Y después del apocalipsis zombi ¿qué? II

13 octubre 2015

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

De las miserias suele ser alivio una compañía”.

Miguel de Cervantes

Líder o seguidor, cazador o presa, pero a final de cuentas superviviente, así es una persona viva y sana que aparezca en cualquier serie de televisión o película que aborde el tema del “apocalipsis zombi”. Siendo tan variadas las personalidades de los personajes que han protagonizado este tipo de producciones, todos ellos, sin embargo, comparten dos elementos en común: la pérdida y la búsqueda. Sin importar el género desde el cual se aborde el tema (horror, ciencia ficción o incluso comedia), aquellos que corretean en el planeta tratando de salvarse de cadáveres ambulantes o enloquecidos infectados han perdido seres queridos, sus hogares, su seguridad física y otras tantas cosas; y a su vez se lanzan en una búsqueda por recuperar cualquiera de ellas.

Pero antes de entrar en materia, hacemos aquí nuevamente la advertencia de que este artículo contiene numerosos spoilers, por lo que si no han visto (y aún desean hacerlo) las películas Zombieland y 28 Days Later (Exterminio) se recomienda abandonar aquí la lectura.

Empezaremos entonces por analizar la situación de la película Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). En esta cinta, que entra en el género de la comedia, el protagonista, Columbus (Jesse Eisenberg), es un joven común y corriente, no particularmente valiente, pero sí bastante inteligente, lo cual le permite crear para sí mismo una serie de normas con las cuales él sabe que puede sobrevivir en un mundo en el cual debe enfrentarse a los muertos vivientes. De este modo, el joven –que no es atlético en absoluto- hace calentamiento antes de incluirse en cualquier situación que le demande un esfuerzo físico, con lo cual evita lastimarse; revisa cuidadosa y sistemáticamente cualquier lugar al que pretende entrar; desconfía de cualquier persona y sobre todo evita ser el héroe, porque según su hipótesis, esta última opción lo llevará a una muerte segura.

Paranoico por naturaleza, Columbus se encuentra con su complemento fuerte, en este caso encarnado en Tallahasse (Woody Harrelson), que es un hombre maduro que va por este apocalíptico escenario con una actitud cínica y despreocupada, pues él ha encontrado ya un buen vehículo y una abundante provisión de armas. Obsesionado con conseguir un pastelito Twinky –y arriesgando su propia vida por ello-, este hombre no tiene reglas que seguir, sino que enfrenta las situaciones conforme se le presentan, empleando su valor y habilidades, de las cuales se siente bastante seguro.

A su vez, esta dupla masculina da con su contraparte femenina en dos hermanas, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes se manejan con un código carente de la ética más elemental, ya que ellas solo piensan en sobrevivir juntas, por lo que si para lograrlo necesitan engañar, robar o amenazar a cuando individuo se les atraviese, así sea. Habiendo tenido ya desde antes del apocalipsis zombi la costumbre de estafar a la gente, ellas han descubierto que este mecanismo también funciona después de la hecatombe, por lo que no dudan de privar al prójimo de armas, comida o vehículos.

A final de cuentas el argumento lleva a tan distintos personajes a formar un frente común contra los zombis –y a Columbus a romper su regla de oro con tal de salvar a su amada Wichita y a Little Rock– con el afán de sobrevivir, creándose entre ellos lazos de confianza que finalmente son los que les permiten lograr su cometido. Y es aquí donde vemos cómo en un mundo en el cual la raza humana enfrenta su propia extinción, es la formación de comunidades la que le proporciona la posibilidad de subsistir tanto física como emocionalmente.

Caso similar -aunque en el género de horror- se presenta en la cinta 28 Days Later (Exterminio, Danny Boyle, 2002), en el cual Jim (Cillian Murphy) es un mensajero que se despierta en un desierto hospital después de que una terrible enfermedad llamada Rage –misma que provoca que la persona infectada pierda sus facultades mentales transformándose en un agresivo animal caníbal- haya infectado a la mayor parte de la población de las islas británicas. En Jim observamos así el comportamiento totalmente plausible de una persona normal que se despertase en semejante situación, pues completamente desorientado y vestido tan solo con una poco funcional bata de hospital, comienza a recorrer primero el nosocomio y luego la ciudad de Londres, tratando de encontrar algo o alguien que le explique qué es lo que ha sucedido.

Dejando de lado el hecho de que la película se torna aún más sobrecogedora porque el director Danny Boyle consiguió permiso para vaciar literalmente algunas de las zonas más emblemáticas de la capital británica, utilizando así locaciones y no sets armados, la sensación de soledad que transmite Murphy se transmite al público compartiendo este la consternación del personaje.

Sin embargo, este sentimiento de soledad absoluta pronto se transforma en terror para el protagonista cuando se encuentra al primer grupo de infectados, a quienes ubica en una iglesia, ya que no comprende por qué aquel grupo de personas que tienen los ojos inyectados en sangre y lanzan gruñidos estremecedores se le echan encima en un abrir y cerrar de ojos y tratan de matarlo. Tras huir despavorido de aquel sitio, Jim se topa entonces con una mujer, Selena (Naomie Harris), quien logra salvarlo después de encerrarse ambos tras una cortina de metal que cierra una tienda. Y aquí es donde la joven le explica al recién llegado lo que ha sucedido con el mundo. En este caso Selena ha tenido tiempo para adaptarse a la situación, por lo que va armada y lleva consigo provisiones –chocolates y refrescos, que es lo único que ha podido encontrar-, ella representa entonces a lo largo de la cinta la parte racional que actúa en el ser humano en una situación de supervivencia.

Por su parte Jim es más sentimental, por lo que no es extraño que lo primero que desee sea ver a su familia, a pesar de que su compañera le advierte que con seguridad están muertos o infectados. Aferrado a sus afectos, el personaje encarnado por Cillian Murphy logra hacerse acompañar hasta su casa donde, efectivamente, encuentra a sus padres que se han quitado la vida, enfrentándonos entonces nosotros como espectadores con otra reacción al fin del mundo: la autoaniquilación, elegida por todos aquellos que antes de sufrir un destino terrible como infectados, han preferido salir de este escenario por su propia mano sin siquiera luchar por sobrevivir. ¿Cobardía? ¿Sensatez? Depende de la personalidad del individuo que observe el contexto.

Pero como en todos los apocalipsis zombi, solamente aquellos que se empeñan en continuar vivos están dispuestos a enfrentarse a la soledad y los numerosos problemas que representa la simple existencia. De esta forma, en esta cinta observamos nuevamente cómo la formación de comunidad es una necesidad básica del ser humano, por lo que Jim y Selena emprenden camino en busca de otros no infectados, localizando entonces así a Frank (Brendan Gleeson) y su hija adolescente Hannah (Megan Burns), quienes han decidido atrincherarse en su departamento, habiendo colocado luces en la ventana para atraer a cualquier individuo sano. En este caso el padre de familia deja algo muy claro, él sabe que su hija no podrá sobrevivir sola, necesita adultos que la ayuden, y es así como comparte todos sus recursos con sus “invitados” con el convenio tácito de que si algo llegase a ocurrirle a él, la jovencita quedaría protegida.

Nuevamente vemos la formación de un grupo de personas bienintencionadas. Sin existir en este caso nadie que quiera aprovecharse del otro, todos ellos forman lazos de amistad casi instantáneos, lo cual les permite gozar de ciertos momentos de tranquilidad e incluso diversión. En este contexto, Selena reflexiona sobre el futuro de la humanidad, fijando su atención en un elemento que es obviado por otros filmes similares: la creación artística. La mujer revela entonces su parte nostálgica al manifestarle a Jim que no puede creer que nunca habrá una película, una pintura o un libro que no existiesen previamente. Aquí se muestra entonces el anhelo de trascendencia del ser humano, mismo que es fácilmente bloqueado por la necesidad de cubrir los requerimientos físicos básicos, que sin duda resulta apremiante para los supervivientes de un apocalipsis zombi.

Y para concluir con el espectro de las posibilidades en las reacciones humanas en un mundo devastado, este amigable equipo va a dar de narices con los “villanos”, aquellos que sobreviven a costa de los demás, en este caso representado tan nefasto bando por un grupo de militares que a través de una transmisión de radio, han ofrecido a los incautos refugio y una cura para la enfermedad, siendo todo ello mentira. Dando primero estos sujetos una sensación de seguridad gracias a su pesado armamento y aparentemente inexpugnable fortaleza, comparten con los recién llegados –a los cuales les falta un miembro al haber sucumbido Frank a la enfermedad- su agua, refugio y su comida. Poco tiempo pasa para que estos egoístas individuos revelen su verdadero cometido, pues lo único que desean es apoderarse de las mujeres para usarlas a su gusto, lo cual por supuesto genera la indignación del heroico Jim, quien en contra del reglamento de Columbus, después de lograr escapar de los soldados que han intentado eliminarlo, irrumpe salvajemente en la habitación donde tienen cautivas a sus amigas para posteriormente emprenderla a brazo partido con los agresores, logrando la victoria con la ayuda de un infectado –que él libera a propósito- que los militares tenían encadenado en el patio trasero con fines experimentales –deseaban observar cuánto tiempo tardaba en morir sin ser alimentado-.

Jim pierde –temporalmente- entonces su humanidad para salvar a sus seres queridos. Los enemigos han perdido su humanidad por cosificar a las personas. Es así como nos enfrentamos por primera vez a la deshumanización del individuo, aunque por motivos diferentes. El defensor y el abusivo, ambos pierden sus códigos éticos, pero con fines opuestos. Jim sigue siendo, entonces, un héroe, sin transformarse en un antihéroe, pues él está consciente de que matar no es correcto, pero también se ha dado cuenta de que sus enemigos no le dejan otra opción que suprimirlos.

Habiéndose filmado dos finales para esta cinta: uno feliz en el cual Jim, Hannah y Selena son encontrados eventualmente por otros supervivientes que disponen de un avión; y otro bastante más deprimente en el cual se da a entender que Jim muere a causa de una herida sufrida durante el enfrentamiento con los soldados, la cinta plantea un escenario no del todo descabellado de un apocalipsis zombi. Sin darle un tinte humorístico o de ciencia ficción, esta cinta nos lleva el evento apocalíptico a un nivel en el que cualquiera puede sentirse identificado con alguno de los personajes, pues sus juicios y decisiones parten de bases realistas, tanto físicas como emocionales. Son individuos comunes sobreviviendo en un mundo atrapado por el caos, llevando inevitablemente al espectador a preguntarse ¿qué haría yo?

Pero el tema no ha sido concluido, por lo que la siguiente semana, terminaremos esta serie de artículos abarcando a detalle la variadísima gama de personajes y escenarios que plantea la serie televisiva The Walking Dead con respecto a la sobrevivencia en un mundo dominado por los zombis.

 

FUENTES:

www.imdb.com

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Y después del apocalipsis zombi ¿qué? I

3 octubre 2015
Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Robert Neville, I Am Legend (izq.) y Thomas, Maze Runner (der.)

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

Horacio

Hace pocos días el actual gobernador del estado de Kansas (E.U.), Sam Brownback lanzó un programa llamado Zombie Preparedness Month, cuyo objetivo es motivar a los habitantes del estado en cuestión a estar preparados para emergencias tales como tornados, incendios, tormentas, etc., utilizando la popular figura de los zombis para captar la atención de los ciudadanos, y sosteniendo además el proyecto que si la persona está preparada para un apocalipsis[1] zombi[2], estará sin duda lista para enfrentar para cualquier otro tipo de contingencia.

De este modo y aprovechando el reciente auge de los zombis con el próximo estreno de la sexta temporada de la serie televisiva The Walking Dead, a continuación analizaremos algunos aspectos relacionados con los apocalípticos eventos que incluyen a muertos vivientes (o infectados) y el reacomodo (subsistencia) de la civilización humana, para lo cual utilizaremos algunos filmes y la serie de televisión anteriormente mencionada. Se advierte que a continuación se encontrarán diversos spoilers de las películas y programas referidos.

El séptimo arte ha estado fascinado por la figura de los muertos vivientes desde principios del siglo XX, siendo la primera película al respecto White Zombi (La legión de los hombres sin alma, Victor Halperin, 1932), pasando por numerosos clásicos en las décadas subsiguientes como The Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, 1968), Dawn of the Dead (El amanecer de los muertos vivientes, George A. Romero, 1978) o Shaun of the Dead (El desesperar de los muertos, Edgar Wright, 2004), entre otras muchas, y cuya calidad es calificada por los espectadores de acuerdo con sus gustos -ya que hay quien opina que son obras maestras y otros que las detestan considerándolas bodrios grotescos-, perteneciendo además en su mayoría al género de horror, inclinándose fuertemente hacia el gore[3].

Así, mientras tales películas se empeñaron en mostrar descriptivas escenas de los terroríficos cadáveres ambulantes persiguiendo a infinidad de humanos horrorizados, destacando el momento en que el perseguidor alcanza a su víctima y da inicio a un macabro banquete en el cual los gritos de la presa y sus expuestas entrañas son los protagonistas; por el contrario existe hoy en día otra “corriente”, en la que, si bien los filmes y series enfocados en los zombis exhiben tales elementos, no se centran en los propios monstruos como fundamento del guion, sino que han optado por querer mostrar qué pasaría con la sociedad después de un apocalipsis zombi.

Mucho se ha especulado sobre el comportamiento que tendríamos los seres humanos tras una catástrofe que borrase de la faz del planeta a buena parte de nuestra raza. De este modo, en la pantalla de plata hemos visto los afanes de supervivencia de personas que han logrado subsistir a cataclismos climáticos o incluso tormentas solares, pero que se enfrentan de cualquier manera a cierta clase de zombis, siendo una de las más recientes muestras de este planteamiento la segunda entrega de la saga Maze Runner: The Scorch Trials (Pueba de fuego, Wes Ball, 2015), en la cual un organismo cuyas buenas intenciones o malignidad no han quedado del todo claras, lleva a cabo un experimento con adolescentes con la finalidad de descubrir una cura para una enfermedad a la cual han denominado como Llamarada –ocasionada por un virus diseñado por el hombre como arma biológica-, misma que trastorna la mente del ser humano –convirtiéndolos en seres a los que se refieren como Cranks– a tal grado que lo deja en estado salvaje, eliminando su capacidad de raciocinio y limitando su actuación a una supervivencia animal en extremo agresiva.

En su carácter de superproducción veraniega de ciencia ficción plagada de efectos visuales bastante bien logrados, en el guion se nos muestran personajes cuyo desconocimiento de la situación exacta del mundo los lleva a seguir el esquema marcado por una organización que presuntamente intenta salvar a la humanidad de la extinción llevando a cabo experimentos aparentemente sociales, de los cuales el protagonista Thomas (Dylan O’Brien) y sus amigos son los sujetos de estudio. De esta manera en la película podemos ver el esquema de una organización que parece omnipotente –C.R.U.E.L. en español y W.C.K.D. en inglés- con recursos aparentemente infinitos que tiene la intención de tomar el control de lo que resta de la sociedad, enfrentándose a una organizada pero reducida resistencia que se concentra en los miembros del Right Arm (Brazo Derecho), quienes han logrado elaborar una cura para la enfermedad. Perteneciendo la película a las sagas juveniles literarias – en este caso escrita por James Dashner– llevadas a la pantalla, el argumento se aleja del análisis o reflejo de la sociedad para concentrarse en la relación que existe entre los personajes y el planteamiento de C.R.U.E.L. como antagonista.

Pasaremos ahora a un filme que contempla la situación de una persona abandonada a su destino después de un apocalipsis zombi en un contexto de soledad casi absoluta: I Am Legend (Soy leyenda, Francis Lawrence, 2007) –inspirada en la novela homónima escrita por Richard Matheson-, en la que el protagonista de nombre Robert Neville (Will Smith) sobrevive en una desértica ciudad de Nueva York que empieza a ser retomada por la naturaleza, después de que una enfermedad ocasionada por una cura contra el cáncer afecta a millones de seres humanos, transformándolos en una suerte de entidades vampírico-zombi que se alimentan de cualquier ser vivo que se atraviese por su camino.

Neville, que es inmune a la enfermedad, es así forzado a utilizar todo su ingenio y recursos con el fin de sobrevivir junto con su fiel compañero canino. En este caso su problema no es de abastecimiento de comida o agua, pues tiene suficiente, sino que debe crear estrategias que le permitan conservar la cordura en un entorno en el cual únicamente “convive” con los animales salvajes o los infectados, de tal manera que sostiene conversaciones triviales e incluso “coquetea” con algunos maniquíes que ha colocado en diversos lugares de la ciudad –como una tienda de renta de películas- para crear la ilusión de compañía, pues además es constantemente atormentado por los recuerdos de la familia que perdió en el momento que se desató el caos ocasionado por el surgimiento de la infección.

En este escenario Robert, a la vez que lleva a cabo incansablemente numerosos intentos para crear una cura para el mal que ha mermado la población mundial en un 90 por ciento, también trata de encontrar a alguna persona no infectada, por lo que diariamente transmite una grabación que indica su ubicación exacta. Eventualmente una mujer, Anna Montez (Alice Braga) y un niño, Ethan (Charlie Tahan) llegan al sitio indicado mientras el solitario Neville se enfrenta a un grupo de los monstruosos infectados, salvándole la vida los recién llegados.

Aquí se muestra entonces cómo tanto Robert como Anna e Ethan, si bien están satisfechos al encontrar a otras personas que comparten su infortunio, también son desconfiados, pues no conocen a ciencia cierta las intenciones del otro. En este caso, sin embargo, son la solidaridad y la generosidad las que ganan al sacrificarse el propio Robert con el fin de que Anna e Ethan puedan llevar a un lugar seguro la cura que ha logrado encontrar.

Las virtudes más excelsas y los instintos más bajos son los que surgen en estos escenarios posapocalípticos, ya sea que estén dominados por millonarias organizaciones con tecnología de última generación o estén habitados por solitarios supervivientes. Por otra parte, en la próxima entrega de esta columna analizaremos algunos contextos en los cuales son comunidades de diversos tamaños las que intentan sobrevivir en mundos dominados por infectados caníbales o muertos vivientes.

FUENTES:

www.imdb.com

www.kansastag.gov/

http://www.rollingstone.com/

[1] El término “apocalipsis zombi” será aquí utilizado para designar a una situación en la que la sociedad se enfrenta a un evento de carácter mundial, tras el cual gran parte de su población se ha visto afectada por una enfermedad que provoca que los cadáveres adquieran movimiento, o bien elimina el uso de las facultades mentales, creando humanos irracionales y extremadamente agresivos, llegando incluso a la deformación física.

[2] Se ha utilizado la palabra haciendo referencia exclusivamente al muerto viviente que se presenta en la ficción, dejando de lado las implicaciones que tal figura tiene en el vudú.

[3] Género cinematográfico que recrea abundantes escenas sangrientas (http://www.oxforddictionaries.com/).


De Vlad Dracul a Edward Cullen: Vampiros, el mito cambiante II

7 noviembre 2011

Kiefer Sutherland en Lost Boys (izq.) y Robert Pattinson en Eclipse (der.)

Parte II

Por: Patricia Díaz

“La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad”.

Jean de la Fontaine

Por más terrorífica que sea la imagen que se tiene del vampiro en sus más espeluznantes concepciones, de acuerdo con lo que hemos visto, ninguna podría compararse con la maldad que emana del personaje real que presuntamente inspiró al personaje del conde Drácula de Bram Stoker; sin embargo, la idea –y el temor por estos personajes- sobre el vampiro no data por supuesto del surgimiento del mítico conde transilvano en la literatura decimonónica, sino que por el contrario estos monstruos estuvieron ya presentes en muchas de las culturas del mundo antiguo.

De esta forma cabe mencionar que, si bien las criaturas que aquí nos competen pueden no alimentarse de sangre humana, sí se alimentan del imaginario popular, donde la superstición –y actualmente la moda- han provocado cambios en el mito que responden, de acuerdo con los expertos, a la propia transformación de la sociedad.  

Hablemos por ejemplo de la Edad Media, esa complicada época histórica en la cual los temores hacia lo sobrenatural se unían con el horror de una realidad que incluía la temible peste bubónica. En esta etapa la creencia en la existencia de los vampiros se extendió por toda Europa, debido a que en ese entonces las personas tenían que encontrar una causa para esa enfermedad que mataba sin piedad a niños, mujeres o bravos guerreros por igual. Sin voltear a ver a los verdaderos culpables –los parásitos que se alojaban en el sucio pelaje de los roedores que circulaban por las calles y las casas-, la gente comenzó a pensar que era obra del demonio y de sus vampíricos engendros. Tal situación ha salido a la luz gracias –entre otras cosas- al descubrimiento de un “vampiro” en la isla de Lazzaretto Vecchio en Venecia, donde se desenterró el cadáver de una mujer a la que se le había incrustado en la boca un ladrillo –según la tradición era un eficaz remedio para mantener en su tumba al no-muerto-.

Con todo, no es plausible que los descubridores de tal “horror” se asustasen demasiado con su hallazgo, ya que hoy en día se sabe que la velocidad con la que los sujetos morían a causa de la peste era tal que los enterradores se veían imposibilitados para cumplir su piadoso deber de manera adecuada, de modo que crearon fosas comunes que eran constantemente reabiertas con la finalidad de tener las ciudades libres de cadáveres; así, la forma en que estos se descomponían, según la causa de la muerte, coincidían con las descripciones folclóricas de los vampiros –sangre en la boca y en la nariz (que no era tal, sino un fluido oscuro) por ejemplo-, los cuales a la sazón eran descritos como monstruos espantosos que vestían harapientos trapos rojos y blancos, cuyo rostro estaba tinto de escarlata –bastante diferente como podemos percibir, del pálido noble que amenazaba a Lucy Westenra-.

Así, como mencionamos anteriormente el parteaguas del mito del vampiro surgió con la novela Drácula (1897), pero fue el surgimiento del cine en los albores del siglo XX el que realmente promovió la evolución del ancestral monstruo, transformándose así tantas veces como guionistas, directores y actores decidieron emplearlo para la realización de los filmes.

Friedrich Wilhelm Murnau fue uno de los directores que dio a Drácula un toque diferente en su película muda Nosferatu (1922), con la cual el cineasta tuvo que embarcarse en una batalla –que perdió- con la viuda de Stoker por los derechos de los nombres que aparecían en el libro, de tal suerte que tuvo que nombrar al tenebroso protagonista –personificado por Max Schreck– como Conde Orlok, sumando a la historia ciertos elementos como el hecho de que la luz solar tenía el poder de destruir al demoniaco ser; curiosamente la propia historia de la filmación de la película se convirtió en el tema central de la cinta La sombra del vampiro (2000), ya que existen diversas leyendas en torno al propio Schreck, quien de acuerdo con la cinta protagonizada por Willem Dafoe era un verdadero vampiro.

Un ícono surgido en la primera mitad del siglo XX fue el Drácula del actor húngaro Béla Lugosi, quien después del filme que dirigiera Tod Browning en 1931 se posesionó de tal manera del personaje del conde transilvano que pidió ser enterrado tras su muerte con el disfraz que lo catapultara a la fama.

A partir de entonces se han tenido muy diversas variantes del vampiro, yendo las películas de lo cómico a lo macabro, pasando por lo grotesco y ridículo. De esta manera encontramos comedias como Amor al primer mordisco (1979) protagonizada por George Hamilton o Drácula, un muerto muy contento y feliz (1995) con Leslie Nielsen; mientras que en los setenta se relaciona al vampiro con la sexualidad, surgiendo impresionantes vampiresas como Ingrid Pitt (Vampiros amantes, 1970) o Yutte Stensgaard (Lujuria para un vampiro, 1971).

En la extravagante comicidad se sitúa el director Roman Polanski con El baile de los vampiros (1967), después de que Terence Fischer lograra rehacer el personaje interpretado por Lugosi con Christopher Lee en su Drácula de 1958 –repitiendo el actor este papel en varias cintas a lo largo de su carrera-. Asimismo los escritores de horror no evitaron al personaje empleándolo Stephen King en Salem’s Lot, cuya adaptación a la televisión resultó en una miniserie homónima de gran éxito.

Pero fue en los ochenta cuando comenzó a surgir la concepción del vampiro como el joven inadaptado pero ocasionalmente con buenos valores y sentimientos, el chupasangre ya no es entonces un monstruo sino alguien que se siente apartado de la sociedad, que busca a seres similares para hacer una nueva familia en la cual la lealtad es siempre el ingrediente principal, como ejemplo podemos mencionar a Los muchachos perdidos (1987) en la que Kiefer Sutherland personificó al líder (David) de una vampírica pandilla a la cual se enfrentan Michael (Jason Patrick) y Sam (Corey Haim).

Mereciendo especial mención la cinta Drácula de Bram Stoker dirigida por Francis Ford Coppola en 1992 –en la cual se incluyó en la trama una historia de amor entre Mina y Drácula, inexistente en el libro-, es realmente en el nuevo milenio cuando se tiene un nuevo boom de los vampiros, observándose dos vertientes: los vampiros vistos como adolescentes –o adultos- atractivos y ejemplares –a veces-, cuya belleza y valores hacen que cualquiera quiera ser –o estar con- un no-muerto; o bien los que indignados ante esta nueva perspectiva del mito han tratado por todos los medios de retomar sus sanguinarios orígenes. Ejemplo de lo primero son la saga –Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer– escrita por Stephenie Meyer y protagonizada en cine por Robert Pattinson (Edward Cullen) y Kristen Stewart (Bella Swan), o la serie televisiva Vampire Diaries en la que los hermanos Salvatore (Paul Wesley e Ian Somerhalder) arrancan suspiros a las jovencitas.

En el lado opuesto encontramos cintas como 30 días de noche (2007), dirigida por David Slade basada en los comics de Steve Niles y Ben Templesmith, en la cual un grupo de abominables vampiros arrasa con los habitantes de un pueblito en Alaska, aprovechando treinta días de oscuridad; en la misma tónica se sitúa la saga literaria de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, en cuyos títulos Nocturna y Oscura –los dos primeros de la Trilogía de la Oscuridad– hemos podido observar a los vampiros como monstruos –generados por un virus, a manera de enfermedad- que acechan a los habitantes de la ciudad de Nueva York y sus suburbios.

Teniendo ya poco o nada que ver el terrible Vlad Dracul –o en su defecto su versión ficticia, Drácula– con los atractivos vampiros de la familia Cullen, lo cierto es que los chupasangre siguen ejerciendo la misma fascinación en el imaginario colectivo de hoy que en el del siglo XIX, cuando la gente todavía se espantaba con un monstruoso ser que podía arrancarte la vida mientras dormías.

PARA CONOCER:

Nosferatu (1922): http://www.youtube.com/watch?v=N-DrKgjit4I

La sombra del vampiro (2000): http://www.youtube.com/watch?v=T8YyC1PhVLs

Drácula (1931): http://www.youtube.com/watch?v=UehobGtSnOk

Drácula de Bram Stoker (1992): http://www.youtube.com/watch?v=PlDbxogHPao&feature=related

Amantes vampiro (1979): http://www.youtube.com/watch?v=StTTfl8SU5k

El baile de los vampiros (1967): http://www.youtube.com/watch?v=1q-sukI-ZpU

Muchachos perdidos (1987): http://www.youtube.com/watch?v=hsv_NQFbQzo

30 días de noche (2007): http://www.youtube.com/watch?v=ao07d8seX1g

 FUENTES:

“Vampiros en el cine y en serie”. Aut. José Luis Urraca Casal. www.unmundodecine.com. Sep. 2008.

“How vampires got all touchy-feely”. Aut. Brendan O’Neill. http://newsbbc.co..uk 19 de diciembre 2008.

“Vampiros ¿existen de verdad?”. Aut. Luis Miguel Ariza. Periódico El País, 23 de mayo 2009.

“Vampires are the New Sexy – From Bela Lugosi to Alexander Skarsgard”. Aut. Robyn Good. http://technorati.com 22 de agosto 2010.


La espeluznante historia de un controlador bromista: Alfred Hitchcock

6 abril 2010

Alfred Hitchcock

Por: Patricia Díaz Terés

“Todo hombre tiene tres variedades de carácter: el que realmente tiene; el que aparenta, y el que cree tener”.

Jean Baptiste Alphonse Karr

Al escuchar su nombre siempre nos vienen a la mente imágenes como una rubia asesinada en la ducha, una parvada de aves furiosas, un hombre en silla de ruedas espiando a sus vecinos o un confundido sujeto huyendo despavorido ante el ataque de una avioneta; estas y muchas legendarias estampas más son obra del inconfundible e irrefutable Maestro del Misterio, Alfred Hitchcock.

Recordado siempre como un hombre entrado en años, de gruesa constitución y escaso cabello, lo cierto es que Hitchcock no tuvo siempre esa misteriosa y atractiva presencia, que hizo de su retrato un ícono en el ámbito del cine y la literatura de misterio.

Corría el mes de agosto del último año del siglo XIX cuando en la ciudad de Londres nacía, el día 18, Alfred Joseph hijo de William y Emma Hitchcock, siendo el último vástago de la pareja, la cual en la familia ya contaba con William de 9 años y Nellie de 7. Estando separado de sus hermanos por la diferencia en edades, aprendió a convivir consigo mismo, siendo un muchachito retraído y solitario.

Criado en las conservadoras costumbres de una familia estrictamente católica, con un padre dedicado al comercio de aves y vegetales, sus progenitores decidieron que la institución adecuada para llevar a cabo su educación era el colegio jesuita Saint Ignatius College, donde –a través de severos métodos- logró forjar ese carácter que durante toda su vida le permitió tener muy en claro el límite entre el bien y el mal, mismo que se empeñaba en no traspasar en ocasión alguna.

Sin embargo, la fortuna volteó la cara a la familia Hitchcock al fallecer el padre cuando Alfred tenía solamente 15 años. Así, se vio obligado a aceptar un trabajo en la Henley Telegraph and Cable Company. Siendo un jovencito de brillante inteligencia, este rutinario trabajo le aburría, por lo cual buscaba en los estudios el complemento necesario para su inquieto intelecto, de manera que se avocó a tomar cursos de mecánica, electricidad, herrería e historia del arte, intentando incluso la ingeniería.

Al mismo tiempo, el joven Hitchcock tenía sensibles inclinaciones hacia el cine y la literatura, de manera que en sus horas libres leía autores como Chesterton o Flaubert, siendo Edgar Allan Poe quien logró impresionar su adolescente imaginación con mayor profundidad; de igual manera, devoraba con avidez todo filme norteamericano al cual podía acercarse y revisaba cuanto reportaje sobre estrellas del séptimo arte llegaba a sus manos.

Su gran oportunidad para realizar su sueño llegó al conseguir un trabajo como rotulista en la Famous Players-Lasky, un estudio cinematográfico en el cual sentó las bases de su carrera. De este modo, gracias a sus diversas habilidades, ascendió rápidamente ocupando varios puestos –en ocasiones varios al mismo tiempo- ejerciendo como dibujante, director de arte, dialoguista e incluso codirector.

Con cualidades natas de liderazgo, no fue del todo una sorpresa cuando el productor Seymour Hicks ofreció al novato Alfred la dirección de la cinta Always Tell Your Wife en 1922, después de que el director original, Hugh Croise, fuese despedido.

Pero sin lugar a dudas fue en la nueva productora de su amigo y mentor Michael Balcon en donde encontró el mejor campo para comenzar a formarse como director. También ahí encontró al amor de su vida, su complemento y opuesto, Alma Reville una menuda jovencita con pinta de intelectual, con quien convivió durante el rodaje de The Blackguard en los estudios Ufa ubicados en Berlín.

Alfred y Alma se casaron en 1926 y al año siguiente vieron el primer resultado de su colaboración profesional en la cinta The Pleasure Garden por él dirigida; continuando durante un tiempo con el cine mudo realizó Easy Virtue y The Ring, incursionando en el ámbito sonoro con Blackmail en 1929.

En los inicios de su carrera Hitchcock probó gran cantidad de géneros cinematográficos, siendo su primera cinta de suspenso The Lodger (1926). Este rubro causaba en el director una extraña fascinación, ya que se sabe que siempre se encontraba leyendo las sórdidas historias sobre asesinatos incluidas en los tabloides de la época, a la vez que visitaba con frecuencia el Black Museum de Scotland Yard y presenciaba los juicios de asesinatos en Old Bailey.

Combinando esta afición con su característica minuciosidad y dedicación en el trabajo –la cual llegaba a ser obsesiva- Hitchcock realizó memorables cintas como Agente Secreto, Sabotaje o Alarma en el Expreso; pero el director necesitaba más y por ello decidió trasladarse a Hollywood en el año de 1939, en donde se “asoció” con David O. Selznick, productor del filme Lo que el Viento se Llevó.

Hitchcock buscaba una cosa durante sus rodajes: precisión. Su formación técnica lo ayudó a crear el storyboard –un guión ilustrado- con detalladas especificaciones técnicas, las cuales ocasionaban una larga preproducción pero una filmación exacta; de igual manera el Maestro del Suspenso siempre intentó tener absoluto control sobre sus películas, de manera que se involucraba en todos los procesos que conlleva la realización de una cinta, desde la preparación del guión, la selección de los actores, la fotografía y sobre todo la edición.

Pero pocos productores tienen la paciencia o la confianza suficiente en un director como para dejarlo hacer su voluntad en un producto en el cual están invirtiendo miles y a veces millones de dólares; por tal motivo, Alfred vio que la única manera de hacerse con el control absoluto era hacer su propia productora, lo cual llevó a cabo junto con su amigo Sidney Bernstein en la Transatlantic Pictures.

También gustaba de manejar a su antojo a sus actores –por lo regular estrellas de renombre como Sean Connery, James Stewart, Grace Kelly, Janet Leigh o Tippi Hedren-, Joan Fontaine explicaba, después del rodaje de Rebeca (1940), que la técnica de Hitchcock consistía en dividir a los intérpretes, no los dejaba convivir en el set, de modo que los dirigía personalmente y los sorprendía continuamente con pesadas bromas o comentarios mordaces, mismos que resultaban en un ambiente relajado.

Haciéndose millonario con el paso de los años –debido a sus películas, sus acciones en Universal Studios y numerosas regalías-, Alfred Hitchcock dejó en su filmografía películas extraordinarias como Vertigo (1958), Psicosis (1960), El Hombre que Sabía Demasiado (1934-1956) o Extraños en el Tren (1951); asimismo regaló a la literatura de misterio numerosos relatos y a la televisión una larguísima serie titulada Alfred Hitchcock Presenta; convirtiéndose así en un sinónimo de las producciones de misterio, pero también de calidad en las mismas, ya que sus innovadoras técnicas fílmicas dejaron un valioso legado para cineastas de la talla de Steven Spielberg o Stanley Kubrick.

Tímido, solitario, controlador, bromista o enérgico, Alfred Hitchcock fue un versátil personaje que sintió una verdadera pasión por el cine, respetándolo tanto como a sí mismo y luchando siempre por mantener una independencia para “su” arte, aún a pesar de los productores, con quienes en la mayoría de las ocasiones tuvo importantes diferencias. Y así, el Maestro del Suspenso ilustra muy bien lo que Ralph Waldo Emerson dijo alguna vez: “El carácter es como el acróstico (…): puede leerse desde el principio, desde el final o en cruz: siempre dice lo mismo”. 

FUENTES:

“El Cine”. Ed. Larousse. Barcelona 2002.

 “Hitchcock: El crimen perfecto, el cine perfecto”. Aut. Susana López Aranda. Cinemanía No. 137. México, febrero  2008.

“Alfred Hitchcock: El arquitecto de la angustia”. Aut. Paul Duncan. Ed. Taschen. Italia, 2003.

“That Bloody Shower and its violent offspring”. Aut. Michiko Kakutani. The New York Times. E.U. Dic. 2003.


Freddy Krueger vs. El Noticiero de la Noche

14 diciembre 2009

Cine de Terror

Por: Patricia Díaz Terés

“¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios”.

Gilbert Keith Chesterton

Provocando pánico o risa, con muchos e incondicionales seguidores y otros tantos opositores, el género cinematográfico denominado como horror, ha atravesado por muchas transformaciones desde su aparición en las primeras décadas del siglo XX.

Compartiendo esencia con la literatura de horror –término acuñado en 1764 por el escritor Horace Walpole en su novela El Castillo de Otranto-, el cine de terror busca generar en el espectador un sentimiento de temor, colocando a víctimas débiles a expensas de un enemigo que goza de muchas ventajas como pueden ser una apariencia horripilante, una habilidad sorprendente para ocultarse o bien poderes sobrenaturales.

En la década de los años 20 por ejemplo, se vio por primera vez en las pantallas la imagen del Drácula creado por Bram Stoker en 1897, sólo que se le llamó Nosferatu (Max Schreck), en la película homónima dirigida por F.W. Murnau; pero los monstruos tuvieron su apogeo en la tercera década del siglo, cuando los estudios Universal lograron realizar una serie de filmes que con el tiempo se convirtieron en cintas obligadas para todos los amantes del género.

Y fue así como los emblemáticos actores Boris KarloffFrankenstein (1931) y La Momia (1932)- o Bela LugosiDrácula (1931) y White Zombie (1932)- saltaron a la fama interpretando ambos, numerosos y escalofriantes –al menos para su época- personajes.

Pero el cine debe evolucionar con el hombre. De este modo, mientras que en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial el celuloide reflejaba inocentes historias sobre vampiros, monstruos y momias, después de 1945 resultaba más complicado causar temor en la audiencia, ya que se habían visto demasiados horrores auténticos y espeluznantes durante el conflicto bélico.

Así, una sociedad que durante seis años se había enfrentado a las más terribles acciones de las que es capaz el ser humano, buscaba en el séptimo arte un solaz para su torturado espíritu, refugiándose en el humor de las comedias sencillas; sin embargo los creativos del género de terror idearon una forma para adaptarse a la nueva situación.

Si bien asustar con los personajes tradicionales no era ya opción, los guionistas aprovecharon entonces el temor latente que, durante toda la Guerra Fría, tuvo en el corazón todo individuo: la ineludible y sobrecogedora presencia de la bomba atómica.

De esta manera, los escritores utilizaron la ansiedad reflejándola en una severa crítica hacia los científicos con poca o nula conciencia de las consecuencias de sus peligrosos inventos; así aparecieron creaturas originadas por la acción de las radiaciones como Godzilla (1954), o un pulpo gigante que ataca la ciudad de San Francisco en It Came From Beneath the Sea (1955).

También en la misma época, se vio por primera vez el cruce del género de horror con el de ciencia ficción, haciendo que los extraterrestres y los platillos voladores suplieran a los engendros anteriormente empleados; es así como se realizaron películas como The Thing from Another World (1951) o The Day the Earth Stood Still (1951).

Otra vertiente de estos híbridos de terror y ciencia ficción dieron como resultado el surgimiento de los invasores de cuerpos, cuya primera cinta fue Invasion of the Bodysnatchers (1956), en donde se utilizó el terror psicológico ya que, al tratarse de alienígenas con apariencia humana, lograban generar una sensación de paranoia bastante incómoda.

Algunos analistas y críticos de cine han comparado este argumento con la presencia en la sociedad capitalista norteamericana, de los comunistas quienes, si recordamos el panorama de la Guerra Fría, en Estados Unidos constituían el enemigo a descubrir y vencer.

Pero muy pronto mutantes y extraterrestres no dieron ya resultado con el público, y el género cayó en un breve pero significativo letargo, siendo relegado a lo que se denomina películas de serie B; esta terminología está basada en un criterio según el cual sólo aquellas que alcanzaban la categoría A obtenían presupuesto; mientras las otras debían conformarse con reducidas cantidades de dinero, lo cual no permitía a productores y directores permitía poner demasiada atención o esmero en la calidad del guión, actuación, efectos especiales o incluso el propio argumento.

Sin embargo, durante la década de los sesenta hubo un magnífico director que rescató y dio al género de terror un giro que dejaría su huella durante varios lustros, se trata de Alfred Hitchcock, el maestro del suspenso, quien con Psicosis (1960) introdujo la figura del psicópata asesino.

Esta fórmula evolucionó poco a poco, teniendo una suerte de clímax con The Texas Chain Saw Masacre (1974) del director Tobe Hooper, en donde un maniático deforme tortura y asesina a un grupo de jóvenes –la cinta está basada en hechos reales y tuvo un bien logrado remake en 2003-.

A finales de los 60 también se retoma el interés por las cuestiones satánicas gracias a la cinta Rosemary’s Baby (1968) de Roman Polanski; tras ella unos años después vendría la polémica e icónica El Exorcista  (1973) de William Friedkin.

Pero los demonios o fantasmas de Amityville (1979) y Poltergeist (1982) no eran ya suficiente para la –aún entonces- poco impresionable imaginación del público, por lo que fue necesario crear nuevos monstruos, y es así como surge el gran Freddy Krueger, de la imaginación de Wes Craven (Scream), en A Nightmare on Elm Street (1984), en donde podemos ver a un aterrorizado y jovencísimo Johnny Depp (Jack Sparrow) antes de que saltara al estrellato.

Y así, a partir de la década de los ochenta, pero sobre todo en el nuevo milenio, el horror se ha visto en serios problemas para poder “asustar” a la ya prácticamente inmune audiencia, de manera que se han creado subgéneros que han sido objeto de crítica y censura. Teniendo al “gore” puro por un lado, es decir aquellas cintas –como las dirigidas por Dario Argento– de las cuales ya se sabe que en pantalla, no se verá nada más que grotescas escenas llenas de sangre; se tiene por el otro una mezcla en la que no se sabe a ciencia cierta si se trata de terror, gore o ya en caso extremo de lo que el periodista del diario New Yorker, David Edelstein, denominó “torture porn”.

Así en este 2009, han surgido cintas como Saw VI –clasificada como X en España- o Final Destination 4, que se encuentran –al menos la primera- en el límite del horror y el gore; sin mencionar las películas de Hostel (2005 y 2007), las cuales dirigidas por Eli Roth, se incluyen definitivamente en la clasificación de Edelstein.

Grandes retos tienen los guionistas y directores del género de horror para los años venideros, y si bien han encontrado inspiración en mitologías orientales –The Ring o The Grudge-, o rescatado personajes legendarios como Freddy –el remake de la cinta se estrenará en 2010-, aún deben vencer a su principal adversario: los noticieros de T.V. ya que, desgraciadamente, lo que vemos en los informativos espanta más que cualquier monstruo o diabólica entidad. Así, le tendremos que dar -en parte- la razón al escritor Joseph Conrad quien dijo: “La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”. 

FUENTES:

“Monsters as Metaphors”. Aut. Steven Schneider. Other Voices V.1 N.3 Enero, 1999.

“El Cine”. Aut. Jordi Induráin Pons. Ed. Larousse. España, 2002.

“Los géneros cinematográficos”. Aut. Pedro Cano. Universidad Autónoma de Barcelona. 2006

“¿Qué tan insano es el cine de terror sádico?”. Aut. Gregorio Belinchón y Carmen Pérez. Vanguardia. Madrid, 2009.

“Brief History of Horror Fiction”. Aut. Karina Wilson. www.horrorfilmhistory.com

“Los géneros cinematográficos”.  Aut. Pablo Santiago Argañarás.


Zombies: ¿Prófugos de la pantalla grande?

28 octubre 2009

zombi

Ceremonia Vudú

Por: Patricia Díaz Terés

“El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”.

Oscar Wilde

Una mujer baila frenéticamente al son de rítmicos tambores, con los ojos en blanco y en evidente estado de trance, mientras los espectadores que forman un círculo a su alrededor, presencian la escena con reverencia y vibrante emoción.

Lo anterior se puede observar perfectamente no en la película de Wes Craven La Serpiente y el Arcoiris, protagonizada por Bill Pullman en 1987; sino en varias fotografías tomadas por Henning Christoph para el libro documental “Corazón de África, la magia de un continente”, editado en 1999.

Así, el vudú lejos de ser una práctica ancestral relegada y olvidada, resulta por el contrario tan actual como compleja, ya que presenta en sus ritos y ceremonias la versatilidad que le otorgan los diferentes países en los cuales se desenvuelve, a la vez que evoluciona en ciertos aspectos conforme a la época; a pesar de esto, se pueden mencionar elementos comunes que constituyen los pilares de esta misteriosa religión.

Monoteísta en cierto sentido y por principio, todas las ramas del culto tienen la firme creencia en que ha sido una sola divinidad la responsable por la creación del universo y por ende del mundo; sin embargo, este dios tiene por lo regular “hijos” o “espíritus” que le permiten gobernar a los mortales, estableciendo también un “canal de comunicación” entre ambos mundos.

De este modo, por ejemplo, de acuerdo con los rituales realizados en Dahomey (Benín), son tres los elementos que identifican a las divinidades: en el cielo está Gu, dios del fuego; además de Hevioso, una familia de espíritus que representan al trueno. En la tierra encontramos a Sakpata, divinidad que lucha contra las epidemias; mientras que el dios de la pesca, Agwé, habita en el agua.

Por otra parte, también existen los Lwa, espíritus o genios que son capaces de intervenir en el cuerpo de los individuos, y de ellos hay también varias clases dependiendo de su carácter y actividad principal.

Aún cuando en el vudú no hay establecida una estructura jerárquica, sí se pueden ubicar ciertos individuos que tienen la capacidad de comunicarse o incluso dominar en cierta medida a los espíritus. Así los ounganmanbo en caso de ser mujeres- son sacerdotes vudú que conocen el secreto del zombi y controlan las ceremonias; y los bòkò o boccor, es decir los brujos. Todos ellos reciben el poder por herencia familiar o a través de una comunicación onírica –en sueños- con los seres divinos, y su símbolo profesional es una especie de sonajero lleno de semillas, huesos u objetos similares, llamado asson, que sirve para guiar la secuencia en las ceremonias.

Además, existen lugares especiales para el culto que son los templos llamados oufó, en medio de los cuales se encuentra el peristilo, un espacio consagrado a las ceremonias que se llevan a cabo en honor a los Lwa, y en el que se encuentran ubicados tres tambores sagrados de diferentes tamaños, en los que se entonan los ritmos ceremoniales.

En un ritual vudú corriente se pueden observar dos secuencias principales. En primer lugar tenemos los ritos de entrada, que consisten en un desfile de las banderas del oufó, saludos a los objetos sagrados, orientación de éstos hacia los cuatro puntos cardinales; así como la entonación de letanías de santos y oraciones católicas, para después invocar a los Lwa.

En la segunda parte de la ceremonia se lleva a cabo el sacrificio o manjè-lwa, para éste los adeptos han cooperado y comprado un animal –cabrito, oveja, buey o un ave de corral- para el Lwa; el ejemplar elegido es lavado y purificado, para posteriormente ser ofrecido a los espíritus en un terreno donde el oungan ha trazado previamente los vèvè –dibujos simbólicos mágicos -.

Después del sacrificio uno de los fieles entra en una “crisis de posesión”, en la cual el cuerpo del individuo es ocupado por el espíritu, y dependiendo del tipo al que éste pertenezca, puede elegir símbolos o tener actitudes características como por ejemplo, si se trata del Lwa Ogu se le dará un sable, mientras que si se trata de Dambala, el poseído cae al suelo presa de violentas convulsiones, reptando como una serpiente. Mientras el Lwa habita el cuerpo del adepto baila, canta, saluda, habla y hace profecías tanto de buena fortuna como de eventos desdichados.

Pero tal vez el elemento más aterrador del vudú sean los zombies, y no precisamente porque se trate de monstruosos cadáveres caníbales. Siendo el culto a los muertos central en las creencias del vudú, son ellos justamente la clave para conseguir el favor de los Lwa; pero también el “control de los muertos” es un símbolo irrefutable del poder de los oungan.

De acuerdo con el vudú, una persona tiene dos almas: el gros-bon-ange –gran ángel bueno- que representa la personalidad, intelecto y experiencia del individuo, y el ti-bon-ange –pequeño ángel bueno- que es la conciencia. De esta manera, al morir un ser humano, su alma abandona el cuerpo para pasar un año en el fondo de un lago o río y posteriormente, gracias a los rituales realizados por sus familiares, ocupa un lugar permanente como protector de la familia.

La palabra zombi significa cuerpo sin alma o bien alma sin cuerpo, y como tal se asumen como seres cien por ciento controlables. Así, mientras en algún momento se pensó que su existencia era el método utilizado en las colonias para obtener mano de obra barata, se ha descubierto que, lejos de tratarse de muertos deambulantes, son en realidad personas (vivas por supuesto) quienes han sido drogadas y cuyas capacidades volitivas han sido anuladas.

De hecho el etnobotánico de Harvard Edmond Wade Davis, en 1983, publicó una investigación en la cual reveló que el polvo empleado por los brujos para “fabricar” zombies se trata en realidad de una mezcla de granos molidos de una planta alucinógenadatura stramonium-, mezclados con órganos asados y pulverizados de un sapo venenosobufo Marinus-, adicionado con el veneno del pez globo; esta peligrosa combinación tiene como resultado, entre otras cosas, un ataque al sistema nervioso, hipotermia y estupor.

Debido a que no se ha encontrado realmente una utilidad “legítima” para el zombi, se ha concluido que es una forma de venganza, el castigo último que una persona puede propinar a su enemigo –capturar su alma-, incluso existen algunas sociedades secretas que por el pago de unos honorarios razonables, pueden llevar a cabo la tarea de “zombificación”.

Y así, hemos visto cómo en pleno siglo XXI es posible observar personajes que parecen salidos de películas como Resident Evil (2002) o Exterminio (2002) y que, sin embargo, son personas reales cuyo estado no es consecuencia del ataque de un extraño e incontrolable virus, sino de una droga administrada por un enemigo colmado de rencor, por causas como la avaricia, la envidia o la lujuria; de modo que estas explicaciones desmitifican al monstruo, corroborando las palabras de la científica Marie Curie “dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”. 

FUENTES:

“El vudú, los demonios y el nuevo mundo encantado”. Aut. Daniel Cohen. Ed. Diana. Méx. 1974.

“Zombies. El Misterio de los Muertos Vivientes“ Aut. Ma. Dolores Arana. Ed. Posada. Méx. 1987.

“Haití: Tras las huellas del zombi“ Aut. Roland Wingfield. Ed. EDAMEX. México, 1995.

 “Los Misterios del Vudú”. Aut. Laënnec Hurbon. Ediciones B. Trieste, Italia, 1998.

Corazón de África: La magia de un continente” Aut. Klaus E. Müller y Ute Ritz-Müller. Ed. Könemann. Colonia, Alemania, 1999.


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