robinson, 2002), en la que se presenta a Ryan como un muy joven e inexperto analista de la CIA –interpretado por Ben Affleck-, que es dirigido nada más y nada menos que por el Director Central de Inteligencia (DCI) William Cabot (Morgan Freeman), cayendo en el novato la misión involuntaria de desenmarañar un macabro plan que ha diseñado un siniestro personaje, para enfrentar a las dos potencias militares más peligrosas del planeta –entiéndase E.U. y Rusia-, cuyos presidentes son manipulados para que crean que los tiempos más álgidos de la Guerra Fría han regresado, siendo por supuesto la oportuna y milagrosa intervención de Jack la que salva al mundo de la destrucción total, aun después de que ha explotado una bomba nuclear en Baltimore, Maryland.

Cabe mencionar que este año, 2013, el personaje tomará seguramente un nuevo rumbo siendo interpretado por Chris Pine, mostrando el director Kenneth Branagh en Jack Ryan: Operación Sombra (Jack Ryan: Shadow Recruit, 2013) nuevamente a un espía joven y valiente que una vez más se enfrenta con rusos malvados.

Ahora bien, a diferencia de James Bond, Jack Ryan no cuenta con infinidad de aparatos fantásticos que lo ayudan a combatir al mal, y tampoco es enviado constantemente en misiones descabelladas; por el contrario, el norteamericano se vale de su inteligencia, más que de la fuerza física, para atrapar a los criminales, a la vez que hace todo tipo de esfuerzos para llevar una vida familiar “normal” con su esposa Cathy y su hija Sally.

Para terminar con los espías que han viajado del papel al celuloide, hablaremos de Jason Bourne, personaje creado por Robert Ludlum y que se vio por primera vez en la pantalla de plata en la película Identidad desconocida (The Bourne Identity, Doug Liman, 2002), con Matt Damon dándole vida al perturbado espía que trata de recordar quién es a lo largo de la cinta, regresando posteriormente en las entregas dirigidas por Paul Greengrass: La supremacía Bourne (The Bourne Supremacy, 2004) y Bourne: El ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007), para combatir a sus antiguos jefes de la CIA, quienes desean a toda costa eliminar cualquier registro –incluyendo por supuesto al propio Bourne– de un comando de asesinos de élite que habían creado a través de la administración de ciertos medicamentos especiales que potencializaban las capacidades de los sujetos del experimento.

En este caso se explican las habilidades superiores, tanto intelectuales como físicas, de Bourne con los acondicionamientos y consumo de drogas experimentales, siendo así el protagonista un hombre brillante y prácticamente invencible, quien además posee un vasto conocimiento relacionado con cualquier tipo de armamento, domina infinidad de idiomas y es capaz de enamorarse perdidamente de su novia Marie (Franka Potente).

Pasamos ahora a un espía que saltó de la televisión al séptimo arte, miembro de la Fuerza de Misiones Imposibles –entendiéndose que tal organización pertenece a la CIA-, Ethan Hunt (Tom Cruise), encontrándonos aquí que es la estructura de las misiones la que es retomada por los guionistas de la saga cinematográfica, conformada por las películas Misión Imposible (Mission: Impossible, Brian de Palma, 1996), Misión Imposible II (M.I. 2, John Woo, 2003), Misión Imposible III (M.I. 3, J.J. Abrahams, 2006) y Misión Imposible: Protocolo Fantasma (Mission Impossible: Ghost Protocol, Brad Bird, 2011). De este modo, la primera entrega causó resquemor entre los fanáticos de las series de televisión de los 60s y 90s, debido a que el villano era Jim Phelps (John Voight), quien en las series –personificado por Peter Graves– era el líder incorruptible del equipo.

De este modo, sacando a Jim de la ecuación, es Ethan quien queda como el líder de los equipos, siendo la segunda y tercera cintas de calidad regular, la idea fue rescatada por Bird en El Protocolo Fantasma, ya que logró armar un equipo tan funcional como atractivo –conformado por la bella Jane Carter (Paula Patton), el inteligente Benji Dunn (Simon Pegg) y el activo William Brandt (Jeremy Renner)-, que recuerda a los conjuntos de la serie televisiva. Hunt es pues un espía con grandes capacidades físicas e intelectuales, quien a su vez dispone de los gadgets más avanzados, y escala sin miramientos uno de los edificios más altos del mundo con tal de cumplir con su misión.

Alejándonos ahora de las sagas, mencionaremos ahora a una mujer, la agente Evelyn Salt (Angelina Jolie) de la cinta Salt (Phillip Noyce, 2010), encontrando a una espía que al principio es razonablemente creíble, y cuyo pasado –dejando de lado la perspectiva de la lealtad doble- sin embargo revela algunos aspectos no mencionados en otras cintas de espías, como el utilizar a las personas con un fin práctico, involucrándolos en la vida personal del agente; en este caso la dama en cuestión conquista a un prestigiado aracnólogo, no porque le atraiga la bondad de su corazón, sino porque el individuo tiene acceso irrestricto a la frontera de Corea del Norte. Evelyn se muestra entonces como una joven inteligente y experta en combate, que es tan hábil para cocinar panqueques por las mañanas como para asesinar a todo un comando ruso en pro de su país.

Habiendo ya revisado las sagas cinematográficas de espionaje más famosas, dejaremos para la siguiente entrega aquellas películas que reflejan de manera mucho más fidedigna el quehacer diario de esas personas que se dedican a trabajar en los servicios de inteligencia.

*Dedico esta serie de artículos con especial cariño a mi papá, quien me enseñó desde chiquilla cómo apreciar tanto el cine como la literatura de espías, mostrándome desatinos y aciertos de este subgénero cinematográfico.

FUENTES:

www.imdb.com


[i] Detalles sobre la trama de una película.


De Bond a “Mother”: Los espías en el séptimo arte I

14 octubre 2013
Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Pierce Brosnan y Daniel Craig

Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Pierce Brosnan y Daniel Craig como James Bond

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El secreto de las películas es que son una ilusión”.

George Lucas

Sueños y fantasías magníficos se muestran día con día en la pantalla de plata, de esta manera, a un ritmo de veinticuatro cuadros por segundo, el cine nos ha llevado a conocer asombrosos lugares como la Tierra Media, a viajar a galaxias muy, muy lejanas o explorar el núcleo de la Tierra, siendo todos ellos únicamente creaciones de mentes extraordinarias que han estructurado guiones sobre mundos imaginarios, sabiendo el espectador que nunca será capaz de acompañar al capitán Kirk en sus aventuras a bordo del Enterprise.

Pero el cine no solo muestra exóticos viajes e imposibles profesiones, sino que también “retrata” oficios y trabajos reales, a los cuales hace unas “pequeñas modificaciones” en pro del desarrollo de la historia. De este modo los arqueólogos, médicos, astronautas, economistas, periodistas, etc., que aparecen en la pantalla grande no son siempre concepciones fidedignas de aquellos hombres o mujeres que dedican su vida a tales actividades.

En esta ocasión he elegido para su revisión a los espías, que constituyen uno de los “gremios” más vilipendiados o idealizados por los cineastas. Como siempre en este tipo de artículos, advierto que la selección de películas que se mencionarán es absolutamente arbitraria, sin que el orden de su aparición tenga relación alguna con su calidad o cronología, pidiendo una disculpa de antemano por todas las cintas que seguramente se quedarán en el tintero. De igual manera he de advertir sobre la presencia de algunos spoilers en el cuerpo de esta columna.

Comencemos pues con el espía cinematográfico por excelencia: James Bond. Este agente perteneciente al MI6[i] británico es una creación del escritor Ian Fleming para su novela Casino Royale (1952), a quien el director Terence Young convirtió en un ícono fílmico en 1962 cuando estrenó El satánico Dr. No, en la que era el atractivo y sexy actor escocés Sean Connery quien personificaba a aquel espía que al llegar a los lujosos bares pedía “un martini agitado, no mezclado”, siendo acompañado en aquella primera cinta por la señorita Úrsula Andress en el papel de Honey Ryder, dama que ha arrancado los suspiros de los caballeros durante más de cincuenta años, completándose la receta de Young con el villano archimalvado Dr. Julius No, interpretado por Joseph Wiseman, y con los personajes del jefe del servicio secreto M (Bernard Lee) y la eterna y platónica enamorada de Bond, Miss Moneypenny (Lois Maxwell).

Ahora bien, con el paso del tiempo el Bond cinematográfico fue transformándose de acuerdo a los deseos de los directores. De esta manera, en esta primera etapa protagonizada por Connery[ii] -a la cual pertenecen además las cintas Desde Rusia con amor (From Russia with Love, Terence Young, 1963), Goldfinger (Guy Hamilton, 1964), Operación trueno (Thunderball, Terence Young, 1965) y Solo se vive dos veces (You Only Live Twice, Lewis Gilbert, 1967)-, se sentaron las bases de una franquicia todavía vigente en el cine del siglo XXI, difundiéndose la idea de que el espía era un hombre guapo, conquistador, rodeado de innumerables bellezas exquisitas que vivía cada día de su existencia al límite, salvándose en el último segundo gracias a su habilidad en combate –generalmente cuerpo a cuerpo- o bien gracias a alguno de complicados y divertidos adminículos, en este caso proporcionados por el personaje de Q.

Bond comprende entonces no solo un personaje, sino un estereotipo absolutamente ficticio e imposible del espía, existiendo así una etapa de filmes más o menos estrambóticos protagonizados por Roger Moore –entre los cuales se encuentran algunos de los peores, pero también más memorables filmes del agente secreto como Misión espacial (Moonraker, Lewis Gilbert, 1979), además de una película que parece “independiente” de la línea original, Al servicio secreto de su majestad (On her Majesty’s Secret Service, Peter R. Hunt, 1969) en la cual Bond (George Lazenby) contrae matrimonio con la hermosa Tracy (Diana Rigg)-, en la cual la brillante parafernalia de los antagonistas es uno de los rasgos principales, seguida de un par de cintas francamente mediocres protagonizadas por Timothy Dalton y dirigidas por John Glen, Su nombre es peligro (The Living Daylights, 1987) y Licencia para matar (Licence to Kill, 1989).

Afortunadamente para el agente con licencia para matar, en 1995 el director Martin Cambpbell y los guionistas Jeffrey Caine y Bruce Feirstein decidieron refrescar tanto las tramas como al propio personaje, encomendándole tal misión al actor Pierce Brosnan, quien sumó en James Bond un estilo elegante mezclado con cualidades y capacidades físicas creíbles, iniciando esta nueva imagen en Goldeneye (1995) y continuando en El mañana nunca muere (Tomorrow Never Dies, Roger Spottiswoode, 1997), El mundo no basta (The World Is Not Enough, Michael Apted, 1999) y Otro día para morir (Die Another Day, Lee Tamahori, 2002), en las cuales vemos al 007 pelear a brazo partido con esbirros de empresarios petroleros o ambiciosos periodistas, e incluso siendo capturado por el ejército norcoreano, quienes lo torturan espantosamente regresándole a M (quien es en esta etapa interpretada por la actriz Judi Dench) una piltrafa de ser humano que poco tiene que ver con el Bond invencible de algunos otros filmes. No obstante, en esta serie de películas la tecnología toma una relevancia mayor, acoplándose así los guiones a la importancia real y creciente de los gadgets[iii], pero llevándolos a la exageración, viniendo así a mi memoria el recuerdo de ese maravilloso Aston Martin V12 Vanquish que en Otro día para morir tiene la capacidad de volverse invisible, accesorio que los verdaderos y valientes integrantes del MI6 seguramente distan mucho de poseer en su quehacer diario.

Para cerrar los comentarios acerca del personaje de James Bond mencionaremos el burdo intento que hiciera el director Martin Campbell en 2006 por humanizar un poco más al personaje que ya había reinventado en Goldeneye –vemos incluso al famoso mujeriego genuinamente enamorado de Vesper Lynd (Eva Green)-, pero ahora con la colaboración del actor Daniel Craig en el remake de Casino Royale, en la cual el espía fue despojado casi por completo de sus anteriores características y manías, mostrando un lado rudo que no fue del gusto de todos los seguidores del personaje, pasando luego a la absolutamente olvidable Quantum of Solace (2008) de Marc Foster, y siendo magistralmente rescatado por el excelente cineasta Sam Mendes en la reciente Skyfall (2012), en la cual por fin lograron dar a Bond la mezcla largamente buscada de realismo y distinción –omitiremos aquí la revisión de la parodia de James Bond que se hizo en las películas de Austin Powers, protagonizadas por Mike Myers-.

Sin embargo, a pesar de haber conseguido hacer más genuino el personaje de James Bond, sus características se alejan abismalmente del verdadero trabajo llevado a cabo por los agentes de inteligencia, mostrándose en toda la saga un agente temerario, rebelde, brillante, encantador, seductor –y de acuerdo con la última entrega con un catálogo de problemas psicológicos- y dedicado a salvar el mundo incluso a bordo de tanques que destrozan una buena parte de la ciudad de San Petersburgo.

Pero la creación de Ian Fleming no es el único agente secreto que ha sido sujeto a fungir como sustento de sagas cinematográficas, apareciendo así otros personajes como Ethan Hunt de Misión Imposible –la cual se inspiró en una serie televisiva del mismo nombre cuya primera etapa se transmitió en siete temporadas entre 1966 y 1973, y la segunda en dos temporadas entre 1988 y 1990-, el Jack Ryan escrito por el recientemente fallecido Tom Clancy o Jason Bourne salido de las novelas de Robert Ludlum, pero de ellos y de otros filmes mucho más realistas –algunos de ellos adaptaciones incluso de hechos absolutamente reales- hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

*Dedico esta serie de artículos con especial cariño a mi papá, quien me enseñó desde chiquilla cómo apreciar tanto el cine como la literatura de espías, mostrándome desatinos y aciertos de este subgénero cinematográfico.

FUENTES:

www.imdb.com


[i] EL Servicio de Inteligencia Secreto (SIS), también conocido como MI6 y dirigido por Sir John Sawers (dato registrado en octubre 2013), es la agencia británica de inteligencia secreta exterior con sede en Vauxhall Cross, Londres. Su objetivo es proporcionar al Gobierno británico una capacidad clandestina a nivel internacional para promover y defender la seguridad nacional y el bienestar económico del Reino Unido. Tomado de www.sis.gov.uk

[ii] Connery dio una última –y poco afortunada- oportunidad al personaje de James Bond en la película Nunca digas nunca jamás (Never Say Never Again) de Irvin Kershner en 1983.

[iii] Dispositivo electrónico con propósito definido.


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