Y después del apocalipsis zombi ¿qué? II

13 octubre 2015

Parte II

Por: Patricia Díaz Terés

De las miserias suele ser alivio una compañía”.

Miguel de Cervantes

Líder o seguidor, cazador o presa, pero a final de cuentas superviviente, así es una persona viva y sana que aparezca en cualquier serie de televisión o película que aborde el tema del “apocalipsis zombi”. Siendo tan variadas las personalidades de los personajes que han protagonizado este tipo de producciones, todos ellos, sin embargo, comparten dos elementos en común: la pérdida y la búsqueda. Sin importar el género desde el cual se aborde el tema (horror, ciencia ficción o incluso comedia), aquellos que corretean en el planeta tratando de salvarse de cadáveres ambulantes o enloquecidos infectados han perdido seres queridos, sus hogares, su seguridad física y otras tantas cosas; y a su vez se lanzan en una búsqueda por recuperar cualquiera de ellas.

Pero antes de entrar en materia, hacemos aquí nuevamente la advertencia de que este artículo contiene numerosos spoilers, por lo que si no han visto (y aún desean hacerlo) las películas Zombieland y 28 Days Later (Exterminio) se recomienda abandonar aquí la lectura.

Empezaremos entonces por analizar la situación de la película Zombieland (Ruben Fleischer, 2009). En esta cinta, que entra en el género de la comedia, el protagonista, Columbus (Jesse Eisenberg), es un joven común y corriente, no particularmente valiente, pero sí bastante inteligente, lo cual le permite crear para sí mismo una serie de normas con las cuales él sabe que puede sobrevivir en un mundo en el cual debe enfrentarse a los muertos vivientes. De este modo, el joven –que no es atlético en absoluto- hace calentamiento antes de incluirse en cualquier situación que le demande un esfuerzo físico, con lo cual evita lastimarse; revisa cuidadosa y sistemáticamente cualquier lugar al que pretende entrar; desconfía de cualquier persona y sobre todo evita ser el héroe, porque según su hipótesis, esta última opción lo llevará a una muerte segura.

Paranoico por naturaleza, Columbus se encuentra con su complemento fuerte, en este caso encarnado en Tallahasse (Woody Harrelson), que es un hombre maduro que va por este apocalíptico escenario con una actitud cínica y despreocupada, pues él ha encontrado ya un buen vehículo y una abundante provisión de armas. Obsesionado con conseguir un pastelito Twinky –y arriesgando su propia vida por ello-, este hombre no tiene reglas que seguir, sino que enfrenta las situaciones conforme se le presentan, empleando su valor y habilidades, de las cuales se siente bastante seguro.

A su vez, esta dupla masculina da con su contraparte femenina en dos hermanas, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes se manejan con un código carente de la ética más elemental, ya que ellas solo piensan en sobrevivir juntas, por lo que si para lograrlo necesitan engañar, robar o amenazar a cuando individuo se les atraviese, así sea. Habiendo tenido ya desde antes del apocalipsis zombi la costumbre de estafar a la gente, ellas han descubierto que este mecanismo también funciona después de la hecatombe, por lo que no dudan de privar al prójimo de armas, comida o vehículos.

A final de cuentas el argumento lleva a tan distintos personajes a formar un frente común contra los zombis –y a Columbus a romper su regla de oro con tal de salvar a su amada Wichita y a Little Rock– con el afán de sobrevivir, creándose entre ellos lazos de confianza que finalmente son los que les permiten lograr su cometido. Y es aquí donde vemos cómo en un mundo en el cual la raza humana enfrenta su propia extinción, es la formación de comunidades la que le proporciona la posibilidad de subsistir tanto física como emocionalmente.

Caso similar -aunque en el género de horror- se presenta en la cinta 28 Days Later (Exterminio, Danny Boyle, 2002), en el cual Jim (Cillian Murphy) es un mensajero que se despierta en un desierto hospital después de que una terrible enfermedad llamada Rage –misma que provoca que la persona infectada pierda sus facultades mentales transformándose en un agresivo animal caníbal- haya infectado a la mayor parte de la población de las islas británicas. En Jim observamos así el comportamiento totalmente plausible de una persona normal que se despertase en semejante situación, pues completamente desorientado y vestido tan solo con una poco funcional bata de hospital, comienza a recorrer primero el nosocomio y luego la ciudad de Londres, tratando de encontrar algo o alguien que le explique qué es lo que ha sucedido.

Dejando de lado el hecho de que la película se torna aún más sobrecogedora porque el director Danny Boyle consiguió permiso para vaciar literalmente algunas de las zonas más emblemáticas de la capital británica, utilizando así locaciones y no sets armados, la sensación de soledad que transmite Murphy se transmite al público compartiendo este la consternación del personaje.

Sin embargo, este sentimiento de soledad absoluta pronto se transforma en terror para el protagonista cuando se encuentra al primer grupo de infectados, a quienes ubica en una iglesia, ya que no comprende por qué aquel grupo de personas que tienen los ojos inyectados en sangre y lanzan gruñidos estremecedores se le echan encima en un abrir y cerrar de ojos y tratan de matarlo. Tras huir despavorido de aquel sitio, Jim se topa entonces con una mujer, Selena (Naomie Harris), quien logra salvarlo después de encerrarse ambos tras una cortina de metal que cierra una tienda. Y aquí es donde la joven le explica al recién llegado lo que ha sucedido con el mundo. En este caso Selena ha tenido tiempo para adaptarse a la situación, por lo que va armada y lleva consigo provisiones –chocolates y refrescos, que es lo único que ha podido encontrar-, ella representa entonces a lo largo de la cinta la parte racional que actúa en el ser humano en una situación de supervivencia.

Por su parte Jim es más sentimental, por lo que no es extraño que lo primero que desee sea ver a su familia, a pesar de que su compañera le advierte que con seguridad están muertos o infectados. Aferrado a sus afectos, el personaje encarnado por Cillian Murphy logra hacerse acompañar hasta su casa donde, efectivamente, encuentra a sus padres que se han quitado la vida, enfrentándonos entonces nosotros como espectadores con otra reacción al fin del mundo: la autoaniquilación, elegida por todos aquellos que antes de sufrir un destino terrible como infectados, han preferido salir de este escenario por su propia mano sin siquiera luchar por sobrevivir. ¿Cobardía? ¿Sensatez? Depende de la personalidad del individuo que observe el contexto.

Pero como en todos los apocalipsis zombi, solamente aquellos que se empeñan en continuar vivos están dispuestos a enfrentarse a la soledad y los numerosos problemas que representa la simple existencia. De esta forma, en esta cinta observamos nuevamente cómo la formación de comunidad es una necesidad básica del ser humano, por lo que Jim y Selena emprenden camino en busca de otros no infectados, localizando entonces así a Frank (Brendan Gleeson) y su hija adolescente Hannah (Megan Burns), quienes han decidido atrincherarse en su departamento, habiendo colocado luces en la ventana para atraer a cualquier individuo sano. En este caso el padre de familia deja algo muy claro, él sabe que su hija no podrá sobrevivir sola, necesita adultos que la ayuden, y es así como comparte todos sus recursos con sus “invitados” con el convenio tácito de que si algo llegase a ocurrirle a él, la jovencita quedaría protegida.

Nuevamente vemos la formación de un grupo de personas bienintencionadas. Sin existir en este caso nadie que quiera aprovecharse del otro, todos ellos forman lazos de amistad casi instantáneos, lo cual les permite gozar de ciertos momentos de tranquilidad e incluso diversión. En este contexto, Selena reflexiona sobre el futuro de la humanidad, fijando su atención en un elemento que es obviado por otros filmes similares: la creación artística. La mujer revela entonces su parte nostálgica al manifestarle a Jim que no puede creer que nunca habrá una película, una pintura o un libro que no existiesen previamente. Aquí se muestra entonces el anhelo de trascendencia del ser humano, mismo que es fácilmente bloqueado por la necesidad de cubrir los requerimientos físicos básicos, que sin duda resulta apremiante para los supervivientes de un apocalipsis zombi.

Y para concluir con el espectro de las posibilidades en las reacciones humanas en un mundo devastado, este amigable equipo va a dar de narices con los “villanos”, aquellos que sobreviven a costa de los demás, en este caso representado tan nefasto bando por un grupo de militares que a través de una transmisión de radio, han ofrecido a los incautos refugio y una cura para la enfermedad, siendo todo ello mentira. Dando primero estos sujetos una sensación de seguridad gracias a su pesado armamento y aparentemente inexpugnable fortaleza, comparten con los recién llegados –a los cuales les falta un miembro al haber sucumbido Frank a la enfermedad- su agua, refugio y su comida. Poco tiempo pasa para que estos egoístas individuos revelen su verdadero cometido, pues lo único que desean es apoderarse de las mujeres para usarlas a su gusto, lo cual por supuesto genera la indignación del heroico Jim, quien en contra del reglamento de Columbus, después de lograr escapar de los soldados que han intentado eliminarlo, irrumpe salvajemente en la habitación donde tienen cautivas a sus amigas para posteriormente emprenderla a brazo partido con los agresores, logrando la victoria con la ayuda de un infectado –que él libera a propósito- que los militares tenían encadenado en el patio trasero con fines experimentales –deseaban observar cuánto tiempo tardaba en morir sin ser alimentado-.

Jim pierde –temporalmente- entonces su humanidad para salvar a sus seres queridos. Los enemigos han perdido su humanidad por cosificar a las personas. Es así como nos enfrentamos por primera vez a la deshumanización del individuo, aunque por motivos diferentes. El defensor y el abusivo, ambos pierden sus códigos éticos, pero con fines opuestos. Jim sigue siendo, entonces, un héroe, sin transformarse en un antihéroe, pues él está consciente de que matar no es correcto, pero también se ha dado cuenta de que sus enemigos no le dejan otra opción que suprimirlos.

Habiéndose filmado dos finales para esta cinta: uno feliz en el cual Jim, Hannah y Selena son encontrados eventualmente por otros supervivientes que disponen de un avión; y otro bastante más deprimente en el cual se da a entender que Jim muere a causa de una herida sufrida durante el enfrentamiento con los soldados, la cinta plantea un escenario no del todo descabellado de un apocalipsis zombi. Sin darle un tinte humorístico o de ciencia ficción, esta cinta nos lleva el evento apocalíptico a un nivel en el que cualquiera puede sentirse identificado con alguno de los personajes, pues sus juicios y decisiones parten de bases realistas, tanto físicas como emocionales. Son individuos comunes sobreviviendo en un mundo atrapado por el caos, llevando inevitablemente al espectador a preguntarse ¿qué haría yo?

Pero el tema no ha sido concluido, por lo que la siguiente semana, terminaremos esta serie de artículos abarcando a detalle la variadísima gama de personajes y escenarios que plantea la serie televisiva The Walking Dead con respecto a la sobrevivencia en un mundo dominado por los zombis.

 

FUENTES:

www.imdb.com


De Vlad Dracul a Edward Cullen: Vampiros, el mito cambiante II

7 noviembre 2011

Kiefer Sutherland en Lost Boys (izq.) y Robert Pattinson en Eclipse (der.)

Parte II

Por: Patricia Díaz

“La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad”.

Jean de la Fontaine

Por más terrorífica que sea la imagen que se tiene del vampiro en sus más espeluznantes concepciones, de acuerdo con lo que hemos visto, ninguna podría compararse con la maldad que emana del personaje real que presuntamente inspiró al personaje del conde Drácula de Bram Stoker; sin embargo, la idea –y el temor por estos personajes- sobre el vampiro no data por supuesto del surgimiento del mítico conde transilvano en la literatura decimonónica, sino que por el contrario estos monstruos estuvieron ya presentes en muchas de las culturas del mundo antiguo.

De esta forma cabe mencionar que, si bien las criaturas que aquí nos competen pueden no alimentarse de sangre humana, sí se alimentan del imaginario popular, donde la superstición –y actualmente la moda- han provocado cambios en el mito que responden, de acuerdo con los expertos, a la propia transformación de la sociedad.  

Hablemos por ejemplo de la Edad Media, esa complicada época histórica en la cual los temores hacia lo sobrenatural se unían con el horror de una realidad que incluía la temible peste bubónica. En esta etapa la creencia en la existencia de los vampiros se extendió por toda Europa, debido a que en ese entonces las personas tenían que encontrar una causa para esa enfermedad que mataba sin piedad a niños, mujeres o bravos guerreros por igual. Sin voltear a ver a los verdaderos culpables –los parásitos que se alojaban en el sucio pelaje de los roedores que circulaban por las calles y las casas-, la gente comenzó a pensar que era obra del demonio y de sus vampíricos engendros. Tal situación ha salido a la luz gracias –entre otras cosas- al descubrimiento de un “vampiro” en la isla de Lazzaretto Vecchio en Venecia, donde se desenterró el cadáver de una mujer a la que se le había incrustado en la boca un ladrillo –según la tradición era un eficaz remedio para mantener en su tumba al no-muerto-.

Con todo, no es plausible que los descubridores de tal “horror” se asustasen demasiado con su hallazgo, ya que hoy en día se sabe que la velocidad con la que los sujetos morían a causa de la peste era tal que los enterradores se veían imposibilitados para cumplir su piadoso deber de manera adecuada, de modo que crearon fosas comunes que eran constantemente reabiertas con la finalidad de tener las ciudades libres de cadáveres; así, la forma en que estos se descomponían, según la causa de la muerte, coincidían con las descripciones folclóricas de los vampiros –sangre en la boca y en la nariz (que no era tal, sino un fluido oscuro) por ejemplo-, los cuales a la sazón eran descritos como monstruos espantosos que vestían harapientos trapos rojos y blancos, cuyo rostro estaba tinto de escarlata –bastante diferente como podemos percibir, del pálido noble que amenazaba a Lucy Westenra-.

Así, como mencionamos anteriormente el parteaguas del mito del vampiro surgió con la novela Drácula (1897), pero fue el surgimiento del cine en los albores del siglo XX el que realmente promovió la evolución del ancestral monstruo, transformándose así tantas veces como guionistas, directores y actores decidieron emplearlo para la realización de los filmes.

Friedrich Wilhelm Murnau fue uno de los directores que dio a Drácula un toque diferente en su película muda Nosferatu (1922), con la cual el cineasta tuvo que embarcarse en una batalla –que perdió- con la viuda de Stoker por los derechos de los nombres que aparecían en el libro, de tal suerte que tuvo que nombrar al tenebroso protagonista –personificado por Max Schreck– como Conde Orlok, sumando a la historia ciertos elementos como el hecho de que la luz solar tenía el poder de destruir al demoniaco ser; curiosamente la propia historia de la filmación de la película se convirtió en el tema central de la cinta La sombra del vampiro (2000), ya que existen diversas leyendas en torno al propio Schreck, quien de acuerdo con la cinta protagonizada por Willem Dafoe era un verdadero vampiro.

Un ícono surgido en la primera mitad del siglo XX fue el Drácula del actor húngaro Béla Lugosi, quien después del filme que dirigiera Tod Browning en 1931 se posesionó de tal manera del personaje del conde transilvano que pidió ser enterrado tras su muerte con el disfraz que lo catapultara a la fama.

A partir de entonces se han tenido muy diversas variantes del vampiro, yendo las películas de lo cómico a lo macabro, pasando por lo grotesco y ridículo. De esta manera encontramos comedias como Amor al primer mordisco (1979) protagonizada por George Hamilton o Drácula, un muerto muy contento y feliz (1995) con Leslie Nielsen; mientras que en los setenta se relaciona al vampiro con la sexualidad, surgiendo impresionantes vampiresas como Ingrid Pitt (Vampiros amantes, 1970) o Yutte Stensgaard (Lujuria para un vampiro, 1971).

En la extravagante comicidad se sitúa el director Roman Polanski con El baile de los vampiros (1967), después de que Terence Fischer lograra rehacer el personaje interpretado por Lugosi con Christopher Lee en su Drácula de 1958 –repitiendo el actor este papel en varias cintas a lo largo de su carrera-. Asimismo los escritores de horror no evitaron al personaje empleándolo Stephen King en Salem’s Lot, cuya adaptación a la televisión resultó en una miniserie homónima de gran éxito.

Pero fue en los ochenta cuando comenzó a surgir la concepción del vampiro como el joven inadaptado pero ocasionalmente con buenos valores y sentimientos, el chupasangre ya no es entonces un monstruo sino alguien que se siente apartado de la sociedad, que busca a seres similares para hacer una nueva familia en la cual la lealtad es siempre el ingrediente principal, como ejemplo podemos mencionar a Los muchachos perdidos (1987) en la que Kiefer Sutherland personificó al líder (David) de una vampírica pandilla a la cual se enfrentan Michael (Jason Patrick) y Sam (Corey Haim).

Mereciendo especial mención la cinta Drácula de Bram Stoker dirigida por Francis Ford Coppola en 1992 –en la cual se incluyó en la trama una historia de amor entre Mina y Drácula, inexistente en el libro-, es realmente en el nuevo milenio cuando se tiene un nuevo boom de los vampiros, observándose dos vertientes: los vampiros vistos como adolescentes –o adultos- atractivos y ejemplares –a veces-, cuya belleza y valores hacen que cualquiera quiera ser –o estar con- un no-muerto; o bien los que indignados ante esta nueva perspectiva del mito han tratado por todos los medios de retomar sus sanguinarios orígenes. Ejemplo de lo primero son la saga –Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer– escrita por Stephenie Meyer y protagonizada en cine por Robert Pattinson (Edward Cullen) y Kristen Stewart (Bella Swan), o la serie televisiva Vampire Diaries en la que los hermanos Salvatore (Paul Wesley e Ian Somerhalder) arrancan suspiros a las jovencitas.

En el lado opuesto encontramos cintas como 30 días de noche (2007), dirigida por David Slade basada en los comics de Steve Niles y Ben Templesmith, en la cual un grupo de abominables vampiros arrasa con los habitantes de un pueblito en Alaska, aprovechando treinta días de oscuridad; en la misma tónica se sitúa la saga literaria de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, en cuyos títulos Nocturna y Oscura –los dos primeros de la Trilogía de la Oscuridad– hemos podido observar a los vampiros como monstruos –generados por un virus, a manera de enfermedad- que acechan a los habitantes de la ciudad de Nueva York y sus suburbios.

Teniendo ya poco o nada que ver el terrible Vlad Dracul –o en su defecto su versión ficticia, Drácula– con los atractivos vampiros de la familia Cullen, lo cierto es que los chupasangre siguen ejerciendo la misma fascinación en el imaginario colectivo de hoy que en el del siglo XIX, cuando la gente todavía se espantaba con un monstruoso ser que podía arrancarte la vida mientras dormías.

PARA CONOCER:

Nosferatu (1922): http://www.youtube.com/watch?v=N-DrKgjit4I

La sombra del vampiro (2000): http://www.youtube.com/watch?v=T8YyC1PhVLs

Drácula (1931): http://www.youtube.com/watch?v=UehobGtSnOk

Drácula de Bram Stoker (1992): http://www.youtube.com/watch?v=PlDbxogHPao&feature=related

Amantes vampiro (1979): http://www.youtube.com/watch?v=StTTfl8SU5k

El baile de los vampiros (1967): http://www.youtube.com/watch?v=1q-sukI-ZpU

Muchachos perdidos (1987): http://www.youtube.com/watch?v=hsv_NQFbQzo

30 días de noche (2007): http://www.youtube.com/watch?v=ao07d8seX1g

 FUENTES:

“Vampiros en el cine y en serie”. Aut. José Luis Urraca Casal. www.unmundodecine.com. Sep. 2008.

“How vampires got all touchy-feely”. Aut. Brendan O’Neill. http://newsbbc.co..uk 19 de diciembre 2008.

“Vampiros ¿existen de verdad?”. Aut. Luis Miguel Ariza. Periódico El País, 23 de mayo 2009.

“Vampires are the New Sexy – From Bela Lugosi to Alexander Skarsgard”. Aut. Robyn Good. http://technorati.com 22 de agosto 2010.


Zombies: ¿Prófugos de la pantalla grande?

28 octubre 2009

zombi

Ceremonia Vudú

Por: Patricia Díaz Terés

“El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible”.

Oscar Wilde

Una mujer baila frenéticamente al son de rítmicos tambores, con los ojos en blanco y en evidente estado de trance, mientras los espectadores que forman un círculo a su alrededor, presencian la escena con reverencia y vibrante emoción.

Lo anterior se puede observar perfectamente no en la película de Wes Craven La Serpiente y el Arcoiris, protagonizada por Bill Pullman en 1987; sino en varias fotografías tomadas por Henning Christoph para el libro documental “Corazón de África, la magia de un continente”, editado en 1999.

Así, el vudú lejos de ser una práctica ancestral relegada y olvidada, resulta por el contrario tan actual como compleja, ya que presenta en sus ritos y ceremonias la versatilidad que le otorgan los diferentes países en los cuales se desenvuelve, a la vez que evoluciona en ciertos aspectos conforme a la época; a pesar de esto, se pueden mencionar elementos comunes que constituyen los pilares de esta misteriosa religión.

Monoteísta en cierto sentido y por principio, todas las ramas del culto tienen la firme creencia en que ha sido una sola divinidad la responsable por la creación del universo y por ende del mundo; sin embargo, este dios tiene por lo regular “hijos” o “espíritus” que le permiten gobernar a los mortales, estableciendo también un “canal de comunicación” entre ambos mundos.

De este modo, por ejemplo, de acuerdo con los rituales realizados en Dahomey (Benín), son tres los elementos que identifican a las divinidades: en el cielo está Gu, dios del fuego; además de Hevioso, una familia de espíritus que representan al trueno. En la tierra encontramos a Sakpata, divinidad que lucha contra las epidemias; mientras que el dios de la pesca, Agwé, habita en el agua.

Por otra parte, también existen los Lwa, espíritus o genios que son capaces de intervenir en el cuerpo de los individuos, y de ellos hay también varias clases dependiendo de su carácter y actividad principal.

Aún cuando en el vudú no hay establecida una estructura jerárquica, sí se pueden ubicar ciertos individuos que tienen la capacidad de comunicarse o incluso dominar en cierta medida a los espíritus. Así los ounganmanbo en caso de ser mujeres- son sacerdotes vudú que conocen el secreto del zombi y controlan las ceremonias; y los bòkò o boccor, es decir los brujos. Todos ellos reciben el poder por herencia familiar o a través de una comunicación onírica –en sueños- con los seres divinos, y su símbolo profesional es una especie de sonajero lleno de semillas, huesos u objetos similares, llamado asson, que sirve para guiar la secuencia en las ceremonias.

Además, existen lugares especiales para el culto que son los templos llamados oufó, en medio de los cuales se encuentra el peristilo, un espacio consagrado a las ceremonias que se llevan a cabo en honor a los Lwa, y en el que se encuentran ubicados tres tambores sagrados de diferentes tamaños, en los que se entonan los ritmos ceremoniales.

En un ritual vudú corriente se pueden observar dos secuencias principales. En primer lugar tenemos los ritos de entrada, que consisten en un desfile de las banderas del oufó, saludos a los objetos sagrados, orientación de éstos hacia los cuatro puntos cardinales; así como la entonación de letanías de santos y oraciones católicas, para después invocar a los Lwa.

En la segunda parte de la ceremonia se lleva a cabo el sacrificio o manjè-lwa, para éste los adeptos han cooperado y comprado un animal –cabrito, oveja, buey o un ave de corral- para el Lwa; el ejemplar elegido es lavado y purificado, para posteriormente ser ofrecido a los espíritus en un terreno donde el oungan ha trazado previamente los vèvè –dibujos simbólicos mágicos -.

Después del sacrificio uno de los fieles entra en una “crisis de posesión”, en la cual el cuerpo del individuo es ocupado por el espíritu, y dependiendo del tipo al que éste pertenezca, puede elegir símbolos o tener actitudes características como por ejemplo, si se trata del Lwa Ogu se le dará un sable, mientras que si se trata de Dambala, el poseído cae al suelo presa de violentas convulsiones, reptando como una serpiente. Mientras el Lwa habita el cuerpo del adepto baila, canta, saluda, habla y hace profecías tanto de buena fortuna como de eventos desdichados.

Pero tal vez el elemento más aterrador del vudú sean los zombies, y no precisamente porque se trate de monstruosos cadáveres caníbales. Siendo el culto a los muertos central en las creencias del vudú, son ellos justamente la clave para conseguir el favor de los Lwa; pero también el “control de los muertos” es un símbolo irrefutable del poder de los oungan.

De acuerdo con el vudú, una persona tiene dos almas: el gros-bon-ange –gran ángel bueno- que representa la personalidad, intelecto y experiencia del individuo, y el ti-bon-ange –pequeño ángel bueno- que es la conciencia. De esta manera, al morir un ser humano, su alma abandona el cuerpo para pasar un año en el fondo de un lago o río y posteriormente, gracias a los rituales realizados por sus familiares, ocupa un lugar permanente como protector de la familia.

La palabra zombi significa cuerpo sin alma o bien alma sin cuerpo, y como tal se asumen como seres cien por ciento controlables. Así, mientras en algún momento se pensó que su existencia era el método utilizado en las colonias para obtener mano de obra barata, se ha descubierto que, lejos de tratarse de muertos deambulantes, son en realidad personas (vivas por supuesto) quienes han sido drogadas y cuyas capacidades volitivas han sido anuladas.

De hecho el etnobotánico de Harvard Edmond Wade Davis, en 1983, publicó una investigación en la cual reveló que el polvo empleado por los brujos para “fabricar” zombies se trata en realidad de una mezcla de granos molidos de una planta alucinógenadatura stramonium-, mezclados con órganos asados y pulverizados de un sapo venenosobufo Marinus-, adicionado con el veneno del pez globo; esta peligrosa combinación tiene como resultado, entre otras cosas, un ataque al sistema nervioso, hipotermia y estupor.

Debido a que no se ha encontrado realmente una utilidad “legítima” para el zombi, se ha concluido que es una forma de venganza, el castigo último que una persona puede propinar a su enemigo –capturar su alma-, incluso existen algunas sociedades secretas que por el pago de unos honorarios razonables, pueden llevar a cabo la tarea de “zombificación”.

Y así, hemos visto cómo en pleno siglo XXI es posible observar personajes que parecen salidos de películas como Resident Evil (2002) o Exterminio (2002) y que, sin embargo, son personas reales cuyo estado no es consecuencia del ataque de un extraño e incontrolable virus, sino de una droga administrada por un enemigo colmado de rencor, por causas como la avaricia, la envidia o la lujuria; de modo que estas explicaciones desmitifican al monstruo, corroborando las palabras de la científica Marie Curie “dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”. 

FUENTES:

“El vudú, los demonios y el nuevo mundo encantado”. Aut. Daniel Cohen. Ed. Diana. Méx. 1974.

“Zombies. El Misterio de los Muertos Vivientes“ Aut. Ma. Dolores Arana. Ed. Posada. Méx. 1987.

“Haití: Tras las huellas del zombi“ Aut. Roland Wingfield. Ed. EDAMEX. México, 1995.

 “Los Misterios del Vudú”. Aut. Laënnec Hurbon. Ediciones B. Trieste, Italia, 1998.

Corazón de África: La magia de un continente” Aut. Klaus E. Müller y Ute Ritz-Müller. Ed. Könemann. Colonia, Alemania, 1999.


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