Del paraíso de la ilusión al abismo de la traición: Dante Alighieri I

11 abril 2015
Dante Alighieri

Dante Alighieri

Parte I

Por: Patricia Díaz Terés

El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene”.

Blaise Pascal

Conocido como uno de los más grandes poetas de todos los tiempos por haber realizado una literaria travesía, de la mano de Virgilio[i], desde lo más profundo del infierno hasta el mismísimo cielo, Dante Alighieri se nos presenta en la Italia medieval como un sabio de gran envergadura y diversos intereses.

Corría el siglo XIII, cuando la ciudad de Florencia precisamente en el año 1265, vio nacer a quien es recordado hasta hoy por haber escrito una de las más grandes obras de la literatura universal, la Divina Comedia. El padre del poeta -cuyo nombre original fue Durante Alighieri-, era el comerciante –se habla también de que era una especie de prestamista- Alighiero di Bellincione, quien quiso dar a su familia un estatus aventajado contrayendo matrimonio con una dama noble llamada Bella degli Abati. Sin embargo poco fue el tiempo que tuvo el pequeño Dante para convivir con su madre, pues ella falleció a los cinco años de haber nacido él, quedando la educación del infante en manos de diversos preceptores hasta que llegó a las manos de dos importantes poetas, Guittone d’Arezzo y Bonagiunta Orbicciani, que fueron los responsables de haber abierto al chico las puertas de la literatura griega y romana.

En la vida de Dante se muestran algunos hechos que marcaron de forma definitiva su existencia, siendo uno de ellos su encuentro con la bellísima Beatriz. De acuerdo con el propio literato florentino, él vio por primera vez a la doncellita de sus sueños a la escasa edad de nueve años, en un bello día primaveral de mayo de 1274, cuando la observó paseando a orillas del río Arno, según relata él en su autobiografía La vita nuova. La pequeña era hija de un acaudalado caballero conocido como Folco Portiniari, y su encanto o belleza, o tal vez ambas, cautivaron a Alighieri a tal grado que el recuerdo se grabó a fuego en su memoria, de modo que el varón no pudo amar nunca a ninguna otra mujer como a ella, a pesar de que no cruzaron palabra alguna.

La mente y el corazón del muchacho se encargaron de formar para ella una personalidad sublime, convirtiéndose en su donna angelicata, mas no en el objeto de un amor pasional. La celestial criaturita le sirvió entonces como guía, aunque ciertamente la personalidad imaginada de la damisela había sido producto de la adoración que por ella sentía el incipiente escritor. De este modo, el joven no volvió a ver a su amada sino hasta una década después, ya que ella había contraído matrimonio con el banquero Simone dei Bardi. Mas pronto la suerte se decidió definitivamente a zanjar por completo las ilusiones de Dante, pues ella abandonó este mundo a los veinticuatro años en 1290.

Por otro lado, el entorno de tan peculiar y unilateral idilio distó mucho de ser pacífico. En el siglo XIII Florencia se vio inmersa en conflictos políticos de gran envergadura que afectaron directamente al poeta y a su familia. El origen de los problemas puede situarse en la lucha que se sostenía por el trono del Sacro Imperio Romano Germánico, por el cual competían los duques de Baviera de la casa de Welf (de ahí que fueran luego conocidos como güelfos) y los Hohenstaufen, duques de Suabia que tenían su asentamiento en Waibling, Franconia (de tal ubicación derivó el que se les llamara gibelinos). El núcleo de la disputa se redujo después a un elemento simple pero definitivo: los güelfos defendían la supremacía de la Iglesia frente al emperador, mientras que los gibelinos defendían exactamente lo opuesto, dando preferencia al dueño de la Corona.

Ahora bien, esta situación no se limitó solo a un territorio, resultando afectadas las ciudades de Florencia, Milán, Mantua, Bolonia, Génova, Rímini y Perugia, que se decantaron por el Papa, mientras que Módena, Arezzo, Siena y Pisa se colocaron a favor del emperador. Asimismo, la confrontación fue haciéndose también local, enfrentándose güelfos y gibelinos incluso por las municipalidades, y subdividiéndose las facciones en lugares como Florencia, donde aparecieron los güelfos blancos capitaneados por la familia Cerchi, quienes aceptaban las demandas de las clases populares por participar en la vida política florentina, deseando el acercamiento del papado y el Imperio; mientras que los güelfos negros, al mando de Corso Donati, proclamaban la supremacía de los nobles y el papado, denostando al emperador.

Por su parte Dante trató en la medida de lo posible de dedicarse a sus estudios, contrayendo además matrimonio con Gemma di Manetto Donati en 1285 –también aparece el año como 1295-. Sin embargo la situación política y el reconocimiento de su privilegiada inteligencia por parte de cuantos le rodeaban le valieron el que se viera inmiscuido en las cuestiones políticas, primero participando como militar activo en la caballería durante la batalla de Campoldino, en la cual fueron derrotados los gibelinos pasando a ser elegido como parte del Consejo especial del pueblo, para lo cual tuvo previamente que inscribirse en un gremio reconocido, eligiendo Alighieri el de los Médicos y Boticarios en 1295, aproximadamente. En estas actividades se destacó por intervenir activamente en la estructuración de una nueva forma para elegir al gobierno local. Igualmente en 1296 formó parte del Consejo de Ciento y posteriormente en 1300 fue elegido como embajador en San Gimignano, a donde acudió con la finalidad de conseguir partidarios para los güelfos. Además, en los meses de junio a agosto de ese mismo año fue nombrado como uno de los seis priores que detentaban formalmente el gobierno de Florencia, conociéndose por entonces la preferencia de Dante por los güelfos blancos. No obstante, tan moderada era su predilección que el caballero no dudó al momento de expulsar de la ciudad a las cabezas de ambos bandos, entre los que iba Guido Cava Cavalcanti, un poeta acusado de provocar una serie de disturbios.

Sin embargo, a pesar de pertenecer al bando que favorecía al pontificado, Alighieri estaba consciente de que las ambiciones del papa Bonifacio VIII podían derivar en perjuicios para su ciudad, de ahí que le tomara cierta animadversión al enviado del Vaticano, Matteo d’Acquasparta, actitud que casi le valió la excomunión. En este sentido, en junio de 1301 el escritor propuso que no se ayudase militarmente al Papa, pero su propuesta fue rápidamente desechada. En tal escenario, el líder de la Iglesia católica envió al territorio florentino a Carlos de Valois, quien en realidad tenía la misión de prestar todo el apoyo a los güelfos negros para lograr la sumisión total de Florencia a la voluntad de Roma. Esta posición alteró a los políticos florentinos, quienes armaron una embajada que acudió a la Ciudad Eterna para averiguar las verdaderas intenciones de Bonifacio. Entre los enviados acudió Dante Alighieri, y de ello se arrepentiría el sabio poeta durante el resto de su vida.

Duras traiciones, exilio y un viaje hasta el séptimo círculo del infierno faltan por relatar en la vida de Dante Alighieri, pero de todo ello hablaremos con más detenimiento en la próxima entrega de esta columna.

 

FUENTES:

“Un hombre de su tiempo, Dante”. Aut. Sergio Raveggi. Revista El mundo medieval no. 17. España. Marzo 2004.

“Dante y su infierno”. Aut. María Pilar Queralt del Hierro. Revista Historia y Vida no. 505.

[i] Poeta romano.


De la Corte al Escenario: Bufones y Arlequines

3 noviembre 2009

Arlequin

Arlequín

Por: Patricia Díaz Terés

“La improvisación es la verdadera piedra de toque del ingenio”.

Molière

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche dijo en alguna ocasión que el hombre percibe como tan terrible su realidad, y con un sufrimiento tal, que se vio forzado a inventar la risa para poder enfrentarla; también el gran escritor Victor Hugo alabó las virtudes de dicho ejercicio al afirmar que la risa retira el invierno del rostro de una persona.

Es así como, a través de los decires de grandes pensadores caemos en la cuenta de que desde hace miles de años el ser humano ha tomado la risa como una manera de aligerar su carga cotidiana, combatir el aburrimiento y encontrar pequeñas alegrías distractoras.

Se cuenta que hace alrededor de cuatro mil años, en la corte del Emperador chino Shih huang-ti, edificador de la gran Muralla China, existió un hombre conocido como Yusze, quien tenía el privilegio de poder burlarse del rey, a la vez que tenía permiso de hacer sugerencias e influir en ciertas decisiones del monarca; pero este poder relativo debía ejercerlo el humorista con mucho cuidado ya que, si se equivocaba u ofendía al emperador, pagaría con su propia vida.

Pero en el caso de Yusze tal era la predilección de Shih huang-ti por su sirviente que le permitió disuadirle de pintar la Muralla China, idea que no era muy bien recibida entre el pueblo; de manera que fue el bufón quien salvó a su amo de una complicada situación.

Siglos después, en Grecia, los “payasos” aparecían únicamente en los intermedios de las obras dramáticas, haciendo su propia interpretación de las mismas; de hecho Virgilio habla de las fiestas del Ager, en las cuales personajes enmascarados improvisaban diálogos humorísticos.

 Siglos después, ya en el medioevo, se puede localizar en los registros una paradoja sobre los humoristas: mientras en algunos sitios está escrito que los bufones eran personas que presentaban regularmente defectos físicos y/o mentales, y que por esta causa los monarcas o señores feudales toleraban sus críticas y burlas; en otros documentos se les presenta como tipos astutos que utilizaban bromas y adivinanzas para lanzar duros juicios sobre la forma de gobernar de sus amos, y que eran consentidas debido al estatus inferior de los comediantes.

Sujetos del medio del espectáculo, hoy en día sabemos que los bufones realizaban sus actuaciones durante los grandes banquetes y compartían al público con otros músicos, saltimbanquis y juglares. Muchos son los relatos y novelas que nos acercan a la vida de tan curiosos personajes, una de ellas es la obra “Ivanhoe” de Sir Walter Scott, en la que el personaje de Wamba -bufón del castillo del poderoso Cedric el Sajón– comienza como un hombre tonto y gracioso quien, gracias al héroe Ivanhoe, se convierte en escudero.

Otro texto que refuerza la opinión de que el oficio de bufón no era muy respetado dentro de los castillos está retratada en la novela “El Último Unicornio” de Peter S. Beagle, en cuya adaptación a dibujos animados dirigida por Arthur Rankin Jr. y Jules Bass, podemos observar cómo el mago Schmendrick, al llegar a la fortaleza del Rey Haggard se deprime cuando éste le resta importancia a sus mágicas habilidades y lo transforma en un “simple bufón”.

Pero a partir del Renacimiento y durante los siglos XVI y XVII principalmente, en Europa y particularmente en Italia surgió una tradición teatral conocida formalmente a partir del siglo XVIII como Commedia dell’arte, gracias al tratadista Giuseppe Baretti.

Este tipo de comedia se distinguía por ser representada por compañías ambulantes, las cuales tenían siempre un director que tomaba las decisiones sobre itinerarios, pagos, horarios y otras minucias del espectáculo; de esta manera, aún cuando estos grupos contaban en su entretenimiento con un argumento principal –canovaccio-, no tenían diálogos estructurados, por lo que su éxito se basaba en el ingenio de los actores para improvisar en el escenario; así el esquema de la presentación se conocía como scenario o scenari –conjunto de escenas-.

Además, en estas compañías surgieron a su vez las maschere –máscaras- es decir personajes con un rol definido en la historia. Las máscaras más comunes son los innamorati, una pareja de enamorados; Pantalone, un mercader veneciano; Brighella, un personaje vengativo y violento; el pedante Dottore, interpretado por un hombre robusto; el cobarde y fanfarrón Capitano, los graciosos sirvientes o Zanni, el jorobado Pulcinella, el aventurero Scaramouche, el bonachón Pedrolino o Pierrot –en Francia- y por último el peculiar Arlecchino o Arlequín, cuya contraparte femenina era la perspicaz ColombinaArlecchina-.

Siendo uno de los más famosos, el personaje de Arlequín posiblemente derivó de Alichino, un demonio salido del Inferno de Dante; o bien de Hellequin un demonio galo cuya misión era conducir a las almas condenadas hacia el Averno. Dentro de las obras itinerantes, por el contrario, Arlequín era un hombre pobre procedente de Bergamo, cuyo traje –que exhibía un entramado de rombos- sugería que estaba elaborado con simples parches; asimismo, empleaba una máscara, ya sea plagada de verrugas o que representaba a un gato, cerdo o mono. Esta indumentaria era complementada con un batacchio –una especie de báculo-.

Mostrando las características del Arlequín que eran glotonería, credulidad y nula educación, varios actores se volvieron sumamente populares; tal fue el caso por ejemplo de Zan Ganassa o Tristano Martinelli, destacando este último por sus habilidades físicas y acrobáticas, así como por un dominio de la retórica equiparable a sus demás cualidades.

Mítica figura la de Arlequín, cabe destacar también que ha sido empleado hasta nuestros días en diversos contextos. De esta manera, la gran compañía D.C. Comics creó varios personajes –en la historia del superhéroe Linterna Verde– con el nombre de Harlequin, quienes siendo de sexo femenino pertenecieron por lo regular al bando de los villanos. De igual forma se tiene al personaje, creado por Paul Dini para las historias de Batman, de Harley QuinnDr. Harleen Quinzel– presunta pareja sentimental y cómplice incondicional de Joker.

Por su parte, la extraordinaria escritora de misterio Agatha Christie, creó al personaje de Harley Quin quien en el libro “El Enigmático Mr. Quin” se presenta como un individuo que va y viene de manera inesperada, a la vez que los juegos de luces –según describe el texto- dan a su ropa una apariencia multicolor. El propósito de tan extraño sujeto es empujar a su amigo Satterthwaite, para recopilar pistas que lo llevarán a la resolución de intrincados crímenes.

De este modo hemos podido observar cómo desde el Imperio Chino hasta la Modernidad, los humoristas ingeniosos y su improvisación fueron parte fundamental del desarrollo cultural popular, habiendo surgido entonces personajes que tienen eco en obras actuales como los comics o las novelas policiacas, en los que las antiguas máscaras han sido adaptadas a nuestra época, acoplándose  al pensamiento “postmoderno” dando la razón a Arthur Miller cuando dijo que: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. 

FUENTES:

Un Castillo medieval” Aut. Richard Platt. Ed. Altea. Madrid, España. 1994.

Un Castillo medieval” Aut. Renzo Rossi. Ed. La Vasija. Florencia, Italia. 1999.

“La Comedia del Arte: Materiales Escénicos”. Aut. Ana Isabel Fdz. Valbuena. Biblioteca Temática RESAD. España, 2006.

“Commedia dell’arte“ Aut. Jennifer Meagher. www.metmuseum.org. N.Y., E.U., 2007.

“Agatha Christie’s Detectives“ Aut. Emily Cauviere. www.suite101.com. 2009

“A short history of Venetian Carnival Masks“ Aut. Michel J. Tieuli.

“Commedia dell’arte“ Aut. José María Ruano de la Haza. SEACEX. Madrid, España.

 “Historia de los payasos”. Aut. Carlos Augusto López y Luis Guillermo Guarnizo. Medellín, Colombia.


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